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Entradas que hablan sobre «Libros»

  1. Libros sin abrir

    Lo escribí el Viernes 8 de enero de 2010

    Cada vez que paso por delante de una librería suelo apretar el paso y, como dice esa creencia popular sobre las funerarias, agacharme para que no me tomen las medidas. Si por un casual se me ocurriera virar, empujar la puerta y meterme en la librería, tendríamos un enorme problema.

    Para empezar, caminaría entre las estanterías sin saber bien qué buscar. Entonces recordaría un trozo de periódico, una reseña, una recomendación y me encaminaría a donde estuviera el libro en cuestión. Lo abriría, lo hojearía, me gustaría. Luego otro. Y otro. Me encontraría con siete estimulantes libros en las manos, el tipo de la caja sonriendo y mi tarjeta temblando en el bolsillo.

    La última vez que me ocurrió eso (“venirse arriba”, lo llamo yo) rellené la estantería de libros por leer y llena sigue: se tarda un segundo en comprar Vida y destino; no se tarda tan poco en leerlo… Pero sí, va bajando, uno disfruta de tener tanto entre lo que elegir cuando se levanta, por ejemplo, un domingo con la literatura efervescente y tiene ganas de desayunarse con algo rico.

    Pues ahora que han venido los Reyes, estamos igual, pero con la cuenta corriente encamada: abro un paquete y Jan Potocki, desde Acantilado, me saluda con casi 800 páginas de tapa dura. ¡Viva! Y luego abro otro: Todo fluye, de Vasili Grossman, ¡alegría! Qué contento estoy con mis libros nuevos, ahora podré leerlos, toquetearlos, abrirlos, cerrarlos, contemplarlos y… ponerlos a la cola. ¡Maldición!


  2. Factótum

    Lo escribí el Lunes 4 de enero de 2010

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    Charles Bukowski

    Nueva York: Ecco (HarperCollins)

    1975 (edición de 2002)

    Estamos ante una de las novelas más impactantes de Bukowski, sin duda. 87 capítulos, 87 trozos de experimento literario de los que nos gustan: el autor empieza a narrar en tono desaliñado y directo un relato rutinario, cotidiano. Así, nos va seduciendo con su manejo de las formas, utilizando una estructura de velocidad trabada, para encajar sus florituras, cuando, sin darnos cuenta, terminamos el libro y nos plantamos en el apoteósico final: sí, todo estaba pensado. Ja, ja.

    Es decir, la obra apenas sobrepasa unas cómodas 200 páginas, y los capítulos no ocupan más que un par de ellas; no obstante, nos sumimos en el mismo mundo, frenético pero anquilosado, de Chinaski, incluso con la sensación alucinada de que no ha ocurrido nada en los tres últimos capítulos cuando, en realidad, han pasado tantas cosas que nos cuesta procesarlas.

    Chinaski no llega a caernos bien. Ni siquiera podemos simpatizar con él, entender lo que le pasa porque no tiene ningún interés en que lo hagamos: esta es otra de las claves de un narrador en primera persona perfectamente creíble. Ni es persuasivo, ni es sensiblero, sino cualquier tipo contando su historia sin miedo a ser juzgado.

    Para terminar de aderezar el plato (y quizás aquí me esté colando), noto un regusto a Steinbeck espolvoreado con mimo por encima de todo el libro: un guiño (casi una parodia) a la carretera californiana polvorienta, a la ciudad desolada pero hiperpoblada de personajes que desfilan sin ninguna relevancia, al trabajador sacrificado y al contexto de un país en crisis. Pero, claro, con la irreverencia de Bukowski taponando dramatismos exagerados, y arrancando cuando procede (y cuando no: gracias por eso) una sonrisa al lector.


  3. Ángeles rebeldes

    Lo escribí el Domingo 27 de diciembre de 2009

    angelesrebeldes Angeles rebeldes

    Robertson Davies

    Traducción de Concha Cardeñoso

    Barcelona, Libros del Asteroide

    2008 (original de 1981)

    Por fin asisto a la primera parte de la trilogía de Cornish, igual de fascinado que a las otras dos pero, no obstante, muy sorprendido.

    Sorprendido porque el tono, la estructura y la narración nada tienen que ver con los otros dos libros, sino que resultan completa y absolutamente independientes (que no incoherentes): por eso a lo largo de esta lectura no he dejado de preguntarme qué hacía de la trilogía de Cornish eso, una trilogía, más allá de que los personajes se llamen igual. Pero a esto habrá que dedicarle otra entrada.

    El libro en sí juega a la perfección con las voces de los personajes, sirviéndose de ellos y de unos diálogos de ritmo pausado pero firme para construir escenas tremendamente ricas en detalles y cubiertas, además, con ese tufillo académico-erudito en el que Davies nos quiere sumir.

    Lo mismo sucede con el resto de “ambientes” de la novela: el gitano, el estudiantil, el estudioso, el amoroso, el pervertido, el privado… Todos ellos se configuran definiendo el espacio y la acción con precisión milimétrica, utilizando además anécdotas y pequeñas historias dentro de la historia para mantener el interés del lector.

