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Cómo se hizo el sobretitulado de… Madama Butterfly por Olivia Fuchs y Pablo González

Por muchos años que pasen, Madama Butterfly seguirá siendo un pelotazo. Tenía todo lo necesario para triunfar ya en su estreno, en 1904 —aunque entonces fracasase—: tiene un aria conocida hasta la saciedad (Un bel dì, vedremo), tiene exotismo, tiene giros de guión, gente muerta, coros, melodías pegadizas… Un paseo por las nubes.

En Oviedo se viene representando con regularidad desde los años 50 del pasado siglo, esto es, desde la reapertura del Teatro Campoamor y la fundación de la actual temporada de ópera. Y siempre, con enorme éxito: se dice que es una de las óperas más adecuadas para iniciarse y constituye, además, uno de los títulos favoritos del público. La producción que nos ocupa, que se pudo ver en noviembre de 2014 con dos repartos y luego, ya en 2015, en dos funciones en el Teatro Jovellanos de Gijón, fue un taquillazo.

La ópera

Si en algo era un maestro Puccini era en «tematizar» sus óperas: la ambientación, que brota de la partitura, las ubica de inmediato en un mundo o en otro. En el caso de Madama Butterfly, la colocación es obvia: de aires japoneses, deja sin embargo espacio a uno de los aspectos que más han interesado a algunos directores de escena, esto es, la presencia colonialista de los estadounidenses.

En esta ocasión, el argumento es de sobra conocido: un militar americano, Pinkerton, asentado en Nagasaki, «compra» una esposa japonesa, Cio-Cio San. Lo hace esencialmente por divertimento, sin contar con que la joven se ha enamorado perdidamente de él y espera que hagan una vida juntos. Hasta tal punto se enamora ella que reniega incluso de su tradicional familia, que la repudia. Él embarca, ella le espera, y todo apunta a que nunca va a volver. Pero cuando vuelve… Se desata el drama. El porqué lo sabe casi todo el mundo, pero por si alguien lo desconoce, nos lo ahorramos.

Viktor Antipenko en Madama Buttefly. Foto: Ópera de Oviedo.
Viktor Antipenko en Madama Buttefly. Foto: Ópera de Oviedo.

La producción

De Olivia Fuchs habíamos visto en Oviedo una estupenda Flauta mágica tres años antes. Aquí, en Madama Butterfly, recupera algunas pinceladas del estilo que le imprimió a Papageno y compañía, pero mucho más naturalista que en aquella producción.

La escenografía, blanca y límpida, propone tan solo unas pequeñas plataformas para contar la historia. Se sirve del movimiento, coreografiado por Tim Claydon, para crear la paleta de ambientes y de escenarios.

Puccini y sus libretistas, Illica y Giacosa en este caso, no dejan mucho espacio a la imaginación teatral, salvo contadas pinceladas en las que hay que prestar atención. En manos de los directores sí quedan, por su lado las reacciones y algunos porqués, pero no así elementos de la trama que, aquí, son muy claros, muy directos y muy contundentes en su encarnación. Así que la clave estaba clara: una buena traducción.

El sobretitulado (Italiano > Español)

El sobretitulado de Madama Butterfly se hizo a partir de una traducción original completa del texto. Lo meridianos que son los parlamentos no dejaban mucho lugar a la literatura, más allá de una decisión, quizás la más comprometida, al tratar con el «È un facile vangelo…» que Sharpless le dedica a Pinkerton. En su primera intervención, Sharpless, el cónsul de Estados Unidos en Nagasaki, conversa con Pinkerton y este le explica que ha comprado una esposa japonesa.

Sharpless, algo horrorizado, le dice esas palabras. La traducción literal, aunque inadecuada, es «Es un evangelio fácil…». Aquí, Sharpless quiere decirle que está exhibiendo una moral laxa y juvenil, y que no debería jugar con esas cosas. Por eso, después de muchas vueltas, la opción final fue «Menudo liberal…». Parece lejano, pero era el mecanismo justo para contar que Sharpless censura a Pinkerton y, al tiempo, evitar construcciones retorcidas.

Por lo demás, la ópera entraña como dificultad para el sobretitulado algunos números muy veloces y multitudinarios, que exigen de precisión tanto lingüística como de presentación del texto. Esto se compensa con una presentación ordenada del argumento y algunos momentos de «paz», como la famosísima y lacrimógena aria de Cio-Cio San. Un éxito, en fin.

Viktor Antipenko y Amarilli Nizza en Madama Butterfly. Foto: Ópera de Oviedo
Viktor Antipenko y Amarilli Nizza en Madama Butterfly. Foto: Ópera de Oviedo
Lo más sencillo

1. Un argumento claro y unos personajes marcadísimos desde la partitura, que ayuda a caracterizarlos.

2. Un uso del italiano transparente y nítido.

Lo más complicado

1. La precisión de algunos parlamentos, que obligan a adaptarlos y a buscar la misma claridad en español.

2. La velocidad y profusión de personajes de algunos números.

La ficha

Funciones: 13, 16, 19, 21 y 22 de noviembre de 2014. Teatro Campoamor de Oviedo.

Música de Giacomo Puccini

Libreto de Luigi Illica y de Giuseppe Giacosa, basado en la obra teatral de David Belasco
Producción del Theater Magdeburg

PERSONAJES E INTÉRPRETES

Madama Butterfly Amarilli Nizza/Carmen Solís

Suzuki Marina Rodríguez-Cusí

Kate Pinkerton Marina Pinchuk

F.B. Pinkerton Viktor Antipenko/Eduardo Aladrén

Sharpless Manuel Lanza/Javier Franco

Goro Mikeldi Atxalandabaso/Jorge Rodríguez-Norton

El Príncipe Yamadori/El Comisario Imperial José Manuel Díaz

El Tío Bonzo Víctor García-Sierra

Yakusidé Manuel Valiente

El Oficial del Registro Manuel Quintana

La Madre de Butterfly Marina Acuña

La Tía Ana Peinado

La Prima María Fernández

Dirección musical Pablo González/José María Moreno

Dirección de escena Olivia Fuchs

Diseño de escenografía y vestuario Niki Turner

Diseño de iluminación Alfonso Malanda

Coreografía Tim Claydon

Director del coro Patxi Aizpiri

Orquesta Oviedo Filarmonía

Coro de la Ópera de Oviedo

Teatro Campoamor

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