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Entradas que hablan sobre «Francisco Álvarez-Cascos»

  1. Planeta Asturias

    Lo escribí el Martes 31 de enero de 2012

    Bien, si ayer por la mañana me paseaba por la cacharrería, por la tarde ha entrado un elefante grandón, con ganas, en el pasillo de las pinzas: tenemos adelanto electoral en Asturias. Será el 25 de marzo. Terceras elecciones en un año.

    Para quien llegue de nuevas, esta situación viene ocasionada porque Foro Asturias, el partido de Francisco Álvarez-Cascos, no obtuvo la mayoría absoluta en las elecciones regionales de mayo el año pasado. Con ese caldo de cultivo, llegamos a ese mágico momento en el ciclo parlamentario en el que toca votar los presupuestos. Entonces, PP y PSOE presentaron enmiendas a la totalidad e IU se abstuvo. En esas andamos, presupuestamente prorrogados y efectivamente en la prórroga, en el tiempo de descuento.

    El PP dice que es una salida de tiesto de Cascos.

    Cascos dice que esto demuestra que hay un complot contra Foro.

    El PSOE dice que esto demuestra la incapacidad de Cascos de gobernar.

    Izquierda Unida dice nosequé de la derecha.

    Había tres posibilidades: pactar, presentar una moción de censura o convocar elecciones. Cascos ha hecho lo tercero para batirse el cobre, otra vez, en las urnas.

    Ya se hablaba de buscar una mayoría absoluta cuando los anunciados «vientos de cambio» empezaban a soplar allá por julio, para hacerse con una mayoría más cómoda para gobernar. Pero vaya, tal y como ha llegado Foro a enero, quizás no esté en el mejor momento para echarse un farol o tratar de conquistar el Everest.

    No sé si PSOE y PP lo están celebrando o si están tiritando por haber tensado tanto la cuerda. Tampoco sé si Cascos tiene un as en la manga, o si se ha vuelto loco. O si no le quedaba otro remedio: todo eso lo sabremos en las próximas semanas. De momento, ¿qué sabemos?

    Sabemos que parece casi imposible que obtenga un resultado mejor que el anterior, hoy por hoy. Sabemos, también, que el PSOE no está en horas altas. Sabemos, por último, que si bien el PP nacional está fuerte, el regional tampoco está en su mejor momento.

    Sabemos que con quien mejor se lleva Cascos en la Junta General del Principado es con Jesús Iglesias, portavoz de Izquierda Unida, a juzgar por lo suave que se hablan dentro de su enemistad ingénita.

    Sabemos, sabemos… No sabemos nada. Solo que vivimos en otro planeta, que se llama Asturias. Y que, lo demás, es sidra avinagrada.


  2. El gol de Camps en la prórroga

    Lo escribí el Jueves 26 de enero de 2012

    Qué abono más fértil para la comparación tontorrona, para el cruce ocioso. Pero es que parece que lo ponen a huevo: Camps fue declarado no culpable, después de tres años de dimes y diretes, y de ganar unas elecciones regionales, dos horas y media antes de que empezara el partido en el que el Barça eliminó al Madrid en Copa del Rey, con un gol anulado por nosequé y una inefable entrada de Pepe pocos segundos antes de que terminara el encuentro, como si quisiera hacer (aún más) leña del árbol caído.

    En Asturias, todo esto sucedía (tomaremos el fútbol como eje central, esas fatídicas 22 horas del 25 de enero de 2012), aproximadamente nueve horas después de que a Francisco Álvarez-Cascos le tumbaran el presupuesto y entrábamos en prórroga, con el consiguiente tumulto. Y, es más, once horas después de que Gallardón saliera con la cadena perpetua y el aborto, y se cepillara todas las previsiones sobre cuestiones judiciales.

    Maravilloso nudo de cuatro temas que muchos se han apresurado en cruzar; pero un nudo, una alineación astral que no recordaremos dentro de dos meses. El 25 de enero no pasará a la Historia como aquel día en el que todo ocurrió de una sola vez, sino como un día más, normal y corriente, salvo para los obsesos o los que han salvado la vida de milagro (!), los que han obtenido el trabajo de su carrera o los que han tenido un lindo retoño.

