RSS Feed

Entradas que hablan sobre «Siglo XX»

  1. Helena o el mar del verano

    Lo escribí el Martes 15 de febrero de 2011

    Helena o el mar del verano

    Julián Ayesta

    Acantilado: Barcelona, 2000 (ed. original de 1952)

    87 páginas

    ¿Quién es Julián Ayesta y qué hacía en 1952 escribiendo cosas como «Conocía a todas las personas que habían muerto de una manera rara. Cientos y miles de Señoresdegijón y Señorasdegijón que habían sido degollados por ascensores o habían muerto electrocutados por tocar el timbre desde el baño o habían muerto de una pulmonía por no querer ponerse el jersey después de jugar al fútbol»?

    Sin duda, la simple vocación poética del texto (en el sentido clásico del término), su amor por el entorno y que ese entorno sea Gijón ya son motivos suficientes para pasar una tarde agradable. Un rato con Helena y con ese protagonista que transpira autobiografía: podemos ir pasando por el verano, el invierno y luego otra vez el verano en apenas un par de horas.

    Ni siquiera la trama o el desarrollo son importantes. Se van quedando pegadas las descripciones, que se acumulan hasta conformar un cuadro completo de los sentimientos. Es más, da la sensación de que lo redonda que es Helena o el mar del verano se debe, en gran medida, a que Ayesta ha hecho en la novela esa especie de incursión que el artista realiza en el cine adoptando un papel que se le parece mucho: el que se interpreta a sí mismo por una vez, pero con un tiempo de reflexión (emotiva, sobre todo) detrás tan grande que por fin saca todo lo que lleva años guardando.

    Todo lo mejor: aquí conviven esas escenas que Marsé terminaría de pulir unos años más tarde, convive también la existencia religiosa tan aburrida para un chaval, y sobre todo se integra a la perfección el descubrimiento de la poesía, de la literatura, entrelazando fascinación con ensoñación propia. Sí, como si el pequeño Julián tuviera un futuro prometedor del que nunca más se supo.

    Porque el regusto amargo final que Asturias tiene, el mismo que hace aflorar la mueca de incomodidad a veces pero en el que reside la gracia de la tierrina, se refleja en el relato como un nubarrón emocional que nunca se explicita pero que está ahí, empujando a todos y a cada uno de los habitantes de ese mundo a buscar su sitio: desde tener una familia convenientemente estructurada (y qué, queremos hacer guerras de almohadas) hasta hallar el propio sitio en el mundo. Sí, la cuestión es encontrarlo.


  2. Hiroshima

    Lo escribí el Lunes 27 de diciembre de 2010

    Hiroshima

    John Hersey

    Londres: Penguin, 1985 (2009)

    243 pp.

    El 31 de agosto de 1946 los lectores de The New Yorker se llevaron una sorpresa. Desde la primera página, tras la agenda de ocio habitual, hasta el final, todo el número de esa semana era este reportaje de John Hersey. Si estáis suscritos, podéis leerlo escaneado aquí.

    ¿En qué consiste Hiroshima? ¿Cómo abordar el asunto? Personalizándolo: es el más difícil todavía, agarrar a seis supervivientes del bombardeo de aquel 6 de agosto de 1945 y contar sus historias con precisión, mostrando el horror contenido en todas y cada una de las imágenes, pero sin dejarse seducir por el evidente sentimentalismo posible.

    Como escribe sobre uno de los personajes hacia el final del libro:

    The bombing almost seemed a natural disaster – one that it had simply been her bad luck, her fate (which must be accepted) to suffer.

    Es decir:

    El bombardeo casi parecía un desastre natural, que había sido su mala suerte, o su destino –que ha de ser aceptado– lo que le había tocado sufrir.

    Así, sin plantearse estrategias políticas o tácticas militares, Hersey acota el relato a lo que le concierne, a lo que les ha sucedido a estas seis personas. Y lo que les ha ocurrido sin ornamentos, sencillamente como es, para que cada lector pueda conocer con curiosidad casi científica qué supone que caiga una bomba nuclear. A partir de ahí, uno puede organizar las ideas en su cabeza, ya puede construir una opinión. Pero solo entonces, no antes.

    El equilibrio y la mesura que Hersey alcanza en este libro se han repetido muy pocas veces desde entonces, incluso considerando Hiroshima no ya como reportaje si no como novela: imaginemos que Little Boy nunca hubiera caído, que no supiéramos qué es Japón. En esas circunstancias, no dejaríamos de encontrarnos ante una obra excepcional. Porque es su tono desapasionado lo que desgarra, porque es el detalle lo que sobrecoge. Esto es Hiroshima, 8 y cuarto de la mañana del 6 de agosto de 1945.


  3. Sobre el Goncourt

    Lo escribí el Sábado 20 de noviembre de 2010

    Sólo podía ser él. El único hombre que se las apaña para salir en la portada de todas sus novelas fumando, tenía que ganar el premio Goncourt. Pero ¿qué ha hecho Michel Houellebecq por las letras? Varias cosas. Lo que aún nos preguntamos es si son buenas.

