Ya es prácticamente oficial. Álvarez-Cascos ya se ocupó, ayer, de dar una rueda de prensa críptica de esas de las que tan bien le salen. Eso sí, por primera vez soltó al Cascos que todos estábamos esperando a ver, el que se quejaba soterradamente de que el PP no le hubiera elegido a él, el que está dispuesto a pegarle el empujón definitivo al «nuevo proyecto». Porque, a fin de cuentas, si lleva meses repitiendo que solo responderá a los designios de los asturianos, ¿percibe o no percibe ese clamor popular?
Efectivamente, en el episodio de hoy empiezan los movimientos dentro y fuera de las formaciones políticas, los contactos con CDS y, en general, algunas migajas del opaco proceso de formación de una lista.
Pero no adelantemos acontecimientos, mantengámonos cerca del nudo central, que es la comparecencia del ex-ministro de ayer, acordeón de quejas formales incluido. Anoche, después de que Cascos leyera su calculada intervención e hiciera lo único que tenía que hacer (eh, militantes, seguidme) el PP asturiano, en un arranque totalmente incomprensible, emitió un comunicado con seis puntos de redacción atropellada y contenido, no sé cómo llamarlo, ¿beodo? Helo aquí, en Twitter.
En el PSOE están a verlas venir, dado que esta situación es, para ellos, como si los dos tipos que pretendían robarte a la novia acabasen por pegarse entre ellos; eso sí, que nadie se confíe porque, visto lo visto, puede ocurrir cualquier cosa: a alguno de esos dos brutos se le puede escapar el puño y amoratarte el ojo.
Esta es una de esas ocasiones en las que, en política, los acontecimientos se desarrollan a más velocidad de la que puede captar el ojo humano. No obstante, aún nos quedan unos días para responder a cuestiones cruciales: ¿dónde está Arias-Cachero, aka Felechosa? ¿Dará el salto alguien de ámbito nacional? Y, sobre todo, ¿desde cuándo se viene cocinando esto?
En cualquier caso la carne ya está, por descontado, en el asador: cuando Cascos haya acabado con el PP, irá a por los socialistas; cuando Rajoy haya logrado darse cuenta de lo que acaba de pasar, irá a por Cascos; cuando el PSOE nacional quiera reaccionar, dejará de apuntar con electoralismo a las fracturas del PP para fijarse en la que se puede liar en Asturias; y cuando el PSOE asturiano reaccione empezará, por fin, una campaña. ¿Y Pérez-Espinosa, y Ovidio, y Gabino? Ahora tendrán que demostrar qué talla política usan: puede que ellos no tengan la culpa de nada, puede que ellos no sean quienes tienen que arreglar el desaguisado de la fractura interna, pero explícale eso a Génova.
Ahora sí, empieza la carrera.
