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Entradas que hablan sobre «Imprescindibles»

  1. Leviathan

    Lo escribí el Lunes 13 de septiembre de 2010

    Leviathan

    Paul Auster

    Faber & Faber: Londres, 1992

    245 pp.

    ¿Qué tiene un libro Auster siempre? Un tipo escribiendo, relaciones complicadas, coincidencias inverosímiles e imágenes sugerentes. ¿Qué tiene un libro Auster cuando es un buen libro? Ni siquiera él mismo lo sabe.

    En los últimos años he intentado hincarle el diente a parte de su producción más reciente y, como tantos otros lectores, Travels in the Scriptorium me duró en las manos lo mismo que un delicioso bocadillo de roast-beef revenido: nada… (más…)


  2. Gracias por fumar

    Lo escribí el Lunes 30 de agosto de 2010

    Tabaco, tabaco, tabaco. Ayer me vi esta película en uno de mis arranques de insomnio estival, y me quedé muy gratamente sorprendido: me la habían recomendado, me habían hablado muy bien de ella, pero he visto tantos documentales y películas de este tipo dársela por un mensaje mal llevado…

    Pero no, eso no ocurre en Gracias por fumar. Y eso se debe, fundamentalmente, a que el tema central de la película no es el tabaco, sino la comunicación: se exhiben con sentido del humor todas las técnicas y trampas a través de un Aaron Eckhart magistralmente dirigido por Jason Reitman, y al final la moraleja obvia pasa a un segundo plano –hasta el punto de que se permiten detalles como que no aparezca ni una sola persona fumando en toda la película–. (más…)


  3. El Pentateuco de Isaac

    Lo escribí el Viernes 27 de agosto de 2010

    El Pentateuco de Isaac

    Angel Wagenstein

    Traducción de Liliana Tabákova

    Barcelona: Libros del Asteroide, 2008

    316 páginas

    Lo han vuelto a hacer. El catálogo de Libros del Asteroide se nutre, una vez más, de uno de esos libros que marcan y refrescan al mismo tiempo: resfrescan por su agilidad, por su calidad y por una traducción brillante; marcan porque aportan algo nuevo y único.

    En este caso, ese algo es la conciliación: El Pentateuco de Isaac nace en una cultura literaria alejadísima de la nuestra, con mucho de centroeuropeo y una pizca de occidentalidad. Lo que concilia, pues, es una estructura que nos es muy ajena pero al mismo tiempo accesible, es decir, toda una lección de literatura. (más…)


  4. Obabakoak

    Lo escribí el Viernes 20 de agosto de 2010

    Obabakoak

    Bernardo Atxaga

    Barcelona: Ediciones B (Ficcionario)

    1997

    379 páginas

    Considerar que este libro es una novela es, cuanto menos, una osadía. Es lo que yo de pequeño, cuando aún no sabía lo que era leer un libro sin dibujos, me fascinaba: una trama inexplicable a un tierno infante, un mundo que sólo provocaba mutismo entre los adultos que me rodeaban y que habían saboreado esta obra.

    Obabakoak es, pues, un volumen repleto de hallazgos: el primero es la estructura. El planteamiento de un entorno rural y norteño es sencillamente brillante, para luego lanzarse a una espiral de metaliteratura que ni de lejos es tal. Distante de convertirse en un conato de Vila-Matas circular, abstruso y bobo, Atxaga implica al lector en su juego, exponiendo con claridad los rasgos característicos de cada relato «citado»: de esta forma, no despierta únicamente nuestra sensibilidad literaria; también la analítica. (más…)


  5. Jules et Jim

    Lo escribí el Jueves 15 de abril de 2010

    Hay algunos momentos, raros, en los que a uno una obra de arte le devuelve, o mejor, le redescubre, una sensación algo oxidada: la de maravillarse. Esto es lo que anoche me ocurrió de la mano de Truffaut, viendo Jules et Jim.

    Ubico la cuestión, para que se tengan en cuenta los elementos necesarios para un buen sopapo: para empezar, es necesaria una buena ración de tralla institucional. Truffaut, esta película, y Le Tourbillon, la deliciosa canción que la redondea, son nombres fijos en esos espantosos libros de texto de lengua francesa que llevamos sufriendo desde pequeños, y que incluyen pinceladas sobre su cultura y costumbres: Torre Eiffel, bullabesa, Molière, Johnny Halliday, y fotos desteñidas de croissants.

    Hay que añadir a un puñado de pazguatos asiduos a la Filmoteca cantando las virtudes de este maestro del séptimo arte en tono recargado y pedante.

    Bien, con esto ya se han evaporado (casi) todas las ganas de ver cualquier cosa de Truffaut. Por eso llega una lluviosa noche de abril, con té, manta y poco sueño, y aparece una mano providencial que tiende esta película. Uno, tirado a la 1 de la mañana bajo el edredón, la pone sin esperanzas y dispuesto a dejar pasar el tiempo necesario para que se le cierren los ojos, cuando se le van abriendo poco a poco. El bigote de Jim, la nuca de Catherine, la guitarra de Albert, el acento de Jules, la inefable sensación de que está ocurriendo algo enorme con apenas dos trazos, como aquellos que Jules dibuja en la mesa del café.

    Con una aparente levedad y economía de recursos, van cayendo las dos horas de placer de otro tiempo con tal ligereza que tengo que parar varias veces la película para que no se me acabe: igual que una novela de las que ocupan los puestos altos en la estantería, uno disfruta tanto el durante que no quiere que llegue este momento, el de verse casi obligado a saltar de la cama y escribir unas líneas tras el «The End».

    Eso es Jules et Jim: es pura literatura y puro cine al mismo tiempo, pura belleza en el sentido más amplio de la expresión, puro arte accesible a todos los paladares por su desnudez y precisión. Es un principio absoluto, en el sentido de que ninguna obra que haya venido detrás, ningún comentario que se pueda hacer al respecto pueden ayudar a hacerse una idea de lo que supone remontar la sinuosa estela que Truffaut ha dejado tras de sí.

    Ni siquiera me atrevo a recomendarla, porque supongo que es la película exacta, en el momento preciso. Esta vez, me quedo callado y me quito el sombrero. Sin más.