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	<title>¡Bah! &#187; Traducciones</title>
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	<description>El irreductible blog diario</description>
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		<title>La cocina de los Oscar</title>
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		<pubDate>Tue, 01 Mar 2011 12:08:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
				<category><![CDATA[Columnas y opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Cine]]></category>
		<category><![CDATA[El Comercio]]></category>
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		<description><![CDATA[Interpretando la 83 edición de los Oscar.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Estamos en Los Ángeles. Esta noche se entregan los Oscar,  los premios -quizás- más importantes de la «industria del cine». Bueno,  más bien, estamos en una cocina de una de las plantas altas del Círculo  de Bellas Artes de Madrid mirando fijamente a una pantalla y esperando a  que un presentador o premiado tome la palabra.</p>
<p>Dos voces masculinas y dos voces femeninas llevamos  cuatro horas, cuando se acercan las 2 y media de la madrugada en España,  con el ceño fruncido sobre el guión de casi 200 páginas que rigió, con  paso marcial, la ceremonia de entrega de los premios de la Academia.</p>
<p>Los técnicos corretean entre el plató de televisión y el  de radio que nos rodean, van dando buena cuenta del catering entre  carrera y carrera y nosotros, entre tanto, vamos repartiéndonos los  papeles: «Bueno, yo creo que seré James Franco», afirma Fernando.  «Oprah. Sí, soy yo, que tú eres Anne Hathaway», dice Christine a  Christina. Por supuesto, el guión no revela todos los misterios («Pero  ¿quién es TBR?»): nadie sabe por dónde van a salir los premiados, nadie  puede esperarse la metralleta de nombres en la que se convierte Andrew  Sorkin al recoger el Oscar al mejor Guión Adaptado; tampoco que Bob Hope  pueda ponerse a charlar, desde el más allá, con Jude Law y Robert  Downey Jr.</p>
<p>Así van pasando las horas hasta que cae el telón: son  casi las seis de la mañana en un Madrid de lunes que empieza a  desperezarse y entre tragos de café hemos ido tratando de poner voz, con  el mayor tino posible, a todo el firmamento de Hollywood. Han caído los  premios más técnicos, en los que una voz en &#8216;off&#8217; felicitaba a los  técnicos reconocidos por haber «desarrollado tanto ese sistema de  cabrestantes»: ojipláticos, nos giramos entonces hacia Christina y le  aplaudimos en silencio para que las palmadas no se colaran por el  micrófono. En una noche recurrente pero inolvidable, hemos sido, por un  rato y en la sombra, desde Kathryn Bigelow hasta Geoffrey Rush, desde  Steven Spielberg hasta Sandra Bullock, desde Gwyneth Paltrow hasta Randy  Newman. Y todo&#8230; desde la cocina.</p>
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		<title>El Pentateuco de Isaac</title>
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		<pubDate>Fri, 27 Aug 2010 18:13:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
				<category><![CDATA[Bah]]></category>
		<category><![CDATA[Angel Wagenstein]]></category>
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		<category><![CDATA[Literatura europea]]></category>
		<category><![CDATA[Traducciones]]></category>

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		<description><![CDATA[Lo han vuelto a hacer: un libro inevitable.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><a href="http://www.alejandrocarantonna.es/wp-content/uploads/57.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-1283" title="ElPentateucodeIsaac" src="http://www.alejandrocarantonna.es/wp-content/uploads/57.jpg" alt="" width="287" height="448" /></a>El Pentateuco de Isaac</em></p>
<p>Angel Wagenstein</p>
<p>Traducción de Liliana Tabákova</p>
<p>Barcelona: Libros del Asteroide, 2008</p>
<p>316 páginas</p>
<p>Lo han vuelto a hacer. El catálogo de Libros del Asteroide se nutre, una vez más, de uno de esos libros que marcan y refrescan al mismo tiempo: resfrescan por su agilidad, por su calidad y por una traducción brillante; marcan porque aportan algo nuevo y único.</p>
<p>En este caso, ese algo es la conciliación: <em>El Pentateuco de Isaac </em>nace en una cultura literaria alejadísima de la nuestra, con mucho de centroeuropeo y una pizca de occidentalidad. Lo que concilia, pues, es una estructura que nos es muy ajena pero al mismo tiempo accesible, es decir, toda una lección de literatura. <span id="more-1282"></span></p>
<p>Se trata de un libro que fluye con una facilidad pasmosa, un volumen breve pero de una intensidad brutal, por ser de los pocos que efectivamente logra tratar las burradas humanas cometidas en este nuestro continente a lo largo del siglo XX sin caer en lo facilón, en lo estereotípico y que, encima, arranca sonrisas sinceras, sin un ápice de condescendencia histórica o de empatía barata.</p>
<p>La maestría de Wagenstein reside, ante todo, en su economía de recursos: logra situar a su personaje en el centro del relato y utiliza su voz para narrar los acontecimientos de una forma que obnubila por su subjetividad, tan bien llevada que le permite ahorrarse descripciones superfluas e ir directo al grano.</p>
<p>Se nota y se agradece una mano versada en el arte de contar cosas, ya que, a pesar de tratarse de su primera incursión en las letras, Wagenstein hace notar desde la primera página de qué va su libro y su pluma no vacila ni un solo capítulo en el desarrollo de la trama.</p>
<p>Resulta curioso, igualmente &#8211;aunque esto requeriría otra entrada&#8211; cómo Libros del Asteroide confirma con cada libro una sensibilidad sutil pero palpable para encontrar un tono común, una forma en la escritura que une como hormigón todo su catálogo y garantiza, de esta forma, que más allá del tema tratado, de la estructura elegida, de la narración presentada cada párrafo, cada página, cada capítulo posee una pulcritud y una calidad seguras.</p>
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		<title>Nuevo artículo en 452 ºF</title>
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		<pubDate>Mon, 09 Aug 2010 09:45:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
				<category><![CDATA[Notas]]></category>
		<category><![CDATA[452 ºF]]></category>
		<category><![CDATA[Don DeLillo]]></category>
		<category><![CDATA[Traducciones]]></category>

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		<description><![CDATA[Me han publicado una traducción.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Ya ha salido el tercer número de la revista 452 ºF, una publicación especializada de literatura comparada con la que colaboro como traductor.</p>
