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Entradas que hablan sobre «Música»

  1. Eurovisión (esto es una mierda)

    Lo escribí el Domingo 20 de febrero de 2011

    El músico, el artista o cualquiera que dé la cara en un escenario se enfrenta, como hecho inherente a la profesión que ha elegido, a la crítica más dura y difícil de rebatir, la intelectualmente más elevada: «Esto es una mierda».

    ¿Qué se puede responder ante semejante despliegue argumental? Poco. Lo mejor es pasar. Sobre todo cuando uno es consciente de que el trabajo que ha hecho está objetivamente bien: la música, que tomaré como caso aquí, consiste en tiempos, armonías e instrumentación. Consiste en matemáticas, en números y en ondas que son las que son. Lo que cada cual haga con ellas va con él y con ella y con su conciencia. Ese es el primer filtro.

    Una vez colocado todo en su sitio, podemos pasar a contemplar otros matices: originalidad, frescura, ejecución, soltura, color… Y aquí no hay nada escrito; es imposible evaluar qué es bueno y qué es malo. Aunque yo propongo una vara de medir, creo que la más aceptable: sinceridad. Es difícil de explicar, a veces incluso de percibir, pero por plano que resulte, el artista que se arremanga y se mancha las manos con lo que hace, el que se machaca no por la fama o el éxito (solamente) sino por una convicción más honda, merece, por lo pronto, respeto. Eso tampoco podrá ser una mierda.

    Dicho lo cual, estimo sin pudor alguno que la canción que este año nos representará en Eurovisión es una mierda. Con todas las letras.

    La tal Lucía Pérez es la que menos culpa tiene de este descalabro musical, aunque no está exenta de su parte. Lo digo porque:

    a) La melodía le pilla fuera de tono. El uouo este le queda bastante alto, y tiene que forzar la voz. No sé si es porque no le da para más o, sencillamente, porque a quien haya producido esto no se le ha ocurrido la sencilla idea de bajar la canción un tono. Uno. Más fácil, imposible.

    b) Una cosa son las licencias literarias y otra, muy distinta, es tener los santos redaños de escribir:

    Pero a fin de cuentas he disfrutao

    de todo lo bailao

    c) Cuando la voz de alguien no llega, no puedes intentar taparlo con autotune y un reverb más bestia que hay en el baño.

    d) Si vas a meter coros para tapar el desaguisao (ya me estoy imbuyendo) no es necesario que los interprete una coral de tabernarios.

    Esas son las cuatro cosas, digamos, objetivas que se pueden señalar para justificar que es una de las peores canciones jamás escritas. Podría, con menos frialdad, meterme en razonamientos, pero ni siquiera estoy seguro de que merezca la pena comentar la armonía, los arreglos y la estructura.

    Y bien por Lucía Pérez y por quien haya perpetrado esto. Nos vemos en Eurovisión. Abajo, abajo.


  2. Por 15 euros… la SGAE puede esperar

    Lo escribí el Martes 4 de enero de 2011

    Eh, ¡ya soy un creador!

    Sí. Desde que compusimos y grabamos, el mes pasado, Sin blanca en navidad soy «Compositor» a efectos de nuestra Sociedad General de Autores y Editores preferida, donde se encuentra registrada la canción por su autor.

    El resto de miembros del grupo somos compositores, como digo, y nos corresponde un 10% de sus derechos de explotación por haber creado lo que viste melodía y letra.

    Pero hete aquí que yo no soy socio de la SGAE (porque antes no era creador). Y hete aquí que me quedo sin el trozo de pastel que me correspondería de esta obra (que, en principio, va a ser nulo porque la regalamos) por no pertenecer.

    Como soy un tipo previsor, me he planteado darme de alta.

    No puede ser difícil. A ver… Bien, un contrato. Leámoslo por encima en busca de lo que nos interesa: la mortadela.

    (ENTIDAD es la SGAE encarnada en Teddy Bautista y TITULAR es el creador, encarnado en mí).

    Especialmente, el presente contrato faculta a ENTIDAD para:

    c) proceder a la determinación de la parte que corresponda percibir a TITULAR en los derechos
    recaudados, con sujeción a las normas de reparto que ENTIDAD tenga establecidas a la sazón de
    acuerdo con las disposiciones de sus Estatutos y reglamento;

    Mientras que busco los estatutos y el reglamento, bajo un poco más en la página de solicitud de ingreso y veo esto:

    5. Abonar un único importe de 15 Euros.

    Oye, no es mucho. Además, la SGAE tiene en otra página el siguiente texto, muy claro y preciso, explicando cuánto me van a pagar:

    ¿Sabías que SGAE es una de las entidades de gestión en todo el mundo con menor asignación por su gestión?

    Es decir, repartimos los derechos a cada uno de nuestros socios sin que por ello obtengamos ningún beneficio. Únicamente deducimos unos mínimos costes de administración para realizar nuestra labor eficazmente y poder brindarte en cada momento lo que te corresponde como creador o editor.

    De este modo, con un descuento medio del 15,6%, distribuimos lo percibido en concepto de derechos de autor entre nuestros asociados, así como al resto de creadores y editores de todo el mundo cuyas obras hayan sido utilizadas en España.

    ¡Eh, qué bien, es una de las entidades del mundo con menor asignación por su gestión!

    Bueno, ya he dado con el reglamento de la SGAE. Tras leerme lo que corresponde a circos, sardanas y actividades de interés, he logrado no enterarme de nada más que lo que nos corresponde es un reparto proporcional y equitativo, cuyo sistema de cálculo, por supuesto, no he encontrado. Si alguien da con él, se lo agradeceré.

    Creo que en los estatutos decía algo de eso.

