RSS Feed

Entradas que hablan sobre «Literatura anglosajona»

  1. El milagro de la (in)comunicación

    Lo escribí el Jueves 30 de julio de 2009

    Anteanoche pude dejarme sorprender a una hora indecente por una película de 1971, The day of the Jackal. En España se  llamó Chacal, a secas, pero no guarda más parentesco con la película de Bruce Willis que el hecho de que ésta es un mal remake de aquélla.

    Se trata de una historia basada en la novela del mismo título de Frederick Forsyth. La trama es simple y clara: la OAS, esa organización terrorista francesa de los años 60, quiere cargarse a De Gaulle y, para ello, contrata a un asesino profesional e implacable. La gracia está en que, una vez preparado el golpe, el asesino comienza su periplo desde Italia hacia París en coche mientras que un agente trata de pararle los pies: el gato y el ratón, de nuevo, aliñado con el lujo entendido en los años 60.

    La gracia está en que la historia transcurre en 1963, de ahí el título de esta entrada: 20 años después, con móviles a medio cocinar y la capacidad de enviar fotografías en poco tiempo, no habría argumento, y el autor se vería en serios apuros para mantener alejado a su protagonista de las fuerzas del orden —eso por no hablar del encanto de verlos hablar por macroteléfonos desde un coche—. La fuerza del guión reside, en gran medida, en la tensión que se genera en el tiempo transcurrido entre el descubrimiento de pruebas cruciales y el peregrinaje que realizan hasta su punto de destino, para llegar, en la mayoría de los casos, demasiado tarde y dejando al Chacal avanzar un poco más hacia su presa. Este escollo se hace aún más claro en el mencionado remake, que sorteaba estos problemas con más bien poco tino, aprovechando los momentos en los que el cerco se cerraba para montar uno o dos asesinatos, tres explosiones y fuera.

    Y no es ninguna tontería: ¿cuántas trabas ha encontrado Hollywood en los últimos tiempos para redondear esta clase de argumentos? Los fugitivos ya no pueden echar a correr con un grillete y una cadena por Louisiana, robar un coche y escaparse sin más; el mundo ya no funciona así: ahora los guionistas se ven en la obligación de introducir al típico enrollao experto en telecomunicaciones que lleva gafas amarillas y pelopincho para que aquello quede medianamente verosímil; hay que servir al espectador una buena dosis de tecnicismos para que no chirríe.

    Ahora los personajes tienen el Internet ese de las narices, tienen un teléfono a mano constantemente (lo de que no haya cobertura ya no cuela) y, así, sin comerlo ni beberlo, asistimos a un nuevo quebradero de cabeza provocado por las condiciones tecnológicas. ¿Será por eso que tenemos inflación de westerns y películas de época?


  2. La máquina de follar

    Lo escribí el Domingo 26 de julio de 2009

    La máquina de follarLa máquina de follar

    Charles Bukowski

    Barcelona, Anagrama

    2002

    Si puedo evitarlo, nunca jamás leo traducciones: la mente se dispersa, la atención se desvía involuntariamente hacia cuestiones que no tienen nada que ver con lo que se está leyendo. Es el caso de La máquina de follar, que, encima, está traducido por cuatro manos.

    La frescura e inmediatez originales, hijas sin duda de las cualidades como poeta de Bukowski, desaparecen en nuestra lengua, pero sí subsiste la atmósfera que crea en cada relato y el trasfondo entre humano y surreal que con tanta maestría trabaja.

    Hermoso es, pues, el collejón que se merecen los señores de Anagrama: qué fácil es encargar un dibujín de una zagala con dos lustrosos encantos y venga, ponle de título el del último relato, que suena apetecible. Justamente lo más lustroso del libro (y del autor), que es esa atmósfera, parecen haber sido olvidadas en la edición para, en su lugar, tirarse a lo fácil.

    Esta es la editorial responsable de acercarnos algunos de los más reseñables libros que se han escrito en lengua inglesa, pero en ocasiones, como esta, tropiezan con el espíritu ramplón de quedarse en lo guarro, en lo maldito, en lo simple, y el resultado —por mucho que la selección fuera aprobada por el autor— es una colección deslavazada y descafeinada.

    Es evidente que un libro de relatos no puede funcionar como un bloque, y que buscar una coherencia entre cada texto más allá de un estilo no sirve de nada; pero en La máquina de follar no, parece que los cuentos se alternan de manera desorganizada, que se cruzan chapuceramente convirtiendo el libro en una especie de colección de consulta. Para que figure en el armario, vamos.

    De la obra en sí misma poco hay que decir, lo de siempre: ya es sabido cómo se las gasta Bukowski y en qué terreno se mueve, pero vuelvo a descubrirme ante él, vuelvo a tener ganas de comprar otro libro y de abrirlo con avidez cuando encuentro, línea tras línea, que no deja de sorprender, que sólo escribe desde la creatividad. Se permite fijar unas coordenadas, elegir unos carriles por los que va a transcurrir lo que sea que nos quiere contar cuando un para de páginas más allá se lo carga todo, empieza de cero y se reinventa. Y así, hasta el infinito.


