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	<title>¡Bah! &#187; Libros</title>
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	<description>El irreductible blog diario</description>
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		<title>Dublinesca</title>
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		<pubDate>Wed, 23 Feb 2011 16:59:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
				<category><![CDATA[Críticas]]></category>
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		<category><![CDATA[Enrique Vila-Matas]]></category>
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		<description><![CDATA[A veces acierta y a veces yerra. Con este libro, Vila-Matas da en el clavo.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><strong><a href="http://www.alejandrocarantonna.es/wp-content/uploads/Dublinesca376.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-1742" title="Dublinesca" src="http://www.alejandrocarantonna.es/wp-content/uploads/Dublinesca376-176x300.jpg" alt="" width="176" height="300" /></a>Dublinesca</strong></em></p>
<p>Enrique Vila-Matas</p>
<p>Seix-Barral, Barcelona: 2010</p>
<p>325 pp.</p>
<p>Ya me ha costado meterme a leer <em>Dublinesca</em>. No por nada &#8211;<em>París no se acaba nunca </em>es una de mis novelas favoritas&#8211;, pero es que hay dos cosas de Vila-Matas que no soporto: a ese segmento de sus lectores que abren sus libros como si fueran álbumes de fotos, buscando al siguiente referente que el magno Dios ha señalado con su dedo (alguno seguirá intentando leer <em>Ulysses</em> a estas alturas); y lo que escribe cuando se encuentra plenamente bien, o lo aparenta.</p>
<p>El Vila-Matas que más me gusta es el patético, el que está tan inmerso en esa parcelita literaria que resulta cómico, grotesco, muy gracioso. Ese es el que aflora en la primera mitad de <em>Dublinesca</em> y el que me seduce por la convicción de su prosa. Aquel dispuesto a enseñar sus miserias y obsesiones con tan poco pudor que se acaba por dudar de si lo está haciendo propósito (el reto, irónico, de la segunda mitad del libro).</p>
<p>Y no digo que sea patético en el sentido anglosajón, como algo negativo, sino decantándome por la acepción más nuestra: que es débil, frágil, «malo» pero tierno. Autores como Vila-Matas solo me resultan gratos cuando se deja la piel en la novela. Da igual que siempre hable de lo mismo, como Auster; importa menos aún que se ensimisme y se enfangue en determinados pasajes. La gracia es asistir no solo a lo que contiene la propia novela sino también, y sobre todo, a lo que vive tras ella. Ahí, en esa trastienda, es donde está el autor genial.</p>
<p>Todo lo demás es accesorio. Los libros que cita, la metaliteratura que exuda y demás devaneos son totalmente accesorios. Lo mejor es que ni lo sabe ni parece capaz de calcularlo; lo malo, es que sus novelas son una lotería: o son el gran acierto, o son el gran error. Eso sí, <em>Dublinesca</em> es todo acierto.</p>
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		<title>Freedom</title>
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		<pubDate>Wed, 16 Feb 2011 07:26:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
				<category><![CDATA[Críticas]]></category>
		<category><![CDATA[4th Estate]]></category>
		<category><![CDATA[Harper Collins]]></category>
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		<category><![CDATA[Siglo XXI]]></category>

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		<description><![CDATA[Dicen que es uno de los grandes del siglo XXI. Y no se equivocan.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.alejandrocarantonna.es/wp-content/uploads/040401-FC222.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-1720" title="Freedom" src="http://www.alejandrocarantonna.es/wp-content/uploads/040401-FC222.jpg" alt="" width="222" height="340" /></a><strong><em>Freedom</em></strong></p>
<p><em>Jonathan Franzen</em></p>
<p><em>4th Estate: Londres (2010)</em></p>
<p><em>562 pp.</em></p>
<p>Cuesta saber por dónde empezar con Franzen. ¿Qué decir de él, si su literatura parece de lo más cotidiano, si se diría que no ha ocurrido nada, o poco, que realmente haya cambiado el mundo? Y es que ese es el truco: recurre a una historia tan normal &#8211;en un principio&#8211; que podría estar sucediendo a la vuelta de la esquina sin que nos estemos enterando. Luego los acontecimientos se van amontonando, van entrando en escena todo tipo de juegos, de giros, de filigranas aparentemente gratuitos. Y va colándonos la auténtica carga de la novela y, al pasar la última página (doblando el lomo, ya: no es que sea un folleto) buscamos un poco más de Franzen. Pero no, se ha terminado: ¿te lo has perdido? Eso pasa por parpadear.</p>
<p>Tampoco es que sea difícil seguirle los pasos al relato. Está construido sobre un puñado de estadounidenses de hoy exagerados hasta sus respectivos estereotipos (estereotipos adecuados, digo), limitando el grupo a un número asequible de miembros. Asimismo la estructura, que alterna segmentos de aquí y de allí, lineal pero no llana, permite ir visitando cada una de las escenas con enorme agilidad. De no ser así, no habría por dónde agarrar <em>Freedom</em>.</p>
<p>Y digo «de no ser así» con toda la intención, porque no creo haber encontrado el punto fuerte, la clave de la genialidad de Franzen. Existe, sí, uno se da cuenta a medida de que lee de que algo está ocurriendo; se identifica con este o con aquel, o con el que pasa por allí al fondo: todo es real y fascinante como un día normal. Puede que esa sea la sensación. Pero es imposible aislarla de todo lo que la rodea.</p>
<p>No es tanto un ensayo o una crónica como una buena novela, una que da cuenta de su tiempo y de su pulso. No pesan tanto los hechos o la minuciosidad con la que se describen las interacciones entre los personajes (verosímiles, como digo) como el ambiente general, sus argumentaciones, lo que representan.</p>
<p>Podría haber llegado a ser la novela que te cambia la vida de no haber sido por el plano emocional. La misma técnica utilizada para la construcción de los Berglund y alrededores en lo moral y lo ideológico llega hasta sus sentimientos y  la manera en que encaran el paso del tiempo. Esto queda perfectamente reflejado y medido, cosa nada fácil de encontrar bien hecha, pero le falta, para ser redondo, un punto de sutileza. Perderle el miedo a dejar cosas sin decir que intuya el propio lector; incluso, por qué no, ocultárselas deliberadamente. No solo hacernos pensar, sino hacernos preguntas con algo de descaro.</p>
<p>Pero ni siquiera estoy seguro de que sea un inconveniente. Ni siquiera estoy seguro de vaya a olvidarme de este libro. Ni siquiera estoy seguro de suficientes cosas tras terminar de leerlo como para no recomendarlo mucho, mucho.</p>
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		<title>Lo que viene</title>
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		<pubDate>Sat, 22 Jan 2011 13:04:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
				<category><![CDATA[Columnas y opinión]]></category>
		<category><![CDATA[El Comercio]]></category>
		<category><![CDATA[Johnathan Franzen]]></category>
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		<category><![CDATA[Robertson Davies]]></category>
		<category><![CDATA[Suplemento Culturas]]></category>

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		<description><![CDATA[Hoy, en Culturas, recomiendo un par de novedades a punto de caramelo.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hay autores que dedican toda una vida a un objetivo. De esos que son capaces de levantarse a diario a labrarse un Nobel; o de los que guardan, pegada en la nevera, una lista de todos los premios literarios que conceden las cajas rurales constantemente por ese relato ya escrito, por esa novela manida. Y hay autores como Johnathan Franzen, que se dedica a dar con su novela perfecta. Saltó a la fama a principios de la década (ya) pasada con <em>The Corrections</em>, con un estilo tan expansivo como adictivo. Un género tan propiamente estadounidense como personal, unos libros que andan a medio camino de la ficción y del ensayo contemporáneo. En septiembre del año pasado, tiró la casa por la ventana con <em>Freedom,</em> mismo estilo, mismo género, pero no más de lo mismo. Un novelón de los que podrían tener más de un siglo y que alguien de la editorial Salamandra aún se debe de estar deslomando para traducir, pero que llegará en 2011 a España.</p>
