Letras

Contra la génesis

Publica hoy El País un reportaje bien interesante sobre la paulatina pérdida de los textos genéticos. Se explica que, desde que la gente trabaja con el ordenador, se han perdido esos retazos de mitomanía que eran las anotaciones manuscritas, las versiones preliminares y las correspondencias entre autores. Fue una maravilla cuando se publicó aquella versión anotada de Madame Bovary, de Flaubert. Ahora, ya no queda nada.

En parte me alegro porque, como escribía ayer en el periódico, ya es un poco excesiva la inundación de epistolarios y la publicación incluso de lo impublicable, como si los autores tuvieran que estar produciendo su obra total desde que amanece hasta que ganan el Cervantes. Por otro lado, entiendo la orfandad a la que se van a ver sometidos los filólogos y estudiosos, privados de contemplar el proceso completo.

Pero tampoco está de más ir prendiéndole fuego a los borradores a medida que se consumen. Yo no soy de los que editan sobre una versión, sino que reescriben una nueva, con lo que de alguna forma es recuperable todo lo hecho con anterioridad. Ahora bien, ni lo he enseñado nunca ni he vuelto a consultarlo yo: no estoy seguro, por tanto, que tenga mayor valor.

Lo que ocurre es que caminamos hacia un mundo sin versiones previas, de escritura puramente performativa en la medida en que se haga posible imaginar, sentarse y lanzarse sin red.

Esto es algo que el papel no permite, porque se escribe necesariamente más despacio a mano que con un teclado. Así que se piensa menos, se distrae más y, en definitiva, se vuelca más trastienda de la conveniente. Y ¿eso es malo? Lo es para la mitomanía, pero no creo que lo sea para autores y lectores. A veces, por no decir siempre, es mejor esconder el truco y escamotear los andamios a la vista.

Un comentario en “Contra la génesis

  1. […] Aunque era bastante tarde, me senté en una mesa baja y anoté cinco frases una encima de la otra. Yo creo que cada una de ellas será el comienzo de un segmento, y que son lo suficientemente potentes como para dejarse llevar por ellas. Para ponerlas negro sobre blanco y luego ir abriéndolas, cascándolas, viendo qué ocultan hasta dejarlas secas. Luego, la siguiente. Y así hasta que se haya formado un relato completo. Luego, romperé el papel. No estoy muy a favor de la génesis. […]

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