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Cómo se hizo el sobretitulado de… Cuatro últimas canciones/El castillo de Barbazul por Tim Carroll y Rossen Milanov

Esta es una de las producciones más queridas de cuantas he hecho, y que, además, le valió el Premio Campoamor a la Mejor nueva producción a la Ópera de Oviedo en 2016 (ex aequo con Otello del Festival Castell de Perelada).

Los programas dobles nunca son tarea fácil, en la medida en que dos obras de dos compositores se yuxtaponen pero deben hablar entre ellas. Así, es trabajo de dramaturgia y dirección escénica lograr que dejen un poso en el espectador como conjunto, y no como dos piezas sin mucha relación que se aliñan y se pegan sin más. Tim Carroll apostó fuerte y ganó, en su intento por que ambas formasen un todo (de hecho, la función se realizó sin descanso intermedio).

El sistema que utilizó para hacerlo fue único e inédito: los sobretítulos, por primera vez en Oviedo, jugaban dentro de una puesta en escena.

La ópera

Las Cuatro últimas canciones de Strauss son, en realidad, cuatro poemas musicados. Giran en torno a la muerte y a la despedida, sobre unos livianísimos y sutilísimos textos que sustentan todo el desarrollo musical. El texto es lo primordial —son canciones, a fin de cuentas– y cada frase, cada pulsación, cada elemento está encajado como si fuera el último. Esto obligaba, en las Canciones, a proponer un sobretitulado muy gustoso, que apeteciese leer incluso más de una vez: Strauss se recrea en vocales interminables y palabras escogidas con mimo, de modo que la solidez de lo que apareciese en pantalla tenía que bastar para que los sobretítulos aguantasen varios segundos a la vista.

En cuanto a Barbazul, ocurre tres cuartos de lo mismo. La ópera se estructura en un prólogo y en la apertura de cada una de las siete puertas del castillo, con tan solo dos personajes: Judit, enamorada que acaba de llegar seducida por Barbazul, dejando atrás a su familia y a su prometido, y el propio Barbazul, un tirano con piel de cordero que le va mostrando sus intimidades hasta matarla.

Las dos son piezas muy breves (las Canciones no suman más de 25 minutos; y Barbazul, una hora) pero extremadamente espesas. Poseen una densidad dramática y narrativa que está basada en lo sugerente, en lo sensual antes que en la acumulación de elementos. Todos —y la música no es menos— están escogidos con muchísima cautela y exigen, por tanto, una gran atención por parte del espectador. Y unos sobretítulos cuidados, claro.

Barbazul, con Judit. Foto: Ópera de Oviedo
Barbazul, con Judit. Foto: Ópera de Oviedo

La producción

Tim Carroll, el director de escena británico, es bilingüe de húngaro, que es la lengua original de El castillo de Barbazul. Así, su puesta en escena para esta pieza se fundaba sobre la opresión y sobre el texto, creando una atmósfera de desasosiego que trascendía, con mucho, la mera interpretación.

Una pequeña y ajada habitación en mitad del escenario era toda la escenografía. Alrededor, algunas ensoñaciones que entroncaban la primera parte (las Canciones) con la segunda, y nada más. Tan solo un elemento: los sobretítulos, que en este caso desempeñaban un papel crucial en su propuesta.

Para Carroll, Barbazul era aquí un escritor venido a menos. El texto de las Canciones se proponía sobre fondo blanco roto, como de papel, con una tipografía propia de máquina de escribir. Siguiendo con el juego, el prólogo del Castillo, que habitualmente es leído por un actor, aquí iba apareciendo en los sobretítulos a medida que Barbazul tecleaba en su máquina. En ese momento, pasábamos del fondo de papel y las letras negras a su disposición invertida, esto es, un fondo negro y letras blancas para lo que restaba de la pieza. Esta era la forma de plantear que, en realidad, era ese tirano de hechuras tiernas quien iba escribiendo toda la historia, quien decidía con su pluma el futuro de Judit.

El sobretitulado (Alemán/Húngaro > Español)

Lo más sencillo

1. La abundancia de fuentes y la colaboración de Carroll, que me proporcionó una traducción original y revisada por él al inglés del texto húngaro, permitieron mimar el texto y crear frases potentes para todo el espectáculo.

2. La colaboración del equipo creativo (dirección de escena, iluminación) en la creación del sobretitulado supuso un extra de esfuerzo, pero un resultado mucho más satisfactorio. Su implicación en nuestro trabajo siempre es un placer.

Lo más complicado

1. Una ópera en húngaro. Creo que no hay mucho más que añadir.

2. Formar parte del espectáculo y garantizar una buena ejecución, coordinada con la puesta en escena.

Funciones: 12, 14, 16 y 18 de octubre de 2014. Teatro Campoamor de Oviedo.

Música de Richard Strauss y Béla Bartók
Nueva producción de la Ópera de Oviedo

PERSONAJES E INTÉRPRETES

Soprano Ricarda Merbeth

Barbazul Albert Dohmen

Judith Ana Ibarra

Dirección musical Rossen Milanov

Dirección de escena Tim Carroll

Diseño de escenografía y vestuario Georgia Lowe

Diseño de iluminación Katharine Williams

Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias

Teatro Campoamor de Oviedo

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