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	<title>¡Bah! &#187; Siglo XX</title>
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	<description>El irreductible blog diario</description>
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		<title>Helena o el mar del verano</title>
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		<pubDate>Tue, 15 Feb 2011 07:58:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
				<category><![CDATA[Críticas]]></category>
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		<category><![CDATA[Julián Ayesta]]></category>
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		<category><![CDATA[Siglo XX]]></category>

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		<description><![CDATA[Para Ayesta, la cuestión es encontrar el propio sitio en el mundo. Desde el principio.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><em><a href="http://www.alejandrocarantonna.es/wp-content/uploads/ACA0023.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-1713" title="Helenaoelmar" src="http://www.alejandrocarantonna.es/wp-content/uploads/ACA0023.jpg" alt="" width="189" height="304" /></a>Helena o el mar del verano</em></strong></p>
<p>Julián Ayesta</p>
<p>Acantilado: Barcelona, 2000 (ed. original de 1952)</p>
<p>87 páginas</p>
<p>¿Quién es Julián Ayesta y qué hacía en 1952 escribiendo cosas como «Conocía a todas las personas que habían muerto de una manera rara. Cientos y miles de Señoresdegijón y Señorasdegijón que habían sido degollados por ascensores o habían muerto electrocutados por tocar el timbre desde el baño o habían muerto de una pulmonía por no querer ponerse el jersey después de jugar al fútbol»?</p>
<p>Sin duda, la simple vocación poética del texto (en el sentido clásico del término), su amor por el entorno y que ese entorno sea Gijón ya son motivos suficientes para pasar una tarde agradable. Un rato con Helena y con ese protagonista que transpira autobiografía: podemos ir pasando por el verano, el invierno y luego otra vez el verano en apenas un par de horas.</p>
<p>Ni siquiera la trama o el desarrollo son importantes. Se van quedando pegadas las descripciones, que se acumulan hasta conformar un cuadro completo de los sentimientos. Es más, da la sensación de que lo redonda que es <em>Helena o el mar del verano</em> se debe, en gran medida, a que Ayesta ha hecho en la novela esa especie de incursión que el artista realiza en el cine adoptando un papel que se le parece mucho: el que se interpreta a sí mismo por una vez, pero con un tiempo de reflexión (emotiva, sobre todo) detrás tan grande que por fin saca todo lo que lleva años guardando.</p>
<p>Todo lo mejor: aquí conviven esas escenas que Marsé terminaría de pulir unos años más tarde, convive también la existencia religiosa tan aburrida para un chaval, y sobre todo se integra a la perfección el descubrimiento de la poesía, de la literatura, entrelazando fascinación con ensoñación propia. Sí, como si el pequeño Julián tuviera un futuro prometedor del que nunca más se supo.</p>
<p>Porque el regusto amargo final que Asturias tiene, el mismo que hace aflorar la mueca de incomodidad a veces pero en el que reside la gracia de la tierrina, se refleja en el relato como un nubarrón emocional que nunca se explicita pero que está ahí, empujando a todos y a cada uno de los habitantes de ese mundo a buscar su sitio: desde tener una familia convenientemente estructurada (y qué, queremos hacer guerras de almohadas) hasta hallar el propio sitio en el mundo. Sí, la cuestión es encontrarlo.</p>
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		<title>Hiroshima</title>
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		<pubDate>Mon, 27 Dec 2010 13:50:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
				<category><![CDATA[Bah]]></category>
		<category><![CDATA[Hiroshima]]></category>
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		<category><![CDATA[Segunda Guerra Mundial]]></category>
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		<category><![CDATA[The New Yorker]]></category>

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		<description><![CDATA[Cómo contar verdades entreteniendo a todo el mundo y, lo que es más, con elegancia.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><em><a href="http://www.alejandrocarantonna.es/wp-content/uploads/9780141041865.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-1624" title="Hiroshima Hersey" src="http://www.alejandrocarantonna.es/wp-content/uploads/9780141041865-193x300.jpg" alt="" width="193" height="300" /></a>Hiroshima</em></strong></p>
<p>John Hersey</p>
<p>Londres: Penguin, 1985 (2009)</p>
<p>243 pp.</p>
<p>El 31 de agosto de 1946 los lectores de <em>The New Yorker</em> se llevaron una sorpresa. Desde la primera página, tras la agenda de ocio habitual, hasta el final, todo el número de esa semana era este reportaje de John Hersey. Si estáis suscritos, podéis leerlo escaneado <a href="http://archives.newyorker.com/?i=1946-08-31#folio=014" target="_blank">aquí</a>.</p>
<p>¿En qué consiste <em>Hiroshima</em>? ¿Cómo abordar el asunto? Personalizándolo: es el más difícil todavía, agarrar a seis supervivientes del bombardeo de aquel 6 de agosto de 1945 y contar sus historias con precisión, mostrando el horror contenido en todas y cada una de las imágenes, pero sin dejarse seducir por el evidente sentimentalismo posible.</p>
<p>Como escribe sobre uno de los  personajes  hacia el final del libro:</p>
<blockquote><p>The bombing almost seemed a natural disaster &#8211; one that it had simply been her bad luck, her fate (which must be accepted) to suffer.</p></blockquote>
<p>Es decir:</p>
<blockquote><p>El bombardeo casi parecía un desastre natural, que había sido su mala suerte, o su destino &#8211;que ha de ser aceptado&#8211; lo que le había tocado sufrir.</p></blockquote>
<p>Así, sin plantearse estrategias políticas o tácticas militares, Hersey acota el relato a lo que le concierne, a lo que les ha sucedido a estas seis personas. Y lo que les ha ocurrido sin ornamentos, sencillamente como es, para que cada lector pueda conocer con curiosidad casi científica qué supone que caiga una bomba nuclear. A partir de ahí, uno puede organizar las ideas en su cabeza, ya puede construir una opinión. Pero solo entonces, no antes.</p>
<p>El equilibrio y la mesura que Hersey alcanza en este libro se han repetido muy pocas veces desde entonces, incluso considerando <em>Hiroshima</em> no ya como reportaje si no como novela: imaginemos que <em>Little Boy</em> nunca hubiera caído, que no supiéramos qué es Japón. En esas circunstancias, no dejaríamos de encontrarnos ante una obra excepcional. Porque es su tono desapasionado lo que desgarra, porque es el detalle lo que sobrecoge. Esto es Hiroshima, 8 y cuarto de la mañana del 6 de agosto de 1945.</p>
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		<title>Sobre el Goncourt</title>
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		<pubDate>Sat, 20 Nov 2010 12:44:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
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		<category><![CDATA[El Comercio]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura europea]]></category>
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		<category><![CDATA[Michel Houellebecq]]></category>
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		<category><![CDATA[Premio Goncourt]]></category>
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		<category><![CDATA[Siglo XXI]]></category>
		<category><![CDATA[Suplemento Culturas]]></category>

