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Entradas que hablan sobre «Personal»

  1. ¡Manifiéstate!

    Lo escribí el Viernes 26 de noviembre de 2010

    Ya, voy. Está siendo una dura semana de periodismo que está resultando apasionante pero agotadora. Puede que en el número de piezas firmadas no se vea nada espectacular, que más de uno y más de dos lectores hayan saltado por encima de los textos sin ni siquiera reparar en ellos; o sin reparar en la sección, incluso. Bueno, a veces pasa.

    No, lo realmente inquietante de esta semana frenética y llena de inesperadas idas y venidas está siendo el perfeccionismo. Eso es lo que agota el cuerpo realmente, como descubro en lo que cuesta dormir a veces: hoy me he despertado soñando que en un titular había una errata, que en el Twitter del Festival había insultado a la madre de alguien, que un texto había desaparecido de la maqueta minutos antes de cerrar la página, darla, filmarla (convertirla en aluminio) y que dejara de haber remedio.

    Perfeccionismo, entiéndanme, no por considerar que las informaciones tienen una calidad extraordinaria: perfeccionismo porque me he dado cuenta de que ese término, en periodismo, significa ser un burro persiguiendo una zanahoria sin cesar. Ni siquiera en unas condiciones New York Times se puede garantizar que todas las fuentes responderán, que todos los teléfonos sonarán, que toda la información entrará y, sobre todo, que las teclas no nos jugarán una mala pasada.

    Es un proceso de permanente revisión, en el que se hace lo máximo posible pero en el que no existe la fórmula del éxito. Y eso es porque en estos trabajos, cada encargo, cada reportaje, cada día hay que hacerlo bien. Por mucho que hayas currado, será el día en que llames terrorista al tipo equivocado cuando reparen en ti. O no. De momento, a trabajar, que no es gerundio.


  2. Una vida de autónomo

    Lo escribí el Jueves 18 de noviembre de 2010

    No he escrito sobre ello hasta ahora por falta de tiempo, fundamentalmente, pero también de enfoque. Hay ocasiones en las que hay que dejar que una idea revolotee durante unos días, que coja una forma lo suficientemente definida, como para soltarla después.

    El caso es que la semana pasada nos visitó Mikel Ayestarán, otro de esos reporteros de tipo aguerrido; en esta ocasión, autónomo eterno y con la maleta siempre hecha. Listo para salir a cualquier país de su «zona habitual de trabajo» (Irán, Iraq, Afganistán et al.), en cuanto estalle el conflicto y haya algo que contar.

    –¿No es muy inestable vivir así, de autónomo? –pregunta una mano levantada.

    Ayestarán ríe, como buen hombre del norte que es, como buen vasco de Azpeitia, con una carcajada potente.

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  3. Tres kilos (mi nuevo compañero)

    Lo escribí el Martes 9 de noviembre de 2010

    Hace unos días, alguien cercano y querido fue a dar una conferencia a una empresa de quesos, alimento de dioses y aperitivo sin igual, y se alojó en mi casa durante unos días. La conferencia, al parecer, fue un éxito, y aparte del consabido cheque, le entregaron un regalo de la casa. Un queso.

    Para ser exactos, un queso manchego de tres kilos, que me encontré, a modo de agradecimiento rebotado, encima de la mesa del salón. Frente a frente, mi lácteo compañero de piso y yo nos miramos, en silencio. ¿Y ahora qué hago yo contigo?

    Corté una cuña y le hinqué el diente. Ciertamente, es uno de los mejores manchegos que he probado jamás, pero cuando hube saciado mi hambre de queso, cuando hube rebañado el último trozo de corteza, miré el resto. Sí, tres días después de que el delicioso compañero aterrizara en mi vida, ya no tenía un manchego de tres kilos, sino de 2,7. Mucho no arreglamos.

