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Entradas que hablan sobre «Libros»

  1. El imperio de lo agradable

    Lo escribí el Domingo 30 de mayo de 2010

    Coincidiendo –qué casualidad– con el arranque de la Feria del Libro de Madrid, sale a la venta la que podría ser la carga de profundidad definitiva, a medio plazo, para el mundo editorial tal y como lo conocemos: el iPad.

    Cuando el Kindle, el primer dispositivo para leer libros electrónicos, salió a la venta en 2007, el sector se echó a temblar; con el tiempo, se ha visto que no había tanto que temer: el funcionamiento del Kindle no se basa en una pantalla retroiluminada normal, sino en un mecanismo algo más complejo que, según publicaba The New Yorker en una ácida crítica el año pasado, presenta desventajas básicas, como puede ser el fondo irremediablemente gris de la pantalla o el posible apagón total de esta si le da el sol directamente.

    Por otro lado, Amazon, la librería en línea que lo comercializa, adoptó una estrategia para con el mercado editorial que la aleja varios continentes de la de Apple: mientras que la primera trató de puentear a las editoriales y de negociar directamente con el autor, para así rebajar costes al máximo; la segunda ha empezado su andadura en el mundo de la librería digital por sentar a las seis mayores editoriales de Estados Unidos y proponerles un modelo de representación. Cinco aceptaron; una, Random House, no: creen que es demasiado pronto para lanzarse a esta piscina con tanto entusiasmo y que aún le quedan entre cinco o siete años para cubrir lo suficiente.

    El futuro es de lo más incierto, en este sentido, pero al menos, parece claro que se está intentando aplicar el mismo modelo que va a salvar el mundo de la música o el del cine (ya existen programas gratuitos que, por un módico precio mensual, nos permiten consumir cuanto queramos en línea); y que, además, con la entrada de Apple en este terreno de juego se impone el imperio de lo agradable: trastos quizás inútiles, quizás excesivamente caros, pero tan bien diseñados…

    No obstante, el peligro a la masificación que ya atenaza los otros dos sectores se va a cebar con el libro: hoy, cualquiera puede escribir, maquetar y «publicar» un libro electrónico. Ya no desde el punto de vista comercial, sino cultural, sólo nos queda, pues, la figura del editor como filtro, como proveedor al que acudir: por ese modelo apuestan Libros del Asteroide o Acantilado.

    En este sentido, en esta Feria del Libro, más que el año pasado y menos que el que viene, algunos nos centraremos más en las casetas de las ocho, diez editoriales que sabemos que nos ofrecerán un producto de calidad, desconocido e interesante. Pero, una vez llegue el 14 de junio y la Feria haya acabado; una vez que la gente deje de acudir a las librerías y las reemplace por Internet, ¿será capaz el mercado editorial español de sobrevivir importando, en otra revolución tecnológica más, las ideas que se les han ocurrido a otros con un par de años de retraso? Ahora, más que nunca, adaptarse o morir: ir a rebufo del resto del mundo no parece una opción.


  2. Trilogía de Deptford

    Lo escribí el Jueves 18 de marzo de 2010

    DeptfordTrilogía de Deptford

    Robertson Davies

    Barcelona: Libros del Asteroide, 2009

    El quinto en discordia – Traducción de Natalia Cervera

    Mantícora – Traducción de Miguel Martínez-Lage

    El mundo de los prodigios — Traducción de Miguel Martínez-Lage

    Entro en la librería, me armo de valor y agarro el ladrillo de 1.200 y pico páginas: tras haber disfrutado tantísimo como disfruté de la prosa inteligente de Robertson Davies en la Trilogía de Cornish, la avidez me llevó a hacerme con la de Deptford en bloque, sin pensarlo dos veces –y considerando la economía, qué narices–.

    Leer una trilogía de esta envergadura de una sentada permite observar aquello que, en un escritor como Davies, más peligroso puede resultar: la creación de una obra tan extendida en el tiempo, la pérdida de coherencia del texto sin quererlo. Es evidente que una mente meticulosa y ordenada como parece ser la suya es capaz de no caer en fallos tontos de argumento; a lo que me refiero es más bien al ritmo subyacente, a la manera en que fluye la pluma sobre el papel.

