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Cómo se hizo el sobretitulado de… Falstaff por Cristina Mazzavillani y Riccardo Muti

Falstaff solo es Shakespeare montado encima de Verdi montado encima de Arrigo Boito montado encima de Riccardo Muti. Poca presión.

En el verano de 2015, acudió a Oviedo una producción en gira, pequeña, cuya dirección musical corría a cargo del eminente Riccardo Muti. La puesta en escena, diseñada por su mujer, Cristina Mazzavillani, estaba pensada para el festival Verdi de Busseto, que cada año se celebra en la ciudad natal del compositor.

Se trata de un minúsculo teatro, y además Mazzavillani, con una propuesta muy tradicional, quería rendirle homenaje: mediante unas sencillas proyecciones, transfiguraba cada uno de los escenarios de la ópera a entornos que Verdi habitó o conoció. Había pocos días, había una partitura enorme y una máquina a la batuta. Un buen reto…

La ópera

Falstaff es la última ópera de Verdi, y casi no es de Verdi. Su libreto es un pastiche —en el mejor sentido— de elementos tomados de Las alegres comadres de Windsor y de Enrique IV, de Shakespeare, que son las dos obras en las que aparece el carismático, caradura y deslenguado Sir John Falstaff.

En su estructura y desarrollo, Falstaff guarda muchísimos paralelismos con Las bodas de Figaro, que también he sobretitulado. Es una comedia muy ácida, que gira en torno al amor y a la soledad pero también, y sobre todo, al escarmiento que el mundo da a quien cree que puede tomarlo todo como si fuese suyo sin atender a los sentimientos ajenos. Ese es Falstaff, que empieza causando repugnancia en el primer acto, simpatía en el segundo y ternura en el tercero.

El texto es más clave que en ninguna de las óperas de Verdi a las que me haya enfrentado hasta la fecha. Un texto bien trabado, extremadamente bien engarzado con la música y —aquí vienen las curvas— sin cómodos y amplios textos, sino con un trabajo de orfebrería que dispara las frases a ritmo ametralladora. Todo ello con un sentido musical extremadamente refinado, variado, mimado y… ágil. Muy ágil.

Diseño de Juan Jareño para Falstaff. Fuente: oviedo.es
Diseño de Juan Jareño para Falstaff. Fuente: oviedo.es

La producción

La producción es, prácticamente, el menor de los problemas a la hora de encarar el sobretitulado de Falstaff: Mazzavillani apuesta por el naturalismo, poco movimiento y posiciones extremadamente cómodas para el canto. Siguiendo los preceptos de la ópera alla italiana, viste la música y sirve el texto, pero apenas añade un par de elementos dramatúrgicos que nos puedan complicar la vida a los sobretituladores.

El más reconocible es la transposición de los espacios de donde se ubican en el libreto original a enclaves de Busseto, el pueblo de Verdi, engarzando así la representación con su propia biografía. Con todo, nada en la gestualidad, el vestuario o el atrezzo sugiere transposiciones que puedan afectar a la manera de expresarse de los cantantes. Así que salvo alguna pequeña píldora para resaltar los chistes y dejarlos brillar —especialmente en la escena en la que Falstaff se oculta de Ford—, se trata de ser lo más fieles posibles. Que al tiempo viene a ser lo más complicado…

El sobretitulado (Italiano > Español)

Lo más sencillo

1. Un texto bien escrito es un gusto de traducir. En Falstaff, Boito hace un planteamiento más cercano a lo narrativo que a lo onírico o reflexivo, lo cual facilita mucho la tarea de discriminar información superflua o esencial en la confección del sobretitulado.

2. Riccardo Muti es un genio del control: el equilibrio entre orquesta y texto es prácticamente perfecto. Cuando se respeta la emisión del texto y se realza, el pase de sobretitulado (su exhibición: darle al botón) se hace agradable y fluido.

Lo más complicado

1. La inmensa cantidad de texto, que prácticamente no tiene pausa a lo largo de toda la representación, obliga a construir tanto un español fluido y limpio, que no aburra leer, como unos sobretítulos precisos para no perderse.

2. La velocidad y simultaneidad de emisión del texto complican bastante la tarea de pautado (segmentar el texto en fragmentos musicales) y exhibirlo: Boito y Verdi apuestan por que los personajes funcionen en unidades de dos o tres, que hablan casi pisándose y completándose las frases.

La ficha

Funciones: 31 de julio y 1 de agosto de 2015. Teatro Campoamor de Oviedo.

Música de Giuseppe Verdi

(Le Roncole, Busseto, 1813-Milán, 1901)
Libreto de Arrigo Boito (1842-1918), basado en la comedia Las alegres comadres de Windsor y el drama Enrique IV de William Shakespeare.
Comedia lírica en tres actos.
Estrenada en el Teatro alla Scala de Milán, el 9 de febrero de 1893.
Producción del Festival de Ravena.

Dirección musical Riccardo Muti
Dirección de escena y diseño de escenografía Cristina Mazzavillani Muti
Diseño de iluminación Vincent Longuemare
Escenografía Ezio Antonelli
Vestuario Alessandro Lai
Diseño visual Davide Broccoli

PERSONAJES E INTÉRPRETES

Sir John Falstaff Kiril Manolov
Ford Federico Longhi
Fenton Matthias Stier
Dr. Cajus Giorgio Trucco
Bardolfo Matteo Falcier
Pistola Graziano Dallavalle
Mrs. Alice Ford Eleonora Buratto
Nannetta Damiana Mizzi
Mrs. Quickly Isabel De Paoli
Mrs. Meg Page Anna Malavasi
l’oste della Giarrettiera Ivan Merlo
Robin paggio di Falstaff Michael D’Adamio

DanzActori Ensemble di Ravenna Festival
Orchestra Giovanile Luigi Cherubini
Coro del Teatro Municipale di Piacenza

maestro del coro Corrado Casati

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