No es que se le intuya, es que ya está aquí. Domingo 20 de noviembre, elecciones generales y los anuarios de los periódicos ya a punto de reventar, cuando apenas llevamos ni la mitad de 2011.
Ya han saltado las liebres y los partidos, opinatodos y periodistas han echado a correr a sus trincheras, ya se están armando y cocinando los distintos sustos que, a buen seguro, nos irán dando en los próximos meses: todo fluye sin sorpresas, como estaba previsto, pero vertiginosamente rápido.
Huelga analizar el adelanto electoral: lo interesante ha sido asistir a la carrera, como digo, hacia las respectivas trincheras. Rubalcaba ha empezado dando el puñetazo en la mesa, diciendo que aquí manda él pero allí, en La Moncloa, no demasiado. Es decir, desmarcándose del presente económico, anotándose el pasado antiterrorista inmediato y apelando a la sinceridad, a la honestidad férrea e incluso tosca que el PP y los suyos reivindican como patrimonio intransferible de su última legislatura en el poder. No le está saliendo mal.
Mariano Rajoy sigue, por su parte, aferrado al discurso económico y abstrusamente ideológico: aún le queda concretar, plasmar y explicar –esta es la parte complicada– de ese presunto borrador de los Presupuestos Generales que ya se está fraguando en Génova. Entretanto, y a menos que del equipo del PP salga un documento brillante, abrumador, la coherencia de la que pretende hacer gala Rajoy no le está haciendo ningún bien. Porque no es coherencia lo que el elector percibe, sino un discurso estancado desde hace meses.
En este sentido, tanto el PSOE como IU han sabido interpretar mejor los vientos de cambio que se exigen. Cada cual a su manera: los primeros, rompiendo con todo y tratando de vender entusiasmo; los segundos, agarrándose como un clavo ardiendo a la posibilidad de que los votantes del 15M identifiquen en ellos el partido del que carecen.
Este mes que mañana empieza debe ser, será, el del trabajo soterrado y ofreciendo el menor número de pistas posible sobre la estrategia propia. Ahora toca clavar algunas estacas, situar unos pocos puntales y prepararse para un septiembre que vendrá movido.
Medios enteros
Los medios no han tardado en hacer lo propio. Abc editorializaba ayer (no hay enlace, perdón, el muro de pago de Kiosko y más ya se ha alzado) propinándole al presidente el puntapié final, con algo más de finura, eso sí, que La Gaceta, que se abalanzó sobre un «Zapatero se va mintiendo» a toda página. El Mundo, o Público, en sus respectivas líneas: una vez más, lo esperable.
Más sorprendente está resultando la repentina toma de posición de El País por Rubalcaba, sin medianía alguna: primero, le pidieron al presidente que se fuera. Ahora, empieza la operación de aupamiento del candidato socialista y desgaste del PP.
Parece, pues, que será el único que desempeñará un papel realmente activo en campaña, ya que de todos los medios impresos solo él cuenta con un espectro de lectores electores lo bastante amplio como para decantarlos hacia allá, o hacia acá. El resto no va hacer más que refirmar a cada cual en sus posiciones, desatando, como ocurre periódicamente, una de esas polarizaciones sociales que tanto nos gustan.
