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Entradas que hablan sobre «Política»

  1. Domingos electorales V: Ahí viene el lobo

    Lo escribí el Domingo 31 de julio de 2011

    No es que se le intuya, es que ya está aquí. Domingo 20 de noviembre, elecciones generales y los anuarios de los periódicos ya a punto de reventar, cuando apenas llevamos ni la mitad de 2011.

    Ya han saltado las liebres y los partidos, opinatodos y periodistas han echado a correr a sus trincheras, ya se están armando y cocinando los distintos sustos que, a buen seguro, nos irán dando en los próximos meses: todo fluye sin sorpresas, como estaba previsto, pero vertiginosamente rápido.

    Huelga analizar el adelanto electoral: lo interesante ha sido asistir a la carrera, como digo, hacia las respectivas trincheras. Rubalcaba ha empezado dando el puñetazo en la mesa, diciendo que aquí manda él pero allí, en La Moncloa, no demasiado. Es decir, desmarcándose del presente económico, anotándose el pasado antiterrorista inmediato y apelando a la sinceridad, a la honestidad férrea e incluso tosca que el PP y los suyos reivindican como patrimonio intransferible de su última legislatura en el poder. No le está saliendo mal.

    Mariano Rajoy sigue, por su parte, aferrado al discurso económico y abstrusamente ideológico: aún le queda concretar, plasmar y explicar –esta es la parte complicada– de ese presunto borrador de los Presupuestos Generales que ya se está fraguando en Génova. Entretanto, y a menos que del equipo del PP salga un documento brillante, abrumador, la coherencia de la que pretende hacer gala Rajoy no le está haciendo ningún bien. Porque no es coherencia lo que el elector percibe, sino un discurso estancado desde hace meses.

    En este sentido, tanto el PSOE como IU han sabido interpretar mejor los vientos de cambio que se exigen. Cada cual a su manera: los primeros, rompiendo con todo y tratando de vender entusiasmo; los segundos, agarrándose como un clavo ardiendo a la posibilidad de que los votantes del 15M identifiquen en ellos el partido del que carecen.

    Este mes que mañana empieza debe ser, será, el del trabajo soterrado y ofreciendo el menor número de pistas posible sobre la estrategia propia. Ahora toca clavar algunas estacas, situar unos pocos puntales y prepararse para un septiembre que vendrá movido.

    Medios enteros

    Los medios no han tardado en hacer lo propio. Abc editorializaba ayer (no hay enlace, perdón, el muro de pago de Kiosko y más ya se ha alzado) propinándole al presidente el puntapié final, con algo más de finura, eso sí, que La Gaceta, que se abalanzó sobre un «Zapatero se va mintiendo» a toda página. El Mundo, o Público, en sus respectivas líneas: una vez más, lo esperable.

    Más sorprendente está resultando la repentina toma de posición de El País por Rubalcaba, sin medianía alguna: primero, le pidieron al presidente que se fuera. Ahora, empieza la operación de aupamiento del candidato socialista y desgaste del PP.

    Parece, pues, que será el único que desempeñará un papel realmente activo en campaña, ya que de todos los medios impresos solo él cuenta con un espectro de lectores electores lo bastante amplio como para decantarlos hacia allá, o hacia acá. El resto no va hacer más que refirmar a cada cual en sus posiciones, desatando, como ocurre periódicamente, una de esas polarizaciones sociales que tanto nos gustan.


  2. Domingos electorales I: Donde más duele

    Lo escribí el Domingo 3 de julio de 2011

    Contaba alguien del PP, una de sus cabezas pensantes y más inteligentes, que un asesor le había dicho a la cúpula del partido: «Si os metéis en la cama y os quedáis callados hasta las elecciones, las ganáis». Ni le hicieron ni le están haciendo caso.

