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	<title>¡Bah! &#187; Stefan Zweig</title>
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	<description>El irreductible blog diario</description>
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		<title>Memorias de un europeo. El mundo de ayer</title>
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		<pubDate>Wed, 28 Oct 2009 12:32:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Y otra genialidad más, pero distinta.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><a href="http://www.alejandrocarantonna.es/wordpress/wp-content/uploads/ACA0044.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-665" title="Memorias de un europeo" src="http://www.alejandrocarantonna.es/wordpress/wp-content/uploads/ACA0044.jpg" alt="Memorias de un europeo" width="189" height="298" /></a>Memorias de un europeo. El mundo de ayer</em></p>
<p>Stefan Zweig</p>
<p>Barcelona, Acantilado, 2001</p>
<p>552 páginas</p>
<p>Puede parecer una banalidad decir que este libro es el más personal de Stefan Zweig tratándose de su autobiografía, pero quien lo haya leído entenderá que no es una afirmación evidente en absoluto.</p>
<p>Como ya mencionaba en el segundo <a href="http://www.alejandrocarantonna.es/wordpress/?p=396" target="_blank">episodio del Podcast, </a>dedicado al autor, la primera particularidad de la narración se encuentra ya en el prefacio del libro, en el que advierte de su renuncia a contarnos su propia vida para rendirse al papel de espectador de uno de los momentos más sombríos del siglo XX europeo.</p>
<p>Primero, la felicidad de principios de siglo; luego, el mazazo de la Primera Guerra Mundial; después ese limbo en el que parecía que la situación se estabilizaba; finalmente, la explosión de la Segunda Gran Guerra y su (para él inevitable) retirada de un mundo que parecía repudiarle.</p>
<p>La vida y formación del escritor sólo sirve para enmarcar el contexto en el que se produjeron todos estos acontecimientos, y a pesar del empeño de Zweig en &#8220;quitarle hierro&#8221;, cualquier seguidor de su obra curioso por la trastienda de su creatividad encontrará también una dosis de lo que busca. El resultado es, en definitiva, apasionado y fluido, mucho menos desbastado que cualquier otro relato suyo (basta con observar la extensión de los párrafos y segmentos, menos purgados y depurados que en otras ocasiones) pero, por suerte, producido en un momento literario en el que ya se podía permitir sentarse ante el folio y dejarlo salir todo sin aburrir a las moscas.</p>
<p>Mención aparte merece la traducción: como viene siendo costumbre en Acantilado, se trata de un texto cuidado y pulcro, pero una observación atenta permite entrever la presencia de las cuatro manos que lo firman, quitándole en algunos pasajes la fluidez que le habría dado el trabajo de un único traductor.</p>
<p>Pero minucias aparte, la traducción salva con mucho más que dignididad un texto complicado, ensimismado y en algunos instantes amargamente sombrío tras el tono entusiasta y emocionado que es costumbre en Zweig. Al final, un libro indescriptible en su desarrollo —¿qué personalidad lo es?— y de emociones variopintas, encontradas, superpuestas y habitualmente intensas.</p>
<p>Inusual y necesario para entender un siglo que ya nos pilla algo lejos.</p>
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		<title>Alineaciones perfectas</title>
		<link>http://www.alejandrocarantonna.es/2009/09/04/alineaciones-perfectas/</link>
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		<pubDate>Fri, 04 Sep 2009 14:49:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
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		<description><![CDATA[A veces leer cuatro libros a la vez te da grandes alegrías.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Tengo la manía, incurable pero deliciosa, de leer más de uno y más de dos libros al mismo tiempo: me cuesta profundamente concentrarme en uno solo, y absorbo mucho mejor los capítulos si voy alternando los de varias obras. Ahora mismo, la sinfonía está compuesta por cuatro volúmenes: <em>Rayuela</em>, de Cortázar; <em>Lo que arraiga en el hueso</em>, de Robertson Davies; <em>Memorias de un europeo</em>, de Stefan Zweig; y <em>L</em><em>ast of the Cold War Spies</em>, de Robert Service.</p>