<p>Otra buena noticia: el solemne, canadiense, barbudo y entrañablemente erudito Robertson Davies regresa de la tumba (21 años hace ya que nos dejó), una vez más, de la mano de Libros del Asteroide. «Monté la editorial porque un día me di cuenta de que no leía nada que tuviera menos de 10 años», contaba el editor en una ocasión. Y así fue: dos de las trilogías de este genio olvidado ya han aterrizado impecablemente publicadas. Pronto, muy pronto, llegará la primera parte de otra más, la de una compañía de teatro que se enfrentará, en esta entrega, al montaje de <em>The Tempest</em>, de Shakespeare.</p>
<p>No será difícil perderse en la ensalada editorial del año que entra, pero así, de mano, estos dos bocados vale la pena buscarlos.</p>
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		<title>Hiroshima</title>
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		<pubDate>Mon, 27 Dec 2010 13:50:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
				<category><![CDATA[Bah]]></category>
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		<category><![CDATA[John Hersey]]></category>
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		<category><![CDATA[Segunda Guerra Mundial]]></category>
		<category><![CDATA[Siglo XX]]></category>
		<category><![CDATA[The New Yorker]]></category>

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		<description><![CDATA[Cómo contar verdades entreteniendo a todo el mundo y, lo que es más, con elegancia.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><em><a href="http://www.alejandrocarantonna.es/wp-content/uploads/9780141041865.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-1624" title="Hiroshima Hersey" src="http://www.alejandrocarantonna.es/wp-content/uploads/9780141041865-193x300.jpg" alt="" width="193" height="300" /></a>Hiroshima</em></strong></p>
<p>John Hersey</p>
<p>Londres: Penguin, 1985 (2009)</p>
<p>243 pp.</p>
<p>El 31 de agosto de 1946 los lectores de <em>The New Yorker</em> se llevaron una sorpresa. Desde la primera página, tras la agenda de ocio habitual, hasta el final, todo el número de esa semana era este reportaje de John Hersey. Si estáis suscritos, podéis leerlo escaneado <a href="http://archives.newyorker.com/?i=1946-08-31#folio=014" target="_blank">aquí</a>.</p>
<p>¿En qué consiste <em>Hiroshima</em>? ¿Cómo abordar el asunto? Personalizándolo: es el más difícil todavía, agarrar a seis supervivientes del bombardeo de aquel 6 de agosto de 1945 y contar sus historias con precisión, mostrando el horror contenido en todas y cada una de las imágenes, pero sin dejarse seducir por el evidente sentimentalismo posible.</p>
<p>Como escribe sobre uno de los  personajes  hacia el final del libro:</p>
<blockquote><p>The bombing almost seemed a natural disaster &#8211; one that it had simply been her bad luck, her fate (which must be accepted) to suffer.</p></blockquote>
<p>Es decir:</p>
<blockquote><p>El bombardeo casi parecía un desastre natural, que había sido su mala suerte, o su destino &#8211;que ha de ser aceptado&#8211; lo que le había tocado sufrir.</p></blockquote>
<p>Así, sin plantearse estrategias políticas o tácticas militares, Hersey acota el relato a lo que le concierne, a lo que les ha sucedido a estas seis personas. Y lo que les ha ocurrido sin ornamentos, sencillamente como es, para que cada lector pueda conocer con curiosidad casi científica qué supone que caiga una bomba nuclear. A partir de ahí, uno puede organizar las ideas en su cabeza, ya puede construir una opinión. Pero solo entonces, no antes.</p>
<p>El equilibrio y la mesura que Hersey alcanza en este libro se han repetido muy pocas veces desde entonces, incluso considerando <em>Hiroshima</em> no ya como reportaje si no como novela: imaginemos que <em>Little Boy</em> nunca hubiera caído, que no supiéramos qué es Japón. En esas circunstancias, no dejaríamos de encontrarnos ante una obra excepcional. Porque es su tono desapasionado lo que desgarra, porque es el detalle lo que sobrecoge. Esto es Hiroshima, 8 y cuarto de la mañana del 6 de agosto de 1945.</p>
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		<title>Palabra de Vor</title>
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		<pubDate>Wed, 01 Dec 2010 08:50:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
				<category><![CDATA[Bah]]></category>
		<category><![CDATA[Cruz Morcillo]]></category>
		<category><![CDATA[España]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[No ficción]]></category>
		<category><![CDATA[Pablo Muñoz]]></category>

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		<description><![CDATA[Probablemente no cambie el rumbo de la literatura, pero es fundamental.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><a href="http://www.alejandrocarantonna.es/wp-content/uploads/47248_1_palabra_de_vor.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-1554" title="palabra-de-vor" src="http://www.alejandrocarantonna.es/wp-content/uploads/47248_1_palabra_de_vor-198x300.jpg" alt="" width="198" height="300" /></a>Palabra de Vor</em></p>
<p><em> </em></p>
<p>Cruz Morcillo y Pablo Muñoz</p>
<p>Madrid: Espasa, 2010</p>
<p>298 pp.</p>
<p>Hay algunos libros que pasan relativamente desapercibidos entre el inasible magma editorial español. Libros que destapan lo que probablemente todo ciudadano, votante o viandante debería saber sobre el suelo que pisa; que diseccionan la trama de los GAL de arriba abajo (<em>Guerra sucia, manos limpias</em>, de Paddy Woodworth) o que desarman algo tan opaco como nuestros servicios de inteligencia (<em>Los servicios de inteligencia españoles, </em>de Antonio M. Díaz Fernández).</p>
<p><em>Palabra de Vor </em>es uno de ellos. Este libro no deja de ser, ante todo, un trabajo periodístico: ofrece a nuestra mirada atónita una relación detallada y cautelosa –por aquello de no dar un paso en falso a la hora de contar verdades– de los subterráneos movimientos de las mafias rusas en España, basándose en entrevistas con fuentes imposibles de desenmascarar, sí; pero, sobre todo, en sentencias, sumarios y autos convenientemente filtrados y competentemente narrados. Una solvente compresión, en 300 páginas escasas, de un episodio que algún día se revelará crucial en la historia de España.</p>
<p>La pasión lleva a Cruz Morcillo y a Pablo Muñoz a redactar como lo que son, periodistas, permitiéndose algún ramalazo literario juguetón –los diálogos, algunos de ellos forzados–, pero lanzando datos, datos y más datos. Sin atreverse a juzgar, más que en lo que les toca (alguna que otra demanda les aguarda, seguro), los hechos que están narrando. La valentía no es una cualidad artística o literaria, no le otorga ningún valor a un libro; la capacidad, sin embargo, de abstraerse de factores ambientales y de contar con rigor qué fuerzas conviven con nosotros ahí, a la vuelta de la esquina, sí.</p>
<p><em>Palabra de Vor</em> está llamado a ocupar un sitio en esa estantería que todo el mundo debería tener, la de los libros necesarios, la que vive entre la de Historia y la de crónica contemporánea. Y, dentro de ella, en ese sitio especial que nos vemos obligados a guardarles a los que estallan en la libreta de un periodista –hablan de sumarios, causas e investigaciones en curso– para ayudarnos a entender hoy, aquí, ahora, qué ha pasado, qué pasa y qué esperemos que no pase en España.</p>
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		<title>De Sorel a Pijoaparte</title>
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		<pubDate>Sat, 16 Oct 2010 10:05:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
