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The Rules of Attraction

The Rules of Attraction

Bret Easton Ellis

Londres: Picador, 2006 (original de 1987)

327 páginas

Easton Ellis es y ha sido uno de mis autores favoritos. Por la frescura de su manera de narrar; por su capacidad para generar sensaciones antes que discursos convencionales; porque no ha escrito dos novelas iguales aunque se ha concentrado en un estilo concreto con un lenguaje particular.

The Rules of Attraction no es menos que eso: van pasando los minúsculos testimonios y, como migas repartidas por un enorme escenario, el lector va formándose una imagen completa de lo que está sucediendo. Todo ello sin dejar de jugar con una gran cantidad de voces (tres centrales, varias periféricas).

No obstante, es quizás la novela menos brillante de Bret Easton Ellis. Ya veía en Glamorama, el año pasado, la mano del que empezaba a convertirse en un auténtico maestro; y si bien The Rules of Attraction tiene once años más, lo cierto es que supone un libro de transición, una especie de paso entre el adolescente bruto de Less than Zero y el impecable escritor de imprescindibles instantáneos como Lunar Park. Seguir leyendo

Obabakoak

Obabakoak

Bernardo Atxaga

Barcelona: Ediciones B (Ficcionario)

1997

379 páginas

Considerar que este libro es una novela es, cuanto menos, una osadía. Es lo que yo de pequeño, cuando aún no sabía lo que era leer un libro sin dibujos, me fascinaba: una trama inexplicable a un tierno infante, un mundo que sólo provocaba mutismo entre los adultos que me rodeaban y que habían saboreado esta obra.

Obabakoak es, pues, un volumen repleto de hallazgos: el primero es la estructura. El planteamiento de un entorno rural y norteño es sencillamente brillante, para luego lanzarse a una espiral de metaliteratura que ni de lejos es tal. Distante de convertirse en un conato de Vila-Matas circular, abstruso y bobo, Atxaga implica al lector en su juego, exponiendo con claridad los rasgos característicos de cada relato «citado»: de esta forma, no despierta únicamente nuestra sensibilidad literaria; también la analítica. Seguir leyendo

Historias de la Alcarama

Historias de la Alcarama

Abel Hernández

Madrid: Gadir, 2008

240 páginas

Hay libros necesarios, como esos pequeños volúmenes que quizás pasan desapercibidos hoy, mañana, y pasado y que, de pronto, un alma inquieta por cómo era la vida en otro tiempo recupera. Es el encanto de España, de Europa incluso: que un habitante curioso de estas tierras decide escarbar en su pasado, en el de su lugar de origen y plasmarlo en un libro.

La relevancia del resultado es, ante todo, propia y personal, una especie de esfuerzo, como escribe Hernández en este libro dirigido a su hija Sara, por mantener la herencia que va pasando de generación en generación: puede parecer algo atávico que esta tradición tenga espacio en nuestras librerías y bibliotecas, pero es, ante todo, relevante.

Porque la voz de este periodista político carece del engolamiento de esos «viajes espirituales» con los que más de uno se ha cargado una crónica humilde y sincera de sus orígenes; es más, carecía de las ganas de escribirlo hasta que sus hijos le empujaron a hacerlo: de esta forma, Abel Hernández recoge cuarenta capítulos –cortos, muy cortos– historias de aquí y de allá, insertadas e hiladas en una estructura sólida, para ofrecer una descripción de doscientas y pico páginas de otro lugar, y de otro tiempo.

Es decir, este libro no sirve para revolucionar la literatura, ni para copar las listas de ventas, ni para marcar un antes y un después en la vida del lector; este libro sirve –como el pueblo que tan bien dibuja– para refugiarse y buscar silencio en mitad de los bulevares madrileños, por ejemplo.

También es, sin querer, una forma de dotar a quien quiera explorar el mundo rural sentimental o artísticamente: es un buen lienzo sobre el que empezar a pintar más cosas.

Esta es la gran muestra de honestidad que convierte un ejercicio que fácilmente podría pecar de pesado –repito: una descripción de doscientas y pico páginas– en un volumen entrañable y necesario: por una vez, aquello de «acompañar al autor en su camino» que tan bien queda en las traseras de los libros es enteramente cierto; y el trayecto es, encima, de lo más agradable.

Any Human Heart

Any Human Heart

William Boyd

Londres: Penguin Books, 2002

504 pp.

Reseña publicada originalmente en Culturamas.

Cada vez que se acerca un examen, es esencial que el estudiante recuerde una premisa fundamental: si no puedes convencerlos, atrónalos. Es decir, si no eres capaz de componer un desarrollo lógico en la prueba porque careces de datos o de la capacidad de enlazarlos, échales los que tengas a la cara y huye en la confusión.

Eso es lo que, más o menos, ocurre con William Boyd en esta novela, que no es novela: Seguir leyendo

Un libro «de mayores»

Siendo yo niño, niño, vi a alguien con un grueso libro, de esos que tienen «sólo texto, sin dibujos» y cuyo argumento es además difícil de explicar (una novela «de mayores») y quise leer algo parecido: las aventuras de Guillermo eran de lo más divertido, pero sentía la necesidad de tener entre las manos un volumen con la fotografía de un señor circunspecto en la cubierta. Me parecía lo más: eran montañas literarias de una densidad insoportable para mí, y admiraba a aquellos adultos que podían con ellas sin pestañear y encima las disfrutaban, mientras que yo daba cabezadas al tercer capítulo. El reto se tornó factible cuando en clase nos mandaron leer ‘El camino’: bullía solo, leí una página, dos, tres, ¡un momento! ¿Qué significa «membrudo»? Corrí al diccionario, lo averigüé y seguí.

No ocurren grandes cosas en la escritura de Delibes, no abunda el movimiento, pero al mismo tiempo las constantes descripciones no se están quietas: la apertura de ‘Las ratas’ contiene una violencia visceral durísima dentro de su anodina rutina. Mientras que nos transporta adonde quiere, tachona el texto con palabras desconocidas y acota, así, un espacio único, unos libros aleccionadores sin ser cargantes, que los currículos educativos nos enseñan a mirar con la reverencia del comentario de texto: «este», parecen decir, «es un gran libro». Pocas veces llegamos a creérnoslo del todo, pero de vez cuando salta esa chispa oculta al darle una segunda lectura en la intimidad, sin la presión de un examen, por puro placer: Delibes juega en esa liga.

Es de los pocos autores a los que se puede no coger manía después de que a uno se lo embuchen de pequeño, a destiempo: los cuadros que nos pinta rebosan una humanidad y una belleza que impactan entonces y que, años después, cuando ya estamos en condiciones de entender algo, sobrecogen en lo más hondo.

Tras de él quedan lecturas de todos los niveles, formas y sabores, en una producción tan extensa en el tiempo que se ha ido engarzando, poco a poco, con la vida de varias generaciones de españoles, siendo su Castilla un ingrediente fundamental de nuestro paisaje literario. Ahora, callado irremediablemente, ha llegado el momento de auparle a la categoría de «clásico». Sólo espero que, además de lograrlo, no deje de ser suyo el primer libro «de mayores» de muchos lectores más.