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Entradas que hablan sobre «Spotify»

  1. M. Ward – Hold Time

    Lo escribí el Domingo 30 de mayo de 2010

    Inauguro esta sección con el excelente disco de M. Ward. Se trata de la mitad de She & Him, que quizás os suene más.

    Bien, la gracia de Ward reside en su acertadísima fusión de folk, gospel, rock y nosecuantas cosas más: es decir, su música trasciende la fusión pura y dura para situarse en un estilo totalmente nuevo; no inventado por él, eso desde luego, pero sí con una producción y un estilo marcadamente propios: las armonías y melodías no resultan especialmente originales.

    Es casi un artista de “domingo”, perfecto para tener de fondo mientras que se lee, se vaguea o se friegan los platos; no obstante, resulta igualmente propicio para dar un paseo con él, por esas rítimicas tan marcadas y, a la vez, perfectamente engarzadas con las melodías. Sorprendente, de hecho, resulta escuchar su versión de Rave On, de Buddy Holly.

    Que lo disfrutéis: M. Ward – Hold Time


  2. De Spotify y otras genialidades

    Lo escribí el Jueves 4 de marzo de 2010

    La semana pasada conseguí acceder a ese excelso club que es el Spotify. Por si alguien, a estas alturas de la película, aún no sabe en qué consiste el invento, lo explico brevemente: se trata de un programa conectado a internet que funciona, básicamente, como un Youtube, pero con música. Se ofrece en dos modalidades: la de pago (9,99 e al mes que dan derecho a disponer off-line de hasta 3.333 canciones y un puñado más de ventajas) y la suculentamente gratuita (cuyo único inconveniente es que incluye anuncios cada cierto tiempo, como una radio). Ah, y lo más importante: es completamente legal (y al parecer moralmente aceptable).

    El invento aún no está disponible en todos los países en los que cabría esperar, pero por suerte el nuestro es uno de ellos, y según alguna que otra noticia ya está dando beneficios: parece que esta fórmula, la de brindarnos el acceso a un catálogo enormísimo de canciones (aunque aún tenga boquetes, como los Beatles) gratuitamente con métodos de autofinanciación como la publicidad o el pago voluntario es la solución definitiva a los lloriqueos discográfico-progres.

    Ahora bien, no debemos obviar el reverso de la moneda: de aquí a un tiempo, y si no nacen opciones alternativas YA, corremos el riesgo de vivir un efecto Google y que estos señores se monten un monopolio encubierto para cobrarnos, alegremente, el triple o el cuádruple de lo que piden ahora por el mismo servicio.

    No obstante, uno no puede sino estar contento y feliz con este nuevo servicio: para empezar, por el simple hecho de poder ponerme música cómodamente sin tener que escrutar webs pseudoescondidas, descargar megas y megas de porno surcoreano antes de dar con lo que busco o, qué narices, mover carpetas de un lado a otro; para seguir, porque estoy descubriendo hordas de grupos y toneladas de música que desconocía; para acabar, porque la tecnología empieza a permitir colocarlo en tu móvil y, por tanto, permitirte disfrutar de esa música por la calle, tan alegre.

    De cara al futuro yo sería el primero en hacerme con los discos que me gustaran, pero supongo (y espero) que, en ese sentido, aún estamos en la fase de transición: ¿cómo puede ser que un disco que no es novedad cueste lo mismo que una suscripción de pago durante un mes? Cuestión de darle una vuelta.