    ¿Por qué? Quizás porque todas estas cosas ocurren a diario, o a lo largo de muchos días. Alguno tendrá ganas de pegar un puñetazo en la mesa y afirmar que no, que esto es intolerable y que lo va a llevar grabado a fuego toda la vida: el Barça, me temo, gana al Madrid todo el rato (con perdón); Camps lleva tanto tiempo siendo no culpable que ha dejado de importar más que por la foto; Cascos y su presupuesto tenían una vida aciaga desde hace meses; y lo de Gallardón pues sí, pues bueno, habrá que ver en qué queda. Seguramente, en nada, en una curiosidad de hemeroteca que alguien descubrirá dentro de doscientos años. Boutades, todas, entrañables y olvidables.

    La realidad, que se mueve más despacio pero con más contundencia, no era esto. No era un gol de Camps en la prórroga.


  3. Domingos electorales VIII: Casas por el tejado

    Lo escribí el Domingo 4 de septiembre de 2011

    Hola. Me he despistado dos semanas y me han reformado la Constitución, el presidente de mi comunidad (autónoma) ha decidido presentarse a las elecciones generales en Madrid, y el 15M ha resucitado, ya convertido en rutina. Sí, agosto terminó anteayer.

    Visto todo ello desde la perspectiva electoral, podemos empezar por excluir al 15M del análisis: solo el hecho de que Gaspar Llamazares, en su soledad parlamentaria, metiera unos finos palillos en las ruedas de la reforma le habrá permitido despertar alguna simpatía allí. Pero, por lo demás, los indignados (y que me perdonen) ya se han convertido en una rutina, en un elemento más del mobiliario: como ya veíamos aquí, la falta de frescura provoca falta de atención. Y la falta de atención conlleva el fin de la eficacia política.

    Vamos a por la reforma. Sin necesidad de meternos en honduras o de revisar con detenimiento su contenido, se constatan dos cosas: una, es una reforma chapucera y bastante inútil (Si se supera el techo de déficit, ¿qué? ¿Explotamos? ¿Denunciamos al ministro de turno ante el Constitucional?); y dos, es necesaria porque alguien nos lo exige.

    Es decir, que los nacionalistas se permitan organizar el paripé es lógico y normal; que Gaspar Llamazares, como decía, muestre algo de coherencia política es de esperar. Pero tanto a nuestro todavía presidente como al jefe de la oposición parece estar a punto de estallarles la cabeza a medida que pasan los días: han tenido que alcanzar un acuerdo en el que ni unos ni otros creen, sin dejar de criticar al contrario por estar haciendo aquello en lo que, por cierto, están metidos ambos. Sí, es muy esquizofrénico.

    Dado que se trata de una reforma impuesta, como decíamos, por el exterior, se ha convertido en algo automáticamente impopular. Concierne a otros analizar ante quién respondemos por este movimiento, a quién queremos contentar, pero ya se ha hecho claro que esto es un caso de dar la cara de puertas afuera y salvar los trastos de puertas adentro.

    Así, el PSOE ha acudido a la destrucción de su poder territorial. La certificación de muerte de la unidad de partido fue el pacto de Zapatero con Rajoy sin consultar con las fuerzas regionales más que para que le dijeran que sí. Y Alfredo Pérez Rubalcaba no ha tenido mejor idea que decir, públicamente, que él «Lo hubiera hecho de otra manera» y que hubiera consultado a los barones del PSOE. Pero no cuela: la estrategia de desmarque de la política de Zapatero aún está demasiado verde como para que no se le asocie con los porrazos frente a Interior del 15M o con esta reforma de nuestros desvelos.

    El PP se ha aferrado, por su parte, a la heroica. Una insinuación de que la necesidad de la reforma ha sido idea suya y un intento, poco contenido, de vender que están por encima de las diferencias por el bien de España. Tampoco cuela, aunque la unidad de partido que sí han sabido demostrar favorece a Mariano Rajoy.