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		<description><![CDATA[Un par de palabras sobre el señor Houellebecq.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Sólo podía ser él. El único hombre que se las apaña para salir en la portada de todas sus novelas fumando, tenía que ganar el premio Goncourt. Pero ¿qué ha hecho Michel Houellebecq por las letras? Varias cosas. Lo que aún nos preguntamos es si son buenas.</p>
<p>Me acerqué a él por primera vez con <em>Les particules élémentaires</em>, un libro desasosegante, raro, y bastante explícito, no nos engañemos, cuya portada le tenía –claro– a él como protagonista, con una bolsa de plástico y blandiendo un cigarrillo. No sé, en una primera lectura podría llegar a parecer que nos encontrábamos ante una especie de Medem (uf) o de Bigas Luna (uf, uf) literario (uf, uf, uf) francés (recontra uf).</p>
<p>Pero con el tiempo, abandonando un interés casi marrano por la reproducción; dejando de lado su amistad con Fernando Arrabal y la consiguiente tendencia hacia el mileniarismo chusco; obviando que se trate de uno de esos autores que despiertan frases en Wikipedia del tipo «el ‘fenómeno Houellebecq’, que provocó numerosos y apasionados debates»; e incluso olvidando el barniz científico que da un presunto giro inusitado a todas sus tramas, empecé a sentir, como tantos otros, que efectivamente se trata de uno de los mejores escritores que ha dado la madre Francia.</p>
<p>Le perdí levemente la pista cuando empezó a ser más importante su faceta de carnaza mediática que de escritor (algo) preocupado por lo que producía; cuando empezó a ser, en fin, objeto de sesudos seminarios de estudio (!). Cuando lo que había entre sus fotos fumando y la contra de sus libros, dejó de importar.</p>
<p>Ahora, que ha salido su nuevo libro, lo único de lo que se ha hablado ha sido de supuestos plagios de Wikipedia, para ese barniz científico que tan poco me interesó en su día. Eso sí, ahora, Houellebecq tiene un Goncourt. Y un lector menos, creo.</p>
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		<title>Últimas tardes con Teresa</title>
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		<pubDate>Tue, 12 Oct 2010 10:46:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Juan Marsé]]></category>
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		<description><![CDATA[Una novela muy recomendable.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><a href="http://www.alejandrocarantonna.es/wp-content/uploads/images1.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-1438" title="ultimastardesconteresa" src="http://www.alejandrocarantonna.es/wp-content/uploads/images1.jpg" alt="" width="184" height="274" /></a>Ultimas tardes con Teresa</em></p>
<p>Juan Marsé</p>
<p>Barcelona: DeBols!llo, 2009 (original de 1966)</p>
<p>470 pp.</p>
<p>Probablemente, el libro más conocido de Juan Marsé. Y digo «libro» no por azar, sino porque no se trata de una novela al uso. Especialmente, por su carácter de ensayo, en cierto modo: leyendo algún Marsé posterior se puede observar cómo la historia del entrañable Pijoaparte y lo que la rodea no son tan importantes como el camino literario que el autor empieza a trazar.</p>
<p>No sé muy bien cómo, pero el relato ensimisma cuando tiene que ensimismar –los alucinados párrafos corridos, tan ambiciosos– y precisa cuando tiene que precisar: por algún motivo, el lector tiene la sensación permanente de que las escenas culminantes, a las que Marsé se refiere en el prólogo a esta edición, son efectivamente el pilar sobre el que se sustenta toda la obra. Los colores, los olores, los paisajes, los movimientos –metáforas aparte– cobran una vida que sólo es posible con una escritura acelerada y concentrada.</p>
<p>Se nota la falta de edición en algunos pasajes, aunque no molesta; se nota, también, lo cercano y conocido que es todo el universo plasmado para el narrador; pero lo que no se nota hasta haber pasado la última página es la construcción del héroe. Cualquiera podría ser Pijoaparte, cualquiera entiende al joven Manolo Reyes y a las muchachas y personajes que van desfilando por su vida. Es lo suficientemente complejo y elaborado como para que una descripción proletaria y baratera –que, viendo la época, sería lo oportuno– quede excluida del horizonte desde el primer momento.</p>
<p>Mandan todas sus facetas, entre las cuales podemos elegir; manda el razonamiento maduro y meditado de las emociones que le conducen al siguiente paso.</p>
<p>Manda, en definitiva, la sinceridad: literaria, intelectual, y artística. Y, qué narices, que es una novela incomparable.</p>
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		<title>The Rules of Attraction</title>
		<link>http://www.alejandrocarantonna.es/2010/09/06/the-rules-of-attraction/</link>
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		<pubDate>Mon, 06 Sep 2010 10:10:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
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		<description><![CDATA[No el mejor, pero igualmente muy bueno.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><a href="http://www.alejandrocarantonna.es/wp-content/uploads/416qPb-l08L._SL500_AA240_.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-1292" title="Therulesofattraction" src="http://www.alejandrocarantonna.es/wp-content/uploads/416qPb-l08L._SL500_AA240_.jpg" alt="" width="240" height="240" /></a>The Rules of Attraction</em></p>
<p>Bret Easton Ellis</p>
<p>Londres: Picador, 2006 (original de 1987)</p>
<p>327 páginas</p>
<p>Easton Ellis es y ha sido uno de mis autores favoritos. Por la frescura de su manera de narrar; por su capacidad para generar sensaciones antes que discursos convencionales; porque no ha escrito dos novelas iguales aunque se ha concentrado en un estilo concreto con un lenguaje particular.</p>
<p><em>The Rules of Attraction</em> no es menos que eso: van pasando los minúsculos testimonios y, como migas repartidas por un enorme escenario, el lector va formándose una imagen completa de lo que está sucediendo. Todo ello sin dejar de jugar con una gran cantidad de voces (tres centrales, varias periféricas).</p>
<p>No obstante, es quizás la novela menos brillante de Bret Easton Ellis. Ya veía en <em><a href="http://www.alejandrocarantonna.es/2010/02/06/glamorama/">Glamorama</a>, </em>el año pasado, la mano del que empezaba a convertirse en un auténtico maestro; y si bien <em>The Rules of Attraction</em> tiene once años más, lo cierto es que supone un libro de transición, una especie de paso entre el adolescente bruto de <em>Less than Zero</em> y el impecable escritor de imprescindibles instantáneos como <em>Lunar Park</em>.<span id="more-1291"></span></p>
<p>Pero que esta sea una obra menor dentro de su producción no significa que no merezca ser leída: uno de los puntos fuertes de este autor es que, a pesar del pasotismo, de la apatía y del asco que sus personajes parecen sentir hasta por el propio lector, él no lo hace: siempre nos cuida, y jamás se ensimisma tanto como para que dejemos de disfrutar o de entender lo que está ocurriendo. Siempre procura que podamos pasar un par de páginas más antes de acostarnos.</p>
<p>Es una evolución mucho más razonable que la de otros, como Palahniuk, que directamente han perdido el norte descubriendo a quienes les seguíamos, tras años, que todo era un engaño, cartón piedra, que su talento no era tal&#8230; Sin embargo Easton Ellis, aun a riesgo de que me dé un susto con <em>Imperial Suites</em> (que pienso ir a comprarme ahora mismo), se consolida como un escribiente brillante y necesario.</p>
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		<title>Obabakoak</title>
		<link>http://www.alejandrocarantonna.es/2010/08/20/obabakoak/</link>
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		<pubDate>Fri, 20 Aug 2010 08:52:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Hacía mucho que un libro no me volaba tanto la cabeza.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><a href="http://www.alejandrocarantonna.es/wp-content/uploads/obabakoak.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-1252" title="obabakoak" src="http://www.alejandrocarantonna.es/wp-content/uploads/obabakoak-181x300.jpg" alt="" width="181" height="300" /></a>Obabakoak</em></p>
<p>Bernardo Atxaga</p>
<p>Barcelona: Ediciones B (Ficcionario)</p>
<p>1997</p>
<p>379 páginas</p>
<p>Considerar que este libro es una novela es, cuanto menos, una osadía. Es lo que yo de pequeño, cuando aún no sabía lo que era leer un libro sin dibujos, me fascinaba: una trama inexplicable a un tierno infante, un mundo que sólo provocaba mutismo entre los adultos que me rodeaban y que habían saboreado esta obra.</p>
<p><em>Obabakoak</em> es, pues, un volumen repleto de hallazgos: el primero es la estructura. El planteamiento de un entorno rural y norteño es sencillamente brillante, para luego lanzarse a una espiral de metaliteratura que ni de lejos es tal. Distante de convertirse en un conato de Vila-Matas circular, abstruso y bobo, Atxaga implica al lector en su juego, exponiendo con claridad los rasgos característicos de cada relato «citado»: de esta forma, no despierta únicamente nuestra sensibilidad literaria; también la analítica.<span id="more-1251"></span></p>
<p>Lo más extraño y fascinante de la novela es, sin embargo, cómo la coherencia no desaparece en ningún momento. Hay quien la ha considerado una colección de relatos hilada de alguna manera, pero el hecho es que nunca perdemos de vista Obaba: como decía en el párrafo anterior, el autor tiene la capacidad única de plantearnos un pueblo y luego abandonarnos allí. El gran mérito es, por lo tanto, que a pesar de los múltiples vericuetos y ramificaciones que adornan la trama, el eje en torno al cual giran no es ni el ego de Atxaga ni él mismo, sino el espacio y el tiempo que nos propone.</p>
<p>Por otro lado, he de reconocer que como lector me he esforzado por alejarme de la dimensión lingüística del texto: ni me interesa que Bernardo Atxaga escribiera este libro en lengua vasca y luego lo tradujera, ni tengo la más mínima intención de meterme en fregados políticos, igual que hice con la brillante <em>Vida de Manolo </em>de Josep Plá.</p>
<p>No sé ni de dónde ni cómo ha surgido este libro; me cuesta imaginar &#8211;¡y me alegro!&#8211; cuál ha sido su génesis o su gestación; pero sí sé que es una de las novelas más brillantes que he leído en español.</p>
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		<title>Historias de la Alcarama</title>
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		<pubDate>Mon, 02 Aug 2010 22:17:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Un libro pequeño, entrañable y delicioso.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><a href="http://www.alejandrocarantonna.es/wp-content/uploads/Libro-abel.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-1239" title="HistoriasdelaAlcarama" src="http://www.alejandrocarantonna.es/wp-content/uploads/Libro-abel-195x300.jpg" alt="" width="195" height="300" /></a>Historias de la Alcarama</em></p>
<p>Abel Hernández</p>
<p>Madrid: Gadir, 2008</p>
<p>240 páginas</p>
<p>Hay libros necesarios, como esos pequeños volúmenes que quizás pasan desapercibidos hoy, mañana, y pasado y que, de pronto, un alma inquieta por cómo era la vida en otro tiempo recupera. Es el encanto de España, de Europa incluso: que un habitante curioso de estas tierras decide escarbar en su pasado, en el de su lugar de origen y plasmarlo en un libro.</p>
<p>La relevancia del resultado es, ante todo, propia y personal, una especie de esfuerzo, como escribe Hernández en este libro dirigido a su hija Sara, por mantener la herencia que va pasando de generación en generación: puede parecer algo atávico que esta tradición tenga espacio en nuestras librerías y bibliotecas, pero es, ante todo, relevante.</p>
<p>Porque la voz de este periodista político carece del engolamiento de esos «viajes espirituales» con los que más de uno se ha cargado una crónica humilde y sincera de sus orígenes; es más, carecía de las ganas de escribirlo hasta que sus hijos le empujaron a hacerlo: de esta forma, Abel Hernández recoge cuarenta capítulos &#8211;cortos, muy cortos&#8211; historias de aquí y de allá, insertadas e hiladas en una estructura sólida, para ofrecer una descripción de doscientas y pico páginas de otro lugar, y de otro tiempo.</p>
<p>Es decir, este libro no sirve para revolucionar la literatura, ni para copar las listas de ventas, ni para marcar un antes y un después en la vida del lector; este libro sirve &#8211;como el pueblo que tan bien dibuja&#8211; para refugiarse y buscar silencio en mitad de los bulevares madrileños, por ejemplo.</p>
<p>También es, sin querer, una forma de dotar a quien quiera explorar el mundo rural sentimental o artísticamente: es un buen lienzo sobre el que empezar a pintar más cosas.</p>
<p>Esta es la gran muestra de honestidad que convierte un ejercicio que fácilmente podría pecar de pesado &#8211;repito: una descripción de doscientas y pico páginas&#8211; en un volumen entrañable y necesario: por una vez, aquello de «acompañar al autor en su camino» que tan bien queda en las traseras de los libros es enteramente cierto; y el trayecto es, encima, de lo más agradable.</p>
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		<title>Any Human Heart</title>
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		<pubDate>Mon, 26 Jul 2010 07:32:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
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		<category><![CDATA[William Boyd]]></category>

