La huelga general convocada para el 29-S lo estaba, en prensa impresa, para el día 28.
Llegan desde Asturias noticias del primer piquete, pasadas las 22:00, que pretende impedir que las furgonetas de reparto de El Comercio salgan del edificio –en el que también se encuentra la redacción– y hagan su trabajo.
A estas horas no sé qué está pasando más que por Twitter; no sé aún cómo acabará esta noche. Eso sí, me gustaría compartir la opinión del director, Íñigo Noriega: la obligación de la prensa es contar lo que ocurra, pase lo que pase.
El papel de la prensa en las huelgas es peliagudo: a fin de cuentas, se trata de empresas. Lo que ocurre es que lo que venden está inevitablemente ligado a dos cuestiones complicadas, esto es, ideología y servicio público. No obstante, se piense lo que se piense, tengo la sospecha de que el periodista no debe adherirse a la huelga bajo ningún concepto: su misión, aparte de defender la línea editorial de su medio, es contar cosas. También lo hacen en Navidad, en verano… Todos los días.
Eso sí, en el momento en el que termino de escribir estas breves líneas, en El Comercio aún no saben si mañana habrá una edición en papel. Y eso, por lo pronto, no se puede consentir.
