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Entradas que hablan sobre «Vistas»

  1. Tres kilos (mi nuevo compañero)

    Lo escribí el Martes 9 de noviembre de 2010

    Hace unos días, alguien cercano y querido fue a dar una conferencia a una empresa de quesos, alimento de dioses y aperitivo sin igual, y se alojó en mi casa durante unos días. La conferencia, al parecer, fue un éxito, y aparte del consabido cheque, le entregaron un regalo de la casa. Un queso.

    Para ser exactos, un queso manchego de tres kilos, que me encontré, a modo de agradecimiento rebotado, encima de la mesa del salón. Frente a frente, mi lácteo compañero de piso y yo nos miramos, en silencio. ¿Y ahora qué hago yo contigo?

    Corté una cuña y le hinqué el diente. Ciertamente, es uno de los mejores manchegos que he probado jamás, pero cuando hube saciado mi hambre de queso, cuando hube rebañado el último trozo de corteza, miré el resto. Sí, tres días después de que el delicioso compañero aterrizara en mi vida, ya no tenía un manchego de tres kilos, sino de 2,7. Mucho no arreglamos.

    Le hice un hueco en la nevera, le conté unos chistes, me lo llevé a pasear y a enseñarle el barrio. Ya lleva diez días conmigo y, a pesar de la confianza que le infundo, no logro vencerle: sigo teniendo dos kilos de queso tras convidar a toda la gente que se me ha podido ocurrir. Creo que estoy empezando a cogerle manía, visto que le echo queso a todo (a la pasta, a la carne, a la fabada, al desayuno) y el otro sigue ahí, irreductible, muerto de la risa.

    ¿Qué se hace cuando la generosidad amenaza con echarte de tu propia casa?


  2. Revolution-tweeting people

    Lo escribí el Jueves 7 de octubre de 2010

    Malcolm Gladwell es uno de los colaboradores de The New Yorker que menos me gusta –es decir, me encanta–, pero en el número de este lunes publicó un artículo que devoré y disfruté mucho sobre Twitter y los movimientos sociales.

    La idea más interesante del texto tiene que ver con la noción de revolución, con la que tantos gurús de los social media se llenan la boca: hasta una aplicación que te indique dónde hay una cafetería cerca es revolucionaria hoy en día. Lo que Gladwell sostiene es que un movimiento social como el de, como él mismo ejemplifica, la igualdad racial en los años 60 no puede producirse mediante redes sociales, por mucho que se diga lo contrario. Y esto se debe a que carece de organización: describe la escena de un grupo de estudiantes negros quedándose sentados en una cafetería sin ser atendidos; ¿por qué triunfaron en su reivindicación? Porque estaban unidos y sabían lo que hacían y cómo hacerlo. Con que uno solo hubiera respondido a una de las muchas provocaciones a las que fueron sometidos, se hubiera fastidiado el invento. (más…)


  3. Granta con Casciari

    Lo escribí el Miércoles 6 de octubre de 2010

    Me ha salido un nombre de cóctel sin comerlo ni beberlo. Sí, me refiero a las dos noticias literarias de la semana (pasada) que siguen expandiéndose y cebando la Red de redes con comentarios, apoyos, y polémicas.

    Como bien apuntaba cierto bloguero bílico, Ignacio Echevarría, la  lista Granta es una patochada en tanto en cuanto abarca un área territorial demasiado vasta y, probablemente, los autores reconocidos son aquellos que ya contaban con alguna visibilidad. También dice que su valor depende de lo que hablemos de ella; y sí, realiza estas observaciones en una entrada aproximadamente el doble de larga que cualquiera de este blog. Síndrome Calamaro, lo llamo yo.

    Uno de los ganadores, el ingenioso hidalgo Alberto Olmos, también ha comentado la jugada en su blog, igualmente aquejado, imagino que por el entusiasmo, de una pluma liviana que vuela en libertad. Básicamente cuenta cómo recibió el premio, cómo se sintió y algunas cosas más –como era de suponer–.

    Me atrevería a decir que Echevarría, a pesar de lo atinado de sus comentarios, alberga cierto resquemor hacia la lista, o hacia el jurado, o se levantó enfadado con el mundo ese día. Extracto del primer párrafo:

    revista –Granta– cuyo prestigio e influencia, en el ámbito anglosajón, han menguado sensiblemente en la última década, y cuyos intentos de implantación en España se han saldado hasta el momento con un discreto fracaso.

