Ahora son las 7:40 de la mañana. Ahora, la España que no apoya la huelga empieza a dirigirse al trabajo; ahora, los piquetes empiezan a poner en marcha el plato fuerte de la huelga general: el corte de transportes.
Me llueven informaciones desde casi todos los flancos posibles sobre un altercado por aquí, una situación de tensión por allá… Pero, en general, lo más impactante son las imágenes. Imágenes de antidisturbios, de masas de gente actuando legítima o ilegítimamente para tratar de parar el país.
Lo que yo me pregunto, viendo las barbaridades que unos cuantos están poniendo en marcha, es si esta catarsis de violencia, de odio contenido no debería celebrarse una vez al año. Como la solución del botellón, oye: coger a los policías más tensos, a los trabajadores más llenos de odio y meterlos en una explanada cerrada para que se insulten y se casquen a gusto.
Es decir, tengo la sensación –en todos lados hablan de tensión a estas horas– de que en esta huelga no sólo se están defendiendo ideas, derechos, libertades y un puñado de conceptos democráticos que casi nadie tiene sinceramente interiorizados; también afloran sentimientos digamos poco armoniosos para con el bando contrario.
Existe un pacto sobre los servicios mínimos. Existen manifestaciones convocadas, acciones preparadas y, en general, presión más que suficiente y teóricamente equilibrada para que no sea necesario plantarse en la puerta del trabajo de nadie a hablarle, convencerle o coaccionarle. Tampoco hace falta sacar la porra, evidentemente.
A esto me refería cuando hablaba de lo decisivo de este día para nuestro país: al termómetro real que supone el comportamiento de la ciudadanía o ciudadanaje bajo la cálida manta del confuso todovale que reinará hasta las 12 de esta noche. De momento, ese termómetro indica temperaturas elevadas en cuanto a resentimiento y nerviosismo, algo que el INE, que yo sepa, no puede medir.
Cuesta dormirse sabiendo que, queriendo o sin querer, esta España que se va despertando poco a poco se está retratando. Y ahora mismo, no sale muy bien parecida. Calma, mejor.