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Entradas que hablan sobre «Mariano Rajoy»

  1. Manifestación

    Lo escribí el Domingo 19 de febrero de 2012

    Leo en El Comercio que el seguimiento de la manifestación de hoy contra la reforma laboral (del PP, apostillan El País y Público todo el rato) está siendo masivo en Gijón. En efecto, la foto habla por sí misma.

    Ahora llueve, está el cielo blanco. Anoche la temperatura era agradable, y el cielo era negro, espeso, sin una sola gota de agua. Bajo aquél, hay manifestación. Bajo este, hay folixa y antroxu, hay carnaval y la fiesta que el bolsillo pueda soportar.

    Esta es una manifestación de futuro, de las de ponerse serio. Esta es de las que generan recortes de prensa que colocar mañana en el la puerta del congelador, pegada con un imán: de las que anteceden, quizás, a una huelga general si los sindicatos se atreven a lanzarse a la piscina. Yo estuve allí el 19 de febrero de 2012.

    Dicen que es un retroceso de los derechos fundamentales de los trabajadores, pero sobre todo –y creo que esto es lo que está llenando el Humedal de paraguas– opinan que las medidas del Gobierno no van a servir para cambiar nada. Quizás tengan razón: bien sabemos todos que los resultados, en esto de la economía, no se conocen hasta que haya pasado un tiempo prudencial.

    Vamos a conceder, a todos los que están ahora mismo en la calle, que algo está carcomiendo nuestros derechos, y que ese algo tiene por cabeza pensante a Mariano Rajoy. Y vamos a conceder que, por otro lado, no es el PP quien está jibarizando los derechos sino una situación de crisis que están intentando atajar rotundamente.

    Están de acuerdo, los unos y los otros, en que un pequeño roedor está consumiendo el queso hasta hoy guardado a buen recaudo en la alacena. ¿A qué conclusión podemos llegar los que ni salimos con los unos ni votamos a los otros? Que no hay culpables, ni atacantes, sino atacados: nosotros. Yo.

    España no va bien, entonces. Es más: ya no hay supermercado al que acudir cuando no tienes a donde ir. En eso estamos todos de acuerdo: nadie te va a sacar, ya, las castañas del fuego cuando quieran despedirte. Por descontado, no tendré más jubilación que la que haya logrado reunir en un calcetín.

    Aquí estamos. En mitad de la nada, rodeados de todo y abocados, sea de quien sea la culpa, a empezar a cuidar de nuestras tomateras no ya como hobby, sino como una forma de subsistencia. Yo no pienso tomar la calle, ni tomar medidas. Solo pienso tomarme un whisky, brindar por todos, y salir adelante. Suerte.


  2. Navajas, tijeras, pinzas y afilador

    Lo escribí el Lunes 30 de enero de 2012

    Esta mañana, después de que el Sporting se pegase ayer un castañazo en Anoeta que no pude mirar más que de reojo, todo se parece a una tétrica cuchillería con un montón de metales colgados, tintineando, que impiden ver las paredes.

    Primer pasillo: las navajas. Al fondo suena la flauta del afilador, y el suelo huele a limpiador industrial. Se recomienda elegir un utensilio grandón y resistente, de acero toledano, y dejarse unas buenas patillas si uno quiere internarse en la recta final de la sucesión del poder en el PSOE, después de que ayer El País publicase un aburridísimo y densísimo artículo sobre las amistades peligrosas de Chacón. Ya nos hemos quitado la careta: mientras que escribo estas líneas, los novecientos y pico delegados socialistas deambulan, con la legaña puesta, por el dial tratando de hacerse una idea de la dirección en la que vuelan los puñales. En todos los casos, con la imagen de Juan Fernando López-Aguilar, de fondo, tocando la guitarra en la cena de despedida de Zapatero de anoche. Quienes llevan corbata analizan, ponen y disponen; el Madrid pequeñín del poder, el de manteles blancos y copas finas, vuelve a debatir y decidir. Al final, no ganará el que elija la mejor navaja, sino el que la haya afilado con más ganas. Puf.

