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Entradas que hablan sobre «Suplemento Culturas»

  1. Carnaza

    Lo escribí el Sábado 21 de noviembre de 2009

    logoculturasNo hay como levantarse de buena mañana y hacer un repaso a un puñado de periódicos y blogs para quedarse tranquilo una semana más: el mundo sigue su curso. Así es, en esta esquina de la Red de redes nosequién lanza su pulla personal contra la discográfica/editorial de turno porque no puede pagar el alquiler con su arte; Ramoncín dice «Blah» en un comunicado y le destruyen en la ristra de comentarios que acompañan a la noticia; por allá asoma la enésima diatriba contra González Sinde con lo mejor de un cabreo ilustrado: resulta que la cultura se ha convertido en «campo de fuerzas profundamente estratégico donde se libra la batalla global, donde se confrontan, encuentran y resitúan intereses, valores y significados».

    Y es que el café, con un poquito de bilis, entra mejor. Anoche estaba tan tranquilo leyendo en el sillón, viendo la última de Clint Eastwood o escuchando alguna novedad musical y notaba que algo me faltaba, que la velada se encarrilaba al fracaso: ponerme un ‘reality’ y ver a dos gemelos darse puñetazos, a una tertuliana con boca de estropajo y lengua viperina descuartizar a José Amedo (!), focos resplandecientes, sudor, sangre y lágrimas, espectáculo en estado puro.

    Es la diferencia entre la cultura de suplemento y la de toda la vida: aquellos se aferran al DRAE y a su afilada pluma mientras que los segundos (¡gracias!) han aprendido el glorioso camino de la metadestrucción, esto es, de sacar chicha de la propia inmolación de su cultura. ¿Qué tienen que hacer los llorones, ristomejides y editorialistas jurásicos frente a un montador de Telecinco bien forrado de féminas, injurias y paternidades dudosas? Hermánense de una vez y epátennos con lo mejor de este país: ¿Sara Montiel con Alaska? Esto no ha hecho más que empezar…


  2. De leños, libros y mechas

    Lo escribí el Martes 17 de noviembre de 2009

    Os dejo en PDF el reportaje que Mario Fernández y yo realizamos para el suplemento Culturas de la escritora asturiana Berta Piñán el pasado 31 de octubre.

    De leños, libros y mechas

    De leños, libros y mechas 2


  3. Sábado tarde

    Lo escribí el Sábado 7 de noviembre de 2009

    logoculturasPrimer plano del muslo del protagonista. El director quiere hacernos creer que se le ha clavado algo al huir por esta «tupida» jungla tropical, y que se lo va a quitar de la pierna en un alarde de desagradables efectos especiales. Gime, fuerza la mueca de dolor —qué bien lo hace, el condenado— y entonces suenan tambores. Se levanta sobre la pierna mala y echa a correr. Bravo: camino del Oscar.

    Llegados a este punto decidimos que o bien puede tratarse de una película de monos asesinos, o bien de una película de caníbales. Tiene que ser lo segundo: si no tienen dinero ni para hacer una sangre falsa como es debido ¿cómo esperar un mono asesino en condiciones?

    Cambiamos de canal. «Por el poder de la espada del anillo, acabaré con él, maestro.» Vamos, si ni siquiera puedes contratar a un actor que haya salido del competitivo circuito de los anuncios de champú ¿en qué momento decides rodar una imitación de ‘El Señor de los Anillos’ con dragones?

    Preguntas, preguntas todas que asaltan a uno un sábado cualquiera por la tarde frente al televisor: un zapping en cierta franja horaria en la que todo lo que topes vale su peso en oro, en la que los títulos de las películas recuerdan sospechosamente a otros (¿La isla de los caníbales?¿El reino del anillo?), en que florecen anuncios de queso manchego que no verás en ningún otro sitio, a ninguna otra hora. Todo termina con Cine de Barrio: tras Paco Martínez Soria, el diluvio. Bendito invierno que no acaba de llegar…


  4. Tengo una banda

    Lo escribí el Sábado 24 de octubre de 2009

    logoculturasLlevaba tiempo metido debajo de la cama. El flamante bajo con el que tan buenos ratos había pasado exprimiéndole el jazz que podía, aporreándolo tras un día largo y cansado frente al ordenador, o esforzándome por sacar grisáceas escalas llevaba tiempo mudo.

    Hasta que, hace unas semanas, lo desempolvé una tarde tontorrona sin saber por qué. Quizás alguna línea que me apetecía emular, quizás simple mono: allí estaban las cuatro cuerdas de acero, envueltas en la aterciopelada funda negra; volvía a sentir el peso de la madera maciza contra la pierna, la tracción de las cuerdas al encallecerme los dedos, la resistencia de los trastes al buscar un sonido limpio.

    Toqué, y toqué, y toqué, y pronto volvía a encontrarme forzando notas en este o aquel compás, preocupándome más por embellecer que por atinar en la armonía.

    Y justamente hace hoy una semana volví a enchufar el cable a un amplificador, y volví a darle al ‘Power’. Volví a sentir un pequeño crujido, luego algo de ruido: está bien afinado, las manos calientes, la estructura en la cabeza.

    Volví a los cuatro baquetazos, al «un, dos, tres, cuatro», al primer acorde saliendo despedido; volví a darlo todo; volví a saber lo que es tener una banda. Y bien que mola.


  5. Autoayúdate

    Lo escribí el Lunes 12 de octubre de 2009

    Niños con pijamas de rayas aparte, existe un fenómeno editorial único en su especie e irresistible por derecho propio, en la sección de autoayuda, que me tiene atrapado desde hace días: El Secreto o Ley de la Atracción (con muchas mayúsculas, como mandan los cánones del género).

    Se trata, aparte de una premisa absurdamente perfecta, de toda una demostración del arrojo moral necesario para lanzarse a hacer dinero con estos manuales. Ahí va: si uno desea ciertas cosas para sí con toda su convicción, éstas acuden dóciles gracias a la señal magnética (!) que todos emitimos. ¿Genialidad o timo? Por si acaso, había que probar: quizás en el epílogo me enseñasen a lanzar rayos por los ojos o a pulverizar nueces con la mente.
    Comencé mi investigación en la Red de redes, donde encontré un avezado resumen de la técnica en cuestión cortesía de unos fans, que incluía este tonificante símil entre el milagro propuesto y la electricidad: «Yo no sé cómo funciona [la electricidad]. Pero sí se [sic] esto, que puedes cocinar la cena de un hombre con electricidad, y también puedes cocinar al hombre».
    En fin, estaba cada vez más claro que mi camino hacia una vida de superpoderes y telekinesia estaba abonada: ya tengo encargado el traje de mallas y ando dándole vueltas a un apodo atractivo para mi otro yo.
    Ahora espero ansioso una segunda parte con la que detener balas con los dientes, construir bombas nucleares con Mistol o hacer vudú usando el Facebook: y todo, gracias a la autoayuda. No lo duden y háganse un favor: ¡autoayúdense!