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Cómo se hizo el sobretitulado de… Le nozze di Figaro por Guy Joosten y Benjamin Bayl

Mozart es como la tortilla de patatas: apenas lleva tres ingredientes (música, canto y escena), pero si falla alguno, no hay quien se la coma.

Hace ya tres semanas empezaba esta serie con los sobretítulos de La Bohème de Emilio Sagi y Marzio Conti, la última ópera de esta última temporada en Ópera de Oviedo: una producción plácida y que nunca falla. De ahí nos fuimos a la más problemática hasta la fecha para casi toda la compañía, Samson et Dalila, de Camille Saint-Saëns, y hoy recalamos en un estupendo soplo de aire fresco de esta última temporada. Exacto: Le nozze di Figaro, de Mozart, en la versión que propusieron el director de escena belga Guy Joosten y el director musical australiano Benjamin Bayl.

En este caso, se trataba de una producción que ya ha girado extensamente por toda Europa; que cuenta con una escenografía espectacular y en un título que se cuenta entre los más representados —y celebrados— de todo el repertorio.

Se proponía en una versión con escenas cambiadas de sitio (Acto III) y con una gran cantidad de gags visuales: de las tres óperas relatadas hasta ahora, esta es la primera comedia pura y, por tanto, la primera en la que se puede pulsar en vivo y en directo el éxito de los sobretítulos —cuando la gente ríe… ríe—. Fue un éxito, una gozada y un placer: ¡Esto es Mozart!

La preciosa escenografía en perspectiva. Foto: Ópera de Oviedo
La preciosa escenografía en perspectiva. Foto: Ópera de Oviedo

 

La ópera

Considerado uno de los mozart más irreverentes, el de esta ópera es prerrevolucionario, con mucha punta, pero a la vez fresco y amable.

Basándose siempre en Beaumarchais, como luego haría Rossini, el libretista Lorenzo da Ponte y Mozart proponen qué fue de Figaro, Susanna, Rosina y compañía: al inicio del primer acto, el Conde ha cedido a Figaro y a Susanna una de las mejores habitaciones de palacio, motivo de alegría para Figaro. No obstante, este monta en cólera cuando descubre que el auténtico motivo para ubicarlos tan bien no es otro que satisfacer los más bajos apetitos del conde. Y a partir de ahí, la debacle.

En este caso no vale la pena perderse en resumir el argumento que completa los cuatro actos, porque no es más —ni menos— que una enrevesadísima comedia y de lucha de sexos (y de clases…); una montaña rusa en la que todos se alían con todos en algún punto para chinchar, escarmentar o burlar a los demás, hasta ponerle la guinda de un concertante inolvidable.

Esto conlleva algunas escenas de enorme dificultad escénica, en cuanto a arquitectura sobre todo: abundan los enredos en los que un personaje oye sin ser visto; proliferan los disfraces; y las entradas y salidas de personajes a habitaciones contiguas, jardines o armarios son fundamentales para llevar a buen término el espectáculo. Todo, regado con guiños lingüísticos más o menos complicados (¿quién es y quién se supone que es quien está hablando?) y con una espesísima trama de padres, hijos, novios, novias, primos, amigos, paseantes y recitativos por doquier.

La producción

La producción de Le nozze di Figaro que pudo disfrutarse en Oviedo en noviembre de 2015, dirigida escénicamente por Guy Joosten y musicalmente por Benjamin Bayl, provenía de la Ópera de Flandes (Vlaamse Oper), y se cuenta entre uno de los trabajos más existosos de Joosten.

Entre sus claves, una escenografía en perspectiva, estática; una arquitectura de personajes muy visual; y, sobre todo, algunos cambios notables que aligeran la trama y le dan ritmo: en todo el tercer acto, Joosten redistribuye las arias del Conde y la Condesa —¡enormes Amanda Majeski y David Menéndez!—, poda recitativos —diálogos acompañados al clave por el propio Bayl— y reordena, en fin, la acción para que camine más aprisa.

Visualmente, todos los chistes son respetuosos y precisos, de modo que en el sobretitulado apenas fue necesario acentuar algunos y acompañar a los demás. Un espectáculo, eso sí, extenso e intenso, pero que como una buena tortilla, con ingredientes frescos y algo de cariño… No falla.

Don Curzio, el Conde, don Bartolo y Marcellina tienen algo que decir. Foto: Ópera de Oviedo
Don Curzio, el Conde, don Bartolo y Marcellina tienen algo que decir. Foto: Ópera de Oviedo

El sobretitulado (Italiano > Español)

Lo más sencillo

1. El libretista Da Ponte es muy claro y limpio en la expresión. Maneja los registros lingüísticos con mimo, y la deixis espacial, temporal y personal —todos los elementos lingüísticos que apuntan en alguna de esas direcciones— tiene una correspondencia prácticamente exacta en español.

2. El apoyo visual, que no hace de estas Bodas algo simbólico, abstracto o que requiera del texto para provocar las situaciones cómicas, resulta inestimable: descarga al sobretitulado de la responsabilidad de hacer avanzar la complicada trama (salvo en puntos estratégicos, como el descubrimiento de Figaro de quiénes son sus padres…) y deja aire, pues, para acentuar los chistes más acerados y darle algo de «picante» al espectáculo.

Lo más complicado

1. La extensión y volumen de la obra: por primera vez pasé de 1.000 sobretítulos —y eso que había cortes—, muy exigentes en cuanto a precisión en la ejecución y la medida de los tiempos. El gran problema de la comedia es que, mientras que en el drama o en la ópera seria un pequeño adelanto de información no es catastrófico, aquí puede echar por tierra toda la escena o alterar el sentido de la puesta en escena hasta hacerla naufragar.

2. Recitativos, recitativos y más recitativos.

La ficha

Funciones: 15, 17, 19 y 21 de noviembre de 2015. Teatro Campoamor de Oviedo.

Música de Wolfgang Amadeus Mozart
(Salzburgo, 1756-Viena, 1791)
Libreto de Lorenzo da Ponte (1749-1838), basado en la comedia La folle journée, ou Le Mariage de Figaro (1778) de Pierre-Augustin Caron de Beaumarchais.
Opera buffa en cuatro actos KV 492.
Estrenada en el Hofburgtheater de Viena, el 1 de mayo de 1786.
Producción de la Opera Vlaanderen.

PERSONAJES E INTÉRPRETES

El Conde de Almaviva: David Menéndez
La Condesa de Almaviva: Amanda Majeski
Susanna: Ainhoa Garmendia
Figaro: Joan Martín-Royo
Cherubino: Roxana Constantinescu
Marcellina: Begoña Alberdi
Doctor Bartolo: Felipe Bou
Don Basilio: Jon Plazaola
Don Curzio: Pablo García- López
Barbarina: Elisandra Melián
Antonio: Ricardo Seguel

Dirección musical: Benjamin Bayl
Dirección de escena y diseño de vestuario: Guy Joosten
Diseño de escenografía: Johannes Leiacker
Diseño de iluminación: Jan Vereecken
Dirección del coro: Patxi Aizpiri

Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias.
Coro de la Ópera de Oviedo.

5 comentarios

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