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Entradas que hablan sobre «Siglo XXI»

  1. Una de traficantes de armas

    Lo escribí el Martes 23 de febrero de 2010

    Sugerente título, ¿verdad?

    Hoy quiero hablar de Monzer Al-Kassar, personaje sensiblemente siniestro, retratado por The New Yorker recientemente. ¿A qué se dedicaba Monzer Al-Kassar? Cuenta el artículo que, inicialmente y de la mano de su hermano, al narcotráfico a escala McDonald’s; luego, al tráfico de armas; y, aprovechando contactillos y amigos de la profesión, se dice que llegó a tener potestad para desencadenar, frenar, arrancar de nuevo y manejar algún que otro conflicto armado.

    Este personaje, actualmente entre rejas tras una investigación de más de veinte años, operaba desde la pradisíaca y mediterránea villa de Marbella desde los 80, cuando hombres de negocios de su mismo perfil empezaron a instalarse en la Costa del Sol, algo para lo que, según cita el artículo, la Policía española no estaba preparada: se trata de gente tremendamente bien educada, que sabe lo que hace, que no se expone a riesgos y, lo que es más, que se conoce el derecho internacional como para cometer nimios y casi imperceptibles delitos en gigantescos movimientos de cargamento armamentístico.

    A este lo cazaron: ¿cómo? Organizando una operación de la agencia antidroga estadounidense en España de agárrate y no te menees y logrando grabar al tipo hablando de sus negocios, para luego inducirle a viajar desde Málaga a Madrid para cerrar el trato y, sólo cuando estaba en el aire camino de Barajas, informar de quién era el buscado criminal a las autoridades españolas. Y es que Al-Kassar, sin ir más lejos, llamó a José Villarejo, su contacto dentro de la inteligencia antiterrorista (así, como suena) para preguntarle si lo de Madrid era una trampa. Villarejo, por suerte, no sabía nada.

    Cuando todo esto se descubrió, los miembros de las Fuerzas de Seguridad con los que Al-Kassar tenía relación afirmaron que colaboraba con la inteligencia española en misiones internaciones secretas. Cada cual, que piense lo que quiera. A mí me parece una historia fascinante.


  2. “Total, es ponerlo en español”

    Lo escribí el Lunes 8 de febrero de 2010

    Desayuno hoy con un mensaje del TRAG, la lista de distribución de traductores audiovisuales más asentada, con un enlace a cierto artículo de El País sobre la traducción y doblaje de la última temporada de Perdidos, proceso que, dicho sea de paso, se está llevando a cabo a velocidades demenciales.

    Me encanta cuando envían estos enlaces, porque así disfruto leyendo algo sobre traducción en prensa (cosa infrecuente) y luego asisto a los mensajes enfervorecidos o a las felicitaciones de los colegas, en función de quienes aparezcan en el texto.

    En esta ocasión, las reacciones son de cabreo, y no es para menos: el artículo de El País, aparentemente elaborado con la misma premura con la que se realiza el doblaje, habla de los actores y de la directora largo y tendido; mientras que la traductora (María José Aguirre de Cárcer, en esta ocasión) queda relegada a la siguiente frase:

    - Sábado 30. Llega el guión provisional, que se traduce en 24 horas.

    Me imagino que a esto se referían los teóricos de la traducción con aquello de la “invisibilidad del traductor”… Yo, personalmente, no tenía ni idea de quién era María José Aguirre de Cárcer; y, sin meternos en debates sobre dónde debe quedar el nombre del traductor en el producto final, es demasiado que en un artículo de estas características ni siquiera se mencione su nombre.

    Especialmente porque, por encomiable que resulte el trabajo de dirección y actuación en el proceso de doblaje, puedo asegurar y aseguro que traducir el guión de un capítulo de una hora en un día supone un buen tarrado de horas delante del ordenador y del diccionario; y una capacidad sobrehumana para mantener la concentración durante todo ese tiempo, y bajo presión.

    La interesada, dicho sea de paso, ha respondido al foro esta mañana limitándose a agradecer las enhorabuenas. Mañana por la noche, a las 22:15, media España estará viendo el esperadísimo estreno y, de ellos, más bien pocos sabrán quién ha traducido lo que oyen. ¿Triste? No necesariamente: nadie conoce los nombres de las voces o directores de doblaje; lo triste es que, una vez más los alumnos aventajados de Primero de Progre, especialidad Cultureta, han vuelto a sacarse de la manga un reportaje curioso, cultural, pisoteando la figura central del proceso: quien ha puesto las palabras en boca de las voces.

    No sé quién tiene más problemas, si periodistas o traductores… ¿Traductores periodistas?


  3. Barack me robó el periódico

    Lo escribí el Miércoles 3 de febrero de 2010

    El gabinete de prensa de la Casa Blanca nunca había tenido que preocuparse en exceso de las nuevas tecnologías: hasta la legislatura anterior, valía con tener a un pollo que supiera usar Internet Explorer y enviar e-mails para enterarse más o menos de lo que se decía del presidente de Estados Unidos por ahí.

    Pero con la era Obama llegó la locura: Twitter, Facebook, Youtube ya eran una realidad, un monstruo de siete cabezas imposible de dominar. Sólo quedaba una opción: hacerse un hueco.

    En alguna ocasión he hablado ya de esos psicópatas de las nuevas tecnologías que con la excusa de la web 2.0 twittean hasta desde la cola del supermercado, y comparten con nosotros cada detalle de sus vidas mediante insulsos blogs en los que los enlaces a redes sociales ocupan más que el propio cuerpo del texto. Bien, pues de esta tendencia no se iba a salvar la prensa política estadounidense de hoy: habla un artículo reciente de The New Yorker de un corresponsal que a lo largo del día publica 3 ó 5 entradas en su blog y 8 ó 10 actualizaciones de Twitter. El ritmo de la noticia en Washington dura 24 horas, y vuelve a coger carrerilla antes de que amanezca.

    Vista la voracidad del nuevo periodismo, frenético e imparable, lo que la administración Obama decidió, como astutamente analiza el artículo de Ken Auletta, fue llevarles la noticia a la puerta de casa. Te abro un canal en Youtube, te modernizo la página web, contrato a un equipo de televisión: yo te lo cuento TODO. Yo soy la fuente directa; así, no se acalla a los medios de comunicación, sino que (esto suena rarísimo) se compite con ellos: ¿Quién hubiera podido pensar hace 30 años que el gobierno publicara un periódico propio? Ahora no sólo hace eso: tiene además un canal de televisión y, todo, con difusión mundial.

    Los medios tradicionales, mientras, están contra la pared: los tipos de los puros reclaman a los atribulados reporteros en mangas de camisa y con el lápiz sobre la oreja historias, historias, historias, y a éstos no les queda más remedio que tirar de Blackberry y procurar esquivar las faltas de ortografía; el periodismo no tiene más remedio que hacerse con un nicho ideológico y afianzarlo, a costa de cortar cabezas, y el análisis se va doblegando ante el hambre de sencillez poco a poco.

    La inmediatez ha permitido a un gobierno circunvalar a una prensa de dudosa moralidad y levantar, en tan sólo unos meses, un debate sobre la ética periodística y comunicativa que empieza a proyectar una sombra ligeramente siniestra sobre el idolotrado Obama, que ha dejado de molar algo de lo que molaba (pero sigue siendo guay).

    Aquí esto no pasa, y dudo que llegue a ocurrir. Como siempre digo, mientras que en un sótano de Washington un think tank mide cada uno de los términos que aparecerá en un discurso, aquí montamos un ministerio. Pero el poder, más que nunca, está en nuestras manos: ellos saben cómo funciona; nosotros, no.

    Es tonificante vivir en un país que sigue creyendo que es más eficaz regalar bolis y globos en los mítines que esto:


  4. Siempre quise ir a Hollywood

    Lo escribí el Martes 2 de febrero de 2010

    Acaban de salir, hace un rato, las nominaciones a los Oscar 2010.

    Bueno, cada año suelo oír a alguien que era oscarófilo afirmar que “no pienso volver a pasarme la noche en vela buscando canales de Azerbaiyán para ver esa gala de mierda.” Todo es culpa de que está comprado, amañanado; de que no hay nada más fácil que una quiniela de los Oscar con unas posibilidades de éxito enormes.

    En la página web oficial, Oscar.com, no es difícil percibir ese aroma tan genuinamente yanqui que tanto repatea a los desertores de las madrugadas de algún domingo de febrero: el diseño blanco y sencillo, el vídeo de Steve Martin y Alec Baldwin pasándolo TAN bien que dan hasta un poco de repelús, el rollo de la ilusión y la magia del cine, etc.

    Todos esos elementos de neón primero, de tecnología 3D luego, y de humanismo a la americana ahora son los que han ido deslumbrando, desde Hollywood, al resto del mundo desde que existe: el lujo de los primeros tiempos; la tecnología y los medios al alcance de nadie más luego; los guiones desgarradores y películas selectamente buenas ahora (y luego está Avatar).

    Ahí están las nominaciones, ya salen: Sandra Bullock marcando un antes y un después en su carrera, Guy Ritchie con mejor dirección de arte, orgía 3D, orgía Tarantino y un montón de películas que aún no hemos tenido ocasión de ver, pero que probablemente en su mayoría serán peores que pegarle a un padre.

    Vale. ¿Y? Tenemos lo de siempre, tenemos lo que queríamos: pan, circo, Coca Cola y un cubo de alitas de pollo con el que pringarnos los dedos mientras que encontramos, un año más, alguna tele por internet en la que enterarnos de algo. Y que se nos vayan cerrando los ojos a medida que se acerca la hora de madrugar, y ver que, en cuanto nos metemos en la cama, un par de ventanas más se quedan sin luz: una logia silenciosa de cinéfilos a la vieja usanza.

    Que la industria de Hollywood es eso, una industria, no es ningún secreto; que la mitad de lo que ocurre es de cartón piedra bien instalado por algún equipo de arte, tampoco; que son capaces de campañas milagrosas para que veamos bazofias (¡Pero es que son tan divertidas!); que son americanos hasta para darle a la claqueta.

    Para todo lo demás, los festivales al sol europeo o al gélido frío independiente. ¡Palomitas, a mí!


  5. La paliza

    Lo escribí el Sábado 30 de enero de 2010

    logoculturasSherlock, tirado en el suelo, recibe patadas en las costillas semiinconsciente. Es uno de los grandes misterios: cuando hasta sir Arthur Conan Doyle intentó acabar con el mejor de los detectives, la propia Reina de Inglaterra, con sus superpoderes, lo evitó. Se las vio y se las compuso para aguantar los embates de los más ingeniosos villanos y hasta del «Elemental, querido Watson», que le adjudicaron las primeras adaptaciones cinematográficas.

    Pero ahora, con los creadores de un oportuno videojuego con Jack el Destripador como contrapunto (!) tirándole de los pelos (el videojuego es imposible de acabar por un error de programación) y Guy Ritchie embuchándole ‘El Código Da Vinci’ (como suena) por las orejas, el rey de los detectives no parece tener escapatoria posible.

    Siempre igual: como hiciera su padre narrativo, las adaptaciones empiezan con un par de ramalazos de encantador ingenio británico y una feliz acumulación de misterios, que nos conducen con paso firme hacia el prometedor desenlace, sorprendente. Siempre sorprendente.

    Pero ahí están para calzarnos una de artes marciales, una buena ración de 3D y, por qué no, un sano refrito de pentagramas y sociedades secretas.

    Y la cosa va para saga, dicen por ahí. Con Brad Pitt de Moriarty… Al menos, habrá patadas. Digo.