Jonathan Franzen
4th Estate: Londres (2010)
562 pp.
Cuesta saber por dónde empezar con Franzen. ¿Qué decir de él, si su literatura parece de lo más cotidiano, si se diría que no ha ocurrido nada, o poco, que realmente haya cambiado el mundo? Y es que ese es el truco: recurre a una historia tan normal –en un principio– que podría estar sucediendo a la vuelta de la esquina sin que nos estemos enterando. Luego los acontecimientos se van amontonando, van entrando en escena todo tipo de juegos, de giros, de filigranas aparentemente gratuitos. Y va colándonos la auténtica carga de la novela y, al pasar la última página (doblando el lomo, ya: no es que sea un folleto) buscamos un poco más de Franzen. Pero no, se ha terminado: ¿te lo has perdido? Eso pasa por parpadear.
Tampoco es que sea difícil seguirle los pasos al relato. Está construido sobre un puñado de estadounidenses de hoy exagerados hasta sus respectivos estereotipos (estereotipos adecuados, digo), limitando el grupo a un número asequible de miembros. Asimismo la estructura, que alterna segmentos de aquí y de allí, lineal pero no llana, permite ir visitando cada una de las escenas con enorme agilidad. De no ser así, no habría por dónde agarrar Freedom.
Y digo «de no ser así» con toda la intención, porque no creo haber encontrado el punto fuerte, la clave de la genialidad de Franzen. Existe, sí, uno se da cuenta a medida de que lee de que algo está ocurriendo; se identifica con este o con aquel, o con el que pasa por allí al fondo: todo es real y fascinante como un día normal. Puede que esa sea la sensación. Pero es imposible aislarla de todo lo que la rodea.
No es tanto un ensayo o una crónica como una buena novela, una que da cuenta de su tiempo y de su pulso. No pesan tanto los hechos o la minuciosidad con la que se describen las interacciones entre los personajes (verosímiles, como digo) como el ambiente general, sus argumentaciones, lo que representan.
Podría haber llegado a ser la novela que te cambia la vida de no haber sido por el plano emocional. La misma técnica utilizada para la construcción de los Berglund y alrededores en lo moral y lo ideológico llega hasta sus sentimientos y la manera en que encaran el paso del tiempo. Esto queda perfectamente reflejado y medido, cosa nada fácil de encontrar bien hecha, pero le falta, para ser redondo, un punto de sutileza. Perderle el miedo a dejar cosas sin decir que intuya el propio lector; incluso, por qué no, ocultárselas deliberadamente. No solo hacernos pensar, sino hacernos preguntas con algo de descaro.
Pero ni siquiera estoy seguro de que sea un inconveniente. Ni siquiera estoy seguro de vaya a olvidarme de este libro. Ni siquiera estoy seguro de suficientes cosas tras terminar de leerlo como para no recomendarlo mucho, mucho.