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		<description><![CDATA[Un libro que podría haber sido magnífico.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><a href="http://www.alejandrocarantonna.es/wp-content/uploads/200px-AnyHumanHeart.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-1167" title="AnyHumanHeart" src="http://www.alejandrocarantonna.es/wp-content/uploads/200px-AnyHumanHeart.jpg" alt="" width="200" height="240" /></a>Any Human Heart</em></p>
<p><em> </em></p>
<p>William Boyd</p>
<p>Londres: Penguin Books, 2002</p>
<p>504 pp.</p>
<p><em>Reseña publicada originalmente en <a href="http://www.culturamas.es/2010/07/24/any-human-heart-de-william-boyd/" target="_blank">Culturamas</a>.</em></p>
<p>Cada vez que se acerca un examen, es esencial que el estudiante recuerde una premisa fundamental: si no puedes convencerlos, atrónalos. Es decir, si no eres capaz de componer un desarrollo lógico en la prueba porque careces de datos o de la capacidad de enlazarlos, échales los que tengas a la cara y huye en la confusión.</p>
<p>Eso es lo que, más o menos, ocurre con William Boyd en esta novela, que no es novela: <span id="more-1166"></span> se trata de los falsos diarios –escritos a lo largo de su ficticia vida– de Logan Mountsuart, un personaje que surca el siglo XX de cabo a rabo empleando diversos formatos, técnicas, lenguajes y estilos para contar lo que le ocurre. Esta modalidad narrativa resulta doblemente sugerente: primero, por brindar al autor la posibilidad de servirse del propio texto para hablarnos de Mountstuart; por otro lado, por permitir introducir cambios e ideas en las velocidades con las que se cuenta la historia: tan importante como lo que se dice es lo que no; los agujeros que han de ser rellenados por una nota al pie, por una introducción a determinado diario.</p>
<p>Buscando la portada del libro, leo en Wikipedia que llevó treinta meses investigar para esta novela: se nota. Al final, ya en el ocaso de la vida de Mountstuart, la vocación histórica engulle lo demás y estrangula la propia vida del personaje: como si de un <em>Cuéntame</em> de magnitudes mundiales se tratara, pasamos la última página de <em>Any human heart</em> sin haber abandonado la sensación de que no hemos conocido a Logan Mountstuart –y ya nos vale, porque en 504 páginas de diarios ha tenido tiempo de abrirse–; solo de que es una especie de personaje recurrente en las principales postales del siglo pasado.</p>
<p>No obstante, Boyd parece consciente de sus limitaciones y, por ello, la lectura de su novela no resulta ingrata: no es un producto pretencioso lleno de monólogos infinitos, no, es una recopilación de –¡qué hábil!– entradas cortas, capítulos ínfimos que podemos ir desgranando con ritmo pausado, sin segmentos que nos obliguen a largas sesiones de lectura quizás tediosas, quizás repetitivas.</p>
<p>Esto es literatura de entretenimiento, sin complicaciones: una literatura necesaria y, para estas fechas, más que recomendable; pero uno no puede esquivar la sensación de que, de haber caído en otras manos, <em>Any human heart </em>habría marcado una época.</p>
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		<title>Un libro «de mayores»</title>
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		<pubDate>Sat, 13 Mar 2010 06:30:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[Despedidas]]></category>
		<category><![CDATA[El Comercio]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura española]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura europea]]></category>
		<category><![CDATA[Miguel Delibes]]></category>
		<category><![CDATA[Siglo XX]]></category>