    Eso es empezar un artículo con entusiasmo y lo demás, tonterías. Olmos, por su lado, utiliza con sabiduría la tecla pero, inexplicablemente, estima oportuno o gracioso o curioso contarnos cómo vivió la recepción del premio. Es más, no lo hace con el entusiasmo irrefrenable del alma joven que necesita soltarlo, sino con una pretensión irónicamente autobiográfica para la que, creo, es aún joven. Así todo, resulta que es importante que aclare todo lo que aclara, y que cuente todo lo que cuenta, a la luz de la inundación de textos que están apareciendo en Internet desde la publicación de la lista: opino que hoy, martes, el 90% de los españoles no sería capaz de recitar de memoria más de cinco de los nombres de la lista, pero ese 10% que vive en editoriales independientes e inmersión literaria equipara este anuncio a, no sé, ¿unas primarias?

    Pasando al Casciari, me gustaría retomar la idea de la extensión. La verborrea que les (y a mí también me) aqueja ha encontrado un adalid en Hernán Casciari, que en esta extensisíma entrada en su blog, Renuncio, explica por qué abandona su columna en El País y en La Nación en sus ediciones en papel. También recomiendo la lectura de los 600 y muchos comentarios de apoyo.

    Lo más relevante es lo de El País: por culpa de la publicidad galopante, le han recortado la cantidad de texto de 400 a 240 palabras, y eso le molesta porque no le parece suficiente espacio para escribir –de nuevo, el síndrome Calamaro–. Mantiene, sin embargo, su blog.

    Ahora bien, yo digo: en primer lugar, ¿cómo puede mantenerse a flote un periódico si no metiendo publicidad y quitando páginas con la que está cayendo?; y, en segundo lugar, opino: ¿acaso un buen escritor no debe ser capaz de comprimir sus ideas en 50 palabras si es necesario? Ahí dejo las preguntas.

    Se va a embarcar en una revista bien editada, bien producida en la que los autores puedan investigar y reflexionar lo que les pida el cuerpo y el intelecto. Y sus lectores le animan, le apoyan y esperan ansiosos la publicación trimestral… Pero insisto: ¿de verdad es buena idea dejar a alguien escribir lo que le apetezca sin limitaciones? Es decir, uno puede enrollarse hasta el infinito si le viene en gana, pero vistos los soporíferos discursos de proporciones soviéticas que más de uno nos ha calzado, quizás entrenarse en el noble arte de la concreción y la simplificación anglosajonas no nos vendría mal.


  4. No, hombre, no

    Lo escribí el Lunes 4 de octubre de 2010

    Las primarias del PSM de ayer fueron mucho más jugosas de lo que esperaba. No jugosas por el resultado en sí, ni por las llamadas (seguramente) dignas de estudio que debieron de volar de despacho en despacho a lo largo de la jornada, sino por las imágenes que quedaron.

    Para empezar, imagino la cara de Zapatero por la tarde. Por la mañana, supongo que como buen presidente hojearía la prensa y descubriría que cada columnista –sólo faltaban los de cultura, y alguno se animaría, digo– le daba cera en todos y cada uno de los periódicos nacionales. Entre la huelga y los presupuestos, todos los que llevaban cogiendo impulso desde el miércoles liberaron el tirachinas en una única dirección. Pues eso: lo imagino en zapatillas, cenando frente al televisor con una bandeja, y viendo a su candidata comparecer para felicitar a Tomás Gómez; luego, acudiría hasta el ordenador presidencial para encontrar titulares como el de El País, anunciando la victoria de TG sobre ZP.

    Segunda imagen: nuestra ministra de Sanidad con la mirada descompuesta, tratando de contener las lágrimas. No sé si 30 segundos antes la llamaría alguien de su familia para abroncarla por el fracaso, pero me resulta poco tranquilizador ver a un alto cargo del Gobierno al borde de la lágrima doce horas antes de entrar en su despacho a salvarnos de los múltiples demonios que nos acechan; es más, me resulta poco tranquilizador ver a un alto cargo al borde de la lágrima mientras dice que está contenta porque ha ganado la democracia. Claro.

    Tercera imagen: los militantes del PSOE, convertidos en hinchas del Galatasaray durante la foto TG-TJ coreando “DEMOCRA-CIA, DEMOCRA-CIA”. Debemos de estar todos locos.

    Cuarta imagen: Tomás Gómez, según El Mundo, pasando de cogerle el teléfono a Esperanza Aguirre. En Parla no nos andamos con chiquitas, señora.