    El regusto final es, en total, el caos. Los partidos han perdido el control de sus decisiones, o eso entendemos los electores, y han franqueado la única barrera que los fieles a una papeleta no perdonan: dar la mano al del otro bando. Lo único que pueden hacer, y que el PP intenta con cierta torpeza, es achacar el servilismo al contrario.

    En este contexto enmarañado, que nos alfombra un septiembre imprevisible, ese «efecto Asturias» del que ya he hablado en alguna ocasión sigue abriéndose camino: esta semana, Francisco Álvarez-Cascos ha anunciado que Foro Asturias se presentará a las elecciones generales en Madrid, además de en esta verde y fértil región.

    Tenemos, pues, a los electores asturianos hasta las narices de lo que ocurre en la carrera de San Jerónimo; un AVE sin hacer; un ex ministro de Fomento metido a presidente autonómico; y una oposición regional torpona en sus movimientos. ¿A quién van a votar aquí, y allí? Cuando veamos a Foro Asturias entrar en el Congreso, empezaremos a creernos por fin que lo que ocurre en la periferia importa.

    Mientras, que sigan jugando al patadón p’arriba con la Constitución: las casas no se empiezan por el tejado. Y todos, menos los pequeños, lo van a pagar caro.


  4. Domingos electorales III: El efecto Asturias

    Lo escribí el Domingo 17 de julio de 2011

    He tardado más de lo habitual en ofrecer esta entrega porque estaba no solo ocupado, sino absorto presenciando el cambio de Gobierno en el Principado de Asturias. Mis disculpas.

    El martes 12 de julio comenzó el debate de investidura; el miércoles 13, prosiguió con un notable vapuleo político de Francisco Álvarez-Cascos a sus contrincantes en los turnos de réplica; el viernes 15, fue elegido presidente por la Junta General; y el sábado, prometió su nuevo cargo en mitad de un despliegue institucional con toda pompa.

    He podido ver al ex vicepresidente en directo y de cerca, moviéndose en su propia arena. Es cierto que a este mecanismo le ha faltado precisión, como se ha hecho claro a la vista de los torpes y apresurados primeros pasos de su flamante Gobierno, pero no es menos cierto que la alargada sombra de su experiencia política y su fama de hombre duro ya ha servido, al menos, para elevar el debate parlamentario asturiano varios pasos por encima de lo habitual.

    Los diputados de Foro Asturias no se mueven de sus escaños y, en el caso del debate de investidura, podía verse cómo algunos de ellos iban tomando notas y pasándoselas a su líder para que este, con gesto atento, decidiera incluirlas entre sus documentos para elaborar una respuesta o no.

    Quiero decir con todo esto que, sea cual sea la valoración que merezca el Ejecutivo de Álvarez-Cascos desde el momento de su toma de posesión en adelante, lo que sí ha quedado claro es que él ha sabido moverse por determinados terrenos por los cuales, con suficiente decisión, no podía hacer más que ganar.

    Por ejemplo, lo que más elogian los asturianos con los que he hablado del asunto es poner a la Administración a trabajar. Es más, conozco a alguien que votó a Izquierda Unida en las elecciones municipales y a Álvarez-Cascos en las regionales. Valiente ataque de risa le habría entrado a cualquiera de contarle semejante película hace diez años. O uno.

    Así están las cosas por este rincón de España. Se está cumpliendo el guión programado paso por paso, sin sorpresas ni sobresaltos. Y a pesar de todo ello, parece que los asturianos han elegido esa salida como receta a la crisis y como herramienta para mejorar su región.

    Álvarez-Cascos ha dicho en más de una ocasión que «cuando Asturias está bien, España está bien». Es un poco osado establecer una causalidad, pero sí es cierto que lo que ocurre en Asturias resulta, de alguna forma, sintomático de lo que sucede en el resto del país. Y esta vez, en Asturias, han pasado demasiadas cosas y demasiado complejas (y siguen ocurriendo) como para limitar nuestra lectura de los acontecimientos políticos a lo que afecta a Mariano Rajoy o a Alfredo Pérez Rubalcaba.