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		<description><![CDATA[Despidiendo a Delibes.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Siendo yo niño, niño, vi a alguien con un grueso libro, de esos que tienen «sólo texto, sin dibujos» y cuyo argumento es además difícil de explicar (una novela «de mayores») y quise leer algo parecido: las aventuras de Guillermo eran de lo más divertido, pero sentía la necesidad de tener entre las manos un volumen con la fotografía de un señor circunspecto en la cubierta. Me parecía lo más: eran montañas literarias de una densidad insoportable para mí, y admiraba a aquellos adultos que podían con ellas sin pestañear y encima las disfrutaban, mientras que yo daba cabezadas al tercer capítulo. El reto se tornó factible cuando en clase nos mandaron leer ‘El camino’: bullía solo, leí una página, dos, tres, ¡un momento! ¿Qué significa «membrudo»? Corrí al diccionario, lo averigüé y seguí.</p>
<p>No ocurren grandes cosas en la escritura de Delibes, no abunda el movimiento, pero al mismo tiempo las constantes descripciones no se están quietas: la apertura de ‘Las ratas’ contiene una violencia visceral durísima dentro de su anodina rutina. Mientras que nos transporta adonde quiere, tachona el texto con palabras desconocidas y acota, así, un espacio único, unos libros aleccionadores sin ser cargantes, que los currículos educativos nos enseñan a mirar con la reverencia del comentario de texto: «este», parecen decir, «es un gran libro». Pocas veces llegamos a creérnoslo del todo, pero de vez cuando salta esa chispa oculta al darle una segunda lectura en la intimidad, sin la presión de un examen, por puro placer: Delibes juega en esa liga.</p>
<p>Es de los pocos autores a los que se puede no coger manía después de que a uno se lo embuchen de pequeño, a destiempo: los cuadros que nos pinta rebosan una humanidad y una belleza que impactan entonces y que, años después, cuando ya estamos en condiciones de entender algo, sobrecogen en lo más hondo.</p>
<p>Tras de él quedan lecturas de todos los niveles, formas y sabores, en una producción tan extensa en el tiempo que se ha ido engarzando, poco a poco, con la vida de varias generaciones de españoles, siendo su Castilla un ingrediente fundamental de nuestro paisaje literario. Ahora, callado irremediablemente, ha llegado el momento de auparle a la categoría de «clásico». Sólo espero que, además de lograrlo, no deje de ser suyo el primer libro «de mayores» de muchos lectores más.</p>
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		<title>Debout les morts</title>
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		<pubDate>Wed, 17 Feb 2010 09:39:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
				<category><![CDATA[Bah]]></category>
		<category><![CDATA[Fred Vargas]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura europea]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura Francesa]]></category>
		<category><![CDATA[Siglo XX]]></category>

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		<description><![CDATA[Famosa, emocionante, inquietante, entretenida y... psché.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><a href="http://www.alejandrocarantonna.es/wordpress/wp-content/uploads/9782290351307.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-996" title="Debout-les-morts" src="http://www.alejandrocarantonna.es/wordpress/wp-content/uploads/9782290351307.jpg" alt="Debout-les-morts" width="400" height="647" /></a>Debout les morts</em></p>
<p>Fred Vargas</p>
<p>París: J&#8217;ai Lu (2000)</p>
<p>Ante todo, voy a intentar hablar de este libro sin reventarlo. Pero no prometo nada, así que si alguien tiene intención de leerlo, atención.</p>
<p>Fred Vargas se ha hecho un nombre a base de duro trabajo, de una bibliografía extensa y, no nos engañemos, de explotar el género más socorrido y uno de los más cómodos para cualquier narrador: el policíaco.</p>
<p>El <em>thirller</em>, de esta forma, no requiere más que de un final espectacular y, a partir de ahí, dar los pasos pertinentes hasta colocarse en el principio: un esquema perfectamente estructurado desde el minuto uno, sin meterse en berenjenales narrativos que requieran romperse las neuronas. Luego, sólo queda aplicar la pluma con el talento de cada cual y voilà: un auténtico <em>roman policier</em>.</p>
<p>El problema con Fred Vargas (es una señora con pseudónimo, por cierto) es que, si bien posee un talento enorme en ese segundo paso, el de escribir propiamente dicho, en su desarrollo de la trama hace gala de una cierta pereza que por momentos cabrea: giros cogidos con pinzas, diálogos forzados y ramalazos creativos, con escenas y detalles casi líricos, que poca cabida tienen en una novela policíaca, en la que el relato ha de ser fluido, voraz y directo.</p>
<p>Quiero decir que como novelista vale un potosí, y los personajes protagonistas están razonablemente bien dibujados; sin embargo, al elegir este género tan cómodo, el libro ha quedado bastante desequilibrado: un primer capítulo más que sugerente y un capítulo final típico pero eficaz; y una ristra de episodios de dudosa pertinencia en medio, llegando a hacernos pensar por momentos que en algún lugar del contrato ponía que había que pasar de las 250 páginas.</p>
<p>Ahora bien, que se lee rápido (esto empieza a parecerse a una reseña escolar) es innegable, y que la atención del lector está bien dirigida hacia los sospechosos en la resolución del crimen también, pero entre ese tufillo místico-histórico y algunas incongruencias en la investigación, a uno le dan más ganas de abrir un Sherlock Holmes, comérselo en 15 minutos y quedarse tan ancho. Gran novelista, sospechosa autora de <em>thrillers</em>.</p>
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		<title>¡Quinqui!</title>
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		<pubDate>Sat, 13 Feb 2010 09:34:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[Cine]]></category>
		<category><![CDATA[El Comercio]]></category>
		<category><![CDATA[Españoles]]></category>
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		<category><![CDATA[Siglo XX]]></category>
		<category><![CDATA[Suplemento Culturas]]></category>
		<category><![CDATA[Vistas]]></category>