    Me acerqué a él por primera vez con Les particules élémentaires, un libro desasosegante, raro, y bastante explícito, no nos engañemos, cuya portada le tenía –claro– a él como protagonista, con una bolsa de plástico y blandiendo un cigarrillo. No sé, en una primera lectura podría llegar a parecer que nos encontrábamos ante una especie de Medem (uf) o de Bigas Luna (uf, uf) literario (uf, uf, uf) francés (recontra uf).

    Pero con el tiempo, abandonando un interés casi marrano por la reproducción; dejando de lado su amistad con Fernando Arrabal y la consiguiente tendencia hacia el mileniarismo chusco; obviando que se trate de uno de esos autores que despiertan frases en Wikipedia del tipo «el ‘fenómeno Houellebecq’, que provocó numerosos y apasionados debates»; e incluso olvidando el barniz científico que da un presunto giro inusitado a todas sus tramas, empecé a sentir, como tantos otros, que efectivamente se trata de uno de los mejores escritores que ha dado la madre Francia.

    Le perdí levemente la pista cuando empezó a ser más importante su faceta de carnaza mediática que de escritor (algo) preocupado por lo que producía; cuando empezó a ser, en fin, objeto de sesudos seminarios de estudio (!). Cuando lo que había entre sus fotos fumando y la contra de sus libros, dejó de importar.

    Ahora, que ha salido su nuevo libro, lo único de lo que se ha hablado ha sido de supuestos plagios de Wikipedia, para ese barniz científico que tan poco me interesó en su día. Eso sí, ahora, Houellebecq tiene un Goncourt. Y un lector menos, creo.


  4. Últimas tardes con Teresa

    Lo escribí el Martes 12 de octubre de 2010

    Ultimas tardes con Teresa

    Juan Marsé

    Barcelona: DeBols!llo, 2009 (original de 1966)

    470 pp.

    Probablemente, el libro más conocido de Juan Marsé. Y digo «libro» no por azar, sino porque no se trata de una novela al uso. Especialmente, por su carácter de ensayo, en cierto modo: leyendo algún Marsé posterior se puede observar cómo la historia del entrañable Pijoaparte y lo que la rodea no son tan importantes como el camino literario que el autor empieza a trazar.

    No sé muy bien cómo, pero el relato ensimisma cuando tiene que ensimismar –los alucinados párrafos corridos, tan ambiciosos– y precisa cuando tiene que precisar: por algún motivo, el lector tiene la sensación permanente de que las escenas culminantes, a las que Marsé se refiere en el prólogo a esta edición, son efectivamente el pilar sobre el que se sustenta toda la obra. Los colores, los olores, los paisajes, los movimientos –metáforas aparte– cobran una vida que sólo es posible con una escritura acelerada y concentrada.

    Se nota la falta de edición en algunos pasajes, aunque no molesta; se nota, también, lo cercano y conocido que es todo el universo plasmado para el narrador; pero lo que no se nota hasta haber pasado la última página es la construcción del héroe. Cualquiera podría ser Pijoaparte, cualquiera entiende al joven Manolo Reyes y a las muchachas y personajes que van desfilando por su vida. Es lo suficientemente complejo y elaborado como para que una descripción proletaria y baratera –que, viendo la época, sería lo oportuno– quede excluida del horizonte desde el primer momento.

    Mandan todas sus facetas, entre las cuales podemos elegir; manda el razonamiento maduro y meditado de las emociones que le conducen al siguiente paso.

    Manda, en definitiva, la sinceridad: literaria, intelectual, y artística. Y, qué narices, que es una novela incomparable.


  5. The Rules of Attraction

    Lo escribí el Lunes 6 de septiembre de 2010

    The Rules of Attraction

    Bret Easton Ellis

    Londres: Picador, 2006 (original de 1987)

    327 páginas

    Easton Ellis es y ha sido uno de mis autores favoritos. Por la frescura de su manera de narrar; por su capacidad para generar sensaciones antes que discursos convencionales; porque no ha escrito dos novelas iguales aunque se ha concentrado en un estilo concreto con un lenguaje particular.

    The Rules of Attraction no es menos que eso: van pasando los minúsculos testimonios y, como migas repartidas por un enorme escenario, el lector va formándose una imagen completa de lo que está sucediendo. Todo ello sin dejar de jugar con una gran cantidad de voces (tres centrales, varias periféricas).

    No obstante, es quizás la novela menos brillante de Bret Easton Ellis. Ya veía en Glamorama, el año pasado, la mano del que empezaba a convertirse en un auténtico maestro; y si bien The Rules of Attraction tiene once años más, lo cierto es que supone un libro de transición, una especie de paso entre el adolescente bruto de Less than Zero y el impecable escritor de imprescindibles instantáneos como Lunar Park. (más…)