  3. The Informers

    Lo escribí el Viernes 24 de julio de 2009

    The Informers The Informers

    Bret Easton Ellis

    Londres, Picador

    1994 [Esta portada no se corresponde con la de la edición]

    Estamos en racha: me sorprendía en Pulp por el cambio de registro de Bukowski, de sus naturales relatos cortos a la novela; y ahora me sorprendo con el salto inverso, de Bret Easton Ellis, desde la novela al relato. Y para completar el efecto rebote, resulta que la cita que abre este libro está extraída del excelso Ask the dust, que también reseñaba por aquí hace poco.

    En el fondo se trata de un volumen bastante cohesionado, y no de una recopilación de historias inconexas: siempre se busca una excusa, a la hora de publicar esta clase de colecciones, que explique por qué se ha decidido servir esa selección. Lo fácil es escudarse en la ciudad de Los Ángeles, o en la década de los 80, o en cualquier otro motivo que aquí, sencillamente, no vale. Porque los relatos de The Informers están cimentados sobre ese juego que a Ellis tanto le encanta de hacerlos dialogar entre sí, de guiñar el ojo al lector presentándole, por ejemplo, un restaurante al que acuden varios personajes, de distintas historias.

    Todo ello sin dejar de lado su habitual tendencia a ir abandonando la realidad para sobrepasar todos los límites: no quiero reventar nada, pero en la décima historia más de uno acudirá al diccionario preguntándose si realmente está entendiendo lo que lee o si su capacidad de comprensión está sufriendo un colapso.

    Manteniendo, pues, dos de los ingredientes más reconocibles del estilo de Bret Ellis, y sumándoles un sentido del humor a la vez oscuro y fresco, sólo queda añadir la variedad de estructuras, literarias y textuales, para topar con un imprescindible de los de verdad, probablemente de lo mejorcito de la producción de este escritor y, además, una delicia para el verano.


  4. Ask the dust

    Lo escribí el Lunes 20 de julio de 2009

    Ask the dustAsk the dust

    John Fante

    New York, Harper Perennial Modern Classics (HarperCollins)

    2006 (copyright de 1939)

    Este libro me ha dejado una cantidad de sensaciones que, como bien apuntaba alguna crítica que encontré por ahí, casi tengo la certeza de que Fante ha tenido que vivir esta historia en algún momento. Si no, es imposible que haya logrado materializar tantas cosas en tan poco espacio.

    El libro habla de un (futuro) escritor de 20 años que dedica la mayor parte de su tiempo a tratar de convertirse en eso, en un plumilla, pero que vive constantemente atenazado por sus inseguridades y por un pequeño relato que logró componer y publicar. En el fondo, este punto de partida no es difícil de identificar para cualquier lector; es un calzador excelente para sumirnos en lo que realmente quiere plasmar Fante.

    Y es que el núcleo del libro es uno de los triples mortales más complicados que se me ocurren: transiciones vitales. En este caso, el paso de la juventud a la vida adulta, un tema que ha engendrado auténticos monstruos cinematográficos y literarios, de esos que suelen terminar con tres amigos abrazados frente a una puesta de sol jurándose amistad eterna.

    El éxito de Fante al circunvalar este escollo, sumado al último tercio del libro —alucinante, frenético, un poco precipitado incluso— hacen suponer que se trata de una escritura perteneciente a esa deliciosa tendencia que consiste en tomar un principio real, cercano, atar con él al lector e ir despegando hacia la ficción más inverosímil.

    Y todo esto con su prosa clara, confusa por la urgencia a veces pero, ante todo, encantadoramente sincera y próxima. En 162 páginas, ni más ni menos: un buen cóctel para debajo de la sombrilla, de los que remueven cosas.

    PD: Buscando una imagen de la portada, acabo de topar con el tráiler de la película protagonizada por Colin Farrell y Salma Hayek. En fin, yo no lo haría.


  5. Pulp

    Lo escribí el Sábado 18 de julio de 2009

    PulpPulp

    Charles Bukowski

    New York, Ecco (HarperCollins)

    2002

    Charles Bukowski siempre fue un escritor de historias cortas y poemas, si no me equivoco pocas son las veces (si no es esta la única) que se enfrentó al reto de componer toda una novela. Por eso al abrir la primera página, uno siente el cosquilleo del fan que va a enfrentarse a un triple salto mortal de un ídolo, del que quizás salga anonadado o quizás decepcionado; quizás se caiga un mito o se encumbre para siempre.

    Pues bien, en este caso, es lo segundo. Uno de los rasgos de Bukowski que más me han atraído es su capacidad para disparar sordideces de todas las formas y colores mientras que, en el fondo, o detrás de todo ello, se encuentra un escritor como pocos. Esto pude confundir al respetable, que no sabe muy bien si su literatura es una recopilación de borracheras, úlceras y guarradas o si era la única forma de expresión con la que contaba. Este libro demuestra que esta última explicación es la que mejor se adapta a su escritura.

    Porque Pulp tiene la frescura de sus relatos, seguramente concebidos a toda velocidad, pero envasada en un cuerpo y en un hilo argumental sólidos como la roca, un libro coherente y al mismo tiempo demencial, trufado de esas escenas marca de la casa y de una colección de ideas (¿matar a Celine?) que llevan la impronta del mejor Bukowski.

    Todo aquel que piense que es un escritor sobrevalorado, que no se explique cómo ha llegado al panteón de los clásicos contemporáneos debería hacerse con esta edición (sobresaliente), sentarse en una terraza, pedirse un algo y dejarse sorprender. Y que viva Bukowski.