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Any Human Heart
William Boyd
Londres: Penguin Books, 2002
504 pp.
Reseña publicada originalmente en Culturamas.
Cada vez que se acerca un examen, es esencial que el estudiante recuerde una premisa fundamental: si no puedes convencerlos, atrónalos. Es decir, si no eres capaz de componer un desarrollo lógico en la prueba porque careces de datos o de la capacidad de enlazarlos, échales los que tengas a la cara y huye en la confusión.
Eso es lo que, más o menos, ocurre con William Boyd en esta novela, que no es novela: Seguir leyendo
The Good Thief’s Guide to Amsterdam
The Good Thief’s Guide to Amsterdam
Chris Ewan
Londres: Long Barn Books, 2007
He aquí una de esas novelas que llaman la atención en una estantería, se cogen con pocas expectativas, se comprueba que no son nada del otro mundo y, caramba, por eso se disfrutan.
Surcar las 238 páginas de la primera novela de Chris Ewan consiste únicamente en leer una historia sin otra pretensión que aplicar el modelo de una novela negra convencional, procurando no dejar agujeros en la trama y aguantándola sin ornamentos innecesarios más allá de algún que otro ramalazo poético que no va más allá de una frase en mitad de una descripción.
Si no es una gran novela, si no es un bocado de literatura sin igual, ¿por qué dedicarle tiempo y alguna que otra neurona? Porque no todos los días se puede comer un chuletón de buey, de vez en cuando hace falta una hamburguesa. De hecho, la solidez de la trama llega a verse amenazada por algún que otro pepinillo de más y un ligero exceso de ketchup, pero a fin de cuentas la idea es buena y está bien desarrollada.
Sin embargo, la importancia de meterse entre pecho y espalda libros pura y llanamente entretenidos, ni siquiera de una gran calidad (en este sentido, cualquier novela de Jean Christophe Grangé, autor de El imprerio de los lobos, es bastante mejor) reside en una lección literaria de gran valor: al tratarse de una primera novela bastante humilde, y deudora del género negro de hace 50 años, la mayor prioridad del autor es aplicar la estructura de aquél de manera prácticamente esquelética, dejándola clara para mentes con poca paciencia filológica, como la mía: la chica, el gerifalte, el poli, la escena final de 30 páginas en la que todo se resuelve.
A pesar de todo, conviene apuntarle un tanto a Ewan que me hará leer más trabajos suyos con más entusiasmo: ¿no es, cuanto menos, atractivo el concepto de un relato narrado en primera persona sobre un ladrón que además escribe novelas de calidad y éxito discutibles? Y que vivan las primeras novelas.
Trilogía de Deptford
Robertson Davies
Barcelona: Libros del Asteroide, 2009
El quinto en discordia – Traducción de Natalia Cervera
Mantícora – Traducción de Miguel Martínez-Lage
El mundo de los prodigios — Traducción de Miguel Martínez-Lage
Entro en la librería, me armo de valor y agarro el ladrillo de 1.200 y pico páginas: tras haber disfrutado tantísimo como disfruté de la prosa inteligente de Robertson Davies en la Trilogía de Cornish, la avidez me llevó a hacerme con la de Deptford en bloque, sin pensarlo dos veces –y considerando la economía, qué narices–.
Leer una trilogía de esta envergadura de una sentada permite observar aquello que, en un escritor como Davies, más peligroso puede resultar: la creación de una obra tan extendida en el tiempo, la pérdida de coherencia del texto sin quererlo. Es evidente que una mente meticulosa y ordenada como parece ser la suya es capaz de no caer en fallos tontos de argumento; a lo que me refiero es más bien al ritmo subyacente, a la manera en que fluye la pluma sobre el papel.
Y, sorprendentemente, a pesar de que cada una de las tres novelas adopta un punto de vista y un modo narrativo distinto, el traqueteo no se detiene: en El quinto en discordia tenemos una narración biográfica animada; en Mantícora, el discurso en primera persona salpimentado con diálogos más densos que enriquecen y aportan un fondo a la historia; y en El mundo de los prodigios, pues eso, el prodigio: la suma de ambos estilos combinada, a su vez, con la historia que ata y cierra lo que hasta ahora hemos leído, la revelación del truco del mago, el making-of de todo lo sucedido.