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		<description><![CDATA[Exámenes y cine, una combinación peligrosa.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cualquier estudiante sabe que, cuanto más se acercan los exámenes, mayor es el surtido de películas, series y materiales culturales de diverso pelaje que se cruzan en su camino: un amigo pasó diez años intentando sacar Derecho sin éxito, por culpa de <em>Falcon Crest</em>.</p>
<p>Pero yo voy con todo, nada de sutilezas: leo una noticia sobre la política de comunicación de la Casa Blanca y veo <em>La cortina de humo</em>, peliculón; ya que estamos de thriller político, revisemos <em>Todos los hombres del presidente</em> (cómo nos gusta Robert Redford); y puestos a degustar el inconfundible sabor de las películas setenteras, rebusquemos, rebusquemos&#8230; ¡Nada al otro lado del charco! Bueno, pues volvamos a España (siempre con los apuntes al alcance de la mano para no sentirnos mal). ¡Premio! En dos días no puedo resistirme a la trilogía de <em>Perros callejeros</em>, con El Torete en plena forma; a las de El Lute; a la de El Vaquilla y -gracias, España- <em>El Pico</em> partes 1 y 2.</p>
<p>Por ir, iremos a septiembre en procesión, pero hay que ver lo que se puede llegar a aprender en un par de semanas: in ir más lejos, a robar coches y la historia reciente de España, condensada en un puñado de cintas a medio camino entre lo cómico, lo dramático y lo grotescamente pos franquista: cine quinqui vs. apuntes. ¿Queda alguna duda? Suerte, estudiantes.</p>
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		<title>Glamorama</title>
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		<pubDate>Sat, 06 Feb 2010 14:16:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
				<category><![CDATA[Bah]]></category>
		<category><![CDATA[Bret Easton Ellis]]></category>
		<category><![CDATA[Imprescindibles]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura anglosajona]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura norteamericana]]></category>
		<category><![CDATA[Siglo XX]]></category>

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		<description><![CDATA[Sin saber bien qué esperar de Ellis, sorprende, engancha, golpea y deja con ganas de más, de mucho más.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><a href="http://www.alejandrocarantonna.es/wordpress/wp-content/uploads/glamorama.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-968" title="portada-glamorama" src="http://www.alejandrocarantonna.es/wordpress/wp-content/uploads/glamorama.jpg" alt="portada-glamorama" width="292" height="450" /></a>Glamorama</em></p>
<p>Bret Easton Ellis</p>
<p>New York: Knopf-RandomHouse, 2000 (ed. de 1998)</p>
<p>Sin contar la inminente continuación de <em>Less than Zero</em>, <em>Imperial Bedrooms</em>, que se publicará este año, sólo me queda una novela de Bret Easton Ellis por leer. Si digo esto es porque, a pesar de encontrarme ante el cuarto libro de este señor, sigo sorprendiéndome por sus múltiples salidas.</p>
<p>En este caso, los fans encontrarán una buena ración del Ellis de siempre: elementos irreales entremezclados con una ficción muy ceñida a lo autobiográfico, de manera que, una vez más, va despegando desde la insulsa crónica costumbrista y social hacia lo completamente inverosímil, sin perder el ritmo en ningún momento.</p>
<p>Llama especialmente la atención, en <em>Glamorama</em>, la admirable estructura narrativa, una de las más sólidas que he encontrado: es una novela muy densa, muy larga (roza las 550 páginas) pero perfectamente articulada, mucho más que <em>American Psycho</em>. Con el libro entre las manos, notamos que nos queda más de la mitad cuando el relato empieza a desinflarse, para de repente asirse con fuerza a un punto de inflexión magistral en la mitad y volver a arrancar de golpe, manteniendo el ritmo narrativo pero lanzándose en una historia que bien podría pertenecer a otro libro.</p>
<p>Es justamente esta variedad la que aleja la novela de un tono profundo para dotarla de una experiencia como de novela de intriga, sin tener la certeza de si se resolverá el misterio o si, por el contrario, nos quedaremos colgados con uno de esos finales abiertos marca de la casa. De esta forma, el lector se mantiene pegado y capta la coherencia de la obra en toda su extensión, cosa que no es fácil de lograr; y disfrutamos, así, de todo un entramado de referencias y estilos narrativos de lo más variopinto: las encubiertas citas de canciones, el aroma de la novela de acción y característicamente francesa de los 90, el desasosiego de la literatura estadounidense contemporánea y, por qué no, una buena pátina de humor negro del bueno.</p>
<p>El mayor logro es, pues, poder afirmar que un libro de esta magnitud (en todos los sentidos) puede disfrutarse en un santiamén y sin un esfuerzo interpretativo desmesurado. La frivolidad y ligereza que guían esta lectura han sido víctima de críticas pero constituyen, sin embargo, una de sus grandes virtudes por su osadía. Definitivamente, enorme Ellis.</p>
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		<title>El texto tras el autor</title>
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		<pubDate>Sat, 30 Jan 2010 13:05:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[El Comercio]]></category>
		<category><![CDATA[Estados Unidos]]></category>
		<category><![CDATA[Gente]]></category>
		<category><![CDATA[Salinger]]></category>
		<category><![CDATA[Siglo XX]]></category>
		<category><![CDATA[Vistas]]></category>

