RSS Feed

Entradas que hablan sobre «Traducciones»

  1. “Total, es ponerlo en español”

    Lo escribí el Lunes 8 de febrero de 2010

    Desayuno hoy con un mensaje del TRAG, la lista de distribución de traductores audiovisuales más asentada, con un enlace a cierto artículo de El País sobre la traducción y doblaje de la última temporada de Perdidos, proceso que, dicho sea de paso, se está llevando a cabo a velocidades demenciales.

    Me encanta cuando envían estos enlaces, porque así disfruto leyendo algo sobre traducción en prensa (cosa infrecuente) y luego asisto a los mensajes enfervorecidos o a las felicitaciones de los colegas, en función de quienes aparezcan en el texto.

    En esta ocasión, las reacciones son de cabreo, y no es para menos: el artículo de El País, aparentemente elaborado con la misma premura con la que se realiza el doblaje, habla de los actores y de la directora largo y tendido; mientras que la traductora (María José Aguirre de Cárcer, en esta ocasión) queda relegada a la siguiente frase:

    - Sábado 30. Llega el guión provisional, que se traduce en 24 horas.

    Me imagino que a esto se referían los teóricos de la traducción con aquello de la “invisibilidad del traductor”… Yo, personalmente, no tenía ni idea de quién era María José Aguirre de Cárcer; y, sin meternos en debates sobre dónde debe quedar el nombre del traductor en el producto final, es demasiado que en un artículo de estas características ni siquiera se mencione su nombre.

    Especialmente porque, por encomiable que resulte el trabajo de dirección y actuación en el proceso de doblaje, puedo asegurar y aseguro que traducir el guión de un capítulo de una hora en un día supone un buen tarrado de horas delante del ordenador y del diccionario; y una capacidad sobrehumana para mantener la concentración durante todo ese tiempo, y bajo presión.

    La interesada, dicho sea de paso, ha respondido al foro esta mañana limitándose a agradecer las enhorabuenas. Mañana por la noche, a las 22:15, media España estará viendo el esperadísimo estreno y, de ellos, más bien pocos sabrán quién ha traducido lo que oyen. ¿Triste? No necesariamente: nadie conoce los nombres de las voces o directores de doblaje; lo triste es que, una vez más los alumnos aventajados de Primero de Progre, especialidad Cultureta, han vuelto a sacarse de la manga un reportaje curioso, cultural, pisoteando la figura central del proceso: quien ha puesto las palabras en boca de las voces.

    No sé quién tiene más problemas, si periodistas o traductores… ¿Traductores periodistas?


  2. Ángeles rebeldes

    Lo escribí el Domingo 27 de diciembre de 2009

    angelesrebeldes Angeles rebeldes

    Robertson Davies

    Traducción de Concha Cardeñoso

    Barcelona, Libros del Asteroide

    2008 (original de 1981)

    Por fin asisto a la primera parte de la trilogía de Cornish, igual de fascinado que a las otras dos pero, no obstante, muy sorprendido.

    Sorprendido porque el tono, la estructura y la narración nada tienen que ver con los otros dos libros, sino que resultan completa y absolutamente independientes (que no incoherentes): por eso a lo largo de esta lectura no he dejado de preguntarme qué hacía de la trilogía de Cornish eso, una trilogía, más allá de que los personajes se llamen igual. Pero a esto habrá que dedicarle otra entrada.

    El libro en sí juega a la perfección con las voces de los personajes, sirviéndose de ellos y de unos diálogos de ritmo pausado pero firme para construir escenas tremendamente ricas en detalles y cubiertas, además, con ese tufillo académico-erudito en el que Davies nos quiere sumir.

    Lo mismo sucede con el resto de “ambientes” de la novela: el gitano, el estudiantil, el estudioso, el amoroso, el pervertido, el privado… Todos ellos se configuran definiendo el espacio y la acción con precisión milimétrica, utilizando además anécdotas y pequeñas historias dentro de la historia para mantener el interés del lector.