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		<description><![CDATA[¿Seguimos logrando conmovernos?]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Ese libro sólo podía haber sido así», me dijo un profesor sobre <em>Últimas tardes con Teresa</em>. Y tiene toda la razón del mundo: el Pijoaparte es un chulito arrabalero que empieza por caernos bien hasta que, al final, se acaba quitando su propia careta para quedarse en el Manolo Reyes que nunca debió dejar de ser: un chico inocente, tontamente enamorado de una rubia no menos prendada de los trajes baratos y las maneras de barriada.</p>
<p>Pero que el Pijoaparte acabe por dejar de ser quien es, o al menos en parte, no es nada comparado con lo que el bueno de Julien Sorel, en <em>Rojo y negro</em>, era capaz de hacer en circunstancias similares (y eso que el segundo era unos añitos más joven que el primero). Los personajes de Stendhal no se andan con chiquitas: mientras que Pijoaparte se pasa un puñado de líneas poniéndose tonto porque ha visto, fugazmente, un hombro en la playa, Sorel pasa del aserradero a la docencia, de la docencia a los líos de faldas, de los líos de faldas a la cárcel y –¡como tiene que ser!– luego el que no muere, llora amargamente.</p>
<p>No, no se andaban con chiquitas, aquellos decimonónicos: las macarradas de nuestro mejor cine quinqui se quedan en pañales al lado de aquel orondo personaje de las <em>Crónicas italianas</em>, del propio Stendhal, a cuya llaga de la pierna tenían que alimentar directamente con filetes para que dejara al amo en paz.</p>
<p>El Pijoaparte no deja de resultar entrañable por sus torpes esfuerzos por aprender, por salir de eso que llaman un «drama social»; Sorel no deja de resultar entrañable por lo bruto que es bajo esa apariencia dócil e inocente: después de todo&#8230; ¿Quién logra, hoy, conmovernos como ellos?</p>
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		<title>Últimas tardes con Teresa</title>
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		<pubDate>Tue, 12 Oct 2010 10:46:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Una novela muy recomendable.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><a href="http://www.alejandrocarantonna.es/wp-content/uploads/images1.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-1438" title="ultimastardesconteresa" src="http://www.alejandrocarantonna.es/wp-content/uploads/images1.jpg" alt="" width="184" height="274" /></a>Ultimas tardes con Teresa</em></p>
<p>Juan Marsé</p>
<p>Barcelona: DeBols!llo, 2009 (original de 1966)</p>
<p>470 pp.</p>
<p>Probablemente, el libro más conocido de Juan Marsé. Y digo «libro» no por azar, sino porque no se trata de una novela al uso. Especialmente, por su carácter de ensayo, en cierto modo: leyendo algún Marsé posterior se puede observar cómo la historia del entrañable Pijoaparte y lo que la rodea no son tan importantes como el camino literario que el autor empieza a trazar.</p>
<p>No sé muy bien cómo, pero el relato ensimisma cuando tiene que ensimismar –los alucinados párrafos corridos, tan ambiciosos– y precisa cuando tiene que precisar: por algún motivo, el lector tiene la sensación permanente de que las escenas culminantes, a las que Marsé se refiere en el prólogo a esta edición, son efectivamente el pilar sobre el que se sustenta toda la obra. Los colores, los olores, los paisajes, los movimientos –metáforas aparte– cobran una vida que sólo es posible con una escritura acelerada y concentrada.</p>
<p>Se nota la falta de edición en algunos pasajes, aunque no molesta; se nota, también, lo cercano y conocido que es todo el universo plasmado para el narrador; pero lo que no se nota hasta haber pasado la última página es la construcción del héroe. Cualquiera podría ser Pijoaparte, cualquiera entiende al joven Manolo Reyes y a las muchachas y personajes que van desfilando por su vida. Es lo suficientemente complejo y elaborado como para que una descripción proletaria y baratera –que, viendo la época, sería lo oportuno– quede excluida del horizonte desde el primer momento.</p>
<p>Mandan todas sus facetas, entre las cuales podemos elegir; manda el razonamiento maduro y meditado de las emociones que le conducen al siguiente paso.</p>
<p>Manda, en definitiva, la sinceridad: literaria, intelectual, y artística. Y, qué narices, que es una novela incomparable.</p>
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		<title>Anatomía de un instante</title>
		<link>http://www.alejandrocarantonna.es/2010/10/08/anatomia-de-un-instante/</link>
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		<pubDate>Fri, 08 Oct 2010 10:29:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Política]]></category>

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		<description><![CDATA[Una contradicción de libro total y absoluta]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.alejandrocarantonna.es/wp-content/uploads/imagen2.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-1229" title="anatomia" src="http://www.alejandrocarantonna.es/wp-content/uploads/imagen2-172x300.jpg" alt="" width="172" height="300" /></a>Anatomía de un instante</p>
<p>Javier Cercas</p>
<p>Barcelona: Mondadori, 2009</p>
<p>463 páginas</p>
<p>Lo mejor de esta no-novela son sus 70 páginas finales; es más, no es que sea lo mejor, sino lo que da sentido a las anteriores y concluye un volumen de calidad, un libro recomendable. Pero se salva por los pelos: «Excepcional cruce de géneros narrativos», afirma Javier Pradera en una de las loas que recubren la cubierta de esta edición: ese es, precisamente, el núcleo de la tensión principal de este libro, la que desconcierta al lector de principio a fin.</p>
<p>Cercas se descubre en la introducción: resulta que <em>Anatomía de un instante</em> no es una novela pero tampoco es un ensayo pero tampoco es una investigación periodística, ni siquiera es un libro de Historia. La excusa perfecta: es todo a la vez: cuando parece que viene una andanada de datos sobre el 23-F, de pronto el autor llama «chisgarabís», «arribista» o «gallito de provincias» a Suárez, por ejemplo. Junto a los datos, conclusiones personales más o menos justificadas que le restan fuerza y empaque al mensaje; junto a una estructura cuidada, una dosis de literatura que dinamita toda posibilidad de una lectura fragmentada.</p>
<p>Todo esto no significa que no se lea de un tirón, que no enganche, pero a costa de cabrear al lector absorto con las casi 100 páginas que le sobran: una de las técnicas preferidas de Cercas es repetir sintagmas concretos hasta la tortura (el «gobierno de coalición o concentración o unidad»); además, si puede, de escribir párrafos de páginas y páginas y páginas sin un mísero punto; incluso procura extender las oraciones y yuxtaponerlas y evitar puntuarlas o cortarlas o interrumpirlas en determinados momentos y así confundirnos por completo y obligarnos a leer una y otra y otra vez tres líneas que no entendemos en absoluto.</p>
<p>No obstante, la experiencia le permite manejar un vocabulario rico y expresarse con bastante más claridad que otros autores de este tipo de libros; y no cabe duda de que su discurso, por leído y documentado, tiene cierto peso. Pero de nuevo, el cruce de géneros hace zozobrar el texto: da la impresión, en la exposición de los hechos, de que Cercas no puede resistir la tentación de presentarnos sus conclusiones personales, las impresiones que le ha dejado el larguísimo proceso al que se sometió para escribir <em>Anatomía de un instante</em>: por eso digo que las últimas 70 páginas (las conclusiones) son las más lúcidas de todo el libro.</p>
<p>Es un texto, por otra parte, ensimismado y obsesivo: esto inyecta relevancia al plano extratextual, al autor frente a un episodio decisivo de la historia de España; al mismo tiempo, y como señalaba anteriormente: si quería hacernos saber su opinión ¿no podría confesarlo desde un primer momento? ¿Por qué no hay un editor que le pare los pies cuando afloran los sentimientos?</p>