    Le hice un hueco en la nevera, le conté unos chistes, me lo llevé a pasear y a enseñarle el barrio. Ya lleva diez días conmigo y, a pesar de la confianza que le infundo, no logro vencerle: sigo teniendo dos kilos de queso tras convidar a toda la gente que se me ha podido ocurrir. Creo que estoy empezando a cogerle manía, visto que le echo queso a todo (a la pasta, a la carne, a la fabada, al desayuno) y el otro sigue ahí, irreductible, muerto de la risa.

    ¿Qué se hace cuando la generosidad amenaza con echarte de tu propia casa?


  4. Fe de erratas (el dedo en la llaga)

    Lo escribí el Domingo 7 de noviembre de 2010

    Ayer estuve entrevistando a un escritor, sentado en una terraza de la Plaza del 2 de Mayo. La charla era de lo más agradable y transcurría entre risas, anécdotas, y datos interesantes, cuando de pronto, metí la pata.

    –Vaya –le dije– parece que hay muchas cosas que te irritan; que eres un inconformista, un reaccionario.

    Le cambió el semblante, y respondió:

    –No es por enmendarte la plana, pero creo que te has equivocado. «Reaccionario» no significa eso.

    Efectivamente:

    reaccionario, ria.

    (De reacción).

    1. adj. Que propende a restablecer lo abolido. U. t. c. s.

    2. adj. Opuesto a las innovaciones.
    3. adj. Perteneciente o relativo a la reacción (‖ tendencia tradicionalista).

    Es decir, llevo todo este tiempo asumiendo, sin vergüenza alguna, que la palabra tenía que ver con reacción… ¡Pero no conservadora!

    En fin, todos cometemos errores. Le di las gracias a nuestro escritor y me puse en guardia. Asumí la nueva palabra, inserté su significado y me dispuse a no volver a equivocarme. Hasta que abrí el periódico, hoy.

    Hoy, en El Comercio, publico un avance del encuentro blogger que acogerá Gijón este viernes. En primer lugar, hay ocasiones en las que uno lee y relee los textos antes de enviarlos y no ve nada raro, aunque algo chirría. No se sabe el qué. Eso es lo que, en un día como hoy, te reconocome: repito en pocas líneas la expresión «de todo pelaje y condición». Pero bueno, es una cuestión de estilo y, aunque desluce algo el texto, no lo hace inasible.

    No, lo gordo viene por otro lado. María Llopis, una de las participantes, se autodefine como «activista postporno». Y yo le pedí fotos, entre otros, para el avance de hoy. Y me envió unas 15 fotos, de las cuales sale desnuda en 10, y en otras cuatro enseñando su sexo con toda la alegría del mundo. Sólo en una sale vestida, que fue la que envié al periódico.

    Ahora bien hoy, leo, leo, leo… Y topo con la siguiente frase:

    O más reaccionarios, como el de María Llopis.

    ¡NO! Efectivamente, he metido la gamba. Hasta el fondo, además… ¡No hay nadie más contrario a un reaccionario que María Llopis! Ayer, me equivoqué, me corrigieron y no volveré a errar. Hoy, que más de 100.000 personas tendrán el error entre sus manos –y quizás lo perciban– no tengo más remedio que reconocer que, ahora sí, no volveré a equivocarme con «reaccionario».


  5. El juego del periodista

    Lo escribí el Jueves 19 de agosto de 2010

    Puede que el título de esta entrada sea algo sensacionalista, porque ni he estudiado periodismo ni me atrevo demasiado a considerarme como tal: aunque, como dice un buen amigo, ¿quién es el periodista sino el que escribe en un periódico?

    El caso es que aventurar qué o quién puede colgarse esa etiqueta me parece muy osado en los tiempos que corren (¿Cuatro años escuchando dinosaurios te habilitan como profesional? ¿Tener el móvil de la Pantoja te da voz o voto frente a reporteros agudos, aventurados, hábiles?); pero la semana pasada, en que tuve el privilegio de llenar diez contraportadas de El Comercio pateándome la calle y buscando historias hasta debajo de las piedras, pude darme cuenta de algo importante. (más…)