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Entradas que hablan sobre «Traducción»

  1. El periodista multimierda

    Lo escribí el Miércoles 19 de enero de 2011

    A medida que pasa el tiempo y voy conociendo mejor dónde se encuentran y cómo son los mentideros periodísticos de la Red, oigo resonar cada vez con más entusiasmo ese maldito término: «periodista multimedia».

    Periodista multimedia es aquel que, al parecer, es capaz de preparar vídeo, imagen, texto, maquetación para papel, para web y twittearlo todo sin despeinarse, un periodista multifunción y sabedor de todo lo sabible, además de llevar a cabo todas esas tareas en un tiempo récord.

    El discurso que se oculta tras esta nueva modalidad es el de siempre: el futuro, Internet, crisis y un sinfín de aburridos y repetitivos temas con los que dar la matraca mientras que el sector sigue moviéndose hacia un futuro incierto. No es nuevo, en traducción se vive lo mismo: la necesidad de saber tres idiomas, de controlar herramientas TIC como quien maneja un boli, etc.

    Estamos perdiendo de vista la esencia, en ambos campos. En periodismo, probablemente, más: a pesar del creciente número de estudiantes que se meten en Traducción (que por cierto, con Bolonia ha desterrado definitivamente cualquier asignatura troncal de literatura: ellos sabrán) los licenciados/graduados en periodismo siguen saliendo como churros de las facultades. ¿Y todo para qué? Para aspirar a trabajar en un diario nacional con un contrato y un sueldo, para llevar una vida estable y decente con la familia, la hipoteca y el coche.

    No es un mal plan de vida, aunque, según mi opinión, queda truncado en el momento en el que es necesario pervertir la idea que ha llevado al estudiante en cuestión a elegir esa profesión y no otra.

    Sea traducción o sea periodismo de lo que estemos hablando, una cosa está clara: solo la ilusión y un incorruptuble idealismo te permitirán prosperar, mejorar y vivir de ello. Son profesiones duras, solitarias, muchas veces ingratas y otras muchas (más) gratísimas, pero cuyo correcto desempeño casa tan bien con la resignación como el agua con el aceite.

    Todo aquel que sueñe con hacer texto, vídeo, fotografía, maquetación y tostadas para desayunar, sean cuales sean sus motivos, puede y debe acometer su trabajo de esa manera. Lo primero es ir a por todas, probar todos los palos; lo segundo, empezar a discriminar y a acotar qué podemos y queremos hacer y qué no.

    En mi caso, al menos, convertirme en un periodista multimedia no es una opción. Acabaría siendo un periodista multimierda, acabaría forzando mis posibilidades metiéndome en jardines que no sabría cuidar, acabaría haciendo un trabajo quizás decente pero jamás lo completo o satisfactorio que yo querría.

    Estoy seguro de que no soy el único, y de que, de imponerse esta tendencia a abaratar costes por la base, quienes creamos en otra manera de hacer las cosas, en ir explorando a nuestro ritmo y no al que nos impongan la familia, la hipoteca y el coche encontremos más dificultades. Pero también muchas más satisfacciones. Es importante no olvidarlo.


  2. ¿MyGengo?

    Lo escribí el Miércoles 9 de junio de 2010

    Ayer cayó en mis manos el siguiente enlace: www.canaltecnologico.es/dinero-extra-mygengo.

    Sinceramente, la primera reacción fue de cabreo; pero la segunda es, más bien, de incredulidad. Y claro, habíamos cegado, pero es broma:

    Pero es una idea estupenda, sobre todo, para los dueños de myGengo, que han encontrado la manera más sutil y elegante de no contratar traductores ni filólogos profesionales a los que tendrían que pagar bastante más y quienes les incordiarían con contratos laborales, indemnizaciones en caso de despido, demandas salariales…

    Dicho lo cual, el hecho es que MyGengo existe y, aunque la irónica descripción de las buenas gentes de este blog son un poco exageradas (han publicado unos 37.000 comentarios de traductores cabreados) el funcionamiento de la empresa, tal y como se expone en su página web, es bastante exacto.

    La idea es montar una empresa que traduzca rápido y bien textos de dificultad reducida, aunque también aceptan encargos profesionales; en cuanto a sus colaboradores, según he podido ver la empresa es japonesa, pero en el resto del mundo utiliza a gente como tú, querido lector, que tiene alguna idea de idiomas, supera una pruebita y hala, a trabajar y a cobrar mediante PayPal. Para los encargos más difíciles, también se supone que cuentan con traductores formados y preparados.

