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Entradas que hablan sobre «Vistas»

  1. El Retiro 16.16

    Lo escribí el Sábado 5 de junio de 2010

    Un 1 de junio en Madrid que parece un 15 de agosto. Tres asturianos caminando arduamente por el Parque del Retiro, con el fin de visitar, un año más, la Feria del Libro. Y digo: «Uy, qué poca gente, vaya a gusto que vamos a estar.» Pero, ay, son las 16:16 de la tarde y aquí no hay ni un alma: literalmente, las casetas están cerradas y no hay más que un par de atribulados vigilantes de seguridad tratando de huir del sol.

    Encontramos a una editora con un escritor en una de las terrazas: «No, es que está cerrado de dos a seis para comer.» ¿Cómo? «De hecho, ayer abrí el puesto a las seis menos diez y me dijeron que si volvía a hacerlo, me penalizaban.»

    Tras un par de horas de espera en un banco, empezamos a surcar los puestos. Susana, en el de TREA, habla del bajón que se está notando en las ventas: «Es cierto que aún llevamos pocos días y que el primer fin de semana de Feria coincidía con el último del mes, pero así todo se está notando que se vende menos con respecto al año pasado.» Juan, por su parte, aguanta el calor a pocos metros, en la caseta del Gremio de Editores de Asturias: «Lo más sorprendente está siendo la cantidad de asturianos que se acercan por aquí, piden la revista Ábaco, preguntan por autores… Especialmente, y no sé por qué, veo mucha presencia de gente de Gijón.»

    A decir verdad, impresiona ver el enorme Paseo de Coches tan repleto de puestos: librerías, editoriales e instituciones se intercalan por las largas filas; entre ellas, los cada vez más necesarios, publicitarios y abundantes pabellones promocionales: el cartel de la Feria de este año es de un gris sombrío, con un hombre que, sobre dos pilas de libros, mira hacia el cielo; dicen que la explicación a la ilustración no tiene nada que ver con «la que está cayendo, o similar», pero el hecho es que, a pesar de tratarse de «primera» hora de un martes, la visita resulta bastante más relajada que en años anteriores. Y sí: «ahora miran mucho; pero no compran tanto».

    Pero libros electrónicos y crisis aparte, los trescientos y muchos puestos que forman parte de esta edición de la Feria lucen igual de repletos que en años anteriores, con catálogos rebosantes de novedades más o menos apresuradas («La verdad es que en TREA no solemos preparar el catálogo con vistas a la Feria», a diferencia de muchas otras editoriales), más o menos interesantes, siempre pertinentes; con sus familias y casi veraneantes curiosos: por este parque, y por esta Feria, no pasan los años, ocurra lo que ocurra fuera.


  2. Jubileo

    Lo escribí el Sábado 27 de febrero de 2010

    logoculturasDediqué el fin de semana pasado a revisitar lugares importantes de la tierna infancia y, por qué no, a mantener vivas tradiciones esenciales: llegarse a Muros de San Pedro, en las Rías Baixas, y ponerse tricolor a base de pulpo a la gallega tras pasear por sus calles empinadas y pescadoras; andar por Santiago de Compostela y visitar la catedral: me ha llamado especialmente la atención que, poco a poco, visitar la catedral de Santiago con intención de ganar el jubileo no va a diferir demasiado de darse una vuelta por la sección de electrodomésticos de El Corte Inglés.

    Para empezar, la colección de hermosas capillas, a donde yo de niño solía acercarme en busca de la titilante luz de las llamas sobre el Cristo correspondiente y el inconfundible olor a cirio, se han convertido en «un meta diez céntimos y se encenderá una lucecita». Para seguir, a alguna lumbrera se le ha ocurrido proteger el Santo del Croque, esa columna en cuyo desgaste la tradición manda colocar la mano, de la hercúlea fuerza de los visitantes. Y no sólo se ha instalado una valla; también un avezado empleado de Prosegur debidamente aleccionado para explicar el por qué de semejante decisión con profusión de datos históricos (no es broma). No llegamos a probar a echarle diez céntimos, pero igual se encendía. A ver si la próxima vez se animan a encargarle al Cirque du Soleil el rito del botafumeiro.


  3. Una de traficantes de armas

    Lo escribí el Martes 23 de febrero de 2010

    Sugerente título, ¿verdad?

    Hoy quiero hablar de Monzer Al-Kassar, personaje sensiblemente siniestro, retratado por The New Yorker recientemente. ¿A qué se dedicaba Monzer Al-Kassar? Cuenta el artículo que, inicialmente y de la mano de su hermano, al narcotráfico a escala McDonald’s; luego, al tráfico de armas; y, aprovechando contactillos y amigos de la profesión, se dice que llegó a tener potestad para desencadenar, frenar, arrancar de nuevo y manejar algún que otro conflicto armado.