<p>Un libro raro, extraño y cargado de altibajos: de los que enfadan pero atrapan; de los que exudan irrelevancia pero acaban por ser inolvidables. Eso sí: ante todo, una buena forma de asomarse a un cuasi cataclismo político.</p>
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		<title>Granta con Casciari</title>
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		<pubDate>Wed, 06 Oct 2010 07:32:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Granta]]></category>
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		<description><![CDATA[Valorando las dos noticias literarias de la semana.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Me ha salido un nombre de cóctel sin comerlo ni beberlo. Sí, me refiero a las dos noticias literarias de la semana (pasada) que siguen expandiéndose y cebando la Red de redes con comentarios, apoyos, y polémicas.</p>
<p>Como bien apuntaba cierto <a href="http://www.cuartopoder.es/invitados/la-lista/513" target="_blank">bloguero bílico</a>, Ignacio Echevarría, la  lista Granta es una patochada en tanto en cuanto abarca un área territorial demasiado vasta y, probablemente, los autores reconocidos son aquellos que ya contaban con alguna visibilidad. También dice que su valor depende de lo que hablemos de ella; y sí, realiza estas observaciones en una entrada aproximadamente el doble de larga que cualquiera de este blog. Síndrome Calamaro, lo llamo yo.</p>
<p>Uno de los ganadores, el ingenioso hidalgo Alberto Olmos, también <a href="http://hkkmr.blogspot.com/2010/10/granta-explico-algunas-cosas-me.html">ha comentado la jugada en su blog</a>, igualmente aquejado, imagino que por el entusiasmo, de una pluma liviana que vuela en libertad. Básicamente cuenta cómo recibió el premio, cómo se sintió y algunas cosas más &#8211;como era de suponer&#8211;.</p>
<p>Me atrevería a decir que Echevarría, a pesar de lo atinado de sus comentarios, alberga cierto resquemor hacia la lista, o hacia el jurado, o se levantó enfadado con el mundo ese día. Extracto del primer párrafo:</p>
<blockquote><p>revista –<em><a href="http://www.granta.es/">Granta</a></em>– cuyo  prestigio e influencia, en el ámbito anglosajón, han menguado  sensiblemente en la última década, y cuyos intentos de implantación en  España se han saldado hasta el momento con un discreto fracaso.</p></blockquote>
<p>Eso es empezar un artículo con entusiasmo y lo demás, tonterías. Olmos, por su lado, utiliza con sabiduría la tecla pero, inexplicablemente, estima oportuno o gracioso o curioso contarnos cómo vivió la recepción del premio. Es más, no lo hace con el entusiasmo irrefrenable del alma joven que necesita soltarlo, sino con una pretensión irónicamente autobiográfica para la que, creo, es aún joven. Así todo, resulta que es importante que aclare todo lo que aclara, y que cuente todo lo que cuenta, a la luz de la inundación de textos que están apareciendo en Internet desde la publicación de la lista: opino que hoy, martes, el 90% de los españoles no sería capaz de recitar de memoria más de cinco de los nombres de la lista, pero ese 10% que vive en editoriales independientes e inmersión literaria equipara este anuncio a, no sé, ¿unas primarias?</p>
<p>Pasando al Casciari, me gustaría retomar la idea de la extensión. La verborrea que les (y a mí también me) aqueja ha encontrado un adalid en Hernán Casciari, que en esta extensisíma entrada en su blog, <a href="http://orsai.bitacoras.com/2010/09/renuncio.php" target="_blank"><em>Renuncio</em></a>, explica por qué abandona su columna en <em>El País </em>y en <em>La Nación </em>en sus ediciones en papel. También recomiendo la lectura de los 600 y muchos comentarios de apoyo.</p>
<p>Lo más relevante es lo de <em>El País</em>: por culpa de la publicidad galopante, le han recortado la cantidad de texto de 400 a 240 palabras, y eso le molesta porque no le parece suficiente espacio para escribir &#8211;de nuevo, el síndrome Calamaro&#8211;. Mantiene, sin embargo, su blog.</p>
<p>Ahora bien, yo digo: en primer lugar, ¿cómo puede mantenerse a flote un periódico si no metiendo publicidad y quitando páginas con la que está cayendo?; y, en segundo lugar, opino: ¿acaso un buen escritor no debe ser capaz de comprimir sus ideas en 50 palabras si es necesario? Ahí dejo las preguntas.</p>
<p>Se va a embarcar en una revista bien editada, bien producida en la que los autores puedan investigar y reflexionar lo que les pida el cuerpo y el intelecto. Y sus lectores le animan, le apoyan y esperan ansiosos la publicación trimestral&#8230; Pero insisto: ¿de verdad es buena idea dejar a alguien escribir lo que le apetezca sin limitaciones? Es decir, uno puede enrollarse hasta el infinito si le viene en gana, pero vistos los soporíferos discursos de proporciones soviéticas que más de uno nos ha calzado, quizás entrenarse en el noble arte de la concreción y la simplificación anglosajonas no nos vendría mal.</p>
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		<title>Bret Easton Ellis en Madrid</title>
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		<pubDate>Tue, 28 Sep 2010 23:26:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Bret Easton Ellis]]></category>
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		<category><![CDATA[Literatura norteamericana]]></category>

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		<description><![CDATA[Bret Easton Ellis en Madrid.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Ayer por la tarde tuve la oportunidad de asistir a la presentación de <em>Imperial Bedrooms</em>, el nuevo libro de Bret Easton Ellis. Dejando de lado el balbuceo de Rosa Falcón, que parecía tratar de leer cinco notas de prensa al mismo tiempo en la presentación, y de los poco atinados comentarios de Ray Loriga, Ellis no decepcionó a quienes sentíamos curiosidad por ver al hombre tras las historias.</p>
<p>Respuestas largas y cansadas por una gira de presentaciones eterna, pero que nos dejaron ese regusto de serenidad, lucidez e inteligencia que sospechábamos al leerle. No faltaron, claro, preguntas sobre la indumentaria de los personajes de <em>American Psycho</em>: pero incluso las más frívolas y aparentemente irrelevantes tuvieron respuesta del autor.</p>
<p>Su forma de hablar resulta, sin embargo, escalofriantemente similar a la de cualquier diálogo que pudiera escribir &#8211;por suerte, nadie cometió la torpeza de preguntarle por la parte de verdad que hay en sus novelas&#8211;: en lugar de aclarar dudas, lo que Ellis hizo fue sembrar más. Es decir, las ganas de hacerse con <em>Imperial Bedrooms</em>, multiplicadas&#8230;</p>
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		<title>Imágenes cargadas de fuerza</title>
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		<pubDate>Sat, 25 Sep 2010 13:32:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
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		<description><![CDATA[No soy muy dado a la poesía, pero este es un gran libro.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.alejandrocarantonna.es/wp-content/uploads/PORTADA+FLORES+EN+LA+CUNETA.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-1313" title="cespedes" src="http://www.alejandrocarantonna.es/wp-content/uploads/PORTADA+FLORES+EN+LA+CUNETA-206x300.jpg" alt="" width="206" height="300" /></a></p>
<p><em>Flores en la cuneta</em></p>
<p>Alejandro Céspedes</p>
<p>Madrid: Poesía Hiperión, 2009</p>
<p>«Pero hay tres cosas que cada vez que me las encuentro en mi camino siguen produciéndome una inmensa desolación: cadáveres de animales, zapatos desperdigados y ramos de flores». Así presenta Alejandro Céspedes las ideas –o mejor, las imágenes– en torno a las cuales construye este ‘Flores en la cuneta’. No se trata de un libro cargado de una moralidad de anuncio de la DGT, de un mensaje cifrado. No, se trata de una poesía rítmica y sólida, erguida sobre esos tres fotogramas de la introducción vestidos con el dramatismo que inevitablemente conlleva un accidente de tráfico. Ese dramatismo se convierte en un instrumento literario más en cuanto el autor lo exacerba, lo subraya y lo retuerce; se acerca más a aquellos autores estadounidenses herederos de la lágrima decimonónica, del héroe stendhaliano que rompe a llorar con la simple visión de la enamorada en brazos ajenos: «Aún no saben que a partir de la siguiente curva, y para siempre, van a llevar colgados de su corazón los ojos de una perra».</p>
