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Entradas que hablan sobre «Gente»

  1. Hablar por hablar

    Lo escribí el Domingo 15 de enero de 2012

    A lo largo de esta temporada de la Ópera de Oviedo he disfrutado de todos sus  los títulos en distintos momentos de su vida artística: ensayo general, segundo reparto, función. Y todos los he disfrutado, como digo, a pesar de aquel que en este aria abría un caramelo sonoramente, o del otro, el que tenía un acceso de mocos en mitad de una majestuosa obertura. O del que, claro, estaba mirando el reloj y hablando con su peripuesta acompañante sin prestar atención al espectáculo. Por suerte, han sido pocos. Y cobardes, que se callan con una mala mirada.

    Pero es que, además, el otro día vi a cierto artista de más que reconocido talento, o fama, en cierta sala de Gijón. Y tocaba en acústico, y desnudaba sus canciones para el entregado público que había pagado un dinero nada desdeñable por su recital, por la mera herencia de los recuerdos que le había dejado su pasado triunfal. También allí, con los monitores a un volumen decente y las acústicas y voces en su punto, descubrí que se escuchaban las toses, los caramelos, las conversaciones. Los mocos.

    Convertido todo, eso sí, en ruidosos choques de vasos y exagerados gritos entre los unos y los otros. Muy tabernario, el intercambio entre determinada actriz, sus atopadizos colegas y las miradas asesinas de quienes habían pagado por ver al ídolo empuñar la guitarra.

    Ópera y pop encontrados, casados, unidos (¡milagro!) no por el pésimo gusto de algún músico que no ha entendido nada, sino por el simple hecho de que la gente, por motivos inexplicables, habla en los conciertos. Habla por hablar.

    Dudo que las óperas vistas (El murciélago, La italiana en Argel, La flauta mágica y Norma) sean para oídos entrenados; igual que el artista popero al que me refiero. Dudo que sea fácil aburrirse, o incluso que vayan dirigidos, todos ellos, a las élites. Pero por A o por B –probablemente por C, es decir, por culpa de todos a la vez– nos ha faltado esa mala mirada a tiempo. Y es una pena. Hablamos por hablar, cuando estaríamos más guapos callados.


  2. Jurado popular

    Lo escribí el Sábado 13 de noviembre de 2010

    Me ha crecido un flequillo que tengo que cortarme. Aún no he sucumbido a las gafas (no me hacen falta, por suerte); ni se me han ceñido los pantalones tanto a las piernas. Sí tengo una rebeca (por si refresca, ya se sabe) en el fondo de armario, pero me falta una pashmina con la que dar empaque a mis palabras en las tertulias. Pero ese día puede llegar de un momento a otro.

    En el Café Dam las espirales de humo y conversaciones en torno a lo más granado del Festival se multiplican por estas fechas, y en casi cualquier rincón de la ciudad pueden divisarse encendidas conversaciones. Conversaciones que pueden no ser tales, ojo, sino deliberaciones del jurado joven del festival, compuesto, en general, por perfiles como el arriba descrito. Esto es, el 92% de la población cimavillense, en algún momento de su vida.

    Será difícil tener a Julia Roberts correteando por la alfombra roja, aunque Joaquin Phoenix esté en las pantallas de la Laboral; eso sí, ese mismo espíritu que llevará al gijonés joven a plantarse, dentro de cinco décadas, a pie de obra para comentar la calidad del mortero, encontrará una buena formación en este primer acercamiento.

    Sin duda, lo mejor del Festival: como si Perry Mason se pasara por La Plaza; como si Jessica Fletcher se dejara caer por el Sonotone: durante unos días, cualquier cineasta puede caer fulminado en el rincón más insospechado y, cuando se abra el plano, descubriremos que una imagen desconocida y juvenil está detrás del veredicto. No hay como esta cita para recordar que, por suerte, este festival sigue siendo como Hacienda: somos todos.


  3. Primeras escenas

    Lo escribí el Sábado 3 de julio de 2010

    logoculturasUna de las maneras más provechosas y cómodas de lograr que el lector quede atrapado por la novela o el relato de turno es rellenar el texto de imágenes, de escenas cuya representación mental resulta bastante más duradera que cualquier otra noción. Ejemplo: de las múltiples festividades que siguen al fin de exámenes será duro recordar la fecha o el número exacto de asistentes; no obstante, recordaremos con precisión milimétrica el plato de huevos con chorizo al amanecer, tras una infinita sesión de bailoteos en traje y corbata.

    Este es uno de los baremos infalibles para, recién entrado el verano, medir la calidad de los dos meses largos que están por venir.

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  4. Haciendo Historia

    Lo escribí el Sábado 19 de junio de 2010

    logoculturasResulta que hace exactamente una semana estaba tirado en el sofá, contemplando fascinado el almidonado cuello de Carmen Sevilla presentando la película de turno en ‘Cine de Barrio’, cuando lanzaron el consabido «esto es lo que ocurrió aquel año». 1969, para ser exactos.