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		<description><![CDATA[El último recuerdo de Salinger: ¿tendrá algo que ver con sus libros?]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Más de uno y más de dos se preguntaron ayer: «Pero ¿no se había muerto ya?» Pues no: Jerome David Salinger llevaba 36 años sin conceder una entrevista, metido en su casa de Cornish (New Hampshire) supuestamente escribiendo para sí y espantando a escobazos todo lo que oliera a mundo exterior, a fama, o a reconocimiento: a finales de los 80, por ejemplo, amenazó a un biógrafo tenaz con demandarle por plagio si se atrevía a publicar un libro basado en textos del propio Salinger (es decir, cartas personales&#8230;).</p>
<p>La (no) historia personal de la figura ¾dos fotos, dos, ilustran todos los obituarios¾ tras la (escueta) obra es, probablemente, lo que ha contribuido a coronar con el aura de misterio una escritura más que valiosa por sí misma: en Estados Unidos, desde que en los años 60 un profesor valiente se atreviera a meter ‘El guardián entre el centeno’ en las aulas, se ha convertido en un imprescindible de la cultura de aquel país.</p>
<p>Salinger ayudó a forjar una estirpe de escritores que aún nos resulta algo lejana en España: alérgicos a la novela de 600 páginas, currantes y amantes del relato, del arte de comprimir en un puñado de páginas todo lo fundamental junto con algo de aderezo.</p>
<p>Esta tendencia, y su amistad personal con el igualmente esquivo editor de <em>The New Yorker </em>William Shawn («protector de los no prolíficos», cita <em>The New York Times</em> en el obituario del escritor) le hicieron establecerse en la revista y publicar en ella casi toda su producción, trabajando en la ficticia familia Glass desde el primer relato hasta el último, abandonándola en contadas ocasiones (una de ellas, <em>El guardián entre el centeno, </em>justamente).</p>
<p>Esto nos conduce al otro gran rasgo de su escritura: ¿Qué pasa en las historias? Nada. Sí, puede morirse este, puede nacer aquel, pueden mudarse; pero lo importante no es el qué, sino el cómo (esto no es nuevo) y el dónde y el quién (esto sí). El trabajo de Salinger sobre el lenguaje y sobre la caracterización de los personajes son lo que deja ese regusto único al leerle: crea a alguien tangible, verosímil hasta sentárnoslo al lado y luego le insufla ficción hasta bordear el precipicio del ridículo o de la alucinación: John Updike, por ejemplo, admirador en su día, se apeó del «salinguerismo» por <em>Franny</em> y <em>Zooey</em>, dos de sus últimos relatos, por considerarlos excesivos.</p>
<p>Curiosamente, en nuestro país muchos le consideran un autor sobrevalorado, pero esto no se debe más que a la traducción de <em>El guardián entre el centeno</em> de la que «gozamos»: por ejemplo, Holden Caulfield pasa todo el libro administrando el adjetivo «<em>phony</em>» a discreción. En español no sólo nos quedamos sin una traducción, sino que no se repite en toda la novela. ¿Sacrificio necesario? Mejor apuntarse a una academia de inglés, por si acaso.</p>
<p>Salinger deja tras de sí un legado literario que va atravesando (y atravesará), con las décadas, los niveles de lectura clásicos para instalarse en esa balda de la estantería a la que acudimos en busca del grato recuerdo de un libro pasado y disfrutado, de un relato rápido y directo, de una forma de escribir distinta y fresca. Descanse, Salinger. Si le dejan.<em></em></p>
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		<title>Episodio 4: John Fante + Describiendo comida</title>
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		<pubDate>Sat, 16 Jan 2010 22:35:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Escuchar]]></category>
		<category><![CDATA[Ficción]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura anglosajona]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura norteamericana]]></category>
		<category><![CDATA[Siglo XX]]></category>

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		<description><![CDATA[Uno de los mejores autores estadounidenses del siglo XX acompañado por algo para picar.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Un episodio sobre el excelente John Fante y sobre cómo describir comida por culpa de Robertson Davies. Poco a poco, vamos sonando mejor&#8230;</p>
<p>[podcast]http://www.alejandrocarantonna.es/wordpress/wp-content/uploads/Episodio4.mp3[/podcast]</p>
]]></content:encoded>
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		</item>
		<item>
		<title>De vez en cuando</title>
		<link>http://www.alejandrocarantonna.es/2010/01/15/de-vez-en-cuando/</link>
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		<pubDate>Fri, 15 Jan 2010 14:18:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Bad Religion]]></category>
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		<category><![CDATA[Kasabian]]></category>
		<category><![CDATA[Moderneo]]></category>
		<category><![CDATA[Música]]></category>
		<category><![CDATA[Punk-Rock]]></category>
		<category><![CDATA[Siglo XX]]></category>
		<category><![CDATA[Siglo XXI]]></category>