<p>De esta forma, Alejandro Céspedes elabora su volumen, que le valió el XXV Premio Jaén de Poesía, utilizando como lienzo –aparentemente– una mirada desapasionada y fría sobre el drama de la carretera, para que sea el lector quien dibuje, sobre él, su propio mapa del horror. Pero es un efecto, una ilusión: una segunda lectura más detenida revela que no hemos dado un solo paso que no fuera buscado, que hay truco tras cada emoción removida. Lo sirve, además, con la contención necesaria para no caer en el efectismo, con recursos gráficos –letras que se derrumban o se estiran por toda la página– que terminan de configurar el texto, hilvanado por eslóganes de anuncios de coches.</p>
<p>El trabajo sobre la imagen pura y dura –especialmente, la dura– esconde uno de los pocos peligros a los que ha de hacer frente Céspedes en este libro: en algunos de los poemas, la propia fuerza de una instantánea de muerte o de hermosura, el ámbito en el que el autor se siente más cómodo, arrebata cierto protagonismo al desarrollo argumental, haciendo que el espectador se desvíe del supuesto camino trazado. Esta sensación, no obstante, deja de molestar en una de las últimas piezas del libro cuando este confiesa a voz en grito su condición de galería fotográfica: un poema estático, que se sirve únicamente de la palabra «ahora» para mantenerse anclado en un solo momento. Es más, en uno de estos arrebatos camuflados reside ese pasaje que impacta, marca y al mismo tiempo resume toda una obra: «Quieres seguir creyendo que eres dueño del cauce de este día porque aprietas a fondo y/ aceleras/ y todo ocurre al ritmo de la música que sólo tú decides».</p>
<p>‘Flores en la cuneta’ es uno de esos poemarios agradecidos con el lector que sólo pretende sentarse a disfrutar de un viaje de apenas media hora, que prefiere prescindir de rastrear las raíces grecolatinas de cada milímetro de papel; también lo es con el que quiera, lápiz en mano, descubrir las sutilezas literarias y referenciales que oculta. Un arte humilde, el de vender inmediatez enmascarando el trabajo interior; el de regalar una lectura agradable en una tarde, en un café, antes que abanicar el propio ingenio y erudición mediante un tostón de proporciones catastróficas.</p>
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		<title>Leviathan</title>
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		<pubDate>Mon, 13 Sep 2010 12:15:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Paul Auster]]></category>

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		<description><![CDATA[Cuando Auster acierta, acierta mucho.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><a href="http://www.alejandrocarantonna.es/wp-content/uploads/12439_jpg_280x450_q85.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-1301" title="Leviathan" src="http://www.alejandrocarantonna.es/wp-content/uploads/12439_jpg_280x450_q85.jpg" alt="" width="280" height="440" /></a>Leviathan</em></p>
<p>Paul Auster</p>
<p>Faber &amp; Faber: Londres, 1992</p>
<p>245 pp.</p>
<p>¿Qué tiene un libro Auster siempre? Un tipo escribiendo, relaciones complicadas, coincidencias inverosímiles e imágenes sugerentes. ¿Qué tiene un libro Auster cuando es un buen libro? Ni siquiera él mismo lo sabe.</p>
<p>En los últimos años he intentado hincarle el diente a parte de su producción más reciente y, como tantos otros lectores, <em>Travels in the Scriptorium</em> me duró en las manos lo mismo que un delicioso bocadillo de <em>roast-beef</em> revenido: nada&#8230; <span id="more-1300"></span></p>
<p>Pero <em>Leviathan </em>no. <em>Leviathan</em> es de los geniales, de los que atrapan por una estructura muy bien definida que parte de la urgencia (tengo que escribir este libro antes de que encuentren la conexión) y la intriga (voy a tratar de explicaros qué llevó a Benjamin Sachs a hacer lo que hizo).</p>
<p>El resto de elementos comunes a los libros de Auster están ahí; su inglés pulcro y fluido, también: en fin, el autor siempre juega en casa, aunque algunas veces esté más inspirado que otras.</p>
<p>Me lo leí en apenas un par de sentadas tratando de que me diera tiempo a terminar antes de que pillaran al bueno de Sachs y, de hecho, este libro fue el primero de la temporada de cafés calientes aquí mientras que diluvia ahí fuera: como siempre, se trata de un volumen ensimismado, entrecerrado, que plantea emociones difíciles de digerir pero tamizadas por esa curiosa sensibilidad decimonónica que asalta a Auster de cuando en cuando. Al final, uno se da cuenta de que no han ocurrido tantas cosas, que no ha habido tanta acción, que toda la trama puede resumirse en un par de frases; pero esa impresión es desatinada, ya que lo que en realidad nos ha marcado ha sido una intensidad subyacente, agradable y casi imperceptible en el momento de la lectura.</p>
<p>En fin, que este es uno de los Auster que sí vale la pena. Y mucho.</p>
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		<title>The Rules of Attraction</title>
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		<pubDate>Mon, 06 Sep 2010 10:10:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Literatura estadounidense]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura norteamericana]]></category>
		<category><![CDATA[Siglo XX]]></category>

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		<description><![CDATA[No el mejor, pero igualmente muy bueno.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><a href="http://www.alejandrocarantonna.es/wp-content/uploads/416qPb-l08L._SL500_AA240_.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-1292" title="Therulesofattraction" src="http://www.alejandrocarantonna.es/wp-content/uploads/416qPb-l08L._SL500_AA240_.jpg" alt="" width="240" height="240" /></a>The Rules of Attraction</em></p>
<p>Bret Easton Ellis</p>
<p>Londres: Picador, 2006 (original de 1987)</p>
<p>327 páginas</p>
<p>Easton Ellis es y ha sido uno de mis autores favoritos. Por la frescura de su manera de narrar; por su capacidad para generar sensaciones antes que discursos convencionales; porque no ha escrito dos novelas iguales aunque se ha concentrado en un estilo concreto con un lenguaje particular.</p>
<p><em>The Rules of Attraction</em> no es menos que eso: van pasando los minúsculos testimonios y, como migas repartidas por un enorme escenario, el lector va formándose una imagen completa de lo que está sucediendo. Todo ello sin dejar de jugar con una gran cantidad de voces (tres centrales, varias periféricas).</p>
<p>No obstante, es quizás la novela menos brillante de Bret Easton Ellis. Ya veía en <em><a href="http://www.alejandrocarantonna.es/2010/02/06/glamorama/">Glamorama</a>, </em>el año pasado, la mano del que empezaba a convertirse en un auténtico maestro; y si bien <em>The Rules of Attraction</em> tiene once años más, lo cierto es que supone un libro de transición, una especie de paso entre el adolescente bruto de <em>Less than Zero</em> y el impecable escritor de imprescindibles instantáneos como <em>Lunar Park</em>.<span id="more-1291"></span></p>
<p>Pero que esta sea una obra menor dentro de su producción no significa que no merezca ser leída: uno de los puntos fuertes de este autor es que, a pesar del pasotismo, de la apatía y del asco que sus personajes parecen sentir hasta por el propio lector, él no lo hace: siempre nos cuida, y jamás se ensimisma tanto como para que dejemos de disfrutar o de entender lo que está ocurriendo. Siempre procura que podamos pasar un par de páginas más antes de acostarnos.</p>