    Desfiló por la pantalla una velada sucesión de cortes recuperados de la videoteca, con esa entusiasta vocecilla tan del NO-DO uncida con música algo velada por el paso de los años y, por encima, una narradora relatando los triunfos de Eurovisión, las visitas a la Luna y demás gestas.

    Un día antes de aquel sábado, había empezado el Mundial; cuatro días después, los suizos se la iban a armar a la roja. A miles de kilómetros, el vertido del Golfo de Méjico; y nuestra Asturias a punto de hundirse o de ponerse a flotar…

    Dentro de unas cuantas décadas, imagino que estaré tirado en el sofá y la Carmen Sevilla correspondiente mandará «un besito… para esa artihta… que la quiero musho…» y volverán a desfilar las imágenes; pero entonces serán de Villa con las manos en la cara, de la mancha naranja flotando en el mar, o de suelos anegados en el occidente astur: y entonces, imagino que no recordaremos sólo lo que ocurrió en este junio de 2010, sino, además, que el inefable cuello de Carmen no hacía más que impedirme volver a coger los apuntes, y que brindamos por el penúltimo examen de la carrera minutos antes del gol de Suiza, y que contemplamos la mancha de petróleo desde la cafetería de la Facultad, justo después de que el dueño volviera a cambiar furtivamente de canal para ver ‘Pasión de gavilanes’…

    No habrá voz del NO-DO, ni esa musiquilla velada, pero sienta tan bien saber que habremos hecho Historia…


  5. De Méjico a Madrid, pasando por Sarajevo

    Lo escribí el Miércoles 16 de junio de 2010

    El lunes, el cártel que controla mayoritariamente el estado mejicano de Michoacán, La Familia, tendió –supuestamente, etc.– una emboscada que costó la vida a 10 o 12 (lo siento, no tengo el dato exacto) policías federales.

    Precisamente estaba leyendo esta semana sobre La Familia y, hace no demasiado, sobre un grupo organizado que poco tiene que ver con ellos, procedente de Europa del Este, conocido como “Las panteras rosas”: en ambos casos, llama especialmente la atención el factor humano que se esconde detrás, la raigambre social de estas organizaciones y, por ende, la dificultad de extirparlas.

    El caso de La Familia es muy similar al de la Mafia de toda la vida: súmese, a la fascinación de la juventud por la figura del gangster, la popularidad/miedo que han logrado ganarse en el tú a tú, en lo que, como apuntaban en The New Yorker, es un “síndrome de Estocolmo masivo”. El problema principal en ciertas zonas de Méjico, simplificando, es que nada funciona como debería: sobornos, incompetencia, lentitud… Bien, yo soy un mafioso; no tengo más que proporcionarle a la gente lo que el Estado no puede: tú me ayudas y, si te roban en casa, me llamas. Al día siguiente, verás en qué cuneta está el ladrón.

    La muerte, la tortura, suelen estar implicadas, pero desde el momento en el que el estado de derecho flaquea por algún flanco, es tan fácil como adoptar el discurso del Robin Hood y la técnica de “la plata o el plomo”. O te soborno, o te mato.

    Es así de fácil; tanto, que da miedo: Las panteras rosas, por su parte, son una de las bandas organizadas más misteriosas y, por qué no, interesantes que han parido los Balcanes. Aunque se desconoce su estructura interna, es sabido que no se conocen entre sí, que la enormísima mayoría son ex militares o ex guerrilleros y que, en general, son gente muy bien preparada y muy peligrosa. Han robado a lo largo y ancho de nuestro continente –sí, amigos, en España también– y serían una banda de guante blanco de no ser tan bestias (son muy partidarios de alunizajes, etc.).

    En su tierra son la clase de gente que conduce un Mercedes por las calles semiderruidas con una mano mientras que sujeta el iPhone con la otra; fuera de ella, son la clase de gente que despierta la curiosidad.

    Son dos esferas absolutamente distintas, dos representaciones criminales que inevitablemente llaman la atención pero que, ay, también tienen el oscuro lado de la arbitrariedad, la cara siniestra de depositar, sin darse cuenta, más y más poder en manos de sabedios quién.

    En España no tenemos esta clase de problemas, y si se dan, lo hacen en un ámbito mucho más limitado: pienso en los narcos gallegos, en los constructores costeros y demás personajes. Conectarlos no sería difícil, pero sí se hace complicado suponer que, en este país, todo está cableado de tal manera que vivimos subyugados (¿o no?).

    No obstante, sí existe un nexo centralizado para todos y cada uno de los grupos criminales que pululan por ahí: los impuestos. Así cayó en su día Al Capone y así se ha trincado a una enorme cantidad de criminales; aquí, sin embargo, más que una cuestión de Hacienda parece que la evasión fiscal es lo que les armoniza y, como buenos Robin Hoods, canoniza socialmente: ¿Qué hay más osado, valiente y frecuente que las transacciones “en B”? ¿Cuánta gente conocéis capaz de contener una sonrisilla de niño malo al clavarle a Hacienda un par de banderillas?