<p>En esta ocasión, se trata de un interesante artículo de Ahmahd Gashmari sobre el papel que desempeñan el supermercado y la televisión en <em>White Noise</em>, de Don deLillo. Podéis bajaros el PDF <a href="http://452f.com/index.php/ahmad-ghashmari.html" target="_blank">aquí</a>.</p>
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		<title>Que Lost nos pille confesados</title>
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		<pubDate>Sat, 22 May 2010 11:50:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
				<category><![CDATA[Bah]]></category>
		<category><![CDATA[Estados Unidos]]></category>
		<category><![CDATA[Lost]]></category>
		<category><![CDATA[Siglo XXI]]></category>
		<category><![CDATA[Televisión]]></category>
		<category><![CDATA[Traducciones]]></category>

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		<description><![CDATA[De la locura hecha traducción.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Para quien no esté enterado de la movida, explico lo que va a ocurrir el próximo domingo: Cuatro va a emitir cuatro de los últimos capítulos de <em>Lost</em>, luego va a estrenar el penúltimo subtitulado y, por fin, va a emitir &#8211;agárrense&#8211; el doble capítulo final con una diferencia de 30 minutos con respecto a la emisión estadounidense. La movida es que lo va a hacer subtitulado&#8230;</p>
<p>Bueno, los fans de <em>Lost</em> se congratulan por esta iniciativa y, sin duda, tienen motivos para hacerlo: por fin, los piratillas de Internet han ganado la partida a los traductores profesionales que se desloman para que los capítulos lleguen en el menor tiempo posible: ojo, siempre he creído que tendría que ser el sector audiovisual el que se adaptara a los nuevos tiempos, y no al revés, pero tener a alguien subtitulando una serie como <em>Lost</em> en un intervalo de media hora, a riesgo de que se equivoque y la horda de frikis le meta fuego a Cuatro armada con azadas, me parece inhumano.</p>
<p>Obviamente lo voy a ver, y no por ser fan de la serie sino por admirar el temple de quien vaya a llevar a cabo este triple mortal, y con la mera esperanza de que en la web de Cuatro cambien la expresión &#8220;generar los subtítulos&#8221; por algo un poco más elegante. No es que tenga que aparecer quien los vaya a hacer en pantalla pero, copón, ya les vale.</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Trilogía de Deptford</title>
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		<pubDate>Thu, 18 Mar 2010 11:51:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Otra joya de Robertson Davies. Horas, y horas, de trabajo bien hecho.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><strong><a href="http://www.alejandrocarantonna.es/wordpress/wp-content/uploads/83.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-1037" title="Deptford" src="http://www.alejandrocarantonna.es/wordpress/wp-content/uploads/83.jpg" alt="Deptford" width="279" height="448" /></a>Trilogía de Deptford</strong></em></p>
<p>Robertson Davies</p>
<p>Barcelona: Libros del Asteroide, 2009</p>
<p><span style="text-decoration: underline;"><em>El quinto en discordia </em></span>&#8211; Traducción de Natalia Cervera</p>
<p><span style="text-decoration: underline;"><em>Mantícora </em></span>&#8211; Traducción de Miguel Martínez-Lage</p>
<p><span style="text-decoration: underline;"><em>El mundo de los prodigios</em></span> &#8212; Traducción de Miguel Martínez-Lage</p>
<p>Entro en la librería, me armo de valor y agarro el ladrillo de 1.200 y pico páginas: tras haber disfrutado tantísimo como disfruté de la prosa inteligente de Robertson Davies en la Trilogía de Cornish, la avidez me llevó a hacerme con la de Deptford en bloque, sin pensarlo dos veces &#8211;y considerando la economía, qué narices&#8211;.</p>
<p>Leer una trilogía de esta envergadura de una sentada permite observar aquello que, en un escritor como Davies, más peligroso puede resultar: la creación de una obra tan extendida en el tiempo, la pérdida de coherencia del texto sin quererlo. Es evidente que una mente meticulosa y ordenada como parece ser la suya es capaz de no caer en fallos tontos de argumento; a lo que me refiero es más bien al ritmo subyacente, a la manera en que fluye la pluma sobre el papel.</p>
<p>Y, sorprendentemente, a pesar de que cada una de las tres novelas adopta un punto de vista y un modo narrativo distinto, el traqueteo no se detiene: en <em>El quinto en discordia</em> tenemos una narración biográfica animada; en <em>Mantícora</em>, el discurso en primera persona salpimentado con diálogos más densos que enriquecen y aportan un fondo a la historia; y en <em>El mundo de los prodigios</em>, pues eso, el prodigio: la suma de ambos estilos combinada, a su vez, con la historia que ata y cierra lo que hasta ahora hemos leído, la revelación del truco del mago, el <em>making-of</em> de todo lo sucedido.</p>
<p>Davies logra, al mismo tiempo, que no nos cueste dejar de fijarnos en la página por la que vamos, incluso que olvidemos el peso del tocho: los segmentos, más allá de la estructura global del texto, tienen valor por sí mismo, cada capítulo es un desarrollo de lectura cerrada y al mismo tiempo inserto en un total; esta dualidad se da igualmente en las novelas en general: pueden leerse empezando por la tercera parte hasta llegar a la primera y disfrutarlas de la misma forma. Abracadabra.</p>
<p>La belleza estética del estilo y de la lengua que maneja Davies queda perfectamente plasmada en unas traducciones asumiblemente ricas, aunque de calidad creciente: la primera flojea por momentos, e incluye un puñado de errores tipográficos; la segunda se hace con el tono, aunque quizás lo adorne demasiado y resulte densa por momentos; la tercera mimetiza con enorme pericia el original, llegando incluso a arrancar una de esas sonrisas fruto de una broma inesperada, con la que tropezamos leyendo absortos.</p>
<p>No me cansaré de recomendar a este señor, el puente perfecto entre la lectura de entretenimiento, la erudición más opaca y &#8211;adoro poder decirlo&#8211; la escritura inteligente.</p>
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		<title>&#8220;Total, es ponerlo en español&#8221;</title>
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		<pubDate>Mon, 08 Feb 2010 11:35:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
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		<description><![CDATA[<em>El País</em> nos obsequia con un artículo sobre la traducción de <em>Perdidos</em>. Perdón, sobre el doblaje: la traductora, lo que se dice la traductora, no sale.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Desayuno hoy con un mensaje del <a href="http://xcastro.com/trag/" target="_blank">TRAG</a>, la lista de distribución de traductores audiovisuales más asentada, con un enlace a cierto <a href="http://www.elpais.com/articulo/Pantallas/Perdidos/doblaje/reloj/elpepirtv/20100208elpepirtv_1/Tes" target="_blank">artículo</a> de <em>El País</em> sobre la traducción y doblaje de la última temporada de <em>Perdidos</em>, proceso que, dicho sea de paso, se está llevando a cabo a velocidades demenciales.</p>
