Un día de estos salimos a dar una vuelta por la tarde, como de costumbre; a «hacer el playu», que dicen algunos. Las tres C: Cerro, Corrada, Cholo.
Sopla brisa refrescante y se ven semblantes relajados por todas partes; nos separamos para darnos una ducha y quedamos después de cenar. Esto es vida.
Qué bien se está en Gijón en verano: clima excelente, tranquilidad, playa… Nos metemos en uno de los bares habituales, normalmente vacío a estas horas. Y entonces entra un forastero, y dos, y tres, y doce.
Volvemos a Cimadevilla: con un poco de habilidad y de picardía gijonesa quizás logremos sortear a las masas. Error. La plaza del Marqués está tan repleta que si se empuja a un trasnochador en una esquina parece que el efecto dominó derribará al de la opuesta.
Anteayer, sin ir más lejos, el concierto de Los Chichos recordaba más al FIB que a otra cosa; en el de Spiritualized corearon y bailaron hasta los abonados al Festival de Tonada…
El otro día había incluso gente en el bus turístico (también conocido como, ejem, bus fantasma); cuesta caminar más de dos metros sin topar con visitantes provistos de mapas queriendo ir a tomar unos «culiños», que gustan decir ellos… ¿Qué regalarán en Gijón?