    Y, sorprendentemente, a pesar de que cada una de las tres novelas adopta un punto de vista y un modo narrativo distinto, el traqueteo no se detiene: en El quinto en discordia tenemos una narración biográfica animada; en Mantícora, el discurso en primera persona salpimentado con diálogos más densos que enriquecen y aportan un fondo a la historia; y en El mundo de los prodigios, pues eso, el prodigio: la suma de ambos estilos combinada, a su vez, con la historia que ata y cierra lo que hasta ahora hemos leído, la revelación del truco del mago, el making-of de todo lo sucedido.

    Davies logra, al mismo tiempo, que no nos cueste dejar de fijarnos en la página por la que vamos, incluso que olvidemos el peso del tocho: los segmentos, más allá de la estructura global del texto, tienen valor por sí mismo, cada capítulo es un desarrollo de lectura cerrada y al mismo tiempo inserto en un total; esta dualidad se da igualmente en las novelas en general: pueden leerse empezando por la tercera parte hasta llegar a la primera y disfrutarlas de la misma forma. Abracadabra.

    La belleza estética del estilo y de la lengua que maneja Davies queda perfectamente plasmada en unas traducciones asumiblemente ricas, aunque de calidad creciente: la primera flojea por momentos, e incluye un puñado de errores tipográficos; la segunda se hace con el tono, aunque quizás lo adorne demasiado y resulte densa por momentos; la tercera mimetiza con enorme pericia el original, llegando incluso a arrancar una de esas sonrisas fruto de una broma inesperada, con la que tropezamos leyendo absortos.

    No me cansaré de recomendar a este señor, el puente perfecto entre la lectura de entretenimiento, la erudición más opaca y –adoro poder decirlo– la escritura inteligente.


  3. Debout les morts

    Lo escribí el Miércoles 17 de febrero de 2010

    Debout-les-mortsDebout les morts

    Fred Vargas

    París: J’ai Lu (2000)

    Ante todo, voy a intentar hablar de este libro sin reventarlo. Pero no prometo nada, así que si alguien tiene intención de leerlo, atención.

    Fred Vargas se ha hecho un nombre a base de duro trabajo, de una bibliografía extensa y, no nos engañemos, de explotar el género más socorrido y uno de los más cómodos para cualquier narrador: el policíaco.

    El thirller, de esta forma, no requiere más que de un final espectacular y, a partir de ahí, dar los pasos pertinentes hasta colocarse en el principio: un esquema perfectamente estructurado desde el minuto uno, sin meterse en berenjenales narrativos que requieran romperse las neuronas. Luego, sólo queda aplicar la pluma con el talento de cada cual y voilà: un auténtico roman policier.

    El problema con Fred Vargas (es una señora con pseudónimo, por cierto) es que, si bien posee un talento enorme en ese segundo paso, el de escribir propiamente dicho, en su desarrollo de la trama hace gala de una cierta pereza que por momentos cabrea: giros cogidos con pinzas, diálogos forzados y ramalazos creativos, con escenas y detalles casi líricos, que poca cabida tienen en una novela policíaca, en la que el relato ha de ser fluido, voraz y directo.

    Quiero decir que como novelista vale un potosí, y los personajes protagonistas están razonablemente bien dibujados; sin embargo, al elegir este género tan cómodo, el libro ha quedado bastante desequilibrado: un primer capítulo más que sugerente y un capítulo final típico pero eficaz; y una ristra de episodios de dudosa pertinencia en medio, llegando a hacernos pensar por momentos que en algún lugar del contrato ponía que había que pasar de las 250 páginas.

    Ahora bien, que se lee rápido (esto empieza a parecerse a una reseña escolar) es innegable, y que la atención del lector está bien dirigida hacia los sospechosos en la resolución del crimen también, pero entre ese tufillo místico-histórico y algunas incongruencias en la investigación, a uno le dan más ganas de abrir un Sherlock Holmes, comérselo en 15 minutos y quedarse tan ancho. Gran novelista, sospechosa autora de thrillers.


  4. Glamorama

    Lo escribí el Sábado 6 de febrero de 2010

    portada-glamoramaGlamorama

    Bret Easton Ellis

    New York: Knopf-RandomHouse, 2000 (ed. de 1998)

    Sin contar la inminente continuación de Less than Zero, Imperial Bedrooms, que se publicará este año, sólo me queda una novela de Bret Easton Ellis por leer. Si digo esto es porque, a pesar de encontrarme ante el cuarto libro de este señor, sigo sorprendiéndome por sus múltiples salidas.