<p>No me extenderé destapando el argumento de cada uno de ellos, pero baste decir que, excepto en el caso de Cortázar, se ha producido con los otros tres uno de los pequeños milagros que de vez en cuando produce la mencionada manía: resulta que los tres personajes en torno a los que orbitan han comenzado a traspasar sus respectivos libros para alinearse, proyectando la sombra de un personaje mucho más grande y complejo.</p>
<p>Lo realmente glorioso es que esta alineación no es buscada, en absoluto: nada haría pensar, salvo lo cronológico, que tres hombres de lugares tan distintos y extracciones tan variadas empezarían a cruzarse, a llevar vidas paralelas (y eso que uno de ellos es ficticio&#8230; creo) e incluso a coincidir peligrosamente cerca en el espacio y en el tiempo.</p>
<p>Asisto, en esta tarde de verano tardío y agradable, a cómo la rotación entre las tres puntas del triángulo se van cerrando y complicando a medida que devoro capítulos, que saltan las páginas y que, durante el primer párrafo después de uno de los cambios de libro, creo estar leyendo otro distinto. Luego caigo en la cuenta, lo releo y ya se inserta en la(s) historia(s) que estaba siguiendo.</p>
<p>Y de repente, llegan la Maga y Oliveira y dan una patada en el suelo.</p>
<p>Hagan la prueba&#8230;.</p>
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		<title>Episodio 2: Stefan Zweig y un poema (barra) canción</title>
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		<pubDate>Tue, 21 Jul 2009 18:27:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Hacía un calor del demonio el día en que grabe esto... Pero creo que no se me fue la cabeza en ningún momento. Bueno, en la poesía. En fin, que Zweig nos pille confesados...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hacía un calor del demonio el día en que grabe esto&#8230; Pero creo que no se me fue la cabeza en ningún momento. Bueno, en la poesía. En fin, que Zweig nos pille confesados:</p>
<p>[podcast]http://alejandrocarantonna.es/wordpress/wp-content/uploads/Episodio2.mp3[/podcast]</p>
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		<title>Mendel el de los libros</title>
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		<pubDate>Fri, 12 Jun 2009 13:00:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Stefan Zweig, de la mano de la editorial Acantilado, vuelve a demostrar con este libro que vale la pena gastarse unos euricos en un volumen bien editado, bien escrito... De los que dan ganas de leer, vamos.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class="mceTemp">
<dl id="attachment_216" class="wp-caption alignleft" style="width: 199px;">
<dt class="wp-caption-dt"><img class="size-full wp-image-216" title="Mendel el de los libros " src="http://www.alejandrocarantonna.es/wordpress/wp-content/uploads/CUA0033.jpg" alt="Mendel el de los libros" width="189" height="295" /></dt>
</dl>
</div>
<p><em>Mendel el de los libros</em></p>
<p>Stefan Zweig</p>
<p>Traducción de Berta Vias Mahou</p>
<p>Ed. Acantilado, Barcelona, 2009 </p>
<p>&#8220;Un librito delicioso&#8221;, anuncia la portada de <em>Mendel el de los libros, </em>la enésima joya de Stefan Zweig publicada por Acantilado. Y es que, efectivamente, se trata de un relato muy breve, tanto que uno casi se podría sentir estafado por pagar 9 euros por un libro de los que se leen de una sentada y sin parpadear, sin capítulos ni epígrafes. Una historia en la que Zweig, como el gran narrador que es, logra equilibrar milimétricamente fondo, forma e historia.</p>
<p>El fondo reside en la identidad y personalidad de Mendel, un personaje solitario y enciclopédico que conoce toda la bibliografía del mundo y cuyo devenir acabará quedando marcado, a medida que transcurre el relato, por esa idea de Europa en torno a la cual orbita la mayor parte de la reflexión de Zweig. Un progreso al que asistió horrorizado, plasmándolo con más y más crudeza hasta que se apoderó de él: en <em>Memorias de un europeo</em>, su autobiografía, no duda en supeditar sus propias vivencias al mundo que conoció, en declararse mero espectador de un tiempo.</p>
<p>En la forma, nos deja prendados con su capacidad para jugar al despiste, para llevarnos por el camino narrativo inicialmente (la descripción de Viena y del café en el que se desarrolla la historia) y, a las pocas páginas, hacer un quiebro y lanzarse por los derroteros ensayísticos, por desarrollar ideas completamente inesperadas en un cuento de estas características. Finalmente, vuelve a su hilo argumental sin despeinarse, dejando claro que todo en su escritura responde a un esquema pensado y planeado y que nunca, jamás, el relato le domina a él: siempre lleva las riendas.</p>