    Segundo pasillo: huele a profilaxis de hospital. El de las tijeras. Las hay de todo tipo: de cocina, de uñas, de esas romas, para cortar papelitos. Hoy, cumbre europea. Mariano Rajoy se ve las caras con los presidentes europeos por primera vez, y se va con un par de carpetas bajo el brazo: salvar los derechos de los españoles –lo dicen los del pasillo de al lado, se les oye desde aquí– y salvar la cara, en general, para que no nos invadan. Oigo de fondo, en la radio, que la prensa enterada se pregunta si Rajoy sacará el tema Gibraltar en su reunión de por la mañana con David Cameron. Puf.

    Tercer pasillo: pinzas. Estas son de madera, y huelen a madreña. A madreñona: en Asturias seguimos con presupuestos prorrogados después de un fin de semana movidito en el que han hablado los unos, los otros, y los de más allá sin adelantar nada, pero calentando el ambiente para la semana que entra. La única víctima que se ha cobrado (ayer) el presupuesto ha sido, de momento, el cheque bebé. Pero Cascos que no, que le están bloqueando. Y el PP y el PSOE ahí, a lo suyo, entendiéndose o dejando de entenderse, metiendo palos en las ruedas y, supongo, tratando de forzar elecciones. No sé. Puf.

    Marcho, marcho. Marcho sin comprar nada. ¡Feliz lunes!


  3. El gol de Camps en la prórroga

    Lo escribí el Jueves 26 de enero de 2012

    Qué abono más fértil para la comparación tontorrona, para el cruce ocioso. Pero es que parece que lo ponen a huevo: Camps fue declarado no culpable, después de tres años de dimes y diretes, y de ganar unas elecciones regionales, dos horas y media antes de que empezara el partido en el que el Barça eliminó al Madrid en Copa del Rey, con un gol anulado por nosequé y una inefable entrada de Pepe pocos segundos antes de que terminara el encuentro, como si quisiera hacer (aún más) leña del árbol caído.

    En Asturias, todo esto sucedía (tomaremos el fútbol como eje central, esas fatídicas 22 horas del 25 de enero de 2012), aproximadamente nueve horas después de que a Francisco Álvarez-Cascos le tumbaran el presupuesto y entrábamos en prórroga, con el consiguiente tumulto. Y, es más, once horas después de que Gallardón saliera con la cadena perpetua y el aborto, y se cepillara todas las previsiones sobre cuestiones judiciales.

    Maravilloso nudo de cuatro temas que muchos se han apresurado en cruzar; pero un nudo, una alineación astral que no recordaremos dentro de dos meses. El 25 de enero no pasará a la Historia como aquel día en el que todo ocurrió de una sola vez, sino como un día más, normal y corriente, salvo para los obsesos o los que han salvado la vida de milagro (!), los que han obtenido el trabajo de su carrera o los que han tenido un lindo retoño.

    ¿Por qué? Quizás porque todas estas cosas ocurren a diario, o a lo largo de muchos días. Alguno tendrá ganas de pegar un puñetazo en la mesa y afirmar que no, que esto es intolerable y que lo va a llevar grabado a fuego toda la vida: el Barça, me temo, gana al Madrid todo el rato (con perdón); Camps lleva tanto tiempo siendo no culpable que ha dejado de importar más que por la foto; Cascos y su presupuesto tenían una vida aciaga desde hace meses; y lo de Gallardón pues sí, pues bueno, habrá que ver en qué queda. Seguramente, en nada, en una curiosidad de hemeroteca que alguien descubrirá dentro de doscientos años. Boutades, todas, entrañables y olvidables.

    La realidad, que se mueve más despacio pero con más contundencia, no era esto. No era un gol de Camps en la prórroga.


  4. Ganadores y vencidos

    Lo escribí el Lunes 21 de noviembre de 2011

    Me he levantado esta mañana y el cielo no parecía más azul; el café sabía igual y, por lo pronto, el mundo no se ha acabado. Pero teníamos un nuevo ganador de las elecciones generales y próximo presidente de este país; y teníamos un nuevo candidato vencido, sobre el que ahora cae el peso de la derrota. El insoportable peso de la derrota.