<p>Es una evolución mucho más razonable que la de otros, como Palahniuk, que directamente han perdido el norte descubriendo a quienes les seguíamos, tras años, que todo era un engaño, cartón piedra, que su talento no era tal&#8230; Sin embargo Easton Ellis, aun a riesgo de que me dé un susto con <em>Imperial Suites</em> (que pienso ir a comprarme ahora mismo), se consolida como un escribiente brillante y necesario.</p>
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		<title>El Pentateuco de Isaac</title>
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		<pubDate>Fri, 27 Aug 2010 18:13:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
				<category><![CDATA[Bah]]></category>
		<category><![CDATA[Angel Wagenstein]]></category>
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		<category><![CDATA[Literatura búlgara]]></category>
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		<category><![CDATA[Traducciones]]></category>

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		<description><![CDATA[Lo han vuelto a hacer: un libro inevitable.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><a href="http://www.alejandrocarantonna.es/wp-content/uploads/57.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-1283" title="ElPentateucodeIsaac" src="http://www.alejandrocarantonna.es/wp-content/uploads/57.jpg" alt="" width="287" height="448" /></a>El Pentateuco de Isaac</em></p>
<p>Angel Wagenstein</p>
<p>Traducción de Liliana Tabákova</p>
<p>Barcelona: Libros del Asteroide, 2008</p>
<p>316 páginas</p>
<p>Lo han vuelto a hacer. El catálogo de Libros del Asteroide se nutre, una vez más, de uno de esos libros que marcan y refrescan al mismo tiempo: resfrescan por su agilidad, por su calidad y por una traducción brillante; marcan porque aportan algo nuevo y único.</p>
<p>En este caso, ese algo es la conciliación: <em>El Pentateuco de Isaac </em>nace en una cultura literaria alejadísima de la nuestra, con mucho de centroeuropeo y una pizca de occidentalidad. Lo que concilia, pues, es una estructura que nos es muy ajena pero al mismo tiempo accesible, es decir, toda una lección de literatura. <span id="more-1282"></span></p>
<p>Se trata de un libro que fluye con una facilidad pasmosa, un volumen breve pero de una intensidad brutal, por ser de los pocos que efectivamente logra tratar las burradas humanas cometidas en este nuestro continente a lo largo del siglo XX sin caer en lo facilón, en lo estereotípico y que, encima, arranca sonrisas sinceras, sin un ápice de condescendencia histórica o de empatía barata.</p>
<p>La maestría de Wagenstein reside, ante todo, en su economía de recursos: logra situar a su personaje en el centro del relato y utiliza su voz para narrar los acontecimientos de una forma que obnubila por su subjetividad, tan bien llevada que le permite ahorrarse descripciones superfluas e ir directo al grano.</p>
<p>Se nota y se agradece una mano versada en el arte de contar cosas, ya que, a pesar de tratarse de su primera incursión en las letras, Wagenstein hace notar desde la primera página de qué va su libro y su pluma no vacila ni un solo capítulo en el desarrollo de la trama.</p>
<p>Resulta curioso, igualmente &#8211;aunque esto requeriría otra entrada&#8211; cómo Libros del Asteroide confirma con cada libro una sensibilidad sutil pero palpable para encontrar un tono común, una forma en la escritura que une como hormigón todo su catálogo y garantiza, de esta forma, que más allá del tema tratado, de la estructura elegida, de la narración presentada cada párrafo, cada página, cada capítulo posee una pulcritud y una calidad seguras.</p>
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		<title>Obabakoak</title>
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		<pubDate>Fri, 20 Aug 2010 08:52:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
				<category><![CDATA[Bah]]></category>
		<category><![CDATA[Bernardo Atxaga]]></category>
		<category><![CDATA[Imprescindibles]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura española]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura vasca]]></category>
		<category><![CDATA[Siglo XX]]></category>

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		<description><![CDATA[Hacía mucho que un libro no me volaba tanto la cabeza.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><a href="http://www.alejandrocarantonna.es/wp-content/uploads/obabakoak.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-1252" title="obabakoak" src="http://www.alejandrocarantonna.es/wp-content/uploads/obabakoak-181x300.jpg" alt="" width="181" height="300" /></a>Obabakoak</em></p>
<p>Bernardo Atxaga</p>
<p>Barcelona: Ediciones B (Ficcionario)</p>
<p>1997</p>
<p>379 páginas</p>
<p>Considerar que este libro es una novela es, cuanto menos, una osadía. Es lo que yo de pequeño, cuando aún no sabía lo que era leer un libro sin dibujos, me fascinaba: una trama inexplicable a un tierno infante, un mundo que sólo provocaba mutismo entre los adultos que me rodeaban y que habían saboreado esta obra.</p>
<p><em>Obabakoak</em> es, pues, un volumen repleto de hallazgos: el primero es la estructura. El planteamiento de un entorno rural y norteño es sencillamente brillante, para luego lanzarse a una espiral de metaliteratura que ni de lejos es tal. Distante de convertirse en un conato de Vila-Matas circular, abstruso y bobo, Atxaga implica al lector en su juego, exponiendo con claridad los rasgos característicos de cada relato «citado»: de esta forma, no despierta únicamente nuestra sensibilidad literaria; también la analítica.<span id="more-1251"></span></p>
<p>Lo más extraño y fascinante de la novela es, sin embargo, cómo la coherencia no desaparece en ningún momento. Hay quien la ha considerado una colección de relatos hilada de alguna manera, pero el hecho es que nunca perdemos de vista Obaba: como decía en el párrafo anterior, el autor tiene la capacidad única de plantearnos un pueblo y luego abandonarnos allí. El gran mérito es, por lo tanto, que a pesar de los múltiples vericuetos y ramificaciones que adornan la trama, el eje en torno al cual giran no es ni el ego de Atxaga ni él mismo, sino el espacio y el tiempo que nos propone.</p>
<p>Por otro lado, he de reconocer que como lector me he esforzado por alejarme de la dimensión lingüística del texto: ni me interesa que Bernardo Atxaga escribiera este libro en lengua vasca y luego lo tradujera, ni tengo la más mínima intención de meterme en fregados políticos, igual que hice con la brillante <em>Vida de Manolo </em>de Josep Plá.</p>
<p>No sé ni de dónde ni cómo ha surgido este libro; me cuesta imaginar &#8211;¡y me alegro!&#8211; cuál ha sido su génesis o su gestación; pero sí sé que es una de las novelas más brillantes que he leído en español.</p>
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		<title>El imperio de lo agradable</title>
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		<pubDate>Sun, 30 May 2010 11:01:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[El Comercio]]></category>
		<category><![CDATA[Feria del Libro de Madrid]]></category>
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		<category><![CDATA[Tecnología]]></category>

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		<description><![CDATA[Sobre el iPad, el futuro y la Feria del Libro de Madrid.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Coincidiendo –qué casualidad– con el arranque de la Feria del Libro de Madrid, sale a la venta la que podría ser la carga de profundidad definitiva, a medio plazo, para el mundo editorial tal y como lo conocemos: el iPad.</p>
<p>Cuando el Kindle, el primer dispositivo para leer libros electrónicos, salió a la venta en 2007, el sector se echó a temblar; con el tiempo, se ha visto que no había tanto que temer: el funcionamiento del Kindle no se basa en una pantalla retroiluminada normal, sino en un mecanismo algo más complejo que, según publicaba <em>The New Yorker</em> en una ácida crítica el año pasado, presenta desventajas básicas, como puede ser el fondo irremediablemente gris de la pantalla o el posible apagón total de esta si le da el sol directamente.</p>
