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Entradas que hablan sobre «Vistas»

  1. Periodismo y huelga (preliminares)

    Lo escribí el Martes 28 de septiembre de 2010

    La huelga general convocada para el 29-S lo estaba, en prensa impresa, para el día 28.

    Llegan desde Asturias noticias del primer piquete, pasadas las 22:00, que pretende impedir que las furgonetas de reparto de El Comercio salgan del edificio –en el que también se encuentra la redacción– y hagan su trabajo.

    A estas horas no sé qué está pasando más que por Twitter; no sé aún cómo acabará esta noche. Eso sí, me gustaría compartir la opinión del director, Íñigo Noriega: la obligación de la prensa es contar lo que ocurra, pase lo que pase.

    El papel de la prensa en las huelgas es peliagudo: a fin de cuentas, se trata de empresas. Lo que ocurre es que lo que venden está inevitablemente ligado a dos cuestiones complicadas, esto es, ideología y servicio público. No obstante, se piense lo que se piense, tengo la sospecha de que el periodista no debe adherirse a la huelga bajo ningún concepto: su misión, aparte de defender la línea editorial de su medio, es contar cosas. También lo hacen en Navidad, en verano… Todos los días.

    Eso sí, en el momento en el que termino de escribir estas breves líneas, en El Comercio aún no saben si mañana habrá una edición en papel. Y eso, por lo pronto, no se puede consentir.


  2. El día del valor, o de los coj…

    Lo escribí el

    Hoy parece ser el día del valor como cualidad superior o de los eso, de los redaños. Por dos acontecimientos muy distintos, pero que coinciden en las dosis de tan elevada cualidad espiritual.

    En primer lugar, el inevitable titular regalado ayer por Leire Pajín, el de que no recuerda nada de los GAL porque era muy pequeñita. Eso es valor, o una estupidez suprema. Es la táctica política conocida como «a tomar por saco»: tienes asesores, tienes un gabinete de comunicación y, teniendo en cuenta que la información sobre los pagos a Amedo fue portada de El Mundo de ayer, resultaba bastante probable que, siendo secretaria de Organización del PSOE (cargo que, por cierto, ocupó Txiki Benegas hasta dos años antes de realizar la operación destapada por El Mundo) le preguntaran al respecto. En fin, pensaré que es idiota. Qué remedio. (más…)


  3. Ganas de llorar (o la princesa del pueblo)

    Lo escribí el Jueves 23 de septiembre de 2010

    Las ganas de llorar me están dando a mí en este preciso instante, en el que en TeleCinco se está emitiendo un documental que, según mi televisión, dura unas 4 horas.

    He decidido ponerlo por vocación informativa, por curiosidad por lo que estará viendo la mitad de este país ahora mismo, y porque sé que me dará pereza hasta buscarlo en páginas piratillas en el futuro. Su historia está siendo comparada, simultáneamente, con telenovelas marrulleras y con la gesta de Eva Perón (!).

    Lo peor de todo es que esta Princesa del pueblo, efectivamente, lo es. Y ojo, que su representante se esté forrando es estupendo; que TeleCinco haya sabido exprimir esta vaca está muy bien, pero no me da ninguna pena que la destrocen: porque es a su personaje, a lo que vende, a por lo que va esa (aparentemente exigua) cantidad de conciudadanos que la conocen y la odian. A esa proletaria de San Blas no me atreveré a decirle nada por freírle las putas croquetas a su hija.

    Pero no puedo evitar que me dé asco que en ese momento del día en el que quiero ver algo decente en la televisión uno de los canales generalistas esté copado por este producto y que, mientras, el resto de canales estén achantados por el exitazo que seguramente está lloviendo.

    Empiezo a creer que este somostodosiguales de tufo yanqui mal llevado nos está contaminando hasta extremos peligrosos. Yo aviso. Eso sí, cuando esta entre en la Moncloa de la mano de Vasile, hago las maletas y que os vaya bien, majos.


  4. Escolarización

    Lo escribí el Sábado 18 de septiembre de 2010

    Hace poco más de una semana Clara, con sus tres años, empezó al colegio por primera vez. Engalanada con el uniforme nuevo, nerviosa desde días antes por los compañeros, por lo que aprendería y por cómo sería ir al «cole de mayores», como dice ella.

    Pocas horas después de que ella atravesara ilusionada las puertas de su entusiasmante licenciatura en plastilina aplicada al entretenimiento, yo tuve a bien ir a recoger el título de bachillerato al instituto, con unos años de retraso. En el gris edificio del centro de Madrid no queda uno solo de los profesores que nos acribillaron, por aquel entonces, a fórmulas químicas y nociones de filosofía para mentes boquiabiertas. Aquel bull-dog castellano capaz de bregar con cabestros en ebullición mientras que sonreía al que se sabía la tabla periódica se había jubilado. En su lugar, una docente de lo más urbanita trata de que un padre no estrangule a su hijo después de que este le vendiera la moto de que apuntaba a un nueve en los exámenes de septiembre que acabó por diluirse en un cuatro con poco; una madre llora desconsolada por nosequé suspenso de su retoño que parece condenarle a un limbo académico-administrativo de lo más apetecible. Hijos, sobrinos y nietos de la LOGSE.

    La siguiente parada es la Facultad, en la que he de pescar mi flamante título de licenciado. Una fotocopia por aquí, una compulsa por allá y en una brillante mañana de septiembre logro, por fin, que Juan Carlos I explique al mundo en un papelito qué he estado haciendo los últimos cuatro años, previo pago de 150 euros.

    Y la cosa no acaba ahí: ahora a echar la solicitud del máster y, con suerte, a dedicar otro curso a rellenarnos de sabiduría. Clara, supongo, estará diplomándose en rotuladores Carioca encantada de la vida, ajena aún a que, por lo pronto, es muy probable que las próximas dos décadas de su existencia estén dedicadas a arrastrar la legaña hasta el pupitre y a escuchar lecciones de todo pelaje. A ver dónde estamos nosotros entonces…


  5. El juego del periodista

    Lo escribí el Jueves 19 de agosto de 2010

    Puede que el título de esta entrada sea algo sensacionalista, porque ni he estudiado periodismo ni me atrevo demasiado a considerarme como tal: aunque, como dice un buen amigo, ¿quién es el periodista sino el que escribe en un periódico?

    El caso es que aventurar qué o quién puede colgarse esa etiqueta me parece muy osado en los tiempos que corren (¿Cuatro años escuchando dinosaurios te habilitan como profesional? ¿Tener el móvil de la Pantoja te da voz o voto frente a reporteros agudos, aventurados, hábiles?); pero la semana pasada, en que tuve el privilegio de llenar diez contraportadas de El Comercio pateándome la calle y buscando historias hasta debajo de las piedras, pude darme cuenta de algo importante. (más…)