    Tengo la sospecha, fundada, de que Mariano Rajoy no va a ser el próximo presidente de España. En primer lugar, les propongo que olvidemos el resultado de las elecciones regionales y municipales del pasado mes de mayo y partamos de cero. Que no tratemos de hacer un pronóstico en función de los resultados obtenidos, sino basándonos en un análisis de lo que está ocurriendo hoy y ahora con las cartas que tenemos sobre la mesa. Ya llegará la hora de explorar el trecho que ha mediado desde la campaña electoral de las regionales y el resultado de las generales.

    Hoy, El País publica un perfil-anuncio de Alfredo Pérez Rubalcaba, muy en la línea de la polarización y respectivas apuestas de los grandes medios por un candidato, visto el más que probable adelanto electoral.

    Si bien el artículo de José Luis Barbería es más bien blandito con el candidato del PSOE, sí logra pulsar la llaga que más duele a la mal llamada derecha española: Rubalcaba, el monaguillo. Rubalcaba, el del colegio de curas, el campeón de la lucha contra el terrorismo. Rubalcaba, el político artero y duro cuando toca. Rubalcaba, el que podría haber sido cabeza de lista en el PP.

    Hasta ahora, los de Mariano Rajoy no han dado con el antídoto para frenar el efecto Rubalcaba. A estas alturas, si el Partido Popular pretende ganar unas elecciones y meterse de nuevo en La Moncloa, tiene que superar el discurso económico y de los cinco millones de parados para situarse en un plano más amplio, más global: mientras que Rajoy sigue enzarzado con José Luis Rodríguez Zapatero en una lucha con unos números en la mano que no entiende, Rubalcaba se prepara para un tour de force que los pille a todos con el pie cambiado. Un Bildu fuera de las instituciones, un fin de ETA.

    La urgente reforma económica es más técnica que otra cosa. Ya sabemos que Zapatero es el culpable, o que la patata caliente le ha caído a él, pero esa es una información que ya manejábamos, vaya, hace dos años: ¿para qué necesitamos una oposición que sigue cargando las tintas sobre ello en lugar de ponerse a trabajar? Es más, ¿por qué no se ponen todos a trabajar?, se pregunta el votante intrigado.

    Por último, parece que el electorado está harto de votar al menos malo o, en el mejor de los casos, de votar con el objetivo de castigar o impedir el acceso al poder de determinada fuerza. ¿Puede ser que, en esta ocasión, haya ganas de votar a favor de algo, por una vez? Si esto sucede, el vencedor será quien mejor venda su moto. Y en ese caso, me temo que Rajoy no tiene muchas opciones, se mida con Rosa Díez, con Rubalcaba o con.. ¿la alargada sombra del efecto Álvarez-Cascos?


  3. Debate sobre el estado del mogollón

    Lo escribí el Miércoles 29 de junio de 2011

    El calor que hace estos días en Madrid es excesivo, sobrenatural. Totalmente inaguantable sin aire acondicionado. Será por eso que no nos queda más remedio que seguir con atención el debate sobre el estado de la nación, ese ritual que, por plomizo, no me extraña que pueda dormir incluso a sus señorías.

    El río de discursos no está sirviendo mucho más que para que avezados jefes de redacción saquen el titular que mejor cuadre con el tipo de vianda que ofrecen (hay para elegir) y para que, ya de paso, quienes estén en disposición de aparcarse frente al Congreso refuercen el lazo que cierra ese fofo saco de patatas llamado «clase política».

    No es que sean todos iguales, ni que digan todos lo mismo, solo es que el circo democrático no puede pararse bajo ningún concepto: y a finales de un junio subsahariano como este, este circo empieza a adquirir tintes de alucinación provocada por el sol.

    Pero es esencial recordar que ese mogollón, el de los entrecomillados y las grandes ideas, el de los paquetes de medidas con etéreos fines y las soluciones homeopáticas (palabrería disuelta en agua en una proporción de una parte por millón), poco o nada tiene que ver con lo que al final toca tierra, con lo que nos afecta de verdad. Parecerá una sonrojante obviedad.