    La traducción desempeña, una vez más, un papel fundamental en el desarrollo del libro: la escritura de Davies es, más que nunca, la herramienta sobre la que se sostiene todo, ya que logra poner a sus personajes a teorizar sobre la ciencia del bomarí, o sobre Rabelais, estableciendo un discurso divulgativo a la vez que pedante hasta lo levemente grimoso; es decir, proporcionar la información ironizando, a la vez, con sus personajes y sin resultar obvio.

    Transportar eso al español, igual que la agilidad de una sintaxis ferozmente divertida cuando toca, son los retos a los que se enfrenta una edición de esta clase, que puede resultar, sólo por este factor, absolutamente infumable. Pero, por suerte, no es ni de lejos así.


  4. Wait until spring, Bandini

    Lo escribí el Miércoles 2 de diciembre de 2009

    6a00d4141a65c9685e010980bab999000b-500piWait until spring, Bandini

    John Fante

    New York, Ecco (HarperCollins)

    2002 (original de 1938)

    Las primeras novelas de los autores que más me gustan son, sin lugar a dudas, un bocado interesantísimo: es como ver una película cuya secuela y versión ya conoces; casi como si te supieras el final de antemano y, además, contaras con que lo que tienes delante no es necesariamente de la mejor calidad.

    Hay muchos autores que demuestran un talento en bruto gigantesco en sus primeras obras, pero al que le falta pulirse y afinarse: pienso, por ejemplo, en Less than zero, el debut de Bret Easton Ellis.

    Esa es la impresión que da Wait until spring, Bandini al empezar: un libro autobiográfico escrito con cierta gracia al que le cuesta arrancar al principio, con algunas pinceladas líricas llamativas y geniales y una estructura bastante sólida.

    Pero esto se va sublimando a la historia, los hechos, las imágenes, los aromas que en un principio parecían ornamentales, pero que poco a poco van marcando el ritmo de la narración hasta apoderarse de ella y convertir el libro, pues, es una suerte de narrativa poética absolutamente fresca.

    El resultado es, en definitiva, algo anguloso para ser una obra maestra pero deliciosamente prometedor tratándose de una primera novela, que se iría redondeando en Ask the dust y que no sé dónde recalaría a posteriori, pero ardo en deseos de averiguarlo. Gran descubrimiento, este Fante.


  5. La lira de Orfeo

    Lo escribí el Miércoles 25 de noviembre de 2009

    La lira de OrfeoLo que arraiga en el hueso

    Robertson Davies

    Traducción de Concha Cardeñoso

    Barcelona, Libros del Asteroide

    2009 (original de 1988)

    Tras haber leído Lo que arraiga en el hueso, segunda parte de la Trilogía de Cornish. En fin, increíble: sólo me quedan ganas de correr a la librería más cercana para hacerme con el primer volumen,  Ángeles rebeldes.

    Si hubiera que quedarse con un sustantivo de los que vienen a la cabeza constantemente durante la deliciosa lectura que culmina en la página 482 sería “solidez”: para empezar, los guiños lingüísticos o estilísticos a otros pasajes del libro —¡o de la trilogía!— se hacen perfectamente perceptibles sin llegar a ser evidentes, como una recompensa al lector que se enfrasque en la obra lo suficiente como para llegar al siguiente caramelo sin haber olvidado el anterior.

    La solidez narrativa proviene de un asombroso dominio de las líneas argumentales: al menos tres visibles, una de fondo y otra abismal. Pasan cosas, los personajes llevan a cabo acciones, se suceden escenas; entretanto, hablan sobre lo humano y lo divino; se caracterizan y delatan en lo más hondo; y por si todo esto fuera poco, empieza a cobrar sentido —más allá de que algunos personajes se llamen igual— que sea el culmen a una trilogía. Pero pudiendo leerse separadamente, ojo.

    Y por último, asoma el talento: Davies, con su solemne barba blanca, sortea de nuevo lo grisáceo de Canadá para plantarse en una escritura que, a pesar de ser trabajada, trabajosa e intensiva, no deja de recubrirlo todo con un entusiasmo contenido, con una poco obvia necesidad de dar rienda suelta a la pulsión literaria.

    No quiero dejar de repetir que me he dejado y me dejaré encantado 21,95 euros en libros como este, editado por Libros del Asteroide. Pocas veces me he sentido tan bien dándole dinero a una editorial, pero esta es una de ellas: baste apuntar que ayer —llamadme lo que queráis— les escribí un mail respectivo a la página 261 de La lira de Orfeo, puesto que me intrigaba que, en un volumen tan cuidado, de repente se presentara un diálogo en entrecomillados, y no con rayas, como es habitual en español y como aparecen en el resto del libro. Bien, en menos de 5 horas me habían respondido, agradeciendo el interés y ¡explicando la ortotipografía utilizada en el pasaje!

    En ocasiones como esta, da gusto.