Letras

La novela que no has escrito

No necesitaba una certeza, pero sí un pequeño empujón para ponerme a escribir la famosa novela que no hemos escrito nunca los que decimos que escribimos y a los que se nos supone la escritura.

He pensado mucho sobre la parálisis o, mejor, sobre el motivo por el que siempre antepongo (anteponemos) otras cosas a la redacción de un manuscrito. Estoy casi seguro —lo acabo de verbalizar— que tiene que ver con una profunda falta de confianza en que el resultado, después de todo el esfuerzo, vaya a ser legible y a valer la pena.

En segundo lugar, como consecuencia de lo anterior, con que nadie vaya a querer publicarlo, ni mucho menos leerlo.

Es una utopía pensar que la escritura se hace para uno solamente, que los textos se escriben para quemarlos luego y quedarse con la íntima satisfacción de haberlos completado. Yo lo reconozco: escribo, toco, dirijo, pienso, ensayo y trabajo porque albergo la esperanza de que el resultado tenga salida. Y, lo que es más conflictivo, me cuesta mucho ponerme a hacerlo sin la convicción de que conduce a algún lugar.

He buscado el impulso, el empellón necesario, en una conversación. No en una promesa, en un contrato, ni siquiera en la petición expresa de que escriba la grandísima novela que se me supone. Lo primero no es posible, lo segundo no es deseable y lo tercero, de producirse, implica unas expectativas que no quiero sobre mi teclado.

La conversación solo es un consejo, una gota de interés y un plazo: verano. Hay que ponerse a escribir porque ahora sé, al menos, que alguien lo va a leer.

Deja un comentario