<p>Me encanta cuando envían estos enlaces, porque así disfruto leyendo algo sobre traducción en prensa (cosa infrecuente) y luego asisto a los mensajes enfervorecidos o a las felicitaciones de los colegas, en función de quienes aparezcan en el texto.</p>
<p>En esta ocasión, las reacciones son de cabreo, y no es para menos: el artículo de <em>El País</em>, aparentemente elaborado con la misma premura con la que se realiza el doblaje, habla de los actores y de la directora largo y tendido; mientras que la traductora (María José Aguirre de Cárcer, en esta ocasión) queda relegada a la siguiente frase:</p>
<blockquote><p>- Sábado 30. Llega el guión provisional, que se traduce en 24 horas.</p></blockquote>
<p>Me imagino que a esto se referían los teóricos de la traducción con aquello de la &#8220;invisibilidad del traductor&#8221;&#8230; Yo, personalmente, no tenía ni idea de quién era María José Aguirre de Cárcer; y, sin meternos en debates sobre dónde debe quedar el nombre del traductor en el producto final, es demasiado que en un artículo de estas características ni siquiera se mencione su nombre.</p>
<p>Especialmente porque, por encomiable que resulte el trabajo de dirección y actuación en el proceso de doblaje, puedo asegurar y aseguro que traducir el guión de un capítulo de una hora en un día supone un buen tarrado de horas delante del ordenador y del diccionario; y una capacidad sobrehumana para mantener la concentración durante todo ese tiempo, y bajo presión.</p>
<p>La interesada, dicho sea de paso, ha respondido al foro esta mañana limitándose a agradecer las enhorabuenas. Mañana por la noche, a las 22:15, media España estará viendo el esperadísimo estreno y, de ellos, más bien pocos sabrán quién ha traducido lo que oyen. ¿Triste? No necesariamente: nadie conoce los nombres de las voces o directores de doblaje; lo triste es que, una vez más los alumnos aventajados de Primero de Progre, especialidad Cultureta, han vuelto a sacarse de la manga un reportaje curioso, cultural, pisoteando la figura central del proceso: quien ha puesto las palabras en boca de las voces.</p>
<p>No sé quién tiene más problemas, si periodistas o traductores&#8230; ¿Traductores periodistas?</p>
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		<title>Ángeles rebeldes</title>
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		<pubDate>Sun, 27 Dec 2009 16:14:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Por fin leo la primera parte de la trilogía de Cornish. Tras semejante manjar, habrá que acudir a la de Deptford, o algo.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.alejandrocarantonna.es/wordpress/wp-content/uploads/52.jpg"><img class="size-full wp-image-877 alignleft" title="angelesrebeldes" src="http://www.alejandrocarantonna.es/wordpress/wp-content/uploads/52.jpg" alt="angelesrebeldes" width="287" height="448" /></a> <em>Angeles rebeldes</em></p>
<p>Robertson Davies</p>
<p>Traducción de Concha Cardeñoso</p>
<p>Barcelona, Libros del Asteroide</p>
<p>2008 (original de 1981)</p>
<p>Por fin asisto a la primera parte de la trilogía de Cornish, igual de fascinado que a las otras dos pero, no obstante, muy sorprendido.</p>
<p>Sorprendido porque el tono, la estructura y la narración nada tienen que ver con los otros dos libros, sino que resultan completa y absolutamente independientes (que no incoherentes): por eso a lo largo de esta lectura no he dejado de preguntarme qué hacía de la trilogía de Cornish eso, una trilogía, más allá de que los personajes se llamen igual. Pero a esto habrá que dedicarle otra entrada.</p>
<p>El libro en sí juega a la perfección con las voces de los personajes, sirviéndose de ellos y de unos diálogos de ritmo pausado pero firme para construir escenas tremendamente ricas en detalles y cubiertas, además, con ese tufillo académico-erudito en el que Davies nos quiere sumir.</p>
<p>Lo mismo sucede con el resto de &#8220;ambientes&#8221; de la novela: el gitano, el estudiantil, el estudioso, el amoroso, el pervertido, el privado&#8230; Todos ellos se configuran definiendo el espacio y la acción con precisión milimétrica, utilizando además anécdotas y pequeñas historias dentro de la historia para mantener el interés del lector.</p>
<p>La traducción desempeña, una vez más, un papel fundamental en el desarrollo del libro: la escritura de Davies es, más que nunca, la herramienta sobre la que se sostiene todo, ya que logra poner a sus personajes a teorizar sobre la ciencia del <em>bomarí</em>, o sobre Rabelais, estableciendo un discurso divulgativo a la vez que pedante hasta lo levemente grimoso; es decir, proporcionar la información ironizando, a la vez, con sus personajes y sin resultar obvio.</p>
<p>Transportar eso al español, igual que la agilidad de una sintaxis ferozmente divertida cuando toca, son los retos a los que se enfrenta una edición de esta clase, que puede resultar, sólo por este factor, absolutamente infumable. Pero, por suerte, no es ni de lejos así.</p>
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		<title>Traducir y callar</title>
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		<pubDate>Thu, 05 Nov 2009 09:39:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Editoriales]]></category>
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		<category><![CDATA[Vistas]]></category>

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		<description><![CDATA[Nos gusta traducir.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Estudio cuarto de carrera de la licenciatura (sí, licenciatura) de Traducción e Interpretación, el último curso. No me pondré ahora a relatar en qué ha consistido y consiste mi formación en &#8220;la segunda profesión más antigua del mundo&#8221;; baste decir que me han dado clase 5 profesores (cinco) en toda la carrera que hayan practicado la traducción profesional en algún momento de sus vidas y que los otros (más de diez, y de 20 me atrevería a decir) eran lingüistas, filólogos, o mejor, teóricos de la traducción que nunca han traducido (paradojas de la vida).</p>
<p>Ocurre con frecuencia que se organiza algún debate en clase sobre esas marcianadas que tanto nos gustan: la invisibilidad del traductor (¿hasta qué punto se tiene que notar que estamos ante una traducción?), cómo hay que afrontar la traducción de determinado tipo de texto (¿leerlo previamente o no? ¿usar software de apoyo o hacerlo a pelo?), y mi preferido: euros.</p>
