Quién tiene razón en todo este conflicto?
Espero.
¿Ya?
Bien. Me he intentado leer el famoso decreto de febrero; el del viernes pasado; el del viernes por la noche; el del sábado; la carta abierta de un controlador al ministro de Fomento; y un buen puñado de blogs aparentemente redactados por un equipo de monos borrachos (de un bando, del otro y de en medio). Me he aburrido mucho.
Como decía en el anterior episodio sobre los controladores aéreos, ya el sábado por la tarde los medios de comunicación empezaban a retornar a sus respectivas trincheras para atacar a quien correspondiera: presidente, controlador o ministro. Elija su cabecera, siéntese en el sillón de pensar y a disfrutar.
Si hay algo que me preocupa seriamente es, una vez más, la escasez de plumas y mentes que parecen no haberse dado cuenta de que nadie lleva razón. O al menos, nadie lleva suficiente razón como para que podamos decantarnos por un bando con la más mínima convicción.
Iba a poner subtítulos, como en la entrada anterior, pero tampoco tiene mucho sentido. Recapitular no nos llevará más que dos frases: una vez más, probablemente los controladores tengan razón en sus reivindicaciones pero se equivocaron hondamente en su planteamiento; una vez más, probablemente el Gobierno haya montado una maraña difícil de desenmarañar (y el que la desenmarañe, buen desenmarañador será); una vez más, la opinión pública (pienso en las redes sociales) se comporta como un resplandeciente banco de arenques: juntito e indeciso en su rumbo.
La opinión del común de los españoles parece avanzar a trompicones, en función de los dos o tres artículos del día. Nos abalanzamos sobre ellos, los descuartizamos y a otra cosa. Todo ello, cómodos comentarios anónimos mediante en webs de todo pelaje y condición, desde periódicos hasta los mencionados blogs, pasando por tweets enfervorecidos.
Queda esperanza, sin embargo. Probablemente el motivo por el que Ignacio Escolar es el bloguero político más leído en este país sea porque es de los pocos (si no el único) que tiene el sentido común de publicar cosas como esta entrada confesando su indecisión (que no prudencia, y hace bien) en pleno fragor de la batalla. Y mira que cuando se pone sectario no hay quien le pare, pero al César lo que es del César. A ver si nos cae algún césar más. Se les echa de menos.

