Compases

Ya sé lo que es el trap

No lo voy a enlazar; no les deseo ningún mal a los lectores: las experiencias traumáticas las llevo en soledad.

Mi cuenta de Spotify tiene una forma bastante rara porque, al igual que muchísimos colegas, lo uso para trabajar. No me imagino cómo se dedicaba uno a la ópera —o cuánto le costaba— cuando era necesario tener una discografía completa. Ahora, por lo que costarían un par de óperas de Mozart en CD se tiene acceso ilimitado a todo un universo musical desde casi cualquier lugar del mundo. Y, además, en varias versiones.

Entonces tengo por ahí los discos predilectos y los temas que tocamos, mezclados con verdis, wagners, donizettis y cosas así. De vez en cuando —muy de vez en cuando— me zambullo en esas listas de recomendación de la portada, que Spotify me recomienda en función no sé de qué criterios. El otro día, que al navegador le costaba arrancar, pinché en una que, se dice se comenta, reúne lo que escuchan las nuevas generaciones: bienvenidos al mundo del trap español.

Voy a intentar ser descriptivo, aunque no es nada fácil: Hay una base rítmica y un texto inenarrable, en general de carácter agresivo, frívolo, tontorrón y a ratos violento. Tampoco lo voy a reproducir porque para qué. En la entrada de Wikipedia no se entiende nada que ayude a esclarecer qué es esto: si alguien tiene estómago, que lo busque y lo escuche. Solo sé que la lista de marras tiene más de doce mil seguidores en Spotify y que, al lado, la de reguetón pasa de los cuatro millones.

No me quiero hacer la damisela desmayada encerrado en mi torreón de clásicos del rock entreverados con Rossini, pero sencillamente no lo entiendo. Ni siquiera es achacable a la edad, porque tengo serias dudas del recorrido que puede tener esta bazofia que taladra el cerebro de nuestros jóvenes.

Coincide este hallazgo con un artículo de Diego A. Manrique en El País que empieza a poner los puntos sobre las íes: cualquiera que lo lea con un mínimo de atención se dará cuenta de que no se trata, aquí, de hablar de respeto hacia formas de música más populares o de alta o baja cultura, sino de considerar comida las salchichas de plástico; que el cáncer se cura bañándose en el mar; o que el polvo de cuerno de rinoceronte tiene poderes mágicos.

Esto que les han embuchado no es música.

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