<p>La obsesión que ha desarrollado cierta gente en esta carrera —fomentada, en ocasiones, por conferenciantes con problemas para pagar las facturas— por los euros y la situación laboral del traductor les ha convertido en aguerridos sindicalistas de cuchillo entre los dientes antes incluso de asomarse de lejos a lo que es el mercado: escuchar hablar a veteranos del mundillo que han tenido que luchar por leyes que reconozcan nuestro estatus les envalentona y llena el espíritu de ganas de venganza contra el empresario maligno.</p>
<p>Entretanto, se van nutriendo, en su burbuja de instituto —&#8221;¡Mierda, este 5,2 me baja la media!&#8221;—, de lo que los lingüistas insertan en sus cerebritos: un mundo idílico en el que se traduce un párrafo por hora, en el que cada recoveco del texto se puede y debe explorar, en el que la traducción es una actividad científica, compleja, para la que hacen falta un método y sabiduría teóricas que, por supuesto, nunca adquiriremos (e ignorantes moriremos).</p>
<p>Con este unvierso cocinado en los pasillos, despachos y congresos de facultades mal iluminadas rondándome, estaba hace unas semanas en casa cuando sonó el teléfono: &#8220;Alejandro, soy X. Tengo una traducción para ti; cambio climtáico; 70 páginas; fatal escrito; te lo mando.&#8221;</p>
<p>Otra vez la adrenalina, otra vez noches sin dormir, otra vez correr, volar, pasar páginas del diccionario, comer delante del ordenador. Otra vez curro del que nos motiva  a los que nos gusta el tipo de trabajo que en algún momento te lleva a preguntarte: &#8220;¿En qué hora&#8230;?&#8221; Otra vez traducir el doble de lo recomendable en un día, otra vez sonreírse al pensar en el libro acabado. Otra vez, la satisfacción que pocos entienden o quieren entender: otra vez, traducir y callar.</p>
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		<title>Memorias de un europeo. El mundo de ayer</title>
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		<pubDate>Wed, 28 Oct 2009 12:32:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Y otra genialidad más, pero distinta.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><a href="http://www.alejandrocarantonna.es/wordpress/wp-content/uploads/ACA0044.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-665" title="Memorias de un europeo" src="http://www.alejandrocarantonna.es/wordpress/wp-content/uploads/ACA0044.jpg" alt="Memorias de un europeo" width="189" height="298" /></a>Memorias de un europeo. El mundo de ayer</em></p>
<p>Stefan Zweig</p>
<p>Barcelona, Acantilado, 2001</p>
<p>552 páginas</p>
<p>Puede parecer una banalidad decir que este libro es el más personal de Stefan Zweig tratándose de su autobiografía, pero quien lo haya leído entenderá que no es una afirmación evidente en absoluto.</p>
<p>Como ya mencionaba en el segundo <a href="http://www.alejandrocarantonna.es/wordpress/?p=396" target="_blank">episodio del Podcast, </a>dedicado al autor, la primera particularidad de la narración se encuentra ya en el prefacio del libro, en el que advierte de su renuncia a contarnos su propia vida para rendirse al papel de espectador de uno de los momentos más sombríos del siglo XX europeo.</p>
<p>Primero, la felicidad de principios de siglo; luego, el mazazo de la Primera Guerra Mundial; después ese limbo en el que parecía que la situación se estabilizaba; finalmente, la explosión de la Segunda Gran Guerra y su (para él inevitable) retirada de un mundo que parecía repudiarle.</p>
<p>La vida y formación del escritor sólo sirve para enmarcar el contexto en el que se produjeron todos estos acontecimientos, y a pesar del empeño de Zweig en &#8220;quitarle hierro&#8221;, cualquier seguidor de su obra curioso por la trastienda de su creatividad encontrará también una dosis de lo que busca. El resultado es, en definitiva, apasionado y fluido, mucho menos desbastado que cualquier otro relato suyo (basta con observar la extensión de los párrafos y segmentos, menos purgados y depurados que en otras ocasiones) pero, por suerte, producido en un momento literario en el que ya se podía permitir sentarse ante el folio y dejarlo salir todo sin aburrir a las moscas.</p>
<p>Mención aparte merece la traducción: como viene siendo costumbre en Acantilado, se trata de un texto cuidado y pulcro, pero una observación atenta permite entrever la presencia de las cuatro manos que lo firman, quitándole en algunos pasajes la fluidez que le habría dado el trabajo de un único traductor.</p>
<p>Pero minucias aparte, la traducción salva con mucho más que dignididad un texto complicado, ensimismado y en algunos instantes amargamente sombrío tras el tono entusiasta y emocionado que es costumbre en Zweig. Al final, un libro indescriptible en su desarrollo —¿qué personalidad lo es?— y de emociones variopintas, encontradas, superpuestas y habitualmente intensas.</p>
<p>Inusual y necesario para entender un siglo que ya nos pilla algo lejos.</p>
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		<title>Malditos Bastardos</title>
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		<pubDate>Thu, 24 Sep 2009 10:20:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Cine]]></category>
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		<description><![CDATA[¿Buena, mala, regular?]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.alejandrocarantonna.es/wordpress/wp-content/uploads/malditosbastardoscartel2.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-651" title="Malditos Bastardos" src="http://www.alejandrocarantonna.es/wordpress/wp-content/uploads/malditosbastardoscartel2.jpg" alt="Malditos Bastardos" width="600" height="850" /></a></p>
<p>Qué miedo da Tarantino cuando se pone detrás de una cámara. Su habilidad para forzar estilos y lenguajes cinematográficos le ha llevado, con los años, a producir grandes maravillas y obras fallidas (nunca truños, porque bueno es): de ahí el temor y el recelo con el que acudimos a ver <em>Malditos Bastardos</em>: ¿una incursión de más de dos horas y media en el género bélico-nazi? Caramba&#8230;</p>
<p>El experimento no sólo sale bien, sino que sale redondo: cójase <em>Kil Bill</em> y subsánense los errores narrativos cometidos; aderécese todo con una buena dosis de sobriedad y elegancia y se tendrá esta película. Puede que el hecho de que a servidor la filosofía oriental le de exactamente lo mismo tenga algo que ver, pero vaya, quedándonos en lo puramente cinematográfico, le da mil vueltas.</p>
<p>Posee un ritmo pausado, casi teatral y muy deudor del mejor cine clásico: no abundan los escenarios, predominan los diálogos y un argumento sólido, que se aguanta por sí solo incluso fuera del contexto histórico. La trama no gira en torno a los Bastardos, en realidad, sino que reposa sobre los hombros del Coronel Landa, uno de los personajes mejor construidos por Tarantino. Es él quien se hace con las escenas de diálogo, quien crea la desasosegante sensación de saber siempre algo que el espectador desconoce, quien posee la clave de toda la historia.</p>
