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Entradas que hablan sobre «Libros»

  1. Dublinesca

    Lo escribí el Miércoles 23 de febrero de 2011

    Dublinesca

    Enrique Vila-Matas

    Seix-Barral, Barcelona: 2010

    325 pp.

    Ya me ha costado meterme a leer Dublinesca. No por nada –París no se acaba nunca es una de mis novelas favoritas–, pero es que hay dos cosas de Vila-Matas que no soporto: a ese segmento de sus lectores que abren sus libros como si fueran álbumes de fotos, buscando al siguiente referente que el magno Dios ha señalado con su dedo (alguno seguirá intentando leer Ulysses a estas alturas); y lo que escribe cuando se encuentra plenamente bien, o lo aparenta.

    El Vila-Matas que más me gusta es el patético, el que está tan inmerso en esa parcelita literaria que resulta cómico, grotesco, muy gracioso. Ese es el que aflora en la primera mitad de Dublinesca y el que me seduce por la convicción de su prosa. Aquel dispuesto a enseñar sus miserias y obsesiones con tan poco pudor que se acaba por dudar de si lo está haciendo propósito (el reto, irónico, de la segunda mitad del libro).

    Y no digo que sea patético en el sentido anglosajón, como algo negativo, sino decantándome por la acepción más nuestra: que es débil, frágil, «malo» pero tierno. Autores como Vila-Matas solo me resultan gratos cuando se deja la piel en la novela. Da igual que siempre hable de lo mismo, como Auster; importa menos aún que se ensimisme y se enfangue en determinados pasajes. La gracia es asistir no solo a lo que contiene la propia novela sino también, y sobre todo, a lo que vive tras ella. Ahí, en esa trastienda, es donde está el autor genial.

    Todo lo demás es accesorio. Los libros que cita, la metaliteratura que exuda y demás devaneos son totalmente accesorios. Lo mejor es que ni lo sabe ni parece capaz de calcularlo; lo malo, es que sus novelas son una lotería: o son el gran acierto, o son el gran error. Eso sí, Dublinesca es todo acierto.


  2. Freedom

    Lo escribí el Miércoles 16 de febrero de 2011

    Freedom

    Jonathan Franzen

    4th Estate: Londres (2010)

    562 pp.

    Cuesta saber por dónde empezar con Franzen. ¿Qué decir de él, si su literatura parece de lo más cotidiano, si se diría que no ha ocurrido nada, o poco, que realmente haya cambiado el mundo? Y es que ese es el truco: recurre a una historia tan normal –en un principio– que podría estar sucediendo a la vuelta de la esquina sin que nos estemos enterando. Luego los acontecimientos se van amontonando, van entrando en escena todo tipo de juegos, de giros, de filigranas aparentemente gratuitos. Y va colándonos la auténtica carga de la novela y, al pasar la última página (doblando el lomo, ya: no es que sea un folleto) buscamos un poco más de Franzen. Pero no, se ha terminado: ¿te lo has perdido? Eso pasa por parpadear.

    Tampoco es que sea difícil seguirle los pasos al relato. Está construido sobre un puñado de estadounidenses de hoy exagerados hasta sus respectivos estereotipos (estereotipos adecuados, digo), limitando el grupo a un número asequible de miembros. Asimismo la estructura, que alterna segmentos de aquí y de allí, lineal pero no llana, permite ir visitando cada una de las escenas con enorme agilidad. De no ser así, no habría por dónde agarrar Freedom.

    Y digo «de no ser así» con toda la intención, porque no creo haber encontrado el punto fuerte, la clave de la genialidad de Franzen. Existe, sí, uno se da cuenta a medida de que lee de que algo está ocurriendo; se identifica con este o con aquel, o con el que pasa por allí al fondo: todo es real y fascinante como un día normal. Puede que esa sea la sensación. Pero es imposible aislarla de todo lo que la rodea.

    No es tanto un ensayo o una crónica como una buena novela, una que da cuenta de su tiempo y de su pulso. No pesan tanto los hechos o la minuciosidad con la que se describen las interacciones entre los personajes (verosímiles, como digo) como el ambiente general, sus argumentaciones, lo que representan.

    Podría haber llegado a ser la novela que te cambia la vida de no haber sido por el plano emocional. La misma técnica utilizada para la construcción de los Berglund y alrededores en lo moral y lo ideológico llega hasta sus sentimientos y la manera en que encaran el paso del tiempo. Esto queda perfectamente reflejado y medido, cosa nada fácil de encontrar bien hecha, pero le falta, para ser redondo, un punto de sutileza. Perderle el miedo a dejar cosas sin decir que intuya el propio lector; incluso, por qué no, ocultárselas deliberadamente. No solo hacernos pensar, sino hacernos preguntas con algo de descaro.

    Pero ni siquiera estoy seguro de que sea un inconveniente. Ni siquiera estoy seguro de vaya a olvidarme de este libro. Ni siquiera estoy seguro de suficientes cosas tras terminar de leerlo como para no recomendarlo mucho, mucho.


  3. Lo que viene

    Lo escribí el Sábado 22 de enero de 2011

    Hay autores que dedican toda una vida a un objetivo. De esos que son capaces de levantarse a diario a labrarse un Nobel; o de los que guardan, pegada en la nevera, una lista de todos los premios literarios que conceden las cajas rurales constantemente por ese relato ya escrito, por esa novela manida. Y hay autores como Johnathan Franzen, que se dedica a dar con su novela perfecta. Saltó a la fama a principios de la década (ya) pasada con The Corrections, con un estilo tan expansivo como adictivo. Un género tan propiamente estadounidense como personal, unos libros que andan a medio camino de la ficción y del ensayo contemporáneo. En septiembre del año pasado, tiró la casa por la ventana con Freedom, mismo estilo, mismo género, pero no más de lo mismo. Un novelón de los que podrían tener más de un siglo y que alguien de la editorial Salamandra aún se debe de estar deslomando para traducir, pero que llegará en 2011 a España.