    En este caso, los fans encontrarán una buena ración del Ellis de siempre: elementos irreales entremezclados con una ficción muy ceñida a lo autobiográfico, de manera que, una vez más, va despegando desde la insulsa crónica costumbrista y social hacia lo completamente inverosímil, sin perder el ritmo en ningún momento.

    Llama especialmente la atención, en Glamorama, la admirable estructura narrativa, una de las más sólidas que he encontrado: es una novela muy densa, muy larga (roza las 550 páginas) pero perfectamente articulada, mucho más que American Psycho. Con el libro entre las manos, notamos que nos queda más de la mitad cuando el relato empieza a desinflarse, para de repente asirse con fuerza a un punto de inflexión magistral en la mitad y volver a arrancar de golpe, manteniendo el ritmo narrativo pero lanzándose en una historia que bien podría pertenecer a otro libro.

    Es justamente esta variedad la que aleja la novela de un tono profundo para dotarla de una experiencia como de novela de intriga, sin tener la certeza de si se resolverá el misterio o si, por el contrario, nos quedaremos colgados con uno de esos finales abiertos marca de la casa. De esta forma, el lector se mantiene pegado y capta la coherencia de la obra en toda su extensión, cosa que no es fácil de lograr; y disfrutamos, así, de todo un entramado de referencias y estilos narrativos de lo más variopinto: las encubiertas citas de canciones, el aroma de la novela de acción y característicamente francesa de los 90, el desasosiego de la literatura estadounidense contemporánea y, por qué no, una buena pátina de humor negro del bueno.

    El mayor logro es, pues, poder afirmar que un libro de esta magnitud (en todos los sentidos) puede disfrutarse en un santiamén y sin un esfuerzo interpretativo desmesurado. La frivolidad y ligereza que guían esta lectura han sido víctima de críticas pero constituyen, sin embargo, una de sus grandes virtudes por su osadía. Definitivamente, enorme Ellis.


  5. Dreams from Bunker Hill

    Lo escribí el Domingo 10 de enero de 2010

    dreamsfrombunkerhillDreams from Bunker Hill

    John Fante

    New York, Ecco (HarperCollins)

    1982 (edición de 2002)

    He aquí la novela final, definitiva, de Arturo Bandini: efectivamente, antes de abalanzarme sobre la chicha del libro, debo confesar que si lo compré antes que otros de Fante fue porque esta novela es la última que escribió, tras quedarse ciego a causa de una diabetes, dictándosela a su mujer.

    Hasta aquí, la carnaza. Ahora vamos a lo que importa.

    Hace no demasiado leí Wait until spring, Bandini, a la cual separan de esta más de 40 años, una guerra mundial y dos o tres cambios en la vida del autor, imagino. Se nota, se nota la evolución pero el sustrato Fante sigue donde estaba y sorprende observar que, con todo, el autor no deja de ser reconocible: desarrollaré esto en el Podcast de este mes.

    Vuelvo al libro: uno de los detalles más escalofriantes es la imperturbable capacidad de Fante para crear imágenes; no quiero reventar la obra, pero su tratamiento de la luz (¡pasa de ella y sin embargo está ahí!), de los volúmenes, resulta prácticamente conceptual. Evita recargar las descripciones de detalles barrocos (embellecedores pero superfluos), y se limita a colocar en un escenario, con dos palabras, los elementos necesarios.

    Así es como el propio lector construye su mundo, sin más guía que la esquelética; lo mismo sucede con Bandini o con el resto de personajes. Su caracterización no se basa en una metódica descripción de sus rasgos psíquicos o físicos, sino en sus interacciones: si no realizan determinada acción, nos resulta complicado suponer cómo reaccionarían, qué pensarían, qué sentirían.

    Este es el motor del libro, un descubrimiento constante de personajes, escenas y frases que nos hacen sentir cómodos viviendo la vida a través de Bandini y vivir su exploración, pero al mismo tiempo con la sensación de que la historia tiene un final: un final que no pasa necesariamente por un viaje, por un reencuentro, por un desenlace, sino porque Bandini, por fin, llegue a donde tenía que llegar.