    Lo que anoche quedó claro fue que el PP ganó las elecciones de calle y que la oposición sufrió el mayor castigo, que es no solo perderlas, sino desintegrarse en un montón de partidos cuyas reuniones, creo, serán como un grupo de niños jugando juntos solo porque tienen la misma edad.

    Como ciudadano, no me interesa hacia dónde va el PSOE ni, si nos ponemos pretenciosos, la social democracia europea. Tampoco me interesa qué PP tenemos delante, si Rajoy lee menos o si lee mejor los papeles en público.

    Me interesa, solo, que una vez más nos quedamos en que ahora «le toca a la derecha» y que luego «le tocará a la izquierda». Esa terminología venenosa, cansina y adaptada al gusto de esos señores que leen con suficiencia The Economist una vez al año solo nos ha permitido enrocarnos en un sistema poco exigente y polarizado.

    Supongo que el contrapunto a esto son esos mini partidos que han sacado mil votos o, en su defecto, quienes han acampado en una plaza para pedir un cambio. En fin, me quedo con que ayer en Sol había más periodistas y policías que manifestantes: la revolución se acabó. Pongámonos serios porque toca vigilar, criticar, proponer, fiscalizar y comprender lo que va a hacer este nuevo gobierno. Sin cacerolas, mejor.

    Dicho todo lo cual, si diez millones de personas han votado a Mariano Rajoy y este sigue siendo –al menos de momento– el sistema electoral que nos rige, es nuestro nuevo presidente. Cuanto antes lo asuma quien sienta asco; y cuanto antes olvide la euforia y el revanchismo quien lo celebre por todo lo alto, antes podremos empezar a ver cambios.

    Yo me he levantado esta mañana y el cielo no era más azul, y el café seguía sabiendo igual. El mundo, parece, no se había acabado.


  5. Domingos electorales XVI: Todos los santos

    Lo escribí el Martes 1 de noviembre de 2011

    El paro, los mercados. El aburrimiento, el cenagal. No hay nada más denso, más árido y menos agradable que una campaña política cuando se torna económica, númerica y estadística.

    Al final, siempre nos ocurre lo mismo: se presentan los programas electorales, un par de sacrificados periodistas se los leen y, por lo demás, seguimos confiando en los himnos y fanfarrias para elegir candidatos. En su guapura y afabilidad ingénitas, a fin de cuentas.

    Por eso hemos sido siempre impredecibles y por eso, en este día de Todos los Santos, conviven titulares de todo pelaje. En especial pesan (y son especialidad de la casa: no me molesto siquiera en enlazar uno solo) los que, con un par de tirabuzones lógicos logran sacar en portada al candidato de turno, sonriente, con un titular demoledor del tipo: «Rajoy prohibirá los chimpancés en las piscinas públicas» o «Rubalcaba quiere devolver España al siglo XIX» o «Rosa Díez subvencionaría [importante el condicional] la masonería especulativa» o «Cayo Lara se decanta por el Athletic de Bilbao».

    ¡Feliz día de Todos los Santos! Ahora deberíamos quedarnos en y con los datos, con lo objetivo y necesario. Pero nuestra idea de rigor es, por desgracia, otra. Es menos mensurable y mucho más visceral: depende del aspecto, de la confianza, de lo que en ese momento nos pida el cuerpo.

    En un día como hoy, que es fiesta de guardar, supongo que, de hacer una encuesta, Rajoy, ese líder familiar y cercano, llevaría ventaja. Si mañana hace sol y nos levantamos con ganas de pelea, puede que Rubalcaba lleve más posibilidades. O, caso de leer las páginas salmón, igual nos da por aferrarnos a Izquierda Unida (los mercados, ya se sabe, los mercados).

    Lo mismo da que da lo mismo: todos esos factores que no son los tronchos pesan más de lo que desearíamos. Por eso, al final, nos veo consultando antes la información meteorológica que las previsiones económicas. Que gane quien pueda.