    Otra buena noticia: el solemne, canadiense, barbudo y entrañablemente erudito Robertson Davies regresa de la tumba (21 años hace ya que nos dejó), una vez más, de la mano de Libros del Asteroide. «Monté la editorial porque un día me di cuenta de que no leía nada que tuviera menos de 10 años», contaba el editor en una ocasión. Y así fue: dos de las trilogías de este genio olvidado ya han aterrizado impecablemente publicadas. Pronto, muy pronto, llegará la primera parte de otra más, la de una compañía de teatro que se enfrentará, en esta entrega, al montaje de The Tempest, de Shakespeare.

    No será difícil perderse en la ensalada editorial del año que entra, pero así, de mano, estos dos bocados vale la pena buscarlos.


  4. Hiroshima

    Lo escribí el Lunes 27 de diciembre de 2010

    Hiroshima

    John Hersey

    Londres: Penguin, 1985 (2009)

    243 pp.

    El 31 de agosto de 1946 los lectores de The New Yorker se llevaron una sorpresa. Desde la primera página, tras la agenda de ocio habitual, hasta el final, todo el número de esa semana era este reportaje de John Hersey. Si estáis suscritos, podéis leerlo escaneado aquí.

    ¿En qué consiste Hiroshima? ¿Cómo abordar el asunto? Personalizándolo: es el más difícil todavía, agarrar a seis supervivientes del bombardeo de aquel 6 de agosto de 1945 y contar sus historias con precisión, mostrando el horror contenido en todas y cada una de las imágenes, pero sin dejarse seducir por el evidente sentimentalismo posible.

    Como escribe sobre uno de los personajes hacia el final del libro:

    The bombing almost seemed a natural disaster – one that it had simply been her bad luck, her fate (which must be accepted) to suffer.

    Es decir:

    El bombardeo casi parecía un desastre natural, que había sido su mala suerte, o su destino –que ha de ser aceptado– lo que le había tocado sufrir.

    Así, sin plantearse estrategias políticas o tácticas militares, Hersey acota el relato a lo que le concierne, a lo que les ha sucedido a estas seis personas. Y lo que les ha ocurrido sin ornamentos, sencillamente como es, para que cada lector pueda conocer con curiosidad casi científica qué supone que caiga una bomba nuclear. A partir de ahí, uno puede organizar las ideas en su cabeza, ya puede construir una opinión. Pero solo entonces, no antes.

    El equilibrio y la mesura que Hersey alcanza en este libro se han repetido muy pocas veces desde entonces, incluso considerando Hiroshima no ya como reportaje si no como novela: imaginemos que Little Boy nunca hubiera caído, que no supiéramos qué es Japón. En esas circunstancias, no dejaríamos de encontrarnos ante una obra excepcional. Porque es su tono desapasionado lo que desgarra, porque es el detalle lo que sobrecoge. Esto es Hiroshima, 8 y cuarto de la mañana del 6 de agosto de 1945.


  5. Palabra de Vor

    Lo escribí el Miércoles 1 de diciembre de 2010

    Palabra de Vor

    Cruz Morcillo y Pablo Muñoz

    Madrid: Espasa, 2010

    298 pp.

    Hay algunos libros que pasan relativamente desapercibidos entre el inasible magma editorial español. Libros que destapan lo que probablemente todo ciudadano, votante o viandante debería saber sobre el suelo que pisa; que diseccionan la trama de los GAL de arriba abajo (Guerra sucia, manos limpias, de Paddy Woodworth) o que desarman algo tan opaco como nuestros servicios de inteligencia (Los servicios de inteligencia españoles, de Antonio M. Díaz Fernández).

    Palabra de Vor es uno de ellos. Este libro no deja de ser, ante todo, un trabajo periodístico: ofrece a nuestra mirada atónita una relación detallada y cautelosa –por aquello de no dar un paso en falso a la hora de contar verdades– de los subterráneos movimientos de las mafias rusas en España, basándose en entrevistas con fuentes imposibles de desenmascarar, sí; pero, sobre todo, en sentencias, sumarios y autos convenientemente filtrados y competentemente narrados. Una solvente compresión, en 300 páginas escasas, de un episodio que algún día se revelará crucial en la historia de España.

    La pasión lleva a Cruz Morcillo y a Pablo Muñoz a redactar como lo que son, periodistas, permitiéndose algún ramalazo literario juguetón –los diálogos, algunos de ellos forzados–, pero lanzando datos, datos y más datos. Sin atreverse a juzgar, más que en lo que les toca (alguna que otra demanda les aguarda, seguro), los hechos que están narrando. La valentía no es una cualidad artística o literaria, no le otorga ningún valor a un libro; la capacidad, sin embargo, de abstraerse de factores ambientales y de contar con rigor qué fuerzas conviven con nosotros ahí, a la vuelta de la esquina, sí.

    Palabra de Vor está llamado a ocupar un sitio en esa estantería que todo el mundo debería tener, la de los libros necesarios, la que vive entre la de Historia y la de crónica contemporánea. Y, dentro de ella, en ese sitio especial que nos vemos obligados a guardarles a los que estallan en la libreta de un periodista –hablan de sumarios, causas e investigaciones en curso– para ayudarnos a entender hoy, aquí, ahora, qué ha pasado, qué pasa y qué esperemos que no pase en España.