<p>Por último, hay que destacar el envidiable ritmo: la brevedad, obviamente, contribuye a una lectura rápida, pero es la cuidada segmentación de la estructura la que permite seguir todos y cada uno de los puntos del texto sin detenerse, sin pestañear.</p>
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		<title>Momentos estelares de la humanidad. Catorce miniaturas históricas</title>
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		<pubDate>Wed, 04 Mar 2009 09:44:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Momentos estelares de la humanidad. Catorce miniaturas históricas Stefan Zweig Traducción del alemán de Berta Vias Mahou Barcelona, Acantilado 2002 306 pp. Mirando cualquier foto de Stefan Zweig, con su calva y su bigote de austriaco de principios del siglo XX, a uno de le cuesta descifrar la apasionante biografía que tuvo, como escritor y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: justify;"><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_j07n_wGsUe0/Sau42nH9KEI/AAAAAAAAABY/K22LtRVw6Ek/s1600-h/ACA0064.jpg"><img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer; width: 189px; height: 288px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_j07n_wGsUe0/Sau42nH9KEI/AAAAAAAAABY/K22LtRVw6Ek/s320/ACA0064.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5308539834141059138" border="0" /></a><span style="font-style: italic;">Momentos estelares de la humanidad. Catorce miniaturas históricas</span></p>
<p>Stefan Zweig</p>
<p>Traducción del alemán de Berta Vias Mahou</p>
<p>Barcelona, Acantilado</p>
<p>2002</p>
<p>306 pp.</p>
<p><span style="font-size:130%;">M</span><span style="font-size:100%;">irando cualquier foto de Stefan Zweig, con su calva y su bigote de austriaco de principios del siglo XX, a uno de le cuesta descifrar la apasionante biografía que tuvo, como escritor y como persona. Se trata de un autor imprevisible en el contenido de su obra, y sorprendentemente accesible en la forma: uno de esos escritores que, sin apenas esfuerzo —en apariencia, al menos—</span>, nos acerca los detalles más deliciosamente insignificantes y apasionantes de cualquier materia, mientras que lo riega todo con sus propias reflexiones, sin dejar por ello que  el ego carcoma la obra: un ejercicio de moderación y equilibrio que lo convierten, sin duda, en un imprescindible.</p>
<p>Antes de emprender la lectura de esta pequeña joya ataqué otra obra de Zweig, breve e inacabada, que supone un ejemplo perfecto de lo que fue el autor y de lo que es su estilo, y que nos sirve además de introducción a lo que encontraremos aquí, aunque su escritura sea posterior: se trata del ensayo titulado <span style="font-style: italic;">Montaigne</span>, en el que desgrana la obra y vida del solitario y ejemplar escritor renacentista Michel de Montaigne, aquel que, un buen día de 1572, dijo que a él le dejaran de guerras de religión y de historias, y se encerró en su torreón con una nutrida biblioteca a dar forma al proyecto de su vida: unos ensayos que recogieran todo su pensamiento, en forma de reflexiones sobre el mundo que le rodeaba, encapsulándose, de paso, a sí mismo para la posteridad.</p>
<p>Encontramos, paradójicamente, el propio perfil de Zweig reflejado en <span style="font-style: italic;">Montaigne</span>: aquel que se atreve con todo, que no teme a la aventura de abordar cualquier cuestión que le interese y que, a medida que pasa la vida se va cansando, espantando de sus congéneres, más y más, hasta retirarse del mundo (Montaigne con algo menos de violencia que Zweig: la solución del torreón en la campiña francesa parece más comedida que buscar un paraíso utópico en Brasil).</p>
<p><span style="font-style: italic;">Momentos estelares&#8230;</span>, como bien advierte el autor en su introducción, es una recopilación de aquellos instantes que, en un minuto, en un segundo, marcaron para siempre el devenir de la humanidad. ¿Grandes guerras, enormes descubrimientos y discursos inolvidables? Sí, pero también momentos inesperados, íntimos, casuales que se escapan de los libros de Historia al alcance del gran público, y que nos descubren a los menos duchos en la materia cuestiones que no hacen sino despertar el apetito.</p>