<p>Por otro lado, la historia progresa firme y contenida, aunque algunos detalles (no doy datos por no reventarla) hacen pensar en una concepción más cercana al cine negro: empezando por el final y llegando al principio, desde donde se irá avanzando, perdiendo y confundiendo al espectador, hasta desvelar la sorpresa final. Una vez más, <em>Malditos Bastardos</em> hace gala, en este sentido, de una buena cantidad de referencias, sin por ello apabullar al espectador con su erudición u obligándole a &#8220;darse cuenta&#8221;  de una brillantez del autor</p>
<p>El resultado es una historia cerrada y redonda, sin fisuras; de ritmo cadencioso, complicado pero perfecto&#8230; Un peliculón, arriesgado y no para todos los públicos, pero un peliculón con todas las letras.</p>
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		<title>Lo que arraiga en el hueso</title>
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		<pubDate>Mon, 14 Sep 2009 08:58:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Robertson Davies, un grande en la sombra.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><a href="http://www.alejandrocarantonna.es/wordpress/wp-content/uploads/66.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-646" title="Lo que arraiga en el hueso" src="http://www.alejandrocarantonna.es/wordpress/wp-content/uploads/66.jpg" alt="Lo que arraiga en el hueso" width="234" height="358" /></a>Lo que arraiga en el hueso</em></p>
<p>Robertson Davies</p>
<p>Traducción de Concha Cardeñoso</p>
<p>Barcelona, Libros del Asteroide</p>
<p>2009 (original de 1985)</p>
<p>Desde ya mismo, una recomendación completa y absoluta. Recalé en este libro sin pretenderlo, como algo casual: alguien estaba poniendo orden y dio con el volumen en una estantería en la que no debía estar. &#8220;Ya me lo he leído, está genial, llévatelo si quieres.&#8221;</p>
<p>Pues, efectivamente, ataqué. Y es un libro largo, es complejo, pero no se cae de las manos en ningún momento. Es una novela en el sentido más clásico de la palabra, casi decimonónico: el protagonista nace, vive, muere y le ocurren mil y un avatares, pero con un par de guiños narrativos que hacen del relato algo perfectamente moderno.</p>
<p>También remite a otros tiempos en el nivel lingüístico: el ingenio de Davies no reside en su habilidad para componer frases brillantes, ni para llevar la historia por derroteros osados. Lo que logra, como (aparente, al menos) currante de la literatura, es presentarnos los hechos en una lengua neutra, casi insulsa, logrando así que poco a poco olvidemos que es él quien está detrás de lo que estamos leyendo, y además, confiriendo muchísima más potencia a lo que ocurre en el libro. Porque parece una crónica, parece real.</p>
<p>Uno de los mayores riesgos de este tipo de escritura es que uno no se puede permitir anunciar lo gris y aburrido que era el Canadá de principios de siglo así, tal cual. No, uno tiene que buscar un personaje que lo piense, y más tarde tiene que ocuparse de recargar el segmento correspondiente de descripciones y aburrimiento para que el lector termine de entenderlo: Davies logra este tipo de hitos sin perder el equilibrio o el pulso narrativo, como si se tratase de una carrera de fondo.</p>
<p>Nada queda abierto en <em>Lo que arraiga en el hueso</em>, como decía, por esa magnitud de otro tiempo que tiene. Pero, tras haberlo leído, queda cierto regusto de que algo se ha escapado, de que quizás la historia esté incompleta: sospecho que es simple y llanamente porque se trata de la segunda parte de una trilogía, la de Cornish, que aunque fuera concebida para ser leída de manera compartimentada sin duda guarda una coherencia que me encantará descubrir.</p>
<p>Sólo queda el fuerte aplauso para Libros del Asteroide: es el segundo libro suyo que cae en mis manos (el anterior fue <em>Vida de Manolo</em>, una joya de Josep Pla mucho más breve) y la edición es absolutamente impecable. Tipografías cuidadas, una traducción sin fisuras, bien trabajada&#8230; Conste que sólo menciono el trabajo editorial y el de Concha Cardeñoso porque casi siempre me tiro de los pelos al llegar a este punto, pero, por suerte, este es uno de esos deliciosos casos en los que lo único que hay que hacer es sentarse y disfrutar de un libro excepcional. Como tiene que ser.</p>
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		<title>Nostalgia del absoluto</title>
		<link>http://www.alejandrocarantonna.es/2009/08/13/nostalgia-del-absoluto/</link>
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		<pubDate>Thu, 13 Aug 2009 16:37:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
				<category><![CDATA[Bah]]></category>
		<category><![CDATA[George Steiner]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>
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		<description><![CDATA[De esa extraña gente que piensa, convence, cuece y enriquece.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.alejandrocarantonna.es/wordpress/wp-content/uploads/7506012.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-521" title="Nostalgia del absoluto" src="http://www.alejandrocarantonna.es/wordpress/wp-content/uploads/7506012.jpg" alt="Nostalgia del absoluto" width="150" height="208" /></a><em>Nostalgia del absoluto</em></p>
<p>George Steiner</p>
<p>Barcelona, Siruela</p>
<p>2002 (original de 1974)</p>
<p>Steiner, enorme pensador y ensayista, presenta en este libro cinco conferencias que dio en la radio canadiense en 1974, en torno a la sustitución de la religión cristiana por nuevos modelos que, en el fondo (aquí viene la carnaza) están basados en aquél: el marxismo, el psicoanálisis, la antropología entendida por Lévi-Strauss, la pseudo-ciencia y los cultos más bien oscuros (ovnis, etc.).</p>
<p>El trabajo de pensar y de investigar en este sentido, el de reflexionar sobre cuestiones sobre las que no se tienen necesariamente suficientes datos es altamente arriesgado, puesto que es muy fácil enfangarse en materias ajenas o, al menos, no demasiado conocidas. Pero Steiner no se limita a disculparse constantemente por esto, sino que sortea el escollo de lo especializado buscando, más bien, en los elementos de juicio con los que cuenta material lo suficientemente válido como para aportar reflexiones de interés.</p>
<p>Surge aquí un nuevo riesgo, que es el de, por pisar con pies de plomo, pecar de conservador y recalar en el extremo opuesto: el de las opiniones superfluas y escasamente documentadas. Tampoco: Steiner encuentra una línea recta y la sigue con gran firmeza, que sólo se quiebra en las conclusiones, quizás demasiado abstractas para el rigor que venía mostrando en las charlas.</p>