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		<description><![CDATA[Por qué de vez en cuando hay que escarbar en los archivos.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>De vez en cuando, se cruzan discos, libros o películas que llevábamos años sin escuchar, o que incluso dormían semi inexplorados en algún lugar: eso, exactament,e acaba de ocurrirme con un estilo que se quedó en las profundidades de los bares hace tiempo.</p>
<p>La historia es la siguiente: últimamente ando buscando nuevos grupos, algo que escuchar que actualice el iPod y me permita apartar temporalmente los discos que más escucho o, al menos, ampliar la nómina de imprescindibles en ese pequeño compañero musical.</p>
<p>En un barrido por lo último de lo último, le di un buen puñado de oportunidades a Kasabian:</p>
<p><object classid="clsid:d27cdb6e-ae6d-11cf-96b8-444553540000" width="480" height="295" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0"><param name="allowFullScreen" value="true" /><param name="allowscriptaccess" value="always" /><param name="src" value="http://www.youtube.com/v/jVDfIxUjDeQ&amp;hl=es_ES&amp;fs=1&amp;" /><param name="allowfullscreen" value="true" /><embed type="application/x-shockwave-flash" width="480" height="295" src="http://www.youtube.com/v/jVDfIxUjDeQ&amp;hl=es_ES&amp;fs=1&amp;" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true"></embed></object></p>
<p>Vale, sí, está muy bien, pero psché. Sólo me salía eso, psché: un single molón, una melodía pegadiza y un desarrollo infinito sobre todo tipo de recursos enchufables, sintéticos, desenchufables y, en general, artificiales. A la quinta escucha, preferí volver a algo que sonara a música, a fuerza, algo que, al menos, me sugiriera la potencia del músico tras las notas, y no el simple tacto de unas teclas, de un control, de un botón.</p>
<p>De pronto, aterrizó por un flanco inesperado (como siempre ocurre con los <em>revivals</em>) el mítico punk-rock californiano que pegó el patadón en los 90, pero que ya llevaba suficiente tiempo de cocción. Grupos buenos, malos, regulares&#8230; Al final, opté por profundizar levemente en Bad Religion, grupo cuya fama máxima me pilló demasiado, ejem, joven, y cuyos discos me habían pasado al lado sin llegar a tocarme. Hasta ahora.</p>
<p><object classid="clsid:d27cdb6e-ae6d-11cf-96b8-444553540000" width="480" height="385" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0"><param name="allowFullScreen" value="true" /><param name="allowscriptaccess" value="always" /><param name="src" value="http://www.youtube.com/v/6OHMHVKpl9w&amp;hl=es_ES&amp;fs=1&amp;" /><param name="allowfullscreen" value="true" /><embed type="application/x-shockwave-flash" width="480" height="385" src="http://www.youtube.com/v/6OHMHVKpl9w&amp;hl=es_ES&amp;fs=1&amp;" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true"></embed></object></p>
<p>Puede que sea pretencioso afirmarlo, pero creo que ambas canciones, incluso que ambos grupos, tienen mucho en común: nada en lo musical (aunque bien escuchado&#8230;), nada en las letras, nada en la actitud, nada, pero no puedo evitar tener la sensación, escuchando una canción tras otra, de que esta especie de moderneo de nuestro siglo no es más que la versión descafeinada, plastificada y envasada de lo que en su día fue el punk-rock: ambas se pretenden músicas directas e impactantes, ambas venden personalidad y fuerza frente a fragilidades sentimentalonas, ambas quieren entretener, ambas quieren resultar expresivas&#8230; La diferencia, amigos, es que Bad Religion huele a mala leche; tras ese bajo hay un tipo haciendo fuerza con la púa bien agarrada; tras la batería hay urgencia; tras las guitarras, saltos: hay mucho de impostura, pero aunque el aroma sea intencionado, es.</p>
<p>Hoy lo vemos con una sonrisa en la cara y nos damos cuenta de lo caricaturesco de los <em>nerds</em> de la generación de tus hermanos mayores, llenos de granos, metiénose en pogos, pero tras toda esa &#8220;actitud&#8221; quedan musicazos, una gran banda y no puedo sino sospechar que, tras Kasabian (igual que ha ocurrido con el 95% de grupos nacidos de los 2000) sólo quedarán camisas planchadas y melenas impecables.</p>
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		<title>Dreams from Bunker Hill</title>
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		<pubDate>Sun, 10 Jan 2010 14:38:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La novela final de Arturo Bandini.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><a href="http://www.alejandrocarantonna.es/wordpress/wp-content/uploads/n227186.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-928" title="dreamsfrombunkerhill" src="http://www.alejandrocarantonna.es/wordpress/wp-content/uploads/n227186.jpg" alt="dreamsfrombunkerhill" width="305" height="475" /></a>Dreams from Bunker Hill</em></p>
<p>John Fante</p>
<p>New York, Ecco (HarperCollins)</p>
<p>1982 (edición de 2002)</p>
<p>He aquí la novela final, definitiva, de Arturo Bandini: efectivamente, antes de abalanzarme sobre la chicha del libro, debo confesar que si lo compré antes que otros de Fante fue porque esta novela es la última que escribió, tras quedarse ciego a causa de una diabetes, dictándosela a su mujer.</p>
<p>Hasta aquí, la carnaza. Ahora vamos a lo que importa.</p>
<p>Hace no demasiado leí <a href="http://www.alejandrocarantonna.es/wordpress/?p=714"><em>Wait until spring, Bandini</em></a>, a la cual separan de esta más de 40 años, una guerra mundial y dos o tres cambios en la vida del autor, imagino. Se nota, se nota la evolución pero el sustrato Fante sigue donde estaba y sorprende observar que, con todo, el autor no deja de ser reconocible: desarrollaré esto en el Podcast de este mes.</p>
<p>Vuelvo al libro: uno de los detalles más escalofriantes es la imperturbable capacidad de Fante para crear imágenes; no quiero reventar la obra, pero su tratamiento de la luz (¡pasa de ella y sin embargo está ahí!), de los volúmenes, resulta prácticamente conceptual. Evita recargar las descripciones de detalles barrocos (embellecedores pero superfluos), y se limita a colocar en un escenario, con dos palabras, los elementos necesarios.</p>
<p>Así es como el propio lector construye su mundo, sin más guía que la esquelética; lo mismo sucede con Bandini o con el resto de personajes. Su caracterización no se basa en una metódica descripción de sus rasgos psíquicos o físicos, sino en sus interacciones: si no realizan determinada acción, nos resulta complicado suponer cómo reaccionarían, qué pensarían, qué sentirían.</p>
<p>Este es el motor del libro, un descubrimiento constante de personajes, escenas y frases que nos hacen sentir cómodos viviendo la vida a través de Bandini y vivir su exploración, pero al mismo tiempo con la sensación de que la historia tiene un final: un final que no pasa necesariamente por un viaje, por un reencuentro, por un desenlace, sino porque Bandini, por fin, llegue a donde tenía que llegar.</p>
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		<title>Factótum</title>
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		<pubDate>Mon, 04 Jan 2010 19:37:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
				<category><![CDATA[Bah]]></category>
		<category><![CDATA[Bukowski]]></category>
		<category><![CDATA[Imprescindibles]]></category>
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		<category><![CDATA[Literatura anglosajona]]></category>
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		<category><![CDATA[Siglo XX]]></category>

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		<description><![CDATA[Una de las más directas, sucias, irreverentes y mejores novelas de Bukowski.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><a href="http://www.alejandrocarantonna.es/wordpress/wp-content/uploads/factotum.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-902" title="portada-factotum" src="http://www.alejandrocarantonna.es/wordpress/wp-content/uploads/factotum.jpg" alt="portada-factotum" width="261" height="385" /></a>Factótum</em></p>
<p>Charles Bukowski</p>
<p>Nueva York: Ecco (HarperCollins)</p>
<p>1975 (edición de 2002)</p>
<p>Estamos ante una de las novelas más impactantes de Bukowski, sin duda. 87 capítulos, 87 trozos de experimento literario de los que nos gustan: el autor empieza a narrar en tono desaliñado y directo un relato rutinario, cotidiano. Así, nos va seduciendo con su manejo de las formas, utilizando una estructura de velocidad trabada, para encajar sus florituras, cuando, sin darnos cuenta, terminamos el libro y nos plantamos en el apoteósico final: sí, todo estaba pensado. Ja, ja.</p>
<p>Es decir, la obra apenas sobrepasa unas cómodas 200 páginas, y los capítulos no ocupan más que un par de ellas; no obstante, nos sumimos en el mismo mundo, frenético pero anquilosado, de Chinaski, incluso con la sensación alucinada de que no ha ocurrido nada en los tres últimos capítulos cuando, en realidad, han pasado tantas cosas que nos cuesta procesarlas.</p>
<p>Chinaski no llega a caernos bien. Ni siquiera podemos simpatizar con él, entender lo que le pasa porque no tiene ningún interés en que lo hagamos: esta es otra de las claves de un narrador en primera persona perfectamente creíble. Ni es persuasivo, ni es sensiblero, sino cualquier tipo contando su historia sin miedo a ser juzgado.</p>
<p>Para terminar de aderezar el plato (y quizás aquí me esté colando), noto un regusto a Steinbeck espolvoreado con mimo por encima de todo el libro: un guiño (casi una parodia) a la carretera californiana polvorienta, a la ciudad desolada pero hiperpoblada de personajes que desfilan sin ninguna relevancia, al trabajador sacrificado y al contexto de un país en crisis. Pero, claro, con la irreverencia de Bukowski taponando dramatismos exagerados, y arrancando cuando procede (y cuando no: gracias por eso) una sonrisa al lector.</p>
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		<title>Ángeles rebeldes</title>
		<link>http://www.alejandrocarantonna.es/2009/12/27/angeles-rebeldes/</link>
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		<pubDate>Sun, 27 Dec 2009 16:14:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
				<category><![CDATA[Bah]]></category>
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		<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura anglosajona]]></category>
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		<category><![CDATA[Robertson Davies]]></category>
		<category><![CDATA[Siglo XX]]></category>
		<category><![CDATA[Traducciones]]></category>

