magia

La libertad del imposible

Faltan menos de dos semanas para que hagamos el examen de ingreso a la Sociedad Española de Ilusionismo en Oviedo. Yo acabo de probar mi secuencia de juegos y ha fallado.

—¿Si no sale puedes corregir?

—No.

La pelea es contra el tiempo para ejecutarla, pero también contra la falta de libertad: podría solucionar casi todo lo que puede llegar a salir mal si limitase más algunas opciones, si la cosa fuese algo menos experimental y más procedimental. Ahora bien, entonces el imposible sería un poco menos imposible y mi satisfacción o cosquilleo o riesgo o miedo al fracaso o ridículo estrepitoso, menor.

Si no estuviese dispuesto a todo eso —sin hacer el suicida, claro está— de poco serviría la experiencia.

Hay en magia un concepto teórico muy seductor: la «vida externa». La vida externa de un juego es, por resumir, cómo los espectadores se contarán el efecto al recordarlo más tarde. La de mi secuencia, muy claramente, consiste en que elijan una baraja entre dos y la mezclen, elijan, piensen, corten y se vayan amontonando capas de caos. Al final, todo lo que iban a decidir estaba escrito y fuera de mi control.

La premisa no es nueva, pero todo lo que contiene sí. La sensación debe ser la correcta y el resultado, el adecuado, aunque hay muchas cosas que puedan torcerse.

Ese es el precio de la libertad ajena (que encadena a la propia, a la del mago) y que bien vale la pena pagar.

La receta para arreglarlo es estudiar a los grandes que en su día se enfrentaron al mismo conflicto y le dieron solución. Algunos han reconocido en público que la primera vez que probaron un sistema y salió bien no se lo podían creer (por descarado, por burdo); otras, que aprendieron que hay cosas que es mejor no hacer. Siempre, que en las primeras intentonas se duda y se falla.

Evidentemente, no entra dentro de mis planes tirarme por un barranco (mágico) a sabiendas de que voy a fallar. Confío en no hacerlo y, es más, estoy seguro de que no fallaré. Siempre y cuando no desaparezca, ni merme, la libertad que lleva al imposible.