    Quinta imagen: Quinta, justamente, por Telecinco haciendo sangre y recuperando del archivo declaraciones de Zapatero reconociendo su preferencia por Trini, o del ministro Sebastián haciendo lo propio. A tenor de las palabras de este último, el PP gobernará Madrid otros cuatro años, visto que Trini era la que podía ganar las elecciones.

    Sexta imagen: Fermín Bouza, en su blog El voto con botas, diciendo que Tomás Gómez ha sido elegido por los militantes del PSOE, pero no por los votantes del partido, que nunca lo hubieran hecho. La culpa, por cierto, es de ese golem conocido como “la derecha”, y de su estrategia mediática de apoyo al de Parla. Ahí queda eso.

    A modo de epílogo, me gustaría hacerme eco de esta noticia que leo hoy en ABC: que el payaso Tiririca, presentador de televisión y eso, vaya, un payaso, ha obtenido un millón de votos en Brasil, que le dan derecho a un escaño en el Congreso. El susodicho ha afirmado, durante la campaña: “¿Que qué hace un diputado federal?. La verdad, no tengo ni idea, pero vote por mí y se lo cuento.” Fíjenese, que estaba yo acordándome de aquel vídeo de las “Señoras que apoyan a Trinidad Jiménez”, el de “Es que es encantadora”…

    Así todo, y dramas y bromas aparte, me alegra que en el PSOE hayan logrado romper la barrera de las primarias. Ahora sólo falta montarlas mejor –no es muy elegante que un presidente se pronuncie– y controlarlas –para que no acaben a hachazos entre sí–. De esta forma, y con un poco de suerte, el político empezará a tener un poco de miedo (real) a campar a sus anchas.


  5. Periodismo y huelga (La resaca)

    Lo escribí el Jueves 30 de septiembre de 2010

    Ya ha pasado todo. Parece que el país vuelve a funcionar y, con él, quienes lo habitamos, empezando por nuestros políticos. No son capaces de esperar ni hasta que me tome el primer café para ponerse con lo suyo… ¡calma, señores, calma!

    Pero lo importante en esta mañana de resaca son los periódicos: anoche, con Telemadrid revolucionada de nuevo con su Diario de la noche como signo inequívoco de que la huelga general había terminado, las miradas se posaban en las portadas del día siguiente. El ABC organizó una encuesta; El Mundo la colgó en PDF.

    La cobertura de ABC, El Mundo y El País fue, dicho sea de paso, impecable. Cada uno en su estilo y con sus medios, pero los tres apostaron por el tiempo real mediante Twitter y redes sociales y dieron en el clavo, bajo mi punto de vista. Vaya, igualmente, mi más profunda admiración a quienes, ya con el sol asomando en Gijón, seguían en El Comercio pegándose con la edición impresa mientras que no paraban de informar de lo que sucedía.

    De las televisiones y su deserción total mejor ni hablamos, pero sí quiero dedicarle unas palabras al diario Público. Si alguien tiene a bien leer esta entrada posiblemente me tache de una serie de cosas ideológicamente erróneas, pero me da lo mismo: lo que este periódico hizo ayer fue sencillamente impresentable.

    Lo que hizo Público fue poner un precioso banner en su portada, la madrugada de la huelga, diciendo precisamente eso, que como el 90% de su redacción digital se había parado, la web no se actualizaría en todo el día. Bueno, no estoy de acuerdo con que un periodista se ponga en huelga (en ningún caso) pero vale, se puede aceptar.

    Lo que no es de recibo es que tan emocionante parón se rompiera, repentinamente, cuando faltaba una hora y pico para que llegara el olvidado 30-S. Claro, la prensa impresa tenía su huelga convocada para anteayer, y la digital (que debe de ser que tienen otros redactores de una subcontrata, o que hace falta un ingeniero para colgar noticias), no. Pero ¡ay! que me salta el resultado del Barça por el Twitter; y el éxito de la huelga; y la desarticulación del comando Donosti… Pincho enlaces y ¡gol!: noticias frescas, pero fechadas hoy a las 8 de la mañana.

    Entiendo que los periodistas de la edición impresa –que al parecer nada tienen que ver con la digital, insisto– hagan el periódico que hoy está en los kioskos. Pero lo que no se puede tolerar es que un medio de comunicación se ponga en huelga en bloque, se jacte de hacerlo y luego disimule a lo zorro cambiando las fechas de las noticias. Mal jugado, compañeros.

    Y no, no me meto con Intereconomía, La Gaceta y compañía porque ni los leo ni me interesan. Los de Público, al menos, regalaban pelis de vez en cuando.