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Gracias por fumar

Tabaco, tabaco, tabaco. Ayer me vi esta película en uno de mis arranques de insomnio estival, y me quedé muy gratamente sorprendido: me la habían recomendado, me habían hablado muy bien de ella, pero he visto tantos documentales y películas de este tipo dársela por un mensaje mal llevado…

Pero no, eso no ocurre en Gracias por fumar. Y eso se debe, fundamentalmente, a que el tema central de la película no es el tabaco, sino la comunicación: se exhiben con sentido del humor todas las técnicas y trampas a través de un Aaron Eckhart magistralmente dirigido por Jason Reitman, y al final la moraleja obvia pasa a un segundo plano –hasta el punto de que se permiten detalles como que no aparezca ni una sola persona fumando en toda la película–. Seguir leyendo

Origen (Inception)

Tenía muchísimas ganas de ver esta película; de verla tranquilo y rumiándola como tocaba. Por eso ayer me decidí a meterme en un cine con una Coca Cola gigante y dispuesto a dejarme convencer.

Tengo que decir que El caballero oscuro fue, es y será una de las experiencias cinematográficas que más me han marcado, y que la producción de Nolan, que desde Memento he seguido con avidez, me ha dado la impresión con el paso de los años de ir mejorando con una solidez inigualable.

Pero con Origen ha dado un salto que, aunque el director tuviera previsto desde hace una década, no termina de convencer. ¿Por qué? Creo que porque es su primera película desde la mencionada Memento cuyo punto de partida no es la realidad, sino que es el componente de ciencia ficción que recubre a la historia y que sirve de excusa a los efectos especiales. Es decir, en el resto de películas la premisa es posible, es un mundo conocido pero que se va alejando de lo que, efectivamente, nos rodea. Ese es el viaje que más me seduce de los propuestos por Nolan y el que creo que le convierte de un auténtico innovador. Seguir leyendo

Gran Torino

torinoposterClint Eastwood, dirigiendo, es un auténtico dolor de muelas para todo aquel que quiera comentar su cine o incluso entenderlo en toda su extensión.

Esta película no iba a ser menos: otra que avanza con su ritmo pausado y dimensiones pequeñas; otra en la que el espectador tiene permanentemente la sensación de que algo se está perdiendo entre línea y línea.

No hay problema con utilizar este recurso, con ponerle algo difícil las cosas al espectador y exigirle un mínimo esfuerzo; aunque se corre el riesgo de que lo que parecía un mensaje enterrado bajo una narración sencilla empiece a hacer aguas a mitad de la película.

Se abren muchos frentes en Gran Torino, a cada cual más interesante, que resultan quedarse en nada o aparcados indefinidamente en la cuneta, como si Eastwood no tuviera reparo en señalarnos dónde hemos errado en nuestra interpretación como espectadores.

El resultado es, por un lado, un batiburrillo excesivo de ideas, algo mareante y poco fluido; y por otro, una película que obliga en el último momento a aferrarse a su lectura más simple para no perderse, precisamente, en el mogollón: el problema es que esta lectura más básica es, en efecto, demasiado simple.

El final también cojea, dejándonos, en definitiva, con una sensación agridulce que nos impide saber bien si nos encontramos ante una obra maestra o un producto fallido. Yo, tras cuatro días de darle vueltas, he llegado a la conclusión de que se trata de lo segundo.

Me la defendían, no obstante, arguyendo un magistral lenguaje de imágenes o ciertas referencias a Harry el Sucio. Esto sí resulta claro: Eastwood ha intentado algo tremendamente complicado. Y bien por él, pero no lo ha logrado: uno no puede ensimismarse en las dificultades (nimiedades, al final) y olvidarse del espectador que, con la mente cansada y la cabeza desenchufada, quiere disfrutar de una película el domingo.