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Entradas que hablan sobre «José Luis Cienfuegos»

  1. De revuelos y festivales

    Lo escribí el Viernes 27 de enero de 2012

    A diario, encuentro un motivo (alguno más peregrino que otro) para abrir un periódico. Muchas veces me doy cuenta de lo obsceno de la idea en el preciso instante en el que miro la portada; otras, me detengo y lo leo con avidez, acompañado de muchos cafés y pinchos, y sin mirar el reloj.

    Últimamente predomina el primer caso, solo superado por el esfuerzo aeróbico y gimnástico de enterarme de la misa a la media; pero en ese vacío, en ese aburrimiento total en el que la primera página me pesa, en general, más que una bolsa de la compra repleta escaleras arriba por la densidad de temas, me doy cuenta de lo difícil que es optimizar fuentes y reducir la lectura al mínimo necesario para cualquier mortal.

    Camps estalla en todas las portadas, y se debate, en foros nacionales muy sesudos e informados, sobre la necesidad de rehabilitarle. Ahora bien, en ese debate no se tiene en cuenta, para nada, el caso de corrupción que sigue coleando en Asturias y que no ha valido portadas de más medios que los de aquí. Todo ello, a pesar de que tiene el mismo –si no más– alcance.

    Ayer por la mañana me levanté, me tomé un café y me fui a la Casa de la Palmera a dos ruedas de prensa. Una, de un espectáculo infantil y la otra, de uno de danza. Todo parcía apacible, hasta que entré por la puerta de la sala y me encontré únicamente a la gerente del Teatro Jovellanos, María Teresa Sánchez, delante de una nube de cámaras dando explicaciones sobre la próxima (ocurrió a las cuatro) proclamación de Nacho Carballo como nuevo director del Festival de Cine de mi ciudad.

    El asunto era portada en los digitales asturianos al cabo de un par de horas, justo cuando me senté a comer, escuchando la radio (de ámbito nacional) donde alguien seguía destripando el asunto Camps, o quizás la reunión de Rajoy y Merkel. Pero con profusión y ganas, con tertulianos y todo, con saña. Con tiempo radiofónico.

    En Gijón se organizaba la mundial con Cienfuegos, Carballo y demás. O puede que, en la barra de un chigre, dos paisanos miraran el asunto Camps en la tele con el vermú en una mano y el palillo rechupado en otra, murmurando: «Y la otra, ¿qué?»


  2. Festival de cine, o de lo que sea

    Lo escribí el Jueves 12 de enero de 2012

    Rápido: resulta paradójico que el camino más corto para ser mejor que los demás no pase por intentarlo, sino por intentar, en cambio, ser el mejor a secas. Uno puede esforzarse lo que quiera en superar a aquellos que cree sus rivales, y quizás tenga algún éxito; pero está muy claro que el que irá por delante es el que no compara, el que no busca. Será el que encuentre, al final.

    Otra paradoja: he participado en la cobertura del Festival Internacional de Cine de Gijón los últimos dos años y, en total, creo que mientras duró tuve tiempo de ver menos cine que cualquier otra semana del año.

    Ayer, su hasta ahora director, José Luis Cienfuegos, fue destituido y sustituido en un corto espacio de tiempo por Nacho Carballo. No es cuestión de meterse en los porqués y en los entonces de la decisión, pero sí es inevitable echar la vista atrás, en la medida de lo posible, y topar con (¡qué empacho!) más paradojas: en las tripas del festival vivía gente que entregaba mucho más de lo que recibía (en su cuenta corriente) por el trabajo que hacía; y la otra gente, la que llenaba las salas, parecía feliz con lo que recibía. Quizás no con las películas, pero sí con el hecho de tener algo que criticar, o que hacer con su intelecto, al menos, durante la semana que dura el Festival.

    En quienes participaban descubrí que, sin ser necesariamente los mejores, sí existía la voluntad de serlo. Pero de serlo como decía al principio: de serlo de corazón, de serlo en el día a día y no al presentar todos esos números aburridísimos en torno a los que orbitará, ahora, el debate por la destitución. De serlo con lo que había y con lo que no, de tomarse unas cervezas en los conciertos de por la noche y de llevar despiertos las horas que hiciera falta cuando el resto empezara a desperezarse. De hacerlo bien.

    Por desgracia, no quedan muchos sitios, o muchas familias de la cultura, en las que ese espíritu siga vivo. Que desapareciera ese reducto sería una pena. Por eso espero que siga vivo, esté a su frente Carballo o el mismísimo Carlos Rubiera. Les deseo suerte en la empresa: solo así podrán ser mejores que. Solo así podrán ser los mejores.