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Entradas que hablan sobre «Música»

  1. No es la SGAE

    Lo escribí el Domingo 17 de octubre de 2010

    El que no haya visto lo que ya es el caso Ramoncín en YouTube es que vive en otro planeta:

    Vaya por delante que Ramoncín nunca me ha gustado, ni como músico ni como figura pública. Esa actitud de malote está sostenida por muchas otras caras de la música española, desde Jorge Ilegal hasta Loquillo, pasando por Jaime Urrutia –cada cual, en su línea–. Pero en general estos merecen, bien por su música, bien por su trayectoria, algún tipo de reconocimiento o de respeto, al menos: Jorge Ilegal por tocar la guitarra como la toca y aguantar conciertos enteros en formato trío sin una negra fuera de su sitio; Loquillo (no José María Sanz, ojo) por ese discazo que fue Balmoral; Jaime Urrutia, por seguir ofreciendo más de lo mismo –pero no haber parado– desde el inicio de su carrera. Pueden gustar más o menos, pero los hechos son los hechos.

    Ramoncín, no. Por algún motivo que se me escapa, se convirtió o decidió convertirse en el adalid de la SGAE, en su cara visible y, si con ello tenía que partirse la crisma contra las hordas de detractores (cuyo núcleo duro está, encima, integrado por informáticos, interneteros y gente con bastante tiempo libre) estaba dispuesto a hacerlo. Pero ¡ay!, resulta que si te pones farruco te escrutan con el triple de dureza. Y claro, sale a la luz la versión arriba enlazada. Y claro, tienes que salir en Rolling Stone intentando defenderte, tirando piedras y, en general, metiendo la gamba con más ahínco.

    Desgranemos sus palabras:

    «No es una buena versión»

    De hecho, no es una versión. De hecho, es coger a una banda de estudio, darle un disco de Nirvana y decirle «toca esto». Partiendo de ahí, o eres Nirvana y clavas la misma canción –algo imposible por definición– o el resultado será desastroso. Siempre.

    «No tuvimos tiempo de ensayar»

    Y entonces ¿por qué sales a un escenario?

    «De ahí a que llegue un desocupado y se ponga a escrutar minuto a minuto, segundo a segundo el tema tiene mucho más que ver con una enfermedad que produce mi presencia»

    A ver si lo he entendido: ¿«Jo, es trampa, como me odian analizan lo que toco»? Pues me temo que sí. En cualquier caso, y sea por el motivo que sea, cuando actúas ante una cámara de televisión tienes que atenerte a las consecuencias, incluyendo esto:

    «Lo peor es acabar en CNN+ por la mañana»

    Aquí, efectivamente, lo musical queda de lado para dar paso a lo periodístico: ¿es noticia esta polémica? Sí. No en la sección de cultura, en la de sociedad… Y en esa sección un cantante sólo entra por su propio pie. Ramoncín sabe.

    «Efectivamente, hay un momento en el que me olvido de la letra porque no me la sé»

    Esto es meter la pata más de lo que la había metido. Digo.

    «Haciendo música en directo [de la cual] el 99% rozando la perfección [...] Si quieren ver versiones, que vean la versión del River [sic] casi imporvisada que hicimos»

    Sólo por esa pronunciación la versión ya es un desastre, pero lo más reseñable es que este supuestamente consultable The River tampoco es una versión, es una banda ensayada planchando la versión de directo de Springsteen de la época (intro incluida).

    Con agachar la cabeza hubiera bastado, pero en el momento en el que la culpa del linchamiento la tienen tus detractores, y que lo son por tu relación la SGAE, se produce un cortocircuito en tu razonamiento que hace tu postura completamente insostenible como artista (que, al parecer, es como pretendes ser visto). Mala suerte, Ramoncín.


  2. Adiós a Solomon Burke

    Lo escribí el Domingo 10 de octubre de 2010

    Leo en The New York Times que el mítico Solomon Burke ha muerto hoy en Amsterdam. Según un artículo de prensa holandés, concretamente en el vuelo desde Los Ángeles: iba a presentar su nuevo disco, con la banda De Dijk.