    El asunto es peliagudo. Yo siempre he sido de los que defienden que si alguien sabe hacer algo, tenga o no formación, no solo puede sino que debe hacerlo: que traduzca el que pueda, sea filólogo, carnicero o diplomático: vista la precaria formación que recibimos, por lo general, los supuestos profesionales del mañana, me juego lo que sea a que más de un autodidacta tiene mucho que aportar.

    Ahora bien,permitidme dudar de esta empresa y de sus tácticas. Posiblemente, con su prueba, logren filtrar a gran parte de los jugadores de Warcraft con nada mejor que hacer en sus ratos libres que untar mantequilla en tostadas, pero más de uno y más de dos se les van a colar. A esto, sumémosle unas tarifas algo reguleras: la más alta es de 8 céntimos (sic) de dólar por palabra, y se supone que en este caso se trata de textos de una complejidad brutal; el estándar es, no obstante, de 3 centavos.

    Sí, la idea de traducir actualizaciones de Twitter es muy original; y la de servirte una traducción de tu blog en un tiempo récord, también. Pero en lo que a mí respecta, se lo pueden meter por donde les quepa.


  3. Seprotec, mon amour

    Lo escribí el Jueves 11 de febrero de 2010

    Una entrañable señora de la limpieza atraviesa las puertas de los juzgados con parsimonia, y toma asiento. Me gusta imaginarla con el pañuelo atado en la cabeza y ropa de señora de pueblo: no viene a pasar los suelos, sino que se trata de la intérprete de algún idioma del este enviada por la ínclita Seprotec a la Audiencia Provincial de Madrid.

    Hace unos dos años, Interior decidió privatizar los servicios de traducción y contratar una empresa externa por concurso público, en lugar de formar y pagar a su propia plantilla, como se había hecho hasta entonces.

    La elegida fue Seprotec, empresa modélica y sospechosamente barata, que desde entonces no ha hecho más que acumular una ristra de escándalos dentro y fuera del mundillo de la traducción más que delicioso: aún no he oído a nadie hablar bien de ellos y, lo que es más, cuando se les ha mentado, no ha sido precisamente para ponerles por las nubes.

    Ejemplo práctico: 1 de mayo de 2008, la Policía Nacional requiere, en Barajas, a un intérprete de portugués. Se presenta, al punto, un paquistaní (!), al cual los agentes solicitan la documentación. No, no, no, mejor no, dice el intérprete. Sí, sí, sí, mejor sí, dicen los agentes. Introducen los datos en el ordenador y ¡bingo!: seis antecedentes penales: dos por falsificación, uno por tráfico de drogas y una orden de busca y captura. No me lo invento.

    La juez Pilar de Luna se ha plantado, diciendo que se va a poner a suspender juicios, tras haber denunciado que habían enviado una intérprete que no hablaba el idioma del acusado o a un intérprete de árabe que no hablaba español, y es que ahora, la Consejería de Interior de la Comunidad de Madrid ha renovado la concesión a Seprotec. El Defensor del Pueblo se ha quejado.

    Esto salió ayer en las noticias de TVE, con su plano general de las oficinas de Seprotec repletas de pre-licenciados sin experiencia y una representante negándolo todo, como tiene que ser. A mí me asaltan diversas preguntas, a saber: ¿Cómo es posible que nuestro eficiente Ministerio del Interior sea capaz de encontrar, por ejemplo, a Rodríguez Menéndez en una maldita jungla tropical y no sea capaz de BUSCAR EN GOOGLE Seprotec para darse cuenta de la cera que le dan TODOS los profesionales? Parece ser que el problema radica, a este respecto, en que sólo se han presentado dos (2) empresas al concurso público, y es necesario un historial económico que, dicen, no es muy fácil de cumplir.

    Por otro lado, la empresa se escuda en que los casos que han saltado no representan ni un 1% de los servicios que presta Seprotec, pero yo me pregunto: ¿Podemos permitirnos un 1% de error en estas cuestiones? Un 1% de error, en un pequeño juicio, es confundir la palabra “copa” con “coca”, pongamos por caso: un acusado cometiendo perjurio, un no delito convertido en uno contra la salud pública…1% de mediocridad, 99% de eficiencia dudosa, así nos va.