Letras

Viva la muerte, o Chaves Nogales en la radio

Lo del año pasado sonaba a experimento: en Onda Cero, Carlos Alsina dirigió un especial que llevaba por título Parece que la radio ha venido para quedarse, que era algo así como un acto de recuerdo de la radio de otros tiempos, una narración sin narración evidente. Ahora, para arrancar el año, han subido las apuestas y han hecho ficción sonora tres relatos de A sangre y fuego de Manuel Chaves Nogales.

Quizás lo más valioso y valiente sea el prólogo, que es un lamento vigente y escalofriante que Chaves Nogales escribió, ya en Francia, hace ochenta y un años: faltaban dos para que acabase la Guerra Civil y aquí, desolado, advertía que daba igual de qué bando saliera el caudillo (sobrecoge la palabra: «caudillo») porque no sería otra cosa más que un dictador aciago.

Lo siguiente, las tres piezas, son un aldabonazo de un bando, del contrario y de la pura muerte para acabar. En el equilibrio del conjunto está el gusto y la valía: recuperar a Chaves Nogales es una osadía en nuestros días, por el riesgo que conlleva ser señalado con el mismo dedo implacable y ciego con el que lo fue él en su tiempo. Odiado por todos, pero unánimemente admirado por quienquiera que tenga más sensibilidad que un centollo.

Vale la pena hacerlo. Sobre todo porque ha quedado bien —mejor y mejor, parece que ha venido para quedarse— y porque a lo mejor sirve de ventana a la reflexión o, al menos, al disfrute. Este es el regalo de reyes: luego, a correr a la librería y a hacerse con la extraordinaria edición de Libros del Asteroide, dónde están todos los demás… Bigornia espera.

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