Davies logra, al mismo tiempo, que no nos cueste dejar de fijarnos en la página por la que vamos, incluso que olvidemos el peso del tocho: los segmentos, más allá de la estructura global del texto, tienen valor por sí mismo, cada capítulo es un desarrollo de lectura cerrada y al mismo tiempo inserto en un total; esta dualidad se da igualmente en las novelas en general: pueden leerse empezando por la tercera parte hasta llegar a la primera y disfrutarlas de la misma forma. Abracadabra.
La belleza estética del estilo y de la lengua que maneja Davies queda perfectamente plasmada en unas traducciones asumiblemente ricas, aunque de calidad creciente: la primera flojea por momentos, e incluye un puñado de errores tipográficos; la segunda se hace con el tono, aunque quizás lo adorne demasiado y resulte densa por momentos; la tercera mimetiza con enorme pericia el original, llegando incluso a arrancar una de esas sonrisas fruto de una broma inesperada, con la que tropezamos leyendo absortos.
No me cansaré de recomendar a este señor, el puente perfecto entre la lectura de entretenimiento, la erudición más opaca y –adoro poder decirlo– la escritura inteligente.
Episodio 5: Bret Easton Ellis + el primer cumpleaños
Como quien no quiere la cosa, este blog cumple un año! Comento la jugada, y un poco de charleta sobre Bret Easton Ellis.
Rock’n'roll
Rock’n'roll de Tom Stoppard
Naves del Matadero, Madrid
Toda la información aquí.
Tom Stoppard era, hasta el sábado pasado, un dramaturgo de lo más desconocido para mí; pero resulta que no sólo es importante sino que, además, es guionista prolífico (y no menos reseñable). Con lo que vi entonces, y lo que leo ahora, no me cuesta confirmar la imagen mental del escritor de origen exótico reconvertido en autor perfectamente anglosajón, e inserto en su cultura y su forma de entender el arte a la perfección.
Eso, desde el minuto uno, es Rock’n'roll: un relato pseudohistórico a caballo entre Praga y Cambridge con una densidad ideológica e histórica detrás (no, lo siento, no estoy muy puesto en regímenes autoritarios en Checoslovaquia) que, por suerte, Stoppard sabe encauzar de manera que no resulte plomiza (otro escollo: 2 horas 50 minutos).
Los diálogos son ágiles y el espacio escénico está perfectamente aprovechado en el montaje de Teatre Lliure dirigido por Álex Rigola, con una presentación ambiciosa pero bien cuidada y en absoluto excesiva o grandilocuente. Los actores contribuyen a esta sensación, la traducción suena bastante natural, pero…
Pero. Hay un pero, y cuesta definir cuál es: existe un problema oculto en Rock’n'Roll, que reside quizás en el texto original, quizás en el español, quizás en la dirección, no lo sé –porque todo el mundo parece desempeñar su labor competentemente– que lastra en exceso la primera parte. Va gustando, camina, pero casi antes del descanso el espectador empieza a tener la sensación de que el ritmo se está enfangando y de que, de pronto, algo falla.
La sospecha se confirma con la segunda parte, mil veces más ágil, aguda y liviana que la primera, en una oposición bestial que sólo puede radicar en la obra original; no obstante, también cabe la posibilidad que, siendo el principio de la obra el de mayor contenido histórico-político, y tener un ambiente, un tono, un discurso teatral absolutamente distinto, a alguno de los responsables de la adaptación se les haya ido la mano.
Sin embargo, no me hagáis ningún caso e id a verla. En estos tiempos que corren, pillar un teatro de calidad medianamente decente, bien montado y que encima proporcione conversación al salir ya es todo un regalo. Y seguro que disfrutáis del Rock’n'Roll que le da título…

