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Tom Waits – Orphans
En realidad, quiero centrarme en el primer disco de esta triple publicación del enorme Waits: básicamente, porque es un artista difícil y de esos cuya obra constituye un muro duro como la roca pero tras el cual, en cuanto demos con una fisura y logremos colarnos, encontraremos cosas realmente interesantes.
En mi caso, el primer disco de Orphans, titulado Brawlers, es esa grieta. Las melodías son cristalinas; y las referencias, evidentes. Además Waits lleva al extremo su magistral juego de desafinaciones, y desacuerdos, como en The Return of Jackie and Judy, cuando, en los primeros segundos, parece que nada encaja pero de pronto estamos escuchando un rok’n'roll…
Hay contrabajos, hay vozarrones, solos, vientos; en definitiva, material para escuchar cualquier tarde de estas con tranquilidad. Espero que os guste: Tom Waits – Orphans
Ramón Calduch – Grandes éxitos
Hablaba en una entrada anterior de los grandes artistas perdidos y me apetecía, en este brillante domingo, compartir los grandes éxitos de uno de ellos: Ramón Calduch.
No sé de dónde ha salido este señor, pero el caso es que tiene unos temazos de órdago: son canciones tan, tan, tan inocentemente pastelosas, tan deliciosamente arregladas y con esa voz de crooner por encima de todo, que es inevitable dejarse seducir por ellas. Quizás mientras friegas, quizás mientras que caminas por la calle en un día soleado, pero siempre pintan una sonrisa en la cara de cualquiera.
Por otro lado, resulta especialmente interesante la variedad de géneros musicales que toca Calduch: hasta un chotis se marca. En lo respectivo a ritmos y melodías, también es irresistible.
Es un disco de domingo con todas las letras: Ramón Calduch – Grandes Éxitos De Ramón Calduch
El Hijo – Madrileña
Llevo semanas dándole la brasa a todo el mundo con este disco, pero es que me tiene bastante fascinado.
Son canciones cerradas, que no herméticas: todo lo que está, ocupa un lugar por un motivo u otro; el disco, en su conjunto, sólo adquiere sentido al escucharlo por completo, y tras entender que todos sus recovecos sólo sirven para hilarlo. No hay una línea argumental, no hay una continuidad en melodías o ritmos: todo es un bloque monolítico que empieza con ese fantástico guiño con aroma a Alaska que es Siempre ella y se cierra con la exagarademente melancólica Toda la noche nevando.
La voz de Abel Hernández desempeña el papel que se le pide: infundirle peso y un carácter marcadamente propio al disco, igual que un Nacho Vegas, por poner un ejemplo. A pesar, no obstante, de lo recargado de la producción (y de los arreglos: en directo, este disco gana muchos enteros) y de la clara vocación de ofrecer unas letras trabajadas y literarias, El Hijo no llega a resultar cargante; quizás por el carácter más ficcional de sus canciones.
Sea por lo que sea, es un gran disco que poner, dejar correr, y escuchar: El Hijo – Madrileña
M. Ward – Hold Time
Inauguro esta sección con el excelente disco de M. Ward. Se trata de la mitad de She & Him, que quizás os suene más.
Bien, la gracia de Ward reside en su acertadísima fusión de folk, gospel, rock y nosecuantas cosas más: es decir, su música trasciende la fusión pura y dura para situarse en un estilo totalmente nuevo; no inventado por él, eso desde luego, pero sí con una producción y un estilo marcadamente propios: las armonías y melodías no resultan especialmente originales.
Es casi un artista de “domingo”, perfecto para tener de fondo mientras que se lee, se vaguea o se friegan los platos; no obstante, resulta igualmente propicio para dar un paseo con él, por esas rítimicas tan marcadas y, a la vez, perfectamente engarzadas con las melodías. Sorprendente, de hecho, resulta escuchar su versión de Rave On, de Buddy Holly.
Que lo disfrutéis: M. Ward – Hold Time
De Spotify y otras genialidades
La semana pasada conseguí acceder a ese excelso club que es el Spotify. Por si alguien, a estas alturas de la película, aún no sabe en qué consiste el invento, lo explico brevemente: se trata de un programa conectado a internet que funciona, básicamente, como un Youtube, pero con música. Se ofrece en dos modalidades: la de pago (9,99 e al mes que dan derecho a disponer off-line de hasta 3.333 canciones y un puñado más de ventajas) y la suculentamente gratuita (cuyo único inconveniente es que incluye anuncios cada cierto tiempo, como una radio). Ah, y lo más importante: es completamente legal (y al parecer moralmente aceptable).
El invento aún no está disponible en todos los países en los que cabría esperar, pero por suerte el nuestro es uno de ellos, y según alguna que otra noticia ya está dando beneficios: parece que esta fórmula, la de brindarnos el acceso a un catálogo enormísimo de canciones (aunque aún tenga boquetes, como los Beatles) gratuitamente con métodos de autofinanciación como la publicidad o el pago voluntario es la solución definitiva a los lloriqueos discográfico-progres.
Ahora bien, no debemos obviar el reverso de la moneda: de aquí a un tiempo, y si no nacen opciones alternativas YA, corremos el riesgo de vivir un efecto Google y que estos señores se monten un monopolio encubierto para cobrarnos, alegremente, el triple o el cuádruple de lo que piden ahora por el mismo servicio.
No obstante, uno no puede sino estar contento y feliz con este nuevo servicio: para empezar, por el simple hecho de poder ponerme música cómodamente sin tener que escrutar webs pseudoescondidas, descargar megas y megas de porno surcoreano antes de dar con lo que busco o, qué narices, mover carpetas de un lado a otro; para seguir, porque estoy descubriendo hordas de grupos y toneladas de música que desconocía; para acabar, porque la tecnología empieza a permitir colocarlo en tu móvil y, por tanto, permitirte disfrutar de esa música por la calle, tan alegre.
De cara al futuro yo sería el primero en hacerme con los discos que me gustaran, pero supongo (y espero) que, en ese sentido, aún estamos en la fase de transición: ¿cómo puede ser que un disco que no es novedad cueste lo mismo que una suscripción de pago durante un mes? Cuestión de darle una vuelta.