<p>Por otro lado, Amazon, la librería en línea que lo comercializa, adoptó una estrategia para con el mercado editorial que la aleja varios continentes de la de Apple: mientras que la primera trató de puentear a las editoriales y de negociar directamente con el autor, para así rebajar costes al máximo; la segunda ha empezado su andadura en el mundo de la librería digital por sentar a las seis mayores editoriales de Estados Unidos y proponerles un modelo de representación. Cinco aceptaron; una, Random House, no: creen que es demasiado pronto para lanzarse a esta piscina con tanto entusiasmo y que aún le quedan entre cinco o siete años para cubrir lo suficiente.</p>
<p>El futuro es de lo más incierto, en este sentido, pero al menos, parece claro que se está intentando aplicar el mismo modelo que va a salvar el mundo de la música o el del cine (ya existen programas gratuitos que, por un módico precio mensual, nos permiten consumir cuanto queramos en línea); y que, además, con la entrada de Apple en este terreno de juego se impone el imperio de lo agradable: trastos quizás inútiles, quizás excesivamente caros, pero tan bien diseñados&#8230;</p>
<p>No obstante, el peligro a la masificación que ya atenaza los otros dos sectores se va a cebar con el libro: hoy, cualquiera puede escribir, maquetar y «publicar» un libro electrónico. Ya no desde el punto de vista comercial, sino cultural, sólo nos queda, pues, la figura del editor como filtro, como proveedor al que acudir: por ese modelo apuestan Libros del Asteroide o Acantilado.</p>
<p>En este sentido, en esta Feria del Libro, más que el año pasado y menos que el que viene, algunos nos centraremos más en las casetas de las ocho, diez editoriales que sabemos que nos ofrecerán un producto de calidad, desconocido e interesante. Pero, una vez llegue el 14 de junio y la Feria haya acabado; una vez que la gente deje de acudir a las librerías y las reemplace por Internet, ¿será capaz el mercado editorial español de sobrevivir importando, en otra revolución tecnológica más, las ideas que se les han ocurrido a otros con un par de años de retraso? Ahora, más que nunca, adaptarse o morir: ir a rebufo del resto del mundo no parece una opción.</p>
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		<title>Trilogía de Deptford</title>
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		<pubDate>Thu, 18 Mar 2010 11:51:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
				<category><![CDATA[Bah]]></category>
		<category><![CDATA[Imprescindibles]]></category>
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		<category><![CDATA[Literatura norteamericana]]></category>
		<category><![CDATA[Robertson Davies]]></category>
		<category><![CDATA[Traducciones]]></category>

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		<description><![CDATA[Otra joya de Robertson Davies. Horas, y horas, de trabajo bien hecho.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><strong><a href="http://www.alejandrocarantonna.es/wordpress/wp-content/uploads/83.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-1037" title="Deptford" src="http://www.alejandrocarantonna.es/wordpress/wp-content/uploads/83.jpg" alt="Deptford" width="279" height="448" /></a>Trilogía de Deptford</strong></em></p>
<p>Robertson Davies</p>
<p>Barcelona: Libros del Asteroide, 2009</p>
<p><span style="text-decoration: underline;"><em>El quinto en discordia </em></span>&#8211; Traducción de Natalia Cervera</p>
<p><span style="text-decoration: underline;"><em>Mantícora </em></span>&#8211; Traducción de Miguel Martínez-Lage</p>
<p><span style="text-decoration: underline;"><em>El mundo de los prodigios</em></span> &#8212; Traducción de Miguel Martínez-Lage</p>
<p>Entro en la librería, me armo de valor y agarro el ladrillo de 1.200 y pico páginas: tras haber disfrutado tantísimo como disfruté de la prosa inteligente de Robertson Davies en la Trilogía de Cornish, la avidez me llevó a hacerme con la de Deptford en bloque, sin pensarlo dos veces &#8211;y considerando la economía, qué narices&#8211;.</p>
<p>Leer una trilogía de esta envergadura de una sentada permite observar aquello que, en un escritor como Davies, más peligroso puede resultar: la creación de una obra tan extendida en el tiempo, la pérdida de coherencia del texto sin quererlo. Es evidente que una mente meticulosa y ordenada como parece ser la suya es capaz de no caer en fallos tontos de argumento; a lo que me refiero es más bien al ritmo subyacente, a la manera en que fluye la pluma sobre el papel.</p>
<p>Y, sorprendentemente, a pesar de que cada una de las tres novelas adopta un punto de vista y un modo narrativo distinto, el traqueteo no se detiene: en <em>El quinto en discordia</em> tenemos una narración biográfica animada; en <em>Mantícora</em>, el discurso en primera persona salpimentado con diálogos más densos que enriquecen y aportan un fondo a la historia; y en <em>El mundo de los prodigios</em>, pues eso, el prodigio: la suma de ambos estilos combinada, a su vez, con la historia que ata y cierra lo que hasta ahora hemos leído, la revelación del truco del mago, el <em>making-of</em> de todo lo sucedido.</p>
<p>Davies logra, al mismo tiempo, que no nos cueste dejar de fijarnos en la página por la que vamos, incluso que olvidemos el peso del tocho: los segmentos, más allá de la estructura global del texto, tienen valor por sí mismo, cada capítulo es un desarrollo de lectura cerrada y al mismo tiempo inserto en un total; esta dualidad se da igualmente en las novelas en general: pueden leerse empezando por la tercera parte hasta llegar a la primera y disfrutarlas de la misma forma. Abracadabra.</p>
<p>La belleza estética del estilo y de la lengua que maneja Davies queda perfectamente plasmada en unas traducciones asumiblemente ricas, aunque de calidad creciente: la primera flojea por momentos, e incluye un puñado de errores tipográficos; la segunda se hace con el tono, aunque quizás lo adorne demasiado y resulte densa por momentos; la tercera mimetiza con enorme pericia el original, llegando incluso a arrancar una de esas sonrisas fruto de una broma inesperada, con la que tropezamos leyendo absortos.</p>
<p>No me cansaré de recomendar a este señor, el puente perfecto entre la lectura de entretenimiento, la erudición más opaca y &#8211;adoro poder decirlo&#8211; la escritura inteligente.</p>
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		<title>Debout les morts</title>
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		<pubDate>Wed, 17 Feb 2010 09:39:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Fred Vargas]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura europea]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura Francesa]]></category>
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		<description><![CDATA[Famosa, emocionante, inquietante, entretenida y... psché.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><a href="http://www.alejandrocarantonna.es/wordpress/wp-content/uploads/9782290351307.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-996" title="Debout-les-morts" src="http://www.alejandrocarantonna.es/wordpress/wp-content/uploads/9782290351307.jpg" alt="Debout-les-morts" width="400" height="647" /></a>Debout les morts</em></p>
<p>Fred Vargas</p>
<p>París: J&#8217;ai Lu (2000)</p>
<p>Ante todo, voy a intentar hablar de este libro sin reventarlo. Pero no prometo nada, así que si alguien tiene intención de leerlo, atención.</p>
<p>Fred Vargas se ha hecho un nombre a base de duro trabajo, de una bibliografía extensa y, no nos engañemos, de explotar el género más socorrido y uno de los más cómodos para cualquier narrador: el policíaco.</p>
<p>El <em>thirller</em>, de esta forma, no requiere más que de un final espectacular y, a partir de ahí, dar los pasos pertinentes hasta colocarse en el principio: un esquema perfectamente estructurado desde el minuto uno, sin meterse en berenjenales narrativos que requieran romperse las neuronas. Luego, sólo queda aplicar la pluma con el talento de cada cual y voilà: un auténtico <em>roman policier</em>.</p>