    Solomon Burke es famoso –más o menos– por haber concebido la archiconocida Everybody needs somebody to love. Pero lo que realmente me interesa de esta enorme estrella del soul (en algún lugar leí que se llevaba a una de sus hijas de gira para secarle el sudor, y cantaba en un trono) es su figura, su efigie de unos años a esta parte.

    Cualquiera que consulte la discografía de Solomon Burke verá que es inabarcable: forma parte de ese equipo de artistas currantes y muy dados a inundar el mercado, a un ritmo frenético del que salían cosas geniales y otras mucho más del montón. Hablo de los años 60 y 70, cuando se dio el esplendor auténtico de Solomon. Luego, claro, llegaron esos jovencitos con greñas a comérselo todo en los 90 y en los 2000 él, como tantas otras estrellas de su quinta, se embarcaron en la típica aventura crepuscular con un productor de relumbrón.

    Don’t give up on me (2002) es un gran disco, no obstante. Y, especialmente, Nashville (2006): no tienen tanta personalidad como lo que ha hecho un chaval que empieza o incluso un artista que se apaga (pienso en los American Recordings de Johnny Cash), pero transmiten algo, no sabía lo que era.

    Un tiempo después leí en una entrevista, creo que en Rolling Stone: hablaba de los enecientos mil hijos de Solomon, de lo que se volcaba con la familia (en el sentido más «domingo de iglesia-barbacoa-traje nuevo»). Coincidía, además, con un reportaje de cocina sureña estadounidense en algún sitio: cómo hacían esos pasteles, ese pollo, ese cerdo…

    El caso es que la acumulación de sensaciones acabó por meter esos dos discos en el grupo de obras que se cargan de un significado más emocional que musical, que se alinean con determinado momento personal, vital, y con esas lecturas para configurar, en definitiva, una imagen mental a la que de vez en cuando me resulta grato acudir.

    Por eso, por haber logrado colarse en casa, le echaré de menos.


  3. El día del valor, o de los coj…

    Lo escribí el Martes 28 de septiembre de 2010

    Hoy parece ser el día del valor como cualidad superior o de los eso, de los redaños. Por dos acontecimientos muy distintos, pero que coinciden en las dosis de tan elevada cualidad espiritual.

    En primer lugar, el inevitable titular regalado ayer por Leire Pajín, el de que no recuerda nada de los GAL porque era muy pequeñita. Eso es valor, o una estupidez suprema. Es la táctica política conocida como «a tomar por saco»: tienes asesores, tienes un gabinete de comunicación y, teniendo en cuenta que la información sobre los pagos a Amedo fue portada de El Mundo de ayer, resultaba bastante probable que, siendo secretaria de Organización del PSOE (cargo que, por cierto, ocupó Txiki Benegas hasta dos años antes de realizar la operación destapada por El Mundo) le preguntaran al respecto. En fin, pensaré que es idiota. Qué remedio. (más…)


  4. No, no a la Pantoja

    Lo escribí el Domingo 22 de agosto de 2010

    Estaba esperando ansioso a que llegara el día de hoy para abrir mi querido El Comercio y enterarme de qué tal fue el recital de la Pantoja de ayer en Gijón, el que marca el inicio de una nueva y –que me perdonen, pero no hay más adjetivo posible– casposa era en la Laboral.

    Me he llevado una enorme alegría al comprobar que se dieron un castañazo de órdago, con 1.500 entradas colocadas, de las cuales, calculo, un buen número serían de cortesía: sí, por una vez, me alegro del mal ajeno. (más…)


  5. Bom Bom Chip – El niño invisible

    Lo escribí el Jueves 22 de julio de 2010

    Me dispongo a realizar un acto de nostalgia que probablemente extermine la poca estima que alguien pudiera tener por mi gusto musical, pero me parece imprescindible: Bom Bom Chip marcó mi infancia, como la de tantos otros pequeños españoles.

    En Spotify sólo he logrado encontrar el disco del declive, esa suerte de grandes éxitos que fue la banda sonora de El niño invisible: no obstante, contiene un puñado de temazos que he visto a gente de mi edad cantar hoy, de cabo a rabo, sorprendidos por lo hondo que calaron en su subconsciente. (más…)