    Este personaje, actualmente entre rejas tras una investigación de más de veinte años, operaba desde la pradisíaca y mediterránea villa de Marbella desde los 80, cuando hombres de negocios de su mismo perfil empezaron a instalarse en la Costa del Sol, algo para lo que, según cita el artículo, la Policía española no estaba preparada: se trata de gente tremendamente bien educada, que sabe lo que hace, que no se expone a riesgos y, lo que es más, que se conoce el derecho internacional como para cometer nimios y casi imperceptibles delitos en gigantescos movimientos de cargamento armamentístico.

    A este lo cazaron: ¿cómo? Organizando una operación de la agencia antidroga estadounidense en España de agárrate y no te menees y logrando grabar al tipo hablando de sus negocios, para luego inducirle a viajar desde Málaga a Madrid para cerrar el trato y, sólo cuando estaba en el aire camino de Barajas, informar de quién era el buscado criminal a las autoridades españolas. Y es que Al-Kassar, sin ir más lejos, llamó a José Villarejo, su contacto dentro de la inteligencia antiterrorista (así, como suena) para preguntarle si lo de Madrid era una trampa. Villarejo, por suerte, no sabía nada.

    Cuando todo esto se descubrió, los miembros de las Fuerzas de Seguridad con los que Al-Kassar tenía relación afirmaron que colaboraba con la inteligencia española en misiones internaciones secretas. Cada cual, que piense lo que quiera. A mí me parece una historia fascinante.


  4. No sabía que tú también fueras escritor

    Lo escribí el Jueves 18 de febrero de 2010

    Esto fue lo que, el otro día, me dijo así, a bocajarro, una amiga reciente para mi sorpresa y fascinación: ¿cómo, por qué, ha llegado a pensar que soy escritor? ¿Porque tengo un blog? ¿Porque escribo en un periódico? ¿Porque paseo libros bajo el brazo y me siento en cafés a leer? ¿Porque estudio Traducción? ¿Porque he publicado un libro de relatos y una novela?

    Ah, sí, debe de ser por eso.

    Uy, un momento: ¡No he publicado ninguna novela, ni ningún libro de relatos!

    – No, no soy escritor: no he publicado nada –le respondí.

    – Pff –dijo ella– la de ellos que habrá que no han publicado nada. No te preocupes: eres escritor.

    No le hice caso, y preocupado me quedé, sentado frente a la mesa de mármol con un libro de mil páginas encima, decidido a documentarme sobre esa estirpe secreta de escritores-zombi en cuanto llegara a casa. He localizado a un puñado de ellos desde entonces, rebuscando por  fantásticos blogs diseñados en Times New Roman, sin márgenes, que recopilan encendidos artículos al borde de lo guerrillero firmados por algún chileno que aún no se explica por qué no es Roberto Bolaño; también he dado con excelsos autores de aforismos en Twitter, de cuyo mérito no dudo; y con especialistas en compendios de relatos, libros a ocho manos y artículos sobre vino, comida, y otros epicúreos y novedosos temas.

    La expresión “sustancia literaria” aflora en sus labios cada dos frases; critican traducciones del ruso; malviven en quintos sin ascensor; y construyen descripciones interminables (el récord, de momento, son 300 palabras sin un solo punto). Ah, me enamoran.

    Imagino que mi nueva amiga, la que tan generosamente me adjudica el título de escritor –¡ni siquiera de autor!– se refería a todo esto. Y no sólo no estoy tranquilo, sino que estoy más preocupado.


  5. ¡Quinqui!

    Lo escribí el Sábado 13 de febrero de 2010

    Cualquier estudiante sabe que, cuanto más se acercan los exámenes, mayor es el surtido de películas, series y materiales culturales de diverso pelaje que se cruzan en su camino: un amigo pasó diez años intentando sacar Derecho sin éxito, por culpa de Falcon Crest.

    Pero yo voy con todo, nada de sutilezas: leo una noticia sobre la política de comunicación de la Casa Blanca y veo La cortina de humo, peliculón; ya que estamos de thriller político, revisemos Todos los hombres del presidente (cómo nos gusta Robert Redford); y puestos a degustar el inconfundible sabor de las películas setenteras, rebusquemos, rebusquemos… ¡Nada al otro lado del charco! Bueno, pues volvamos a España (siempre con los apuntes al alcance de la mano para no sentirnos mal). ¡Premio! En dos días no puedo resistirme a la trilogía de Perros callejeros, con El Torete en plena forma; a las de El Lute; a la de El Vaquilla y -gracias, España- El Pico partes 1 y 2.

    Por ir, iremos a septiembre en procesión, pero hay que ver lo que se puede llegar a aprender en un par de semanas: in ir más lejos, a robar coches y la historia reciente de España, condensada en un puñado de cintas a medio camino entre lo cómico, lo dramático y lo grotescamente pos franquista: cine quinqui vs. apuntes. ¿Queda alguna duda? Suerte, estudiantes.