    A ver si los encuentro… ¡Aquí están!

    3.- Los sistemas de reparto podrán prever un procedimiento estadístico o de muestreo para la constatación y cómputo de las utilizaciones de las obras con los índices correctores que se consideren oportunos [...]

    No se aplicará el mencionado procedimiento de muestreo en el reparto de los siguientes derechos:

    a) Los derivados de las recitaciones o representaciones escénicas de las obras literarias, dramáticas, dramático-musicales, coreográficas o pantomímicas y de conciertos y recitales de obras musicales.

    Ajá… Con que los conciertos no cuentan, ¿eh? Es decir, solo cuenta que interpreten tus canciones en directo. Es decir, si yo supiera que alguien va a versionarme. Es decir, jamás.

    De todo lo que haga con mi grupo, para la SGAE solo cuenta el número de discos vendidos. Y dado que no soy Alejandro Sanz, sino Carantoña; y que por tanto el número de discos vendidos puede ser muy escaso; y que por tanto es más que posible me lleve entre 15 y 30 años amortizar mi cuota de ingreso en la SGAE, creo que de momento paso. Aunque, espera, también dicen esto:

    ¿SGAE sólo se dedica a recaudar dinero?
    Aparte de la gestión de esos derechos, SGAE realiza un sinfín de tareas por la promoción de la cultura y la protección de la creación como son las siguientes:
    - Garantizar las políticas de apoyo a los socios más necesitados.
    - Respaldar la  creación más joven y que más problemas encuentra en entrar en el  difícil mundo de la música.
    - Propiciar el acercamiento de las nuevas tecnologías a los autores.
    - Cursos de formación.

    De todo esto, creo que lo único que podría interesarme es lo de las políticas de apoyo, porque sí que ando algo necesitado. Necesitado de un fuerte abrazo.

    En fin, no ha colado. E insisto, si alguien logra averiguar cuánto pagan, me lo cuente.


  3. ‘Al norte de aquí’ en directo

    Lo escribí el Domingo 21 de noviembre de 2010

    Hola! Ya tenemos fecha y hora concretas para la presentación de Al norte de aquí. Será en la FNAC Callao, el sábado 4 de diciembre a las 19.00 horas (puntuales, puntuales). Podréis comprar el disco al módico precio de 11,95; y mañana os desvelaremos la sorpresa que irá dentro.

    Tocaremos en acústico, aunque no demasiado: lo que es seguro es que habrá una acústica (Ricardo), una eléctrica (Alfredo), un bajo (el mío, espero) y el señor Ortín es quien está dudando sobre qué llevar.

    Os esperamos.


  4. El genio de Bill Evans

    Lo escribí el Sábado 6 de noviembre de 2010

    Me pasa algo extraño con el jazz: los artistas no me gustan por discos, sino en conjunto. Quiero decir, si compro, compro el pack: no me valen medias tintas –exceptuando puntuales idas de olla de determinados personajes, ejem, en los 80–.

    Uno de ellos, y probablemente el único que logró mantenerse permanentemente fresco, es Bill Evans. Por los formatos en los que ha tocado, por la manera en que ha abordado grandes clásicos y, en general, por esa conexión absoluta con el instrumento que le permitió hacer, exactamente, lo que le diera la gana.

    Hoy leo, y le escucho de fondo. Casi nunca soy capaz de tener música puesta, porque me desconcentra, me saca de las páginas y me obliga a prestarle a atención: pero esa es, justamente, la generosidad de Evans. No toca, habla. Mece.

    Ejemplos hay por miles, pero en este sábado de noviembre que parece de agosto, os dejo una pequeña muestra.


  5. La red social

    Lo escribí el Viernes 22 de octubre de 2010

    Muchas son las moralejas que aparentemente se pueden extraer de La red social; pero, al mismo tiempo, ninguna. Se trata únicamente de un retrato (aunque el cartelito que anuncia que está basada en hechos reales no aparece al principio de la película) de un momento histórico que estamos viviendo. Ahora, aquí.

    Es difícil decir, tras haber salido del cine hace apenas 45 minutos, cuál es su alcance: sólo sé que me ha empujado a escribir estas líneas, que me ha removido varias cosas a lo largo de las dos horas que he pasado apoltronado en la butaca. Es una película absolutamente Sorkin: es épica, es honda, tiene unos diálogos afiladamente brillantes, no es tópica, posee una estructura inapelable y tiene una carga tan concentrada que casi asusta. Por otro lado, es una película absolutamente Fincher: cuidada, conmovedora, gélida, difícil de digerir e impactantemente cercana al espectador –en todo–. Por cierto, la escena de la carrera de traineras, con esa banda sonora, probablemente sea lo mejor de todo 2010.

    Como adelantaba, la epopeya de los Zuckerberg y Savarin de la pantalla no es una historia que provoque simpatía, antipatía, miedo o asco hacia Facebook; es más, es la demostración de que este mundo en el que vivimos contiene una fascinante cantidad de hechos, de cosas, compuestos a su vez por tantos elementos que lo convierten en un festival tan poliédrico que es inevitable la tentación de exprimirlo hasta dejarlo seco.

    Lo más inteligente es, sin duda, haber logrado eso que tanto le critican a El Americano, de Anton Corbijn: aislar a sus personajes y a las relaciones entre ellos de todo lo demás, abstraer la auténtica esencia de lo que ocurre y destriparlo sin contemplaciones o prejuicios incómodos –salvo, levemente, al final–.

    Lo negativo es, quizás, que no se haya aprovechado del todo la teatralidad (por lo reducido de los espacios) del guión de Sorkin, y quizás esa abundancia de escenarios sea lo único que puede confundir al espectador.

    Por todo lo demás, corriendo al cine.