Hoy es día 30. Ya va tocando ponerse a pensar un poco, aunque sea en el modelo de Nochevieja –digo–, aunque el mundo ha decidido seguir coleando a nuestro alrededor hasta el último segundo.
Así, hoy el PP ha decidio prescindir de Cascos y presentar a Isabel Pérez-Espinosa, lo cual, como ya escribí hace algún tiempo, me parece un error como una catedral. Pero ese no es el asunto ahora; es, sencillamente, que nuestra clase política se ha ocupado de echar más leña a un fuego que no es, precisamente, la hogareña chimenea de la que penden los calcetines.
Un poco más abajo, en la misma portada de El Comercio, me encuentro con la entrañable noticia de dos pícaros que decidieron falsificar 100 entradas para la fiesta del restaurante Bellavista, con tal astucia que se plantaron en la imprenta más cercana con una entrada original y un pen-drive con el anverso y el reverso escaneados, pidiendo que se las hicieran lo más exactas posibles.
En fin, son solo dos pinceladas: una, de las que importa, la otra, de las que hace sonreír… Pero ¿no estaría bien que dejaran de pasar cosas, aunque fuera un rato?
