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Entradas que hablan sobre «Vistas»

  1. Otros veranos

    Lo escribí el Jueves 27 de agosto de 2009

    Nuevos Ministerios es un complejo mamotreto gris de cemento en cuyas tripas se encuentra uno de los mayores intercambiadores de Cercanías y Metro de la Madrid. Al salir a la Castellana, en invierno, el frío corta la cara; en primavera, no se sabe muy bien si fuera espera el calor incipiente o la ventisca tardía; y, en otoño, sucede aproximadamente lo mismo.

    Pues ya anochezca a las 7 de la tarde o a las 10 –es decir, durante todo el curso– aguarda fuera un tipo enjuto, de tez oscura, que con su clarinete se pasa allí las jornadas enteras, tocando y retocando largas composiciones clásicas con gran sobriedad.

    Cuál fue mi sorpresa cuando, paseando por el Puerto Deportivo hace un año, topé con el mismísimo escapando del  desierto verano madrileño; y este año, también. Ya no luce ni los guantes sin dedos ni la pesada gabardina, que ahora reposa sobre el altavoz que amplifica el acompañamiento; ya no toca solemnidades, ahora se lanza con animadas y saltarinas melodías, y no oculta una leve sonrisa ahí sentado, bajo un plátano de sombra, tan ricamente.

    Dentro de poco más de una semana nos volverá a esperar, supongo, sentado en la misma banqueta de Nuevos Ministerios; así que de momento, toque lo que toque, corramos a aprovechar antes de que se lleve este sol.


  2. Todo recto

    Lo escribí el Miércoles 26 de agosto de 2009

    Es conocida la dificultad de un enorme número de gijoneses para levantar la mirada de las estilosas aceras de nuestra ciudad; lo cual, unido a la supersónica velocidad a la que caminan, con las manos en la espalda, les convierte en auténticas apisonadoras.

    En las estrechas calles del centro, resulta casi más seguro pasear por el centro de la calzada que transitar por ese sanfermín humano que organizan los viandantes a media tarde; pero lo preocupante es que en el mismísimo Muro, con su anchura de autovía de dieciséis carriles, se corre riesgo de atropello.

    En esto que andaba yo pegado a la barandilla blanca, disfrutando del sol y del mar cuando, como si acabase de meterme en una justa medieval improvisada, vi acercarse en mi misma dirección a un cuasi vigoréxico y decididamente moreno gijonés bien entrado en años, con los consabidos pantalones cortos y la camiseta en la mano, concentrado, por supuesto, en la calidad del cemento que recubre el paseo.

    Decidí no apartarme, aunque sólo fuera por averiguar si el problema era de miopía, de orgullo o de convicción; el tipo, consciente ya del choque, frunció el ceño y apretó el paso cuando sólo nos quedaban un par de metros.

    Y no, no frenó: embistió y, ya de paso, me lanzó en la trayectoria de un carrito con su bebé kamikaze. Tonterías, las justas. Advertidos quedan.


  3. El arte del paisanismo

    Lo escribí el Sábado 22 de agosto de 2009

    El otro día tuve la ocasión de charlar durante un rato con uno de esos paisanos –no tienen otro nombre– que pertenecen a otro tiempo, a aquella generación que, por tarde que se acostara por andar de verbena, recibía del frente paterno un buen cubo de agua fría o una sonata a base de cazerolazos si no saltaba de la cama a una hora imprudentemente temprana.

    Nuestro protagonista, en concreto, se disponía a marchar para casa a dormir seis horas antes de entrar a trabajar, y no iba a encamarse  precisamente sobrio, todo sea dicho.

    Conduce una ambulancia en algún rincón de Asturias, y él mismo, que a estas horas estará salvando alguna vida, se rebela contra la juventud de estos tiempos: «La B12 es una gigantesca mentira: igual por atender a un borrachu con dos copes de más, no llegamos a un infarto. Dos bofetaes y a dormila. ¿Para qué te crees que tienen camillas en Cabueñes? Para que duerman.»

    Y como este conductor de ambulancia, tantísimos otros paisanos de los que poco o nada llegaremos a saber jamás, hasta que se pasen y (es un suponer) se instalen al volante de un autobús de EMTUSA de la línea 4 repleto de enfermeras un lunes a las 8 de la mañana con una tasa de alcoholemia tres veces superior a la permitida.

    Paisanos somos, y en paisanos nos convertiremos.


  4. Nuevo cine español

    Lo escribí el Martes 18 de agosto de 2009

    Pongamos a un showman que se encuentra rodando la última esperanza del cine patrio por estas latitudes y que, como casi todos los famosos y pseudofamosos que pasan por Gijón, realiza sus salidas nocturnas.

    El encuentro tiene lugar un sábado, tras haber topado con buena parte del resto del reparto y haberles visto
    departir y fotografiarse con quien tenía a bien acercárseles.

    Nuestro hombre, haciendo gala de una labia privilegiada, se encuentra acodado a una hora, ejem, tardía, en cierto bar del barrio pescador tomando la última y, por qué no, charlando con la camarera, azorada por las babas que el gran genio parece estar a punto de derramar por la impoluta barra. Entran dos amigos, y preguntan: «¿Podemos comprar tabaco?» El otro se vuelve, y niega con rotundidad y los ojos inyectados en sangre. La taquilla de cine español de la próxima temporada acaba de perder dos espectadores.

    A continuación sale (solo) y, sin pensárserlo dos veces, se adosa a otro par de zagalas que circulan por las calles mojadas. Allá que se va, pellizcando a una de ellas donde la espalda pierde su nombre y desairando con un elegante gesto de muñeca a otros dos fans: bravo, dos menos.

    Ésa es la actitud, levantando la industria a golpe de simpatía: próximamente, en los mejores cines.


  5. “Mañana me quedo en casa” (Noche de los Fuegos 09)

    Lo escribí el Domingo 16 de agosto de 2009

    El viernes por la noche Mario y yo repetimos la incursión periodístico-festiva, en esta ocasión en la multitudinaria Noche de los Fuegos en Gijón. De nuevo, dejo el PDF de las dos páginas impresas, que incluyen además el artículo de Xuan Bello sobre los fuegos artificiales en cuestión.

    Noche de Los Fuegos