    Olvidamos, en el fragor del debate, que por debajo de quien gobierne en la instancia en la que gobierne hay una mole de personal (desde funcionariado hasta cargos de confianza) que es quien concreta las ideas y quien es responsable de aplicarlas. Que hay un día a día desconocido y densísimo.

    Por mucho que haya ocurrido desde el último debate sobre el estado de la nación, las fotografías y análisis que brotan del hemiciclo no dejan de ser, para el lego, las de siempre. Es un mundo que queda tan lejos, es un lugar tan apartado y pequeño, tan encerrado en sí mismo y tan hermético que comprenderlo requiere un esfuerzo que pocos están dispuestos a hacer. Y es comprensible. Por eso antes de que caiga el sol y pueda usted bajar a tomarse las cañas de las ocho de la tarde, a ciscarse en la familia de quien corresponda, se lo ruego: apague la radio, cierre los periódicos y concéntrese en su aparato de aire acondicionado.


  4. Álvarez-Cascos en mi país

    Lo escribí el Martes 24 de mayo de 2011

    Hace poco más de un año Francisco Álvarez-Cascos dio una conferencia en un colegio mayor de Madrid. Por aquellas fechas no estaba claro si se presentaría con el PP, con Izquierda Unida o con Bloque por Asturias; no hacía más que repetir aquello de la disponibilidad. Entonces, preguntado por si un político fuera del ring seguía siéndolo, dijo: «Todos los ciudadanos somos políticos. Cada vez que salimos a comprar el pan, cada vez que opinamos sobre cualquier tema de actualidad estamos ejerciendo la política».

    Lejos quedaba la proclamación de Foro Asturias como victoriosa en los comicios regionales (ojo al voto emigrante), el abandono del PP central a Pérez-Espinosa y la debacle, que no fue tan exagerada como ellos mismos lamentan, del PSOE de Asturias. Lejos quedaban el 15M, Democracia Real Ya, el huerto de marras en la Puerta del Sol, Intereconomía con sus cosas y los indignados en general.

    Pero todo lo que hemos vivido estos días, y lo que nos queda por vivir en los próximos, no hace sino dar más razón a las palabras de Álvarez-Cascos, más incluso de la que, probablemente, él mismo desearía.

    El reñido mapa electoral asturiano y la victoria de Cascos no responden a ninguna de las claves que, aparentemente, se manejan en el mapa del resto de España. En mi «país», como dice el ínclito ex ministro de Fomento (me imagino que remontándose al siglo XIX) no ha sido el voto de castigo el que les ha hecho ganar las elecciones; ni siquiera el descontento con un PSOE de claroscuros políticos: ha sido la victoria de ese cuasi nacionalismo inexplicable y soterrado que arrastramos, ese orgullo que se conoce al atravesar el Negrón y en el que no caben ni la crispación ni el grandonismo.

    Foro Asturias ha sabido pulsar esa tecla mientras que implicaba a la sociedad civil en sus listas y, solo con eso, con algo tan simple y sencillo, y digan lo que digan, ha revolucionado Gijón y Oviedo además de llevarse el gato al agua en las regionales.

    Esto se venía cocinando desde mucho antes de que la indignación prendiera y, por tanto, no se puede afirmar que sea la voluntad de romper el bipartidismo la que ha triunfado en Asturias. No, ha sido un proyecto lo suficientemente ambiguo como para acoger a todos los votantes amuermados y lo suficientemente concreto como para desplazar a los convencidos el que ha logrado entusiasmar y levantar a la asturianía de los grandes núcleos: mientras, Izquierda Unida daba la campanada y se hacía con el ayuntamiento de Mieres.

    ¿Por qué se atrevió Cristina Coto a comparecer la primera de todos y a proclamar que Foro Asturias había ganado, aún con el 0% de los votos escrutados? Porque la participación a mediodía había subido, hasta el punto de que solo en 1995 se había dado una tan alta. ¿Quién ganó entonces? Sergio Marqués.

