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Entradas que hablan sobre «Suplemento Culturas»

  1. ¡Quinqui!

    Lo escribí el Sábado 13 de febrero de 2010

    Cualquier estudiante sabe que, cuanto más se acercan los exámenes, mayor es el surtido de películas, series y materiales culturales de diverso pelaje que se cruzan en su camino: un amigo pasó diez años intentando sacar Derecho sin éxito, por culpa de Falcon Crest.

    Pero yo voy con todo, nada de sutilezas: leo una noticia sobre la política de comunicación de la Casa Blanca y veo La cortina de humo, peliculón; ya que estamos de thriller político, revisemos Todos los hombres del presidente (cómo nos gusta Robert Redford); y puestos a degustar el inconfundible sabor de las películas setenteras, rebusquemos, rebusquemos… ¡Nada al otro lado del charco! Bueno, pues volvamos a España (siempre con los apuntes al alcance de la mano para no sentirnos mal). ¡Premio! En dos días no puedo resistirme a la trilogía de Perros callejeros, con El Torete en plena forma; a las de El Lute; a la de El Vaquilla y -gracias, España- El Pico partes 1 y 2.

    Por ir, iremos a septiembre en procesión, pero hay que ver lo que se puede llegar a aprender en un par de semanas: in ir más lejos, a robar coches y la historia reciente de España, condensada en un puñado de cintas a medio camino entre lo cómico, lo dramático y lo grotescamente pos franquista: cine quinqui vs. apuntes. ¿Queda alguna duda? Suerte, estudiantes.


  2. Sacrebleu!

    Lo escribí el Sábado 16 de enero de 2010

    logoculturasHace no demasiado acudí, en busca del tema de conversación del mes, a ver ‘Avatar’, y no pude más que esperar curioso a leer alguna crítica (francesa) sobre la enésima voladura cerebral de James Cameron. Háganse cargo: «François, necesitamos que nos escribas un par de páginas.» ¡Menudo papelón!

    Señalaba el semanario ‘The New Yorker’ en un reportaje previo al estreno de la película la cantidad de plumillas de todo el mundo caídos en desgracia tras descuartizar, a raíz de los pases de prensa, ‘Titanic’: alguno aún lleva el rabo entre las piernas por haber vaticinado un trompazo de proporciones épicas (porque la película buena, lo que se dice buena, no es) que resultó en el mayor éxito de todos los tiempos. Con Oscars, y todo.

    Ahora añádase a la prudencia del entendido cauteloso el inevitable requisito al que hacen frente los colegas del cruasán: insertar un par de reflexiones sobre la modernidad y derivados en cualquier crítica, algo peliagudo en este empastillamiento ‘new age’ ecologista de agradables tonos azules. ¿El resultado?

    En el ‘Libération’ del 16 de diciembre está: en el tercer párrafo se cuela un tímido «imperialismo cultural»; en el séptimo, en un esfuerzo de contención, aparece la ‘Ilíada’; y en el octavo, ya con la gota condensándose en la frente, Lévi-Strauss hace su aparición estelar: cine palomitero, sí, pero con cabeza. Y mientras, la mitad de la humanidad duerme plácida tras sus gafas de 3D.


  3. Un siglo después

    Lo escribí el Sábado 2 de enero de 2010

    logoculturasCuando llegó el año 2000, aparte de lo exótico de la cifra, me dio por pensar en la visión que ahora tenemos del siglo pasado, más allá de análisis históricos: atrás quedaron las roídas maletas de cartón de los malos tiempos; qué lejana resuena la biografía de un Truman Capote bañado en lujo neyorkino; qué extraña se ve Ava Gardner tomándose sus cócteles en el castizo Chicote de la Gran Vía madrileña.

    ¿Les dará a nuestros sucesores, dentro de un siglo, por verle el encanto a lo que ahora estamos viviendo? Seguramente se reirán de esa payasada del libro electrónico, ese armatroste que el bisabuelo guardó en un cajón un par de navidades después de recibirlo, en 2010.

    Qué lejanos quedan los manifiestos contra la piratería, con aquellas llantinas que les daban a los atribulados intelectuales, cuando tenían la solución delante de las narices.

    Y montarán un ‘Curso del 2010’ que levantará ampollas, o un Gran Hermano con animales –«Rebelión en la casa»–.

