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Entradas que hablan sobre «Patrick Modiano»

  1. Dora Bruder

    Lo escribí el Sábado 1 de agosto de 2009

    Dora BruderDora Bruder

    Patrick Modiano

    París, Folio

    1997

    Este es uno de esos libros que probablemente no elegiría en una librería, pero que, en una noche de desesperación por leer algo rápido y breve, encontré en una estantería rodando por casa.

    Ya he reseñado dos libros de Modiano últimamente, y en este, el tercero, esperaba encontrar si no más de lo mismo algo que se moviera en el mismo ámbito que los demás: una historia en primera persona, chico conoce a chica, con un halo obsesivo y terapéuticamente autobiográfico… Bien, esto está presente en Dora Bruder, pero deformado y, desde luego, abordado desde un ángulo absolutamente inesperado.

    Se trata de la búsqueda, a través del tiempo y de un París que al autor le cae algo lejos, de una niña judía en mitad de la vorágine de la Ocupación nazi. Es el propio Modiano, sin tapujos, quien nos habla de los descubrimientos que va haciendo, de manera bastante frenética, 50 años después de que Dora Bruder pasara por las mismas calles que él recorre ahora.

    El relato es casi periodístico, hay que dejarse invadir más por la curiosidad histórica que por el tino literario (en el tramo final se repiten sintagmas sin parar); y puede que Modiano se haya dejado llevar aquí por ese lado más terapéutico de su escritura, con tramas sobre su padre que difícilmente caben en el relato, por ejemplo. Pero ese riesgo, ese abalanzarse sobre sus propios demonios y sus obsesiones, es al mismo tiempo uno de los hilos que nos mantienen pegados al libro durante sus 144 páginas. (¿Por qué TODOS los libros de Modiano son igual de extensos?)

    En algunos momentos tenemos la sensación de que la pasión nubla el buen criterio del autor, que anula su capacidad de comedirse, pero esto, llevado hasta el extremo, enfangado hasta la barbilla, acaba por sumirnos más en lo que se nos está contando: anula, igualmente, el sentido de “lo políticamente correcto”, de ensañarse en glosarnos lo malos que eran los nazis (que algo de eso hay, claro) para limitarse a lanzarnos datos, desapasionados y apasionantes.

    Uno de esos libros, en definitiva, que sólo un autor con el potencial para sumergirse en sí mismo (un francés, vaya, pero un francés con criterio) podría haber producido. Muy interesante.


  2. Un cirque passe

    Lo escribí el Lunes 22 de junio de 2009

    Un cirque passeUn cirque passe

    Patrick Modiano

    Gallimard, París, 1992

    Modiano forma parte de un grupo de escritores franceses que tienen poca repercusión a este lado de los Pirineos pero que, a priori, no deberían tener ningún problema para venderse bien. No me voy a poner ahora a investigar las causas del éxito o del fracaso de las letras francesas, pero desde luego es un hecho peculiar, visto lo visto en esta novela.

    Lo digo porque se trata de un libro de ficción de los que despiertan sesudísimos estudios literarios pero que, al mismo tiempo, se leen en dos días: apenas cuenta 150 páginas de letra gruesa y manejable, con una historia sencilla de seguir y con sus recovecos literarios bien ocultos, para que lleguen los críticos y los desentierren mientras que el resto de los mortales pasan, de puntillas, por una agradable lectura de hamaca y sombra.

    La trama es, de hecho, tan sencilla, que de no haber sido filtrada por el tamiz de una escritura singular y talentosa quedaría olvidada rápidamente; se trata de un estilo breve, periodístico, que aparentemente sólo quiere dar cuenta de una serie de acontecimientos de manera desapasionada y fría. Ahí está el truco de Modiano, que todo es tan aséptico que cuando se deja llevar por un ramalazo lírico en esta o aquella descripción, cuando nos habla de sentimientos, se ha ganado hasta tal punto nuestra confianza de lectores que asumimos como cierto lo que está contando, y la novela cobra vida propia.

    Por otra parte, la obra cuenta con un sutil juego en la macroestructura que le confiere un volumen infrecuente y único. Los acontecimientos son cronológicos pero a veces tropiezan los unos con los otros; los flashbacks no están prohibidos pero tampoco intervienen abiertamente, se integran en el relato; las ensoñaciones no se confunden con la realidad pero la impregnan de cuando en cuando…

    Y para atarlo todo, resulta que el autor no teme a la repetición de una misma palabra varias veces en un solo párrafo, tampoco considera arriesgado revelarnos datos sobre determinado personaje en un momento que quizás no sea el más adecuado: todo son migajas que nos hacen entrever una concepción urgente de la novela, es decir, la incertidumbre, compartida con el lector, sobre lo que sucederá a continuación.

    Rápido, fugaz y efectivo: lo que tiene que ser un libro de verano.