<p>El problema con Fred Vargas (es una señora con pseudónimo, por cierto) es que, si bien posee un talento enorme en ese segundo paso, el de escribir propiamente dicho, en su desarrollo de la trama hace gala de una cierta pereza que por momentos cabrea: giros cogidos con pinzas, diálogos forzados y ramalazos creativos, con escenas y detalles casi líricos, que poca cabida tienen en una novela policíaca, en la que el relato ha de ser fluido, voraz y directo.</p>
<p>Quiero decir que como novelista vale un potosí, y los personajes protagonistas están razonablemente bien dibujados; sin embargo, al elegir este género tan cómodo, el libro ha quedado bastante desequilibrado: un primer capítulo más que sugerente y un capítulo final típico pero eficaz; y una ristra de episodios de dudosa pertinencia en medio, llegando a hacernos pensar por momentos que en algún lugar del contrato ponía que había que pasar de las 250 páginas.</p>
<p>Ahora bien, que se lee rápido (esto empieza a parecerse a una reseña escolar) es innegable, y que la atención del lector está bien dirigida hacia los sospechosos en la resolución del crimen también, pero entre ese tufillo místico-histórico y algunas incongruencias en la investigación, a uno le dan más ganas de abrir un Sherlock Holmes, comérselo en 15 minutos y quedarse tan ancho. Gran novelista, sospechosa autora de <em>thrillers</em>.</p>
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		<title>Glamorama</title>
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		<pubDate>Sat, 06 Feb 2010 14:16:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
				<category><![CDATA[Bah]]></category>
		<category><![CDATA[Bret Easton Ellis]]></category>
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		<category><![CDATA[Siglo XX]]></category>

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		<description><![CDATA[Sin saber bien qué esperar de Ellis, sorprende, engancha, golpea y deja con ganas de más, de mucho más.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><a href="http://www.alejandrocarantonna.es/wordpress/wp-content/uploads/glamorama.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-968" title="portada-glamorama" src="http://www.alejandrocarantonna.es/wordpress/wp-content/uploads/glamorama.jpg" alt="portada-glamorama" width="292" height="450" /></a>Glamorama</em></p>
<p>Bret Easton Ellis</p>
<p>New York: Knopf-RandomHouse, 2000 (ed. de 1998)</p>
<p>Sin contar la inminente continuación de <em>Less than Zero</em>, <em>Imperial Bedrooms</em>, que se publicará este año, sólo me queda una novela de Bret Easton Ellis por leer. Si digo esto es porque, a pesar de encontrarme ante el cuarto libro de este señor, sigo sorprendiéndome por sus múltiples salidas.</p>
<p>En este caso, los fans encontrarán una buena ración del Ellis de siempre: elementos irreales entremezclados con una ficción muy ceñida a lo autobiográfico, de manera que, una vez más, va despegando desde la insulsa crónica costumbrista y social hacia lo completamente inverosímil, sin perder el ritmo en ningún momento.</p>
<p>Llama especialmente la atención, en <em>Glamorama</em>, la admirable estructura narrativa, una de las más sólidas que he encontrado: es una novela muy densa, muy larga (roza las 550 páginas) pero perfectamente articulada, mucho más que <em>American Psycho</em>. Con el libro entre las manos, notamos que nos queda más de la mitad cuando el relato empieza a desinflarse, para de repente asirse con fuerza a un punto de inflexión magistral en la mitad y volver a arrancar de golpe, manteniendo el ritmo narrativo pero lanzándose en una historia que bien podría pertenecer a otro libro.</p>
<p>Es justamente esta variedad la que aleja la novela de un tono profundo para dotarla de una experiencia como de novela de intriga, sin tener la certeza de si se resolverá el misterio o si, por el contrario, nos quedaremos colgados con uno de esos finales abiertos marca de la casa. De esta forma, el lector se mantiene pegado y capta la coherencia de la obra en toda su extensión, cosa que no es fácil de lograr; y disfrutamos, así, de todo un entramado de referencias y estilos narrativos de lo más variopinto: las encubiertas citas de canciones, el aroma de la novela de acción y característicamente francesa de los 90, el desasosiego de la literatura estadounidense contemporánea y, por qué no, una buena pátina de humor negro del bueno.</p>
<p>El mayor logro es, pues, poder afirmar que un libro de esta magnitud (en todos los sentidos) puede disfrutarse en un santiamén y sin un esfuerzo interpretativo desmesurado. La frivolidad y ligereza que guían esta lectura han sido víctima de críticas pero constituyen, sin embargo, una de sus grandes virtudes por su osadía. Definitivamente, enorme Ellis.</p>
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		<title>Dreams from Bunker Hill</title>
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		<pubDate>Sun, 10 Jan 2010 14:38:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
				<category><![CDATA[Bah]]></category>
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		<category><![CDATA[John Fante]]></category>
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		<category><![CDATA[Siglo XX]]></category>

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		<description><![CDATA[La novela final de Arturo Bandini.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><a href="http://www.alejandrocarantonna.es/wordpress/wp-content/uploads/n227186.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-928" title="dreamsfrombunkerhill" src="http://www.alejandrocarantonna.es/wordpress/wp-content/uploads/n227186.jpg" alt="dreamsfrombunkerhill" width="305" height="475" /></a>Dreams from Bunker Hill</em></p>
<p>John Fante</p>
<p>New York, Ecco (HarperCollins)</p>
<p>1982 (edición de 2002)</p>
<p>He aquí la novela final, definitiva, de Arturo Bandini: efectivamente, antes de abalanzarme sobre la chicha del libro, debo confesar que si lo compré antes que otros de Fante fue porque esta novela es la última que escribió, tras quedarse ciego a causa de una diabetes, dictándosela a su mujer.</p>
<p>Hasta aquí, la carnaza. Ahora vamos a lo que importa.</p>
<p>Hace no demasiado leí <a href="http://www.alejandrocarantonna.es/wordpress/?p=714"><em>Wait until spring, Bandini</em></a>, a la cual separan de esta más de 40 años, una guerra mundial y dos o tres cambios en la vida del autor, imagino. Se nota, se nota la evolución pero el sustrato Fante sigue donde estaba y sorprende observar que, con todo, el autor no deja de ser reconocible: desarrollaré esto en el Podcast de este mes.</p>
<p>Vuelvo al libro: uno de los detalles más escalofriantes es la imperturbable capacidad de Fante para crear imágenes; no quiero reventar la obra, pero su tratamiento de la luz (¡pasa de ella y sin embargo está ahí!), de los volúmenes, resulta prácticamente conceptual. Evita recargar las descripciones de detalles barrocos (embellecedores pero superfluos), y se limita a colocar en un escenario, con dos palabras, los elementos necesarios.</p>
<p>Así es como el propio lector construye su mundo, sin más guía que la esquelética; lo mismo sucede con Bandini o con el resto de personajes. Su caracterización no se basa en una metódica descripción de sus rasgos psíquicos o físicos, sino en sus interacciones: si no realizan determinada acción, nos resulta complicado suponer cómo reaccionarían, qué pensarían, qué sentirían.</p>
<p>Este es el motor del libro, un descubrimiento constante de personajes, escenas y frases que nos hacen sentir cómodos viviendo la vida a través de Bandini y vivir su exploración, pero al mismo tiempo con la sensación de que la historia tiene un final: un final que no pasa necesariamente por un viaje, por un reencuentro, por un desenlace, sino porque Bandini, por fin, llegue a donde tenía que llegar.</p>
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