    Si no, atendamos al caso valenciano, sobre el que escribiré en la próxima entrega: ¿no resulta evidente que en torno a Camps se dan dos fenómenos, unidos pero separables? Por un lado, el extraño caso del electorado valenciano que sigue otorgándole su confianza. Por otro lado, el extraño caso de un PP nacional que, dejándole hacer, se enfanga políticamente a ojos del resto del país total y absolutamente gratis, sin que nadie se lo pida.

    En el plano analítico, Asturias también tenemos un par de lecturas en sendas direcciones: la nacional, que es con la que la mayoría de comentaristas se queda (el topetazo en los morros a Génova con la creación de Foro Asturias), y la regional, a la que solo parecemos atender asturianos y afines. Y ahí, en esa lectura regional compleja y apasionante, está la clave de lo que ocurrirá en las próximas elecciones generales.


  5. Álvarez-Cascos en mi país

    Lo escribí el Martes 24 de mayo de 2011

    Hace poco más de un año Francisco Álvarez-Cascos dio una conferencia en un colegio mayor de Madrid. Por aquellas fechas no estaba claro si se presentaría con el PP, con Izquierda Unida o con Bloque por Asturias; no hacía más que repetir aquello de la disponibilidad. Entonces, preguntado por si un político fuera del ring seguía siéndolo, dijo: «Todos los ciudadanos somos políticos. Cada vez que salimos a comprar el pan, cada vez que opinamos sobre cualquier tema de actualidad estamos ejerciendo la política».

    Lejos quedaba la proclamación de Foro Asturias como victoriosa en los comicios regionales (ojo al voto emigrante), el abandono del PP central a Pérez-Espinosa y la debacle, que no fue tan exagerada como ellos mismos lamentan, del PSOE de Asturias. Lejos quedaban el 15M, Democracia Real Ya, el huerto de marras en la Puerta del Sol, Intereconomía con sus cosas y los indignados en general.

    Pero todo lo que hemos vivido estos días, y lo que nos queda por vivir en los próximos, no hace sino dar más razón a las palabras de Álvarez-Cascos, más incluso de la que, probablemente, él mismo desearía.

    El reñido mapa electoral asturiano y la victoria de Cascos no responden a ninguna de las claves que, aparentemente, se manejan en el mapa del resto de España. En mi «país», como dice el ínclito ex ministro de Fomento (me imagino que remontándose al siglo XIX) no ha sido el voto de castigo el que les ha hecho ganar las elecciones; ni siquiera el descontento con un PSOE de claroscuros políticos: ha sido la victoria de ese cuasi nacionalismo inexplicable y soterrado que arrastramos, ese orgullo que se conoce al atravesar el Negrón y en el que no caben ni la crispación ni el grandonismo.

    Foro Asturias ha sabido pulsar esa tecla mientras que implicaba a la sociedad civil en sus listas y, solo con eso, con algo tan simple y sencillo, y digan lo que digan, ha revolucionado Gijón y Oviedo además de llevarse el gato al agua en las regionales.

    Esto se venía cocinando desde mucho antes de que la indignación prendiera y, por tanto, no se puede afirmar que sea la voluntad de romper el bipartidismo la que ha triunfado en Asturias. No, ha sido un proyecto lo suficientemente ambiguo como para acoger a todos los votantes amuermados y lo suficientemente concreto como para desplazar a los convencidos el que ha logrado entusiasmar y levantar a la asturianía de los grandes núcleos: mientras, Izquierda Unida daba la campanada y se hacía con el ayuntamiento de Mieres.

    ¿Por qué se atrevió Cristina Coto a comparecer la primera de todos y a proclamar que Foro Asturias había ganado, aún con el 0% de los votos escrutados? Porque la participación a mediodía había subido, hasta el punto de que solo en 1995 se había dado una tan alta. ¿Quién ganó entonces? Sergio Marqués.

    Los asturianos no van a votar cabreados o con ganas de castigar, no buscan oxigenarse: buscan algo tan sencillo como que les cuenten algo que, al menos, suene a mensaje nuevo. Así de fácil, así de enrevesado.