    La traducción desempeña, una vez más, un papel fundamental en el desarrollo del libro: la escritura de Davies es, más que nunca, la herramienta sobre la que se sostiene todo, ya que logra poner a sus personajes a teorizar sobre la ciencia del bomarí, o sobre Rabelais, estableciendo un discurso divulgativo a la vez que pedante hasta lo levemente grimoso; es decir, proporcionar la información ironizando, a la vez, con sus personajes y sin resultar obvio.

    Transportar eso al español, igual que la agilidad de una sintaxis ferozmente divertida cuando toca, son los retos a los que se enfrenta una edición de esta clase, que puede resultar, sólo por este factor, absolutamente infumable. Pero, por suerte, no es ni de lejos así.


  3. Traducir y callar

    Lo escribí el Jueves 5 de noviembre de 2009

    Estudio cuarto de carrera de la licenciatura (sí, licenciatura) de Traducción e Interpretación, el último curso. No me pondré ahora a relatar en qué ha consistido y consiste mi formación en “la segunda profesión más antigua del mundo”; baste decir que me han dado clase 5 profesores (cinco) en toda la carrera que hayan practicado la traducción profesional en algún momento de sus vidas y que los otros (más de diez, y de 20 me atrevería a decir) eran lingüistas, filólogos, o mejor, teóricos de la traducción que nunca han traducido (paradojas de la vida).

    Ocurre con frecuencia que se organiza algún debate en clase sobre esas marcianadas que tanto nos gustan: la invisibilidad del traductor (¿hasta qué punto se tiene que notar que estamos ante una traducción?), cómo hay que afrontar la traducción de determinado tipo de texto (¿leerlo previamente o no? ¿usar software de apoyo o hacerlo a pelo?), y mi preferido: euros.

    La obsesión que ha desarrollado cierta gente en esta carrera —fomentada, en ocasiones, por conferenciantes con problemas para pagar las facturas— por los euros y la situación laboral del traductor les ha convertido en aguerridos sindicalistas de cuchillo entre los dientes antes incluso de asomarse de lejos a lo que es el mercado: escuchar hablar a veteranos del mundillo que han tenido que luchar por leyes que reconozcan nuestro estatus les envalentona y llena el espíritu de ganas de venganza contra el empresario maligno.

    Entretanto, se van nutriendo, en su burbuja de instituto —”¡Mierda, este 5,2 me baja la media!”—, de lo que los lingüistas insertan en sus cerebritos: un mundo idílico en el que se traduce un párrafo por hora, en el que cada recoveco del texto se puede y debe explorar, en el que la traducción es una actividad científica, compleja, para la que hacen falta un método y sabiduría teóricas que, por supuesto, nunca adquiriremos (e ignorantes moriremos).

    Con este unvierso cocinado en los pasillos, despachos y congresos de facultades mal iluminadas rondándome, estaba hace unas semanas en casa cuando sonó el teléfono: “Alejandro, soy X. Tengo una traducción para ti; cambio climtáico; 70 páginas; fatal escrito; te lo mando.”

    Otra vez la adrenalina, otra vez noches sin dormir, otra vez correr, volar, pasar páginas del diccionario, comer delante del ordenador. Otra vez curro del que nos motiva  a los que nos gusta el tipo de trabajo que en algún momento te lleva a preguntarte: “¿En qué hora…?” Otra vez traducir el doble de lo recomendable en un día, otra vez sonreírse al pensar en el libro acabado. Otra vez, la satisfacción que pocos entienden o quieren entender: otra vez, traducir y callar.


  4. Memorias de un europeo. El mundo de ayer

    Lo escribí el Miércoles 28 de octubre de 2009

    Memorias de un europeoMemorias de un europeo. El mundo de ayer

    Stefan Zweig

    Barcelona, Acantilado, 2001

    552 páginas

    Puede parecer una banalidad decir que este libro es el más personal de Stefan Zweig tratándose de su autobiografía, pero quien lo haya leído entenderá que no es una afirmación evidente en absoluto.