<p>Desde la muerte de Cicerón hasta el tendido del primer cable telegráfico por el Atlántico; desde la caída de Bizancio hasta la composición del <span style="font-style: italic;">Mesías</span>, de Händel, tras cada nuevo capítulo sólo tenemos la certeza de que nos aguarda una de estas miniaturas posterior en el tiempo, pero nada más: es Zweig quien nos lleva por esta montaña rusa con firmeza, sin detenerse y —he aquí el gran logro— sin obligarnos a asistir a todos y cada uno de sus hallazgos. Así, uno abre la primera página de esta selección y queda atrapado, la recorre de arriba abajo, nervioso, hasta que el libro vuelve a la estantería. Pero días, semanas más tarde encontrará cierta referencia a cierto sultán y volverá al índice para revisar el capítulo correspondiente.</p>
<p>No tiene sentido atreverse a valorar cómo se han escogido estos momentos históricos, puesto que probablemente erraríamos en el intento y, además, estaríamos atacando frontalmente uno de los puntos fuertes de la obra, como el truco de un buen mago, de esos de los que no se quiere ni conocer el secreto: momentos que hayan cambiado la humanidad los hay a patadas, y ¿por qué rasero elegirlos? Cada cual sacará su conclusión.</p>
<p>Llama la atención el esfuerzo no sólo en el nivel histórico, sino lingüístico-literario: a lo largo de la obra quedan las huellas de una escritura extendida en el tiempo, larga y pausada, bajo el popurrí de tipologías textuales que se dan cita. De esta forma, el indulto de Dostoievski es un poema; la muerte de Tolstoi, una obra de teatro; la resurrección de Händel tras su apoplejía tiene forma de relato romántico, con diálogos y muchedumbres emocionadas; y el descubrimiento del Pacífico se empapa en épica.</p>
<p>Pero todos, absolutamente todos los fragmentos guardan esa impronta única de Zweig, fruto de un dominio de la lengua y de la escritura que le permitían generar relatos casi periodísticos, quedar agazapado en un rincón de la obra, dando cuenta de cada detalle hasta que una explosión emocionada le impide reprimir su opinión: entonces se asoma, la grita, y vuelve a tomar notas. De hecho, es aquí, en esta escritura, donde reside otro de los grandes trucos de Zweig, y uno de los que más encandilan: logra describir una escena de la manera más casual, más cercana y, cuando menos lo esperamos, nos recuerda que sucedió hace muchos siglos, muy lejos.</p>
<p>Poco a poco las historias se ensombrecen, y la densidad de momentos más cercanos a su propia vida (1880-1946) se incrementa. Podría criticarse este claro decantamiento por lo cercano, que ocupa un lugar que quizás debería estar reservado a cualquier otro invento, invasión o descubrimiento, pero, una vez más, el maestro se guarda un as: el terreno queda perfectamente abonado para un siglo XX que aún nacía y daba sus primeras patadas y, creedme, el efecto de pasar la última página y tomar cualquier otra obra que comience donde Zweig lo dejó es impagable.</p>
<p>Lo más negativo de esta edición es la traducción de Berta Vias Mahou: cada significado y cada matiz parecen estar ahí (uno, que no sabe alemán), pero en algunos momentos cojea de manera molesta hacia el original, dejando entrever que el texto ha pasado por sus manos. Por ejemplo, en alemán quizás no sea tan extraño que el narrador abra un inciso entre rayas y exclame. Pero en español eso no suena del todo natural&#8230; quizás sea aceptable, quizás no tenga otra solución, no lo sé, pero desde luego en algunos momentos la sintaxis deja un regusto a bratwurst que descoyunta el texto, el léxico queda prendido con alfileres: es el riesgo de traducir a los grandes, que conocen tan bien su lengua, tienen tan bien indexado el repertorio semántico y sintáctico en la cabeza que, sin esfuerzo, recuperan la forma deseada, y dan en la diana con la frase justa. Eso es absolutamente difícil de mantener, qué duda cabe, pero ¿qué menos, cuando exiges 18 euros por la edición?</p>
<p>En cualquier caso, sería estúpido tratar de ocultar que este libro es una de las patas de cualquier biblioteca. Lo tiene todo. Proporciona emoción, una lectura interesante, una carga histórica irrefutablemente bien analizada, una escritura cuidadosa, mil y una lecturas diferentes y, lo que para mí prima sobre lo demás, logra conjugar todos esos elementos para lanzar al lector  una batería de preguntas que se adhieren, y que no dejan otra escapatoria más que seguir buscando: ¿qué marca el devenir de la humanidad? ¿Qué rasgos tiene la humanidad, y quién pertenece a ella? Es una especie de quiénes-somos-adónde-vamos perfecto, imperecedero e ineludible.</p>
<p>Simplemente increíble.</div>
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