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Entradas que hablan sobre «Verano fatal»

  1. Lunes 31

    Lo escribí el Lunes 31 de agosto de 2009

    Ya es lunes 31, un pequeño apéndice al mes de agosto, un minúsculo epílogo que marca el retorno definitivo, la vuelta a las pequeñas cosas de lo cotidiano y (esperemos que no demasiado) rutinario aunque, como bien narraba ayer Azahara Villacorta en este mismo espacio, la actualidad de la temporada otoño-invierno desprende, desde ya, cierto tufillo a soporífera monotonía.

    Hoy comienza la diáspora de amigos reunidos en Gijón a lo largo de este mes: uno aquí, otro allá; los que se quedan retornan a la reclusión estudiantil o laboral y, en general, vuelven a sonar implacables despertadores a horas imposibles, con sus 5 minutos de remoloneo y la inevitable nostalgia de las tardes al fresco.

    Han sido dos meses abalanzándonos sobre la calle y sus personajes, agarrando el verano con ganas y zarandeándolo para sacarle lo mejor: desde aquel tipo que se ha pasado estas semanas paseándose con un cartel al cuello pidiendo «Huelga general» hasta la riquísima vida interior de El Molinón, pasando por la selección musical que hemos podido encontrar en las calles de este Gijón: el demonio del acordeón, los lánguidos modernos y -claro- cienes de gaitas.

    Ayer por la tarde aún hacía sol, paseábamos discretamente como tratando de evitar que se escapara el verano y la Fiesta de la Sidra da sus últimos coletazos. Dentro de poco viene San Mateo; luego contaremos los días hasta los puentes, las vacaciones, la Navidad, Semana Santa, mayo… Y vuelta a empezar: ya queda un lunes menos.


  2. Un paso más cerca de Ibiza

    Lo escribí el Sábado 29 de agosto de 2009

    Ha cundido la sorpresa entre gijoneses y veraneantes habituales por la sorprendente afluencia de visitantes que han aguantado en la ciudad esta segunda quincena de agosto, una vez superados los conciertos, restallones y demás festivales.

    La crisis no afecta al sector turístico: al contrario, lo impulsa; tenemos una de las proporciones de bares por habitante más elevadas de España; y por si todo esto fuera poco, llegan noticias de que barrios como la Calzada o Pumarín cuentan ahora con una presencia hostelera más que boyante.

    Tal es el optimismo que por no afectarnos, no nos afecta ni el clima: proliferan ‘a veira do mar’ terrazas y chiringuitos de corte ibicenco-mediterráneo, con su rollo lounge y sus sillones blancos («Pero eso ¿cómo harán pa lavarlo?», se preguntaba el otro día una nativa) que quedan preciosos en el litoral astur y le confieren ese toque sofisticado que tanto nos gusta por estos lares.

    La gente bien se apoltrona encantada, con sus gin-tonics a precio de oro, rodeados de palmeritas disfrutando de las noches de verano. Y si se tuercen, poco importa: en vez de jersey por los hombros nos ponemos el polar en agosto para salvar el orbayo y tan panchos. Pa gallos, nosotros: Ibiza está ahí. Y si no, al tiempo


  3. Otros veranos

    Lo escribí el Jueves 27 de agosto de 2009

    Nuevos Ministerios es un complejo mamotreto gris de cemento en cuyas tripas se encuentra uno de los mayores intercambiadores de Cercanías y Metro de la Madrid. Al salir a la Castellana, en invierno, el frío corta la cara; en primavera, no se sabe muy bien si fuera espera el calor incipiente o la ventisca tardía; y, en otoño, sucede aproximadamente lo mismo.

    Pues ya anochezca a las 7 de la tarde o a las 10 –es decir, durante todo el curso– aguarda fuera un tipo enjuto, de tez oscura, que con su clarinete se pasa allí las jornadas enteras, tocando y retocando largas composiciones clásicas con gran sobriedad.

    Cuál fue mi sorpresa cuando, paseando por el Puerto Deportivo hace un año, topé con el mismísimo escapando del  desierto verano madrileño; y este año, también. Ya no luce ni los guantes sin dedos ni la pesada gabardina, que ahora reposa sobre el altavoz que amplifica el acompañamiento; ya no toca solemnidades, ahora se lanza con animadas y saltarinas melodías, y no oculta una leve sonrisa ahí sentado, bajo un plátano de sombra, tan ricamente.

    Dentro de poco más de una semana nos volverá a esperar, supongo, sentado en la misma banqueta de Nuevos Ministerios; así que de momento, toque lo que toque, corramos a aprovechar antes de que se lleve este sol.


  4. Todo recto

    Lo escribí el Miércoles 26 de agosto de 2009

    Es conocida la dificultad de un enorme número de gijoneses para levantar la mirada de las estilosas aceras de nuestra ciudad; lo cual, unido a la supersónica velocidad a la que caminan, con las manos en la espalda, les convierte en auténticas apisonadoras.

    En las estrechas calles del centro, resulta casi más seguro pasear por el centro de la calzada que transitar por ese sanfermín humano que organizan los viandantes a media tarde; pero lo preocupante es que en el mismísimo Muro, con su anchura de autovía de dieciséis carriles, se corre riesgo de atropello.

    En esto que andaba yo pegado a la barandilla blanca, disfrutando del sol y del mar cuando, como si acabase de meterme en una justa medieval improvisada, vi acercarse en mi misma dirección a un cuasi vigoréxico y decididamente moreno gijonés bien entrado en años, con los consabidos pantalones cortos y la camiseta en la mano, concentrado, por supuesto, en la calidad del cemento que recubre el paseo.

    Decidí no apartarme, aunque sólo fuera por averiguar si el problema era de miopía, de orgullo o de convicción; el tipo, consciente ya del choque, frunció el ceño y apretó el paso cuando sólo nos quedaban un par de metros.

    Y no, no frenó: embistió y, ya de paso, me lanzó en la trayectoria de un carrito con su bebé kamikaze. Tonterías, las justas. Advertidos quedan.


  5. ¿Qué es un choripán?

    Lo escribí el Lunes 24 de agosto de 2009

    Estas (¡ya últimas!) noches de calor veraniego, que invitan más a quedarse al fresco de una plaza que a embutirse en bares sospechosamente cálidos o heladoramente acondicionados, nos han permitido descubrir el maravilloso mundo de la gastronomía nocturna gijonesa.

    En Madrid contamos con la comunidad china, que cierra el chiringuito a eso de las 12 y se lanza a las calles del centro provista de vituallas («sevesa, alós, taalines» es su lema, su mantra, convertido ya en un himno generancional).

    Pero por estos lares aún no hemos llegado al servicio a domicilio: son las bocaterías y kebabs las que nos suministran las providenciales viandas de última hora de la noche. Tal es el éxito de este fenómeno, que  nos encontramos en disposición de realizar una suerte de «Guía Michelón» de los locales más selectos de la ciudad: en Cimadevilla, el mejor chorizo a la sidra a este lado del Piles; en la Arena, el ínclito bocata mejicano, toda una delicatessen; en Fomento, el kebab más refinado y goteante; en el puerto, el «chori con chimi», llamado a convertirse en clásico atemporal.

    Existe una competencia encubierta por las patatas más crujientes, los bocatas más fornidos, la salsa más perfecta, la grasona más económica… La más inaudita batalla gastronómica desde el helado de centollo, vaya.