    Ansiarán la efímera (pero resultona) ropa de H&M que ahora tanto nos gusta; en algún momento se pondrán de moda las AllStar, el rosa, los sombreros, los mostachos, y ‘Colgando en tus manos’ será  considerada ‘vintage’.

    Cunde la preocupación, no obstante, porque algunos desaprensivos consideran que en lo cultural vamos cuesta abajo en la rodada: ¡No, por Dios! ¡Brindemos porque dentro de 100 años sea una Belén Esteban biónica quien presente las campanadas!: ¿Quién quiere premios Nobel pudiendo criar campeones de las ondas?


  4. Granizado de Larra

    Lo escribí el Sábado 19 de diciembre de 2009

    logoculturasMe despierto y, como cada mañana, miro por la ventana para asegurarme de que Madrid no se ha movido de donde está. Pero hoy, aparte del plomizo cielo y del frío que se cuela en la habitación, la ciudad me depara una sorpresa: una fina capa de nieve lo recubre todo.

    Pocas cosas se me ocurren más exageradamente decimonónicas que la nieve: a uno le entran ganas de quedarse en su gabinete inexistente, frente a un fuego, leyendo a Montaigne, trabajando sobre sesudísimas notas o escribiéndole una carta a Balzac con cualquier excusa, mientras que fuera algún ejército napoleónico cae masacrado sobre el suelo blanco y esperamos a que llegue un Stendhal a contárnoslo.

    Es decir, el frío logra sumirnos en el aislamiento de las miles de mantas, obliga a pensar: luego, tras una ducha exageradamente larga y caliente, llega la hora de salir bien embozado, con la barbilla elevada y la erudición a flor de piel, a buscar por la plaza del 2 de mayo y alrededores algún rastro de los franceses rendidos. ¿Estará don Mariano José de Larra por el café del Parnasillo tomando un algo?

    Así me planto yo en la calle: con el abrigo hasta las cejas, la punta de la nariz helada, los ojos llorosos por el viento, el pelo alborotado y un libro y una libreta bajo el brazo. ¡Inspiración, a mí!

    Cuando estoy llegando al café en el que han de explotar, definitivamente, estos elevados sentimientos, aterriza sobre mi cabeza una bola de nieve del tamaño de una sandía que me baja de la burra y me devuelve al Madrid de (casi) 2010. Aturdido, me sacudo el bolazo, entro en el café, pido algo caliente y me siento cerca de la ventana. Bestias…


  5. Nuevos sabores

    Lo escribí el Sábado 5 de diciembre de 2009

    logoculturasGivaudan es una multinacional suiza, gigantesca, que se dedica a la síntesis de aromas naturales: una molécula de este cítrico, un toque de ua planta tropical y tachán: un nuevo sabor sintético.

    Existe, en este sector envuelto en secretismo corporativo, un concepto interesante: el de espacios blancos, esto es, sabores que no existían creados a partir de componentes conocidos. Por ejemplo, el Red Bull: ¿a qué sabe? A sí mismo, es único e inconfundible.

    Es sabido que lo mismo ocurre con los libros, con el cine o con la música: por estar, está todo inventado, la cuestión es ir colocando y recolocando elementos hasta dar con una nueva fórmula magistral: ese solo tremendo, esa descripción emocionante, ese plano secuencia que quita el habla.

    Uno de estos nuevos aromas, de los que estremecen hasta los dedos de los pies, topé hará un par de semanas, en un zapping, visitando la última joya de la producción televisiva nacional: Un burka por amor. Creo que uno de los momentos cumbre de la Historia de la pequeña pantalla se dio cuando, sobre la imagen de una pista de aterrizaje, apareció un subtítulo informándonos de que estábamos viendo Kabul. Exotismo a tope: entonces aterriza un avión de EasyJet, como si nada, y vemos a una Olivia Molina desembarcar más ancha que pancha en un aeropuerto que, si no era Ranón con un puñado de figurantes con la cara sin lavar, bien podría pasar por el vestíbulo de una oficina de Correos.

    Nuevos sabores, nuevas emociones: algo de castizo, mucho de barato, quítame allá el pudor, un buen chorro de tópicos y bien de carne para que entre mejor. Y a correr.