    Como ya mencionaba en el segundo episodio del Podcast, dedicado al autor, la primera particularidad de la narración se encuentra ya en el prefacio del libro, en el que advierte de su renuncia a contarnos su propia vida para rendirse al papel de espectador de uno de los momentos más sombríos del siglo XX europeo.

    Primero, la felicidad de principios de siglo; luego, el mazazo de la Primera Guerra Mundial; después ese limbo en el que parecía que la situación se estabilizaba; finalmente, la explosión de la Segunda Gran Guerra y su (para él inevitable) retirada de un mundo que parecía repudiarle.

    La vida y formación del escritor sólo sirve para enmarcar el contexto en el que se produjeron todos estos acontecimientos, y a pesar del empeño de Zweig en “quitarle hierro”, cualquier seguidor de su obra curioso por la trastienda de su creatividad encontrará también una dosis de lo que busca. El resultado es, en definitiva, apasionado y fluido, mucho menos desbastado que cualquier otro relato suyo (basta con observar la extensión de los párrafos y segmentos, menos purgados y depurados que en otras ocasiones) pero, por suerte, producido en un momento literario en el que ya se podía permitir sentarse ante el folio y dejarlo salir todo sin aburrir a las moscas.

    Mención aparte merece la traducción: como viene siendo costumbre en Acantilado, se trata de un texto cuidado y pulcro, pero una observación atenta permite entrever la presencia de las cuatro manos que lo firman, quitándole en algunos pasajes la fluidez que le habría dado el trabajo de un único traductor.

    Pero minucias aparte, la traducción salva con mucho más que dignididad un texto complicado, ensimismado y en algunos instantes amargamente sombrío tras el tono entusiasta y emocionado que es costumbre en Zweig. Al final, un libro indescriptible en su desarrollo —¿qué personalidad lo es?— y de emociones variopintas, encontradas, superpuestas y habitualmente intensas.

    Inusual y necesario para entender un siglo que ya nos pilla algo lejos.


  5. Malditos Bastardos

    Lo escribí el Jueves 24 de septiembre de 2009

    Malditos Bastardos

    Qué miedo da Tarantino cuando se pone detrás de una cámara. Su habilidad para forzar estilos y lenguajes cinematográficos le ha llevado, con los años, a producir grandes maravillas y obras fallidas (nunca truños, porque bueno es): de ahí el temor y el recelo con el que acudimos a ver Malditos Bastardos: ¿una incursión de más de dos horas y media en el género bélico-nazi? Caramba…

    El experimento no sólo sale bien, sino que sale redondo: cójase Kil Bill y subsánense los errores narrativos cometidos; aderécese todo con una buena dosis de sobriedad y elegancia y se tendrá esta película. Puede que el hecho de que a servidor la filosofía oriental le de exactamente lo mismo tenga algo que ver, pero vaya, quedándonos en lo puramente cinematográfico, le da mil vueltas.

    Posee un ritmo pausado, casi teatral y muy deudor del mejor cine clásico: no abundan los escenarios, predominan los diálogos y un argumento sólido, que se aguanta por sí solo incluso fuera del contexto histórico. La trama no gira en torno a los Bastardos, en realidad, sino que reposa sobre los hombros del Coronel Landa, uno de los personajes mejor construidos por Tarantino. Es él quien se hace con las escenas de diálogo, quien crea la desasosegante sensación de saber siempre algo que el espectador desconoce, quien posee la clave de toda la historia.

    Por otro lado, la historia progresa firme y contenida, aunque algunos detalles (no doy datos por no reventarla) hacen pensar en una concepción más cercana al cine negro: empezando por el final y llegando al principio, desde donde se irá avanzando, perdiendo y confundiendo al espectador, hasta desvelar la sorpresa final. Una vez más, Malditos Bastardos hace gala, en este sentido, de una buena cantidad de referencias, sin por ello apabullar al espectador con su erudición u obligándole a “darse cuenta”  de una brillantez del autor

    El resultado es una historia cerrada y redonda, sin fisuras; de ritmo cadencioso, complicado pero perfecto… Un peliculón, arriesgado y no para todos los públicos, pero un peliculón con todas las letras.