    Los asturianos no van a votar cabreados o con ganas de castigar, no buscan oxigenarse: buscan algo tan sencillo como que les cuenten algo que, al menos, suene a mensaje nuevo. Así de fácil, así de enrevesado.


  5. Pensionazo (tú verás)

    Lo escribí el Viernes 28 de enero de 2011

    No puedo hablar por gente mayor que yo, que lleva años inmersa en el mundo laboral y que ahora se encuentra con una mano delante y otra detrás. Pero sí puedo hablar de lo que conozco, lo que me rodea, y lo que vivo.

    Podría ser peor, dice Escolar, que apunta con cierto tino a la resignación popular. Pasotismo, quizás, de los jóvenes. No sé cuáles son las causas que nos han llevado a este arreglo, pero a la vista de lo que hemos experimentado tanto  yo como los universitarios de mi edad a los que conozco, el primer error que se comete tiene nombre y apellidos: Prácticas no remuneradas. También está su prima-hermana, Prácticas (precariamente) remuneradas.

    Que el empresario no es tonto ya lo sabíamos todos: en Traducción, las ayudas económicas ofrecidas (beneficencia) rondaban 200 euros por un trabajo a media jornada. Eso con suerte. Las mejor remuneradas que he visto daban 500 euros por jornada completa. 500 euros, en Madrid, dan para pagar un piso compartido, comida, transporte y para de contar. Que se te ocurra tomarte un cubata un viernes por la noche; atrévete a salir de cañas.

    Pero ese no es el asunto: cualquiera con una familia comprensiva y sentido común podría arreglarse con 500 euros. Ahora bien, el trabajo realizado ( y digo trabajo) no equivale, ni de lejos, a esa cantidad: cualquier empleado con la misma titulación que tú pero con un contrato de verdad lo está realizando, como poco, por el doble. Y no te confundas, no te mereces que tu retribución se vea dividida por el simple hecho de tener veintipocos años.

    «Es que ¡hay que aprender!», responderá más de uno. Y así queda configurada la barrera invisible del que no tiene experiencia. Sin currículum, no hay trabajo; sin trabajo, no hay currículum. Y vuelta a empezar. ¿Solución? Unas prácticas negreras con las que rellenar un trozo de papel, con la vana esperanza de que acabe colando en una empresa que se aproxime mínimamente a tus expectativas iniciales.

    Mi consejo es resistirse como gato panza arriba a caer en ese círculo vicioso: de nada sirve aceptar un trabajo desagradable y mal pagado. Si un universitario quiere que eso cambie, sinceramente le recomiendo meterse antes a trabajar poniendo copas un viernes por la noche a aceptar un arreglo, en mi opinión, denigrante: no te están, ni te estás, haciendo ningún favor.

    ¿Nos hemos vuelto locos para acabar prácticamente pagando por trabajar? Tal y como marchan las cosas, me parece mucho más fácil y productivo montarte tu proyecto, el que te emociona, por tu cuenta. Una buena idea sale gratis, y desarrollarla con ingenio tiene unos costes irrisorios a día de hoy. Igual que irte al extranjero a dar clase, igual que irte a Bombay a arreglar ciclomotores.

    Cualquier cosa menos dejarse engatusar: es esencial tener muy claro que todo trabajo, todo esfuerzo, merece su compensación. No hay por qué pensar constantemente en el dinero: es cierto que determinados entornos y determinados profesionales (los que tú estimes convenientes) merecen el esfuerzo porque pueden aportarte mucho. Pero solo ellos. Si entras en la rueda del currículum creo que lo más probable es que termines quemado, sin trabajo y totalmente desencantado de lo que un día te emocionó y te empujó a tirarte a la piscina.

    Jamás te creas que tu trabajo vale menos por tener menos experiencia. Jamás.