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		<description><![CDATA[Por fin leo la primera parte de la trilogía de Cornish. Tras semejante manjar, habrá que acudir a la de Deptford, o algo.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.alejandrocarantonna.es/wordpress/wp-content/uploads/52.jpg"><img class="size-full wp-image-877 alignleft" title="angelesrebeldes" src="http://www.alejandrocarantonna.es/wordpress/wp-content/uploads/52.jpg" alt="angelesrebeldes" width="287" height="448" /></a> <em>Angeles rebeldes</em></p>
<p>Robertson Davies</p>
<p>Traducción de Concha Cardeñoso</p>
<p>Barcelona, Libros del Asteroide</p>
<p>2008 (original de 1981)</p>
<p>Por fin asisto a la primera parte de la trilogía de Cornish, igual de fascinado que a las otras dos pero, no obstante, muy sorprendido.</p>
<p>Sorprendido porque el tono, la estructura y la narración nada tienen que ver con los otros dos libros, sino que resultan completa y absolutamente independientes (que no incoherentes): por eso a lo largo de esta lectura no he dejado de preguntarme qué hacía de la trilogía de Cornish eso, una trilogía, más allá de que los personajes se llamen igual. Pero a esto habrá que dedicarle otra entrada.</p>
<p>El libro en sí juega a la perfección con las voces de los personajes, sirviéndose de ellos y de unos diálogos de ritmo pausado pero firme para construir escenas tremendamente ricas en detalles y cubiertas, además, con ese tufillo académico-erudito en el que Davies nos quiere sumir.</p>
<p>Lo mismo sucede con el resto de &#8220;ambientes&#8221; de la novela: el gitano, el estudiantil, el estudioso, el amoroso, el pervertido, el privado&#8230; Todos ellos se configuran definiendo el espacio y la acción con precisión milimétrica, utilizando además anécdotas y pequeñas historias dentro de la historia para mantener el interés del lector.</p>
<p>La traducción desempeña, una vez más, un papel fundamental en el desarrollo del libro: la escritura de Davies es, más que nunca, la herramienta sobre la que se sostiene todo, ya que logra poner a sus personajes a teorizar sobre la ciencia del <em>bomarí</em>, o sobre Rabelais, estableciendo un discurso divulgativo a la vez que pedante hasta lo levemente grimoso; es decir, proporcionar la información ironizando, a la vez, con sus personajes y sin resultar obvio.</p>
<p>Transportar eso al español, igual que la agilidad de una sintaxis ferozmente divertida cuando toca, son los retos a los que se enfrenta una edición de esta clase, que puede resultar, sólo por este factor, absolutamente infumable. Pero, por suerte, no es ni de lejos así.</p>
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		<title>Episodio 3: Charles Bukowski y poema (de las nubes)</title>
		<link>http://www.alejandrocarantonna.es/2009/12/15/episodio-3-charles-bukowski-y-poema-de-las-nubes/</link>
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		<pubDate>Mon, 14 Dec 2009 22:55:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
				<category><![CDATA[Podcast]]></category>
		<category><![CDATA[Bukowski]]></category>
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		<category><![CDATA[Siglo XX]]></category>

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		<description><![CDATA[Vuelvo a la carga con el podcast cuando más de uno me daba por desaparecido. A pesar de todo, cumplo la promesa y hablo de Bukowski, además de leer una especie de poema escrito rápidamente el otro día. Una vez más, un gustazo hablaros. [podcast]http://alejandrocarantonna.es/wordpress/wp-content/uploads/Episodio3.mp3[/podcast]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Vuelvo a la carga con el podcast cuando más de uno me daba por desaparecido. A pesar de todo, cumplo la promesa y hablo de Bukowski, además de leer una especie de poema escrito rápidamente el otro día. Una vez más, un gustazo hablaros.</p>
<p>[podcast]http://alejandrocarantonna.es/wordpress/wp-content/uploads/Episodio3.mp3[/podcast]</p>
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		<title>Wait until spring, Bandini</title>
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		<pubDate>Wed, 02 Dec 2009 12:33:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
				<category><![CDATA[Bah]]></category>
		<category><![CDATA[Imprescindibles]]></category>
		<category><![CDATA[John Fante]]></category>
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		<category><![CDATA[Literatura anglosajona]]></category>
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		<category><![CDATA[Siglo XX]]></category>

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		<description><![CDATA[Una gran primera novela: empieza siendo prometedora, termina siendo (casi) redonda.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><a href="http://www.alejandrocarantonna.es/wordpress/wp-content/uploads/6a00d4141a65c9685e010980bab999000b-500pi.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-715" title="6a00d4141a65c9685e010980bab999000b-500pi" src="http://www.alejandrocarantonna.es/wordpress/wp-content/uploads/6a00d4141a65c9685e010980bab999000b-500pi.jpg" alt="6a00d4141a65c9685e010980bab999000b-500pi" width="311" height="475" /></a>Wait until spring, Bandini</em></p>
<p>John Fante</p>
<p>New York, Ecco (HarperCollins)</p>
<p>2002 (original de 1938)</p>
<p>Las primeras novelas de los autores que más me gustan son, sin lugar a dudas, un bocado interesantísimo: es como ver una película cuya secuela y versión ya conoces; casi como si te supieras el final de antemano y, además, contaras con que lo que tienes delante no es necesariamente de la mejor calidad.</p>
<p>Hay muchos autores que demuestran un talento en bruto gigantesco en sus primeras obras, pero al que le falta pulirse y afinarse: pienso, por ejemplo, en <em>Less than zero</em>, el debut de Bret Easton Ellis.</p>
<p>Esa es la impresión que da <em>Wait until spring, Bandini</em> al empezar: un libro autobiográfico escrito con cierta gracia al que le cuesta arrancar al principio, con algunas pinceladas líricas llamativas y geniales y una estructura bastante sólida.</p>
<p>Pero esto se va sublimando a la historia, los hechos, las imágenes, los aromas que en un principio parecían ornamentales, pero que poco a poco van marcando el ritmo de la narración hasta apoderarse de ella y convertir el libro, pues, es una suerte de narrativa poética absolutamente fresca.</p>
<p>El resultado es, en definitiva, algo anguloso para ser una obra maestra pero deliciosamente prometedor tratándose de una primera novela, que se iría redondeando en <a href="http://www.alejandrocarantonna.es/wordpress/?p=386"><em>Ask the dust</em> </a>y que no sé dónde recalaría a posteriori, pero ardo en deseos de averiguarlo. Gran descubrimiento, este Fante.</p>
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