<p>Si a esto le sumamos una traducción impecable (por impercetible) y la oralidad inherente a una conferencia radiofónica, resulta un libro que se puede consumir en una tarde (con cierta predisposición intelectual, eso sí) y, sin duda, enriquecedor.</p>
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		<title>La máquina de follar</title>
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		<pubDate>Sun, 26 Jul 2009 13:48:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Bieeeen, tetas, tetas, tetas con el tito Bukowski.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><img class="alignleft size-medium wp-image-417" title="La máquina de follar" src="http://www.alejandrocarantonna.es/wordpress/wp-content/uploads/6_maquina-199x300.jpg" alt="La máquina de follar" width="199" height="300" />La máquina de follar</em></p>
<p>Charles Bukowski</p>
<p>Barcelona, Anagrama</p>
<p>2002</p>
<p>Si puedo evitarlo, nunca jamás leo traducciones: la mente se dispersa, la atención se desvía involuntariamente hacia cuestiones que no tienen nada que ver con lo que se está leyendo. Es el caso de <em>La máquina de follar</em>, que, encima, está traducido por cuatro manos.</p>
<p>La frescura e inmediatez originales, hijas sin duda de las cualidades como poeta de Bukowski, desaparecen en nuestra lengua, pero sí subsiste la atmósfera que crea en cada relato y el trasfondo entre humano y surreal que con tanta maestría trabaja.</p>
<p>Hermoso es, pues, el collejón que se merecen los señores de Anagrama: qué fácil es encargar un dibujín de una zagala con dos lustrosos encantos y venga, ponle de título el del último relato, que suena apetecible. Justamente lo más lustroso del libro (y del autor), que es esa atmósfera, parecen haber sido olvidadas en la edición para, en su lugar, tirarse a lo fácil.</p>
<p>Esta es la editorial responsable de acercarnos algunos de los más reseñables libros que se han escrito en lengua inglesa, pero en ocasiones, como esta, tropiezan con el espíritu ramplón de quedarse en lo guarro, en lo maldito, en lo simple, y el resultado —por mucho que la selección fuera aprobada por el autor— es una colección deslavazada y descafeinada.</p>
<p>Es evidente que un libro de relatos no puede funcionar como un bloque, y que buscar una coherencia entre cada texto más allá de un estilo no sirve de nada; pero en <em>La máquina de follar</em> no, parece que los cuentos se alternan de manera desorganizada, que se cruzan chapuceramente convirtiendo el libro en una especie de colección de consulta. Para que figure en el armario, vamos.</p>
<p>De la obra en sí misma poco hay que decir, lo de siempre: ya es sabido cómo se las gasta Bukowski y en qué terreno se mueve, pero vuelvo a descubrirme ante él, vuelvo a tener ganas de comprar otro libro y de abrirlo con avidez cuando encuentro, línea tras línea, que no deja de sorprender, que sólo escribe desde la creatividad. Se permite fijar unas coordenadas, elegir unos carriles por los que va a transcurrir lo que sea que nos quiere contar cuando un para de páginas más allá se lo carga todo, empieza de cero y se reinventa. Y así, hasta el infinito.</p>
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		<title>Episodio 2: Stefan Zweig y un poema (barra) canción</title>
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		<pubDate>Tue, 21 Jul 2009 18:27:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Hacía un calor del demonio el día en que grabe esto... Pero creo que no se me fue la cabeza en ningún momento. Bueno, en la poesía. En fin, que Zweig nos pille confesados...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hacía un calor del demonio el día en que grabe esto&#8230; Pero creo que no se me fue la cabeza en ningún momento. Bueno, en la poesía. En fin, que Zweig nos pille confesados:</p>
<p>[podcast]http://alejandrocarantonna.es/wordpress/wp-content/uploads/Episodio2.mp3[/podcast]</p>
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		<title>Decir casi lo mismo. Experiencias de traducción</title>
		<link>http://www.alejandrocarantonna.es/2009/06/17/decir-casi-lo-mismo-experiencias-de-traduccion/</link>
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		<pubDate>Wed, 17 Jun 2009 12:31:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Ensayo]]></category>
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		<category><![CDATA[Umberto Eco]]></category>

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		<description><![CDATA[Por fin he leído esta especie de tótem de la Traducción. ¿Ha valido la pena? Pues sí, no, todo lo contrario... Un libro interesante, la verdad.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-medium wp-image-263" title="Decir casi lo mismo" src="http://www.alejandrocarantonna.es/wordpress/wp-content/uploads/Decir-casi-lo-mismo-TAPA-DURA-CON-SOBRECUBIERTA1_libro_image_big-197x300.jpg" alt="Decir casi lo mismo" width="197" height="300" /><em> Decir casi lo mismo. Experiencias de traducción</em></p>
<p>Umberto Eco</p>
<p>Traducción de Helena Lozano Millares</p>
<p>Editorial Lumen, Barcelona, 2008</p>
<p>A día de hoy, Umberto Eco es probablemente uno de los tipos que más y mejor piensa, a este lado del charco, en torno a cuestiones relacionadas con el lenguaje, la semiótica (su especialidad) y la traducción ; es uno de esos intelectuales al más puro estilo europeo que llevan toda su vida estudiando un puñado de temas,  en un proceso del que van surgiendo ideas que, en lugar de quedar plasmadas en un libro y desaparecer en el maremoto editorial, van envolviéndose de otras, creciendo y concretándose. Este libro es un ejemplo perfecto, con constantes remisiones a obras propias anteriores y, en general, a toda una carrera de estudio.</p>
<p>Se trata de un ensayo ciertamente complejo para alguien a quien no le interese mucho la materia (537 paginacas), ya que, aunque en la introducción Eco afirma que quiere huir de presupuestos teóricos alejados de la práctica traductora, la verdad es que la suya en concreto no es demasiado vasta; al contrario que su historial académico o investigador.</p>
<p>Esto no resta un ápice de valor a sus reflexiones: Eco opta por una exposición &#8220;como si se tratase de una conversación&#8221; con el lector, lo cual facilita la lectura. Además, a medida que leemos, nos vamos dando cuenta de que todo lo que Eco tiene que transmitir no estaría al alcance del &#8220;traductor raso&#8221; (el que sólo traduce, sin florituras filológicas) de no ser por el nexo que se se establece entre teoría y práctica mediante la experiencia del autor, sea la que sea.</p>
<p>El libro queda, además, muy bien segmentado por epígrafes, y la mano providencial de Eco, conocido en el mundillo traductoril por implicarse hasta el tuétano en la adaptación de sus obras a otras lenguas, se deja sentir. Estos dos elementos terminan de redondear, en lo formal, un libro muy apetecible y accesible.</p>
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		<title>Mendel el de los libros</title>
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		<pubDate>Fri, 12 Jun 2009 13:00:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Stefan Zweig, de la mano de la editorial Acantilado, vuelve a demostrar con este libro que vale la pena gastarse unos euricos en un volumen bien editado, bien escrito... De los que dan ganas de leer, vamos.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class="mceTemp">
<dl id="attachment_216" class="wp-caption alignleft" style="width: 199px;">
<dt class="wp-caption-dt"><img class="size-full wp-image-216" title="Mendel el de los libros " src="http://www.alejandrocarantonna.es/wordpress/wp-content/uploads/CUA0033.jpg" alt="Mendel el de los libros" width="189" height="295" /></dt>
</dl>
</div>
<p><em>Mendel el de los libros</em></p>
<p>Stefan Zweig</p>
<p>Traducción de Berta Vias Mahou</p>
<p>Ed. Acantilado, Barcelona, 2009 </p>
<p>&#8220;Un librito delicioso&#8221;, anuncia la portada de <em>Mendel el de los libros, </em>la enésima joya de Stefan Zweig publicada por Acantilado. Y es que, efectivamente, se trata de un relato muy breve, tanto que uno casi se podría sentir estafado por pagar 9 euros por un libro de los que se leen de una sentada y sin parpadear, sin capítulos ni epígrafes. Una historia en la que Zweig, como el gran narrador que es, logra equilibrar milimétricamente fondo, forma e historia.</p>
<p>El fondo reside en la identidad y personalidad de Mendel, un personaje solitario y enciclopédico que conoce toda la bibliografía del mundo y cuyo devenir acabará quedando marcado, a medida que transcurre el relato, por esa idea de Europa en torno a la cual orbita la mayor parte de la reflexión de Zweig. Un progreso al que asistió horrorizado, plasmándolo con más y más crudeza hasta que se apoderó de él: en <em>Memorias de un europeo</em>, su autobiografía, no duda en supeditar sus propias vivencias al mundo que conoció, en declararse mero espectador de un tiempo.</p>
<p>En la forma, nos deja prendados con su capacidad para jugar al despiste, para llevarnos por el camino narrativo inicialmente (la descripción de Viena y del café en el que se desarrolla la historia) y, a las pocas páginas, hacer un quiebro y lanzarse por los derroteros ensayísticos, por desarrollar ideas completamente inesperadas en un cuento de estas características. Finalmente, vuelve a su hilo argumental sin despeinarse, dejando claro que todo en su escritura responde a un esquema pensado y planeado y que nunca, jamás, el relato le domina a él: siempre lleva las riendas.</p>
<p>Por último, hay que destacar el envidiable ritmo: la brevedad, obviamente, contribuye a una lectura rápida, pero es la cuidada segmentación de la estructura la que permite seguir todos y cada uno de los puntos del texto sin detenerse, sin pestañear.</p>
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		<title>Eco, eco, eco&#8230;</title>
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		<pubDate>Thu, 11 Jun 2009 15:46:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
				<category><![CDATA[Notas]]></category>
		<category><![CDATA[Curiosidades]]></category>
		<category><![CDATA[Traducciones]]></category>
		<category><![CDATA[Umberto Eco]]></category>

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		<description><![CDATA[Ahora mismo estoy enfrascado en la lectura del libro de Umberto Eco Decir casi lo mismo. Experiencias de traducción, y me ha entrado un ataque de risa del demonio con la siguiente frase: Visto que la poesía está ya en italiano, no podía rendirle el homenaje de una traducción, pero me divertí ensayando once ejercicios [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Ahora mismo estoy enfrascado en la lectura del libro de Umberto Eco <em>Decir casi lo mismo. Experiencias de traducción</em>, y me ha entrado un ataque de risa del demonio con la siguiente frase:</p>
<blockquote><p>Visto que la poesía está ya en italiano, no podía rendirle el homenaje de una traducción, pero me divertí ensayando once ejercicios oulipianos, es decir, cinco lipogramas (reescribiéndola cada vez sin usar una de las cinco vocales), cinco textos monovocálicos (usando una sola vocal) y un panagrama heterogramático (usando una sola vez cada letra del alfabeto).</p></blockquote>
<p>Es probablemente una de las cosas más absurdas en las que emplear el tiempo&#8230; Creo que la semana que viene haré algo con esto. Es demasiado bueno.</p>
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		<title>Momentos estelares de la humanidad. Catorce miniaturas históricas</title>
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		<pubDate>Wed, 04 Mar 2009 09:44:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
				<category><![CDATA[Bah]]></category>
		<category><![CDATA[Imprescindibles]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura austriaca]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura europea]]></category>
		<category><![CDATA[Siglo XX]]></category>
		<category><![CDATA[Stefan Zweig]]></category>
		<category><![CDATA[Traducciones]]></category>

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		<description><![CDATA[Momentos estelares de la humanidad. Catorce miniaturas históricas Stefan Zweig Traducción del alemán de Berta Vias Mahou Barcelona, Acantilado 2002 306 pp. Mirando cualquier foto de Stefan Zweig, con su calva y su bigote de austriaco de principios del siglo XX, a uno de le cuesta descifrar la apasionante biografía que tuvo, como escritor y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: justify;"><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_j07n_wGsUe0/Sau42nH9KEI/AAAAAAAAABY/K22LtRVw6Ek/s1600-h/ACA0064.jpg"><img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer; width: 189px; height: 288px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_j07n_wGsUe0/Sau42nH9KEI/AAAAAAAAABY/K22LtRVw6Ek/s320/ACA0064.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5308539834141059138" border="0" /></a><span style="font-style: italic;">Momentos estelares de la humanidad. Catorce miniaturas históricas</span></p>
<p>Stefan Zweig</p>
<p>Traducción del alemán de Berta Vias Mahou</p>
<p>Barcelona, Acantilado</p>
<p>2002</p>
<p>306 pp.</p>
<p><span style="font-size:130%;">M</span><span style="font-size:100%;">irando cualquier foto de Stefan Zweig, con su calva y su bigote de austriaco de principios del siglo XX, a uno de le cuesta descifrar la apasionante biografía que tuvo, como escritor y como persona. Se trata de un autor imprevisible en el contenido de su obra, y sorprendentemente accesible en la forma: uno de esos escritores que, sin apenas esfuerzo —en apariencia, al menos—</span>, nos acerca los detalles más deliciosamente insignificantes y apasionantes de cualquier materia, mientras que lo riega todo con sus propias reflexiones, sin dejar por ello que  el ego carcoma la obra: un ejercicio de moderación y equilibrio que lo convierten, sin duda, en un imprescindible.</p>
<p>Antes de emprender la lectura de esta pequeña joya ataqué otra obra de Zweig, breve e inacabada, que supone un ejemplo perfecto de lo que fue el autor y de lo que es su estilo, y que nos sirve además de introducción a lo que encontraremos aquí, aunque su escritura sea posterior: se trata del ensayo titulado <span style="font-style: italic;">Montaigne</span>, en el que desgrana la obra y vida del solitario y ejemplar escritor renacentista Michel de Montaigne, aquel que, un buen día de 1572, dijo que a él le dejaran de guerras de religión y de historias, y se encerró en su torreón con una nutrida biblioteca a dar forma al proyecto de su vida: unos ensayos que recogieran todo su pensamiento, en forma de reflexiones sobre el mundo que le rodeaba, encapsulándose, de paso, a sí mismo para la posteridad.</p>
<p>Encontramos, paradójicamente, el propio perfil de Zweig reflejado en <span style="font-style: italic;">Montaigne</span>: aquel que se atreve con todo, que no teme a la aventura de abordar cualquier cuestión que le interese y que, a medida que pasa la vida se va cansando, espantando de sus congéneres, más y más, hasta retirarse del mundo (Montaigne con algo menos de violencia que Zweig: la solución del torreón en la campiña francesa parece más comedida que buscar un paraíso utópico en Brasil).</p>
<p><span style="font-style: italic;">Momentos estelares&#8230;</span>, como bien advierte el autor en su introducción, es una recopilación de aquellos instantes que, en un minuto, en un segundo, marcaron para siempre el devenir de la humanidad. ¿Grandes guerras, enormes descubrimientos y discursos inolvidables? Sí, pero también momentos inesperados, íntimos, casuales que se escapan de los libros de Historia al alcance del gran público, y que nos descubren a los menos duchos en la materia cuestiones que no hacen sino despertar el apetito.</p>
<p>Desde la muerte de Cicerón hasta el tendido del primer cable telegráfico por el Atlántico; desde la caída de Bizancio hasta la composición del <span style="font-style: italic;">Mesías</span>, de Händel, tras cada nuevo capítulo sólo tenemos la certeza de que nos aguarda una de estas miniaturas posterior en el tiempo, pero nada más: es Zweig quien nos lleva por esta montaña rusa con firmeza, sin detenerse y —he aquí el gran logro— sin obligarnos a asistir a todos y cada uno de sus hallazgos. Así, uno abre la primera página de esta selección y queda atrapado, la recorre de arriba abajo, nervioso, hasta que el libro vuelve a la estantería. Pero días, semanas más tarde encontrará cierta referencia a cierto sultán y volverá al índice para revisar el capítulo correspondiente.</p>
<p>No tiene sentido atreverse a valorar cómo se han escogido estos momentos históricos, puesto que probablemente erraríamos en el intento y, además, estaríamos atacando frontalmente uno de los puntos fuertes de la obra, como el truco de un buen mago, de esos de los que no se quiere ni conocer el secreto: momentos que hayan cambiado la humanidad los hay a patadas, y ¿por qué rasero elegirlos? Cada cual sacará su conclusión.</p>
<p>Llama la atención el esfuerzo no sólo en el nivel histórico, sino lingüístico-literario: a lo largo de la obra quedan las huellas de una escritura extendida en el tiempo, larga y pausada, bajo el popurrí de tipologías textuales que se dan cita. De esta forma, el indulto de Dostoievski es un poema; la muerte de Tolstoi, una obra de teatro; la resurrección de Händel tras su apoplejía tiene forma de relato romántico, con diálogos y muchedumbres emocionadas; y el descubrimiento del Pacífico se empapa en épica.</p>
<p>Pero todos, absolutamente todos los fragmentos guardan esa impronta única de Zweig, fruto de un dominio de la lengua y de la escritura que le permitían generar relatos casi periodísticos, quedar agazapado en un rincón de la obra, dando cuenta de cada detalle hasta que una explosión emocionada le impide reprimir su opinión: entonces se asoma, la grita, y vuelve a tomar notas. De hecho, es aquí, en esta escritura, donde reside otro de los grandes trucos de Zweig, y uno de los que más encandilan: logra describir una escena de la manera más casual, más cercana y, cuando menos lo esperamos, nos recuerda que sucedió hace muchos siglos, muy lejos.</p>
<p>Poco a poco las historias se ensombrecen, y la densidad de momentos más cercanos a su propia vida (1880-1946) se incrementa. Podría criticarse este claro decantamiento por lo cercano, que ocupa un lugar que quizás debería estar reservado a cualquier otro invento, invasión o descubrimiento, pero, una vez más, el maestro se guarda un as: el terreno queda perfectamente abonado para un siglo XX que aún nacía y daba sus primeras patadas y, creedme, el efecto de pasar la última página y tomar cualquier otra obra que comience donde Zweig lo dejó es impagable.</p>
<p>Lo más negativo de esta edición es la traducción de Berta Vias Mahou: cada significado y cada matiz parecen estar ahí (uno, que no sabe alemán), pero en algunos momentos cojea de manera molesta hacia el original, dejando entrever que el texto ha pasado por sus manos. Por ejemplo, en alemán quizás no sea tan extraño que el narrador abra un inciso entre rayas y exclame. Pero en español eso no suena del todo natural&#8230; quizás sea aceptable, quizás no tenga otra solución, no lo sé, pero desde luego en algunos momentos la sintaxis deja un regusto a bratwurst que descoyunta el texto, el léxico queda prendido con alfileres: es el riesgo de traducir a los grandes, que conocen tan bien su lengua, tienen tan bien indexado el repertorio semántico y sintáctico en la cabeza que, sin esfuerzo, recuperan la forma deseada, y dan en la diana con la frase justa. Eso es absolutamente difícil de mantener, qué duda cabe, pero ¿qué menos, cuando exiges 18 euros por la edición?</p>
<p>En cualquier caso, sería estúpido tratar de ocultar que este libro es una de las patas de cualquier biblioteca. Lo tiene todo. Proporciona emoción, una lectura interesante, una carga histórica irrefutablemente bien analizada, una escritura cuidadosa, mil y una lecturas diferentes y, lo que para mí prima sobre lo demás, logra conjugar todos esos elementos para lanzar al lector  una batería de preguntas que se adhieren, y que no dejan otra escapatoria más que seguir buscando: ¿qué marca el devenir de la humanidad? ¿Qué rasgos tiene la humanidad, y quién pertenece a ella? Es una especie de quiénes-somos-adónde-vamos perfecto, imperecedero e ineludible.</p>
<p>Simplemente increíble.</div>
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