A medida que pasa el tiempo y voy conociendo mejor dónde se encuentran y cómo son los mentideros periodísticos de la Red, oigo resonar cada vez con más entusiasmo ese maldito término: «periodista multimedia».
Periodista multimedia es aquel que, al parecer, es capaz de preparar vídeo, imagen, texto, maquetación para papel, para web y twittearlo todo sin despeinarse, un periodista multifunción y sabedor de todo lo sabible, además de llevar a cabo todas esas tareas en un tiempo récord.
El discurso que se oculta tras esta nueva modalidad es el de siempre: el futuro, Internet, crisis y un sinfín de aburridos y repetitivos temas con los que dar la matraca mientras que el sector sigue moviéndose hacia un futuro incierto. No es nuevo, en traducción se vive lo mismo: la necesidad de saber tres idiomas, de controlar herramientas TIC como quien maneja un boli, etc.
Estamos perdiendo de vista la esencia, en ambos campos. En periodismo, probablemente, más: a pesar del creciente número de estudiantes que se meten en Traducción (que por cierto, con Bolonia ha desterrado definitivamente cualquier asignatura troncal de literatura: ellos sabrán) los licenciados/graduados en periodismo siguen saliendo como churros de las facultades. ¿Y todo para qué? Para aspirar a trabajar en un diario nacional con un contrato y un sueldo, para llevar una vida estable y decente con la familia, la hipoteca y el coche.
No es un mal plan de vida, aunque, según mi opinión, queda truncado en el momento en el que es necesario pervertir la idea que ha llevado al estudiante en cuestión a elegir esa profesión y no otra.
Sea traducción o sea periodismo de lo que estemos hablando, una cosa está clara: solo la ilusión y un incorruptuble idealismo te permitirán prosperar, mejorar y vivir de ello. Son profesiones duras, solitarias, muchas veces ingratas y otras muchas (más) gratísimas, pero cuyo correcto desempeño casa tan bien con la resignación como el agua con el aceite.
Todo aquel que sueñe con hacer texto, vídeo, fotografía, maquetación y tostadas para desayunar, sean cuales sean sus motivos, puede y debe acometer su trabajo de esa manera. Lo primero es ir a por todas, probar todos los palos; lo segundo, empezar a discriminar y a acotar qué podemos y queremos hacer y qué no.
En mi caso, al menos, convertirme en un periodista multimedia no es una opción. Acabaría siendo un periodista multimierda, acabaría forzando mis posibilidades metiéndome en jardines que no sabría cuidar, acabaría haciendo un trabajo quizás decente pero jamás lo completo o satisfactorio que yo querría.
Estoy seguro de que no soy el único, y de que, de imponerse esta tendencia a abaratar costes por la base, quienes creamos en otra manera de hacer las cosas, en ir explorando a nuestro ritmo y no al que nos impongan la familia, la hipoteca y el coche encontremos más dificultades. Pero también muchas más satisfacciones. Es importante no olvidarlo.
