Archivo de etiquetas de ‘Música’
No, no a la Pantoja
Estaba esperando ansioso a que llegara el día de hoy para abrir mi querido El Comercio y enterarme de qué tal fue el recital de la Pantoja de ayer en Gijón, el que marca el inicio de una nueva y –que me perdonen, pero no hay más adjetivo posible– casposa era en la Laboral.
Me he llevado una enorme alegría al comprobar que se dieron un castañazo de órdago, con 1.500 entradas colocadas, de las cuales, calculo, un buen número serían de cortesía: sí, por una vez, me alegro del mal ajeno. Seguir leyendo
Bom Bom Chip – El niño invisible
Me dispongo a realizar un acto de nostalgia que probablemente extermine la poca estima que alguien pudiera tener por mi gusto musical, pero me parece imprescindible: Bom Bom Chip marcó mi infancia, como la de tantos otros pequeños españoles.
En Spotify sólo he logrado encontrar el disco del declive, esa suerte de grandes éxitos que fue la banda sonora de El niño invisible: no obstante, contiene un puñado de temazos que he visto a gente de mi edad cantar hoy, de cabo a rabo, sorprendidos por lo hondo que calaron en su subconsciente. Seguir leyendo
Tom Waits – Orphans
En realidad, quiero centrarme en el primer disco de esta triple publicación del enorme Waits: básicamente, porque es un artista difícil y de esos cuya obra constituye un muro duro como la roca pero tras el cual, en cuanto demos con una fisura y logremos colarnos, encontraremos cosas realmente interesantes.
En mi caso, el primer disco de Orphans, titulado Brawlers, es esa grieta. Las melodías son cristalinas; y las referencias, evidentes. Además Waits lleva al extremo su magistral juego de desafinaciones, y desacuerdos, como en The Return of Jackie and Judy, cuando, en los primeros segundos, parece que nada encaja pero de pronto estamos escuchando un rok’n'roll…
Hay contrabajos, hay vozarrones, solos, vientos; en definitiva, material para escuchar cualquier tarde de estas con tranquilidad. Espero que os guste: Tom Waits – Orphans
Ramón Calduch – Grandes éxitos
Hablaba en una entrada anterior de los grandes artistas perdidos y me apetecía, en este brillante domingo, compartir los grandes éxitos de uno de ellos: Ramón Calduch.
No sé de dónde ha salido este señor, pero el caso es que tiene unos temazos de órdago: son canciones tan, tan, tan inocentemente pastelosas, tan deliciosamente arregladas y con esa voz de crooner por encima de todo, que es inevitable dejarse seducir por ellas. Quizás mientras friegas, quizás mientras que caminas por la calle en un día soleado, pero siempre pintan una sonrisa en la cara de cualquiera.
Por otro lado, resulta especialmente interesante la variedad de géneros musicales que toca Calduch: hasta un chotis se marca. En lo respectivo a ritmos y melodías, también es irresistible.
Es un disco de domingo con todas las letras: Ramón Calduch – Grandes Éxitos De Ramón Calduch
Aquí un artista
Llevo un tiempo hablando con gente que se dedica a diversos tipos de actividades sobre la importancia de reivindicar al artista de toda la vida.
En realidad, todo viene porque gracias al milagro de Spotify me he metido a re-descubrir a cierto grupo de artistas de los que ya no quedan, entre los cuales cabe destacar a Ramón Calduch y –no me da miedo reconocerlo– el mejor Raphael. ¿No da mucha pena ver cómo los acordes ya no van clavados; cómo los arreglos han perdido brillo; cómo se ha simplificado (y en ocasiones, banalizado) todo esto?
Estos dos artistas, por ejemplo, pueden gustar más o menos, pero es innegable que son unos currantes, que hay un trabajo más que palpable detrás de una música ligera y accesible. Es decir, son artistas de los de toda la vida.
Hoy, lo más parecido que tenemos son los triunfitos y animales de ese pelaje: ¿qué pasa con la gente del rock, del indie, con los de los bares? Pues que pocos, muy pocos, curran.
No hay cosa que me dé más rabia que un grupo de disco epatante y directo apestoso; o un muermo escénico: ¡zarandéame!
Y así llegamos al problema final: vivir en España. Si no recuerdo mal el propio Loquillo hablaba de este tema en una entrevista, al decir que en este país es muy difícil vivir de la música por una cuestión de cachés; al igual que muchos otros artistas –he dicho artistas– que miran con anhelo a los Estados Unidos donde, si uno quiere currar, puede vivir de tocar. Trabajará mucho, cobrará poco, pero al menos existe la opción de dedicar tu tiempo a construir un gran directo, a sacarlo adelante y ¡bravo! vivir de él.