Archivo de etiquetas de ‘Siglo XXI’
Primeras escenas
Una de las maneras más provechosas y cómodas de lograr que el lector quede atrapado por la novela o el relato de turno es rellenar el texto de imágenes, de escenas cuya representación mental resulta bastante más duradera que cualquier otra noción. Ejemplo: de las múltiples festividades que siguen al fin de exámenes será duro recordar la fecha o el número exacto de asistentes; no obstante, recordaremos con precisión milimétrica el plato de huevos con chorizo al amanecer, tras una infinita sesión de bailoteos en traje y corbata.
Este es uno de los baremos infalibles para, recién entrado el verano, medir la calidad de los dos meses largos que están por venir.
De Méjico a Madrid, pasando por Sarajevo
El lunes, el cártel que controla mayoritariamente el estado mejicano de Michoacán, La Familia, tendió –supuestamente, etc.– una emboscada que costó la vida a 10 o 12 (lo siento, no tengo el dato exacto) policías federales.
Precisamente estaba leyendo esta semana sobre La Familia y, hace no demasiado, sobre un grupo organizado que poco tiene que ver con ellos, procedente de Europa del Este, conocido como “Las panteras rosas”: en ambos casos, llama especialmente la atención el factor humano que se esconde detrás, la raigambre social de estas organizaciones y, por ende, la dificultad de extirparlas.
El caso de La Familia es muy similar al de la Mafia de toda la vida: súmese, a la fascinación de la juventud por la figura del gangster, la popularidad/miedo que han logrado ganarse en el tú a tú, en lo que, como apuntaban en The New Yorker, es un “síndrome de Estocolmo masivo”. El problema principal en ciertas zonas de Méjico, simplificando, es que nada funciona como debería: sobornos, incompetencia, lentitud… Bien, yo soy un mafioso; no tengo más que proporcionarle a la gente lo que el Estado no puede: tú me ayudas y, si te roban en casa, me llamas. Al día siguiente, verás en qué cuneta está el ladrón.
La muerte, la tortura, suelen estar implicadas, pero desde el momento en el que el estado de derecho flaquea por algún flanco, es tan fácil como adoptar el discurso del Robin Hood y la técnica de “la plata o el plomo”. O te soborno, o te mato.
Es así de fácil; tanto, que da miedo: Las panteras rosas, por su parte, son una de las bandas organizadas más misteriosas y, por qué no, interesantes que han parido los Balcanes. Aunque se desconoce su estructura interna, es sabido que no se conocen entre sí, que la enormísima mayoría son ex militares o ex guerrilleros y que, en general, son gente muy bien preparada y muy peligrosa. Han robado a lo largo y ancho de nuestro continente –sí, amigos, en España también– y serían una banda de guante blanco de no ser tan bestias (son muy partidarios de alunizajes, etc.).
En su tierra son la clase de gente que conduce un Mercedes por las calles semiderruidas con una mano mientras que sujeta el iPhone con la otra; fuera de ella, son la clase de gente que despierta la curiosidad.
Son dos esferas absolutamente distintas, dos representaciones criminales que inevitablemente llaman la atención pero que, ay, también tienen el oscuro lado de la arbitrariedad, la cara siniestra de depositar, sin darse cuenta, más y más poder en manos de sabedios quién.
En España no tenemos esta clase de problemas, y si se dan, lo hacen en un ámbito mucho más limitado: pienso en los narcos gallegos, en los constructores costeros y demás personajes. Conectarlos no sería difícil, pero sí se hace complicado suponer que, en este país, todo está cableado de tal manera que vivimos subyugados (¿o no?).
No obstante, sí existe un nexo centralizado para todos y cada uno de los grupos criminales que pululan por ahí: los impuestos. Así cayó en su día Al Capone y así se ha trincado a una enorme cantidad de criminales; aquí, sin embargo, más que una cuestión de Hacienda parece que la evasión fiscal es lo que les armoniza y, como buenos Robin Hoods, canoniza socialmente: ¿Qué hay más osado, valiente y frecuente que las transacciones “en B”? ¿Cuánta gente conocéis capaz de contener una sonrisilla de niño malo al clavarle a Hacienda un par de banderillas?
El Hijo – Madrileña
Llevo semanas dándole la brasa a todo el mundo con este disco, pero es que me tiene bastante fascinado.
Son canciones cerradas, que no herméticas: todo lo que está, ocupa un lugar por un motivo u otro; el disco, en su conjunto, sólo adquiere sentido al escucharlo por completo, y tras entender que todos sus recovecos sólo sirven para hilarlo. No hay una línea argumental, no hay una continuidad en melodías o ritmos: todo es un bloque monolítico que empieza con ese fantástico guiño con aroma a Alaska que es Siempre ella y se cierra con la exagarademente melancólica Toda la noche nevando.
La voz de Abel Hernández desempeña el papel que se le pide: infundirle peso y un carácter marcadamente propio al disco, igual que un Nacho Vegas, por poner un ejemplo. A pesar, no obstante, de lo recargado de la producción (y de los arreglos: en directo, este disco gana muchos enteros) y de la clara vocación de ofrecer unas letras trabajadas y literarias, El Hijo no llega a resultar cargante; quizás por el carácter más ficcional de sus canciones.
Sea por lo que sea, es un gran disco que poner, dejar correr, y escuchar: El Hijo – Madrileña
El Retiro 16.16
Un 1 de junio en Madrid que parece un 15 de agosto. Tres asturianos caminando arduamente por el Parque del Retiro, con el fin de visitar, un año más, la Feria del Libro. Y digo: «Uy, qué poca gente, vaya a gusto que vamos a estar.» Pero, ay, son las 16:16 de la tarde y aquí no hay ni un alma: literalmente, las casetas están cerradas y no hay más que un par de atribulados vigilantes de seguridad tratando de huir del sol.
Encontramos a una editora con un escritor en una de las terrazas: «No, es que está cerrado de dos a seis para comer.» ¿Cómo? «De hecho, ayer abrí el puesto a las seis menos diez y me dijeron que si volvía a hacerlo, me penalizaban.»
Tras un par de horas de espera en un banco, empezamos a surcar los puestos. Susana, en el de TREA, habla del bajón que se está notando en las ventas: «Es cierto que aún llevamos pocos días y que el primer fin de semana de Feria coincidía con el último del mes, pero así todo se está notando que se vende menos con respecto al año pasado.» Juan, por su parte, aguanta el calor a pocos metros, en la caseta del Gremio de Editores de Asturias: «Lo más sorprendente está siendo la cantidad de asturianos que se acercan por aquí, piden la revista Ábaco, preguntan por autores… Especialmente, y no sé por qué, veo mucha presencia de gente de Gijón.»
A decir verdad, impresiona ver el enorme Paseo de Coches tan repleto de puestos: librerías, editoriales e instituciones se intercalan por las largas filas; entre ellas, los cada vez más necesarios, publicitarios y abundantes pabellones promocionales: el cartel de la Feria de este año es de un gris sombrío, con un hombre que, sobre dos pilas de libros, mira hacia el cielo; dicen que la explicación a la ilustración no tiene nada que ver con «la que está cayendo, o similar», pero el hecho es que, a pesar de tratarse de «primera» hora de un martes, la visita resulta bastante más relajada que en años anteriores. Y sí: «ahora miran mucho; pero no compran tanto».
Pero libros electrónicos y crisis aparte, los trescientos y muchos puestos que forman parte de esta edición de la Feria lucen igual de repletos que en años anteriores, con catálogos rebosantes de novedades más o menos apresuradas («La verdad es que en TREA no solemos preparar el catálogo con vistas a la Feria», a diferencia de muchas otras editoriales), más o menos interesantes, siempre pertinentes; con sus familias y casi veraneantes curiosos: por este parque, y por esta Feria, no pasan los años, ocurra lo que ocurra fuera.
M. Ward – Hold Time
Inauguro esta sección con el excelente disco de M. Ward. Se trata de la mitad de She & Him, que quizás os suene más.
Bien, la gracia de Ward reside en su acertadísima fusión de folk, gospel, rock y nosecuantas cosas más: es decir, su música trasciende la fusión pura y dura para situarse en un estilo totalmente nuevo; no inventado por él, eso desde luego, pero sí con una producción y un estilo marcadamente propios: las armonías y melodías no resultan especialmente originales.
Es casi un artista de “domingo”, perfecto para tener de fondo mientras que se lee, se vaguea o se friegan los platos; no obstante, resulta igualmente propicio para dar un paseo con él, por esas rítimicas tan marcadas y, a la vez, perfectamente engarzadas con las melodías. Sorprendente, de hecho, resulta escuchar su versión de Rave On, de Buddy Holly.